lunes, agosto 24, 2015

UNA MUJER, UNA CASA, UNA NOVELA de WILHELM GENAZINO


















UNA MUJER, UNA CASA, UNA NOVELA de WILHELM GENAZINO
eine frau, eine wohnung, eine roman 2003
Edtr. Galaxia Gutenberg 173 Pág
Trd. Carmen Gauger





¿Puede un libro en el que en realidad no ocurre gran cosa ser un libro bueno o al menos digno de leer? Éste es un libro que cuenta la historia en primera persona de Weigand un adolescente que encuentra trabajo como aprendiz en una almacén, a la vez que, siguiendo sus impulsos y gustos, comienza a trabajar como reportero a tiempo parcial en un periódico. Va creciendo, y su vida, su novia y sus aventuras, sus conocidos y colegas de trabajo, sus padres, lo que ocurre en el almacén y sus reportajes de poca importancia son los que van conformando la novela. Acaso podrá suponer poca cosa, pero no es diferente a muchas novelas que me vienen a la cabeza y en las que si planteas un recorrido sucinto por su argumento no provoca una seducción inmediata en el posible lector, pero son libros en los que está establecido que son obras fuera de lo común, incluso excelsas. ¿Cómo explicas a un lector acostumbrado a lecturas de argumento de aventuras sin fin, sexo descontrolado o matanzas aparatosas o... que aquellos libros son dignos de leer, incluso necesarios -para mí-? A priori nunca los convencerás, tampoco es necesario o importante, cada lector tiene sus gustos, eso de hacer proselitismo con la literatura es un acto predestinado al fracaso, incluso muy adecuado para ser acusado de pedantería muchas veces con razón, cada lector que busque su camino y lo siga con sus derrotas y victorias. Pero, vuelvo al tema, supongamos que quiero explicar a alguien la razón por la cual este libro merece la pena leer, que te va a aportar algo, hasta placer.




Si descorro la cortina de la novela, y la miro como voyeur oculto, voy descubriendo una literatura que aprecia los pequeños detalles, se fascina en los elementos corrientes que van apareciendo ante los ojos de Weigand , todos hasta los más mínimos: un tren que pasa, una barcaza donde una mujer da el pecho a su hijo, una flor, un poco de musgo en la ventana, una camarera comiendo sopa, una programa de Heinrich Böll... son deslumbrantes tanto por ellos mismos como elementos de una posible novela . Son elementos que merecerían ser descritos y admirados, ser plasmados en el papel y, por ello, en el recuerdo. Por que, en este libro, la literatura, las novelas, son otro elemento importante. Una sucesión de personajes con una idea para un libro, incluso ya comenzado a escribir, aparecen en el registro de los pasos del protagonista, la publicación es un fin a conseguir aunque la mayoría están destinados a ser fracasados, son individuos que salen de su vida gris solo en la mente, en la posibilidad, en la casi segura llegada del éxito, que está frustrado antes de nacer. Esa frustración que también aparece en los habitantes de su ciudad, que intentan destacar en la vida, sea como sea, hasta en concursos de talento de algún bar, al que acuden para salir de la oscuridad y monotonía de su vida, creyendo que aquello les daría futuro. Hay que elegir. Weingand, ante ello, duda en reflejar en sus reportajes la realidad de lo que supone ese esperanzas fracasadas o o contar una historia de futuros grandes triunfos. Así aparece la sensación que aparece al escribir en un periódico de que se debe elegir: contar lo que es o lo que esperan que sea. Weingand es joven, va creciendo con sus experiencias en el almacén y en el periódico, por ello y por su condición de joven -como todos inmortal, inmarchitable, invencible- siente la sensación de superioridad. La soberbia le hace suponer ser mejor que todas aquellas oscuras personas con las que se cruza. Pero lucha contra ello, necesita no ser así puesto que sólo el hecho de escribir le hace diferente a sólo unos pocos. Tan igual es que sus relaciones con su novia son las que serían en cualquier pareja en cualquier momento del mundo: normales, típicas, hasta vulgares. Sólo la aparición de una colega supondrá un cambio en su opinión al mundo de las mujeres y de la vida en general. Vida en el que para Weingand la literatura es su fascinación, los escritores -Kafka, Böll, Celan, Been, Conrad, Arno Schmidt...- son figuras a imitar, a estudiar, a elegir para conocer y copiar, son los elementos que conforman su mundo propio e intimo. Cierro la cortina.

Lo superior y lo inferior, lo vulgar y lo especial, el trabajo en los almacenes duro y exigente y el trabajo liberal del periódico, la juventud y la madurez, lo mínimo o lo máximo, la vida o la muerte...la novela es un sucesión de elecciones, de dicotomías a las que perseguir, de incógnitas que despejar.



Es una novela en las que podría alguien enclavar en esas que llaman novelas de crecimiento. Supongo que por el hecho que un joven crece, se aleja -y se enfrenta- a sus padres, conoce el amor -y el sexo- , intenta descubrir el camino a seguir -o al que desviarse- y conoce la vida – y la muerte-.
A fin de cuentas, aprende a elegir. En cualquier caso, llamándose como quiera llamarse es una novela interesante.



wineruda

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