miércoles, septiembre 24, 2014

LA PLAZA DEL DIAMANTE DE MERCÈ RODOREDA

 







LA PLAZA DEL DIAMANTE DE MERCÈ RODOREDA

LA PLAÇA DEL DIAMANT 1962
EDHASA 265 PAG


La vida de cada día se revuelve en las tripas de la ciudad, en la plaza los jóvenes bailan al son de un banda que rezuma sudor y calor, es un domingo cualquiera de un año indefinido anterior a la guerra civil española. En esa plaza, del Diamante, Natalia -la Colometa- conoce a Quimet, en ella baila, habla, ríe, hasta que huye de él ...Pero algo de Quimet la atrapa: nada concreto, nada especial, acaso el asomo de una existencia diferente, acaso una personalidad formada y agreste enfrentado a su simple juventud. Y entre huidas y bienvenidas se desarrolla el noviazgo, más tarde la boda, la vida conyugal, el trabajo duro, los hijos, las risas , las desgracias, las frustraciones, la guerra ...

Pero eso sólo son los caminos por los que discurre la novela, podrías pensar que no es nada especial, que son avatares y problemas propios de un relato donde hay lugares comunes a muchas otras novelas, probablemente lugares comunes de nuestras propias vidas...Sin embargo no es por eso por lo que me gustó la novela, lo hizo por la impronta de Natalia en el discurrir de la novela, por la manera con la que Merçe Rodoreda utiliza el monologo interior para abrir las ventanas de sus pensamientos , para mostrarla sumida , a veces atrapada, en el discurrir de su vida entre las personas que la rodean, los paisajes que la circundan, los problemas que la atañen, las situaciones que domina o que la sobrepasan... Y es una mirada que funde lo oscuro con lo luminoso, lo ácido con lo dulce, lo astuto con lo ingenuo, lo rebelde con lo sumiso. La crudeza de algunas situaciones se contrapone a la sutil poesía que sale de sus textos. Las imágenes que crea aparentan aquellas entrañables y viejas fotos donde una familia posa seria ante el fotógrafo y donde las mejores ropas están raídas pero ellos mantienen, ante todo, su dignidad y su belleza.

El mundo discurre a saltos por sus páginas, son retratos de momentos donde aparecen, bajo el prisma de los ojos de la Colometa: vidas atormentadas, tranvías que pasan sin destino para ella , palomas que alegran y entristecen, olores que obsesionan, guerras que matan, hambre que se apodera de todo, vecinas que ayudan, amigos que lo son hasta el fin... Son lugares melancólicos que trazan un cuidadoso dibujo de una época, una ciudad -Barcelona-, un barrio, un vecindario, una casa, una vida. Y Natalia se enfrenta a esa vida, que a veces la vence y a veces la ayuda, pero es la intimidad que nos trasmite la que nos subyuga, la que nos trasmite sus sentimientos .

Sí, quizá sea eso, los sentimientos que surgen de los actos e ideas de Natalia lo que más impresiona del libro, con lo que te quedas cuando has acabado el libro. La sensación de haberte infiltrado, haber invadido con osadía, en lo recóndito de la mente de una mujer, de esa mujer. Las tristezas duelen más y las alegrías se comparten mejor cuando quisieras haber conocido al personaje ficticio de una novela, o quizás ya la has conocido tanto como a un amigo de toda la vida. A fin de cuentas eso es la literatura: atrapar un momento y acapararlo, hacerlo tuyo no sé si por un instante o para toda la vida, a pesar de que sólo es el empeño de la imaginación de un escritor. Pero nos urge saber más de la vida de los protagonistas, de sus aciertos y sus fracasos, de sus alegrías y sus desgracias , de cómo le fue la vida tras las últimas páginas del libro. Porque la Colometa vive en las mentes de todos los que supimos de ella a través de los textos de Merçe Rodoreda. Creo haberla reconocido paseando su dignidad por la plaza del Diamante un dia cualquiera de cualquier año rodeada de palomas.