miércoles, agosto 26, 2015

TODO COMO ANTES de KJELL ASKILDSEN














TODO COMO ANTES de KJELL ASKILDSEN

thomas f´s siste nedtegnelser til almenheten (1983) En plutselig frigjørende tanke (1987) Et stort øde landskap (1991) Hundene i Tessaloniki (1996)
Edtrl. Debolsillo 153 Pág.
Trd. Kirsti Baggethun y Asunción Lorenzo


No quisiera criticar las decisiones de una editorial, seguro que es lo correcto, tampoco debería decir nada puesto que habrá lectores al que les guste que exista un prologo en el que se explica las influencias en el autor así como sus temas, los guiños que hace, sus ideas favoritas, una interpretación de sus textos... Pero a mí me resulta odioso, me recuerdan mucho, pero es que muchísimo, a las clases de literatura en secundaria en las que una digna profesora nos explicaba, analizaba, sajaba, se inmiscuía en cada uno de los versos de cada estrofa de, pongamos, García Lorca. Que en este verso estaba deprimido, que en éste hablaba de su viaje a Madrid, que en ésta estaba enamorado, que en aquel adjetivo quería enseñar el amanecer en Granada, que en este verso copiaba a Rubén Darío... ¡Por Dios! Me corría el sudor por las sienes en sólo pensar leer un libro de Lorca; tener que comprarme una biografía estricta, así como las de sus amigos más cercanos, un enciclopedia de los fenómenos atmosféricos en España en aquella época o de un diccionario de las metáforas del autor y, si había suerte, encontrar un ejemplar con notas explicativas al margen que había que leer cada vez que acabas una estrofa. Al final, por suerte, creces y tienes ideas propias -no muchas- y comprendes que los libros están escritos para hacerlos tuyos: admirar la construcción, los temas, los colores, las imágenes, la técnica, la prosa o los versos...todo. Pero la interpretación es mía, unicamente mía. Y, la verdad, por quién ha sido influenciado me importa muy poco, es irrelevante.



¿Cómo he interpretado este libro? Parto de que son tres libros de cuentos en un sólo libro: “Últimas notas de Thomas F. para la humanidad”, “ Un vasto y desierto paisaje” y “ Los perros de Tesalónica”. Cada uno de ellos parece tener un tema diferente, único en el caso del primer libro, un aire que asoma por cada una de ellas que parece rolar de una dirección o de otra. Pero hay una cuerpo tanto técnico como semántico común. Hay una cadencia en sus frases, una simbología y una obsesión por ciertos momentos de la vida que abastecen los textos de la mayoría de los cuentos.
Sus frases cortas y directas, que parecen martillear al lector, como golpes de una campana que anuncian que algo está pasando, que quizá al siguiente golpe del badajo se rompa la campana, o al próximo, o al próximo...La prosa de Askildsen me crea tensión, hay un desasosiego hasta en el más lúdico de su textos, hasta en el más amable, no pareces controlar lo que pasa, no sabes lo que va a suceder, como un león tumbado que puede levantarse y atacarte o echarse a dormitar. Deja los momentos, los pensamientos, las acciones en el aire, pululando entre la corriente, sostenidas como una pluma, que puede caer o no, pero que, si caen, caerán a plomo dañándote en la caída. No te cuenta ni cuándo, ni cómo, ni desde donde será la caída pero es posible que la haya, o la ha habido, o la habrá. Ha habido veces que he apartado la mirada del texto, para descansar de la atmósfera que crea, muchas veces opresiva, otras que da pena por sus personajes, otra por el simple pesimismo de sus textos. Pesimismo que se refleja en algunas de sus obsesiones; en esos temas recurrentes a lo largo de sus cuentos: la vejez tomada como final de la vida de seres siempre solitarios y casi siempre misántropos, personas ancianas ariscas no sabes si porque son así o por que la vida los ha hecho de ese modo. A los que las enfermedades y los años los acercan a la muerte, otro de sus temas recurrentes, en los que casi siempre hay olvido, incluso necesidad de ellos; en los que la familia no deja de ser un lugar sin consuelo. Ahí encontramos otro de los temas: la familia. Casi siempre lejana, olvidada, molesta, en las que no hay amor, ni siquiera cariño. Incluso aparece el odio o el deseo desnaturalizado. El sexo parece en alguno de sus textos, pero más como un elemento solitario, en el que son los deseos los que triunfan, más que los hechos, casi siempre lejanos y distantes. Incluso en el matrimonio, otro de sus temas, aparece el deseo sexual como lejano e inactivo, donde las parejas se enfrentan a un tedio y una vida en común ya casi abandonada y casi siniestra, donde nada va a ser igual. Otro tema es la obsesión todos los personajes funcionan entre movimientos dictados por la obstinación de seguir sus reglas y sus pensamientos, alejándose de tener un lugar común entre la gente, queriendo siempre alejarse, distanciarse del mundo y de las personas, sea por enfermedad, sea por propia decisión. Y la soledad... La soledad desolada, la soledad en pareja, en grupo, en la calle, en todo el mundo grande y complejo, soledad arrastrada o no perseguida de la que no se puede escapar.


Casi todos los cuentos son narrados en primera persona, eso permite a Askildsen dibujar a sus personajes desde un interior recóndito, donde se asoman sus obsesiones, sus manías, sus pensamientos, sus actos reflejos o condicionados. Nada parece casual y refleja un mundo propio casi siempre balanceándose entre la inquietud, la manía -a veces enfermiza-, y la sensación de que hay algo que nos está ocultando y que influye en cada una de la acciones que describe, en sus palabras y en sus gestos. Sólo sabemos su versión, su punto de vista y nada deja entrever el del contrario. Todo es claramente oscuro.


La verdad es que me ha impresionado el libro. Cuando un libro te afecta tanto en su lectura como para tener que dejar de leerlo para reflexionar, pero a la vez te inocula la necesidad de seguir haciéndolo, de saber el final, de conocer los pormenores de la historia, su resolución y sus paréntesis, es que es un buen libro, incluso muy bueno.



Wineruda

lunes, agosto 24, 2015

UNA MUJER, UNA CASA, UNA NOVELA de WILHELM GENAZINO


















UNA MUJER, UNA CASA, UNA NOVELA de WILHELM GENAZINO
eine frau, eine wohnung, eine roman 2003
Edtr. Galaxia Gutenberg 173 Pág
Trd. Carmen Gauger





¿Puede un libro en el que en realidad no ocurre gran cosa ser un libro bueno o al menos digno de leer? Éste es un libro que cuenta la historia en primera persona de Weigand un adolescente que encuentra trabajo como aprendiz en una almacén, a la vez que, siguiendo sus impulsos y gustos, comienza a trabajar como reportero a tiempo parcial en un periódico. Va creciendo, y su vida, su novia y sus aventuras, sus conocidos y colegas de trabajo, sus padres, lo que ocurre en el almacén y sus reportajes de poca importancia son los que van conformando la novela. Acaso podrá suponer poca cosa, pero no es diferente a muchas novelas que me vienen a la cabeza y en las que si planteas un recorrido sucinto por su argumento no provoca una seducción inmediata en el posible lector, pero son libros en los que está establecido que son obras fuera de lo común, incluso excelsas. ¿Cómo explicas a un lector acostumbrado a lecturas de argumento de aventuras sin fin, sexo descontrolado o matanzas aparatosas o... que aquellos libros son dignos de leer, incluso necesarios -para mí-? A priori nunca los convencerás, tampoco es necesario o importante, cada lector tiene sus gustos, eso de hacer proselitismo con la literatura es un acto predestinado al fracaso, incluso muy adecuado para ser acusado de pedantería muchas veces con razón, cada lector que busque su camino y lo siga con sus derrotas y victorias. Pero, vuelvo al tema, supongamos que quiero explicar a alguien la razón por la cual este libro merece la pena leer, que te va a aportar algo, hasta placer.




Si descorro la cortina de la novela, y la miro como voyeur oculto, voy descubriendo una literatura que aprecia los pequeños detalles, se fascina en los elementos corrientes que van apareciendo ante los ojos de Weigand , todos hasta los más mínimos: un tren que pasa, una barcaza donde una mujer da el pecho a su hijo, una flor, un poco de musgo en la ventana, una camarera comiendo sopa, una programa de Heinrich Böll... son deslumbrantes tanto por ellos mismos como elementos de una posible novela . Son elementos que merecerían ser descritos y admirados, ser plasmados en el papel y, por ello, en el recuerdo. Por que, en este libro, la literatura, las novelas, son otro elemento importante. Una sucesión de personajes con una idea para un libro, incluso ya comenzado a escribir, aparecen en el registro de los pasos del protagonista, la publicación es un fin a conseguir aunque la mayoría están destinados a ser fracasados, son individuos que salen de su vida gris solo en la mente, en la posibilidad, en la casi segura llegada del éxito, que está frustrado antes de nacer. Esa frustración que también aparece en los habitantes de su ciudad, que intentan destacar en la vida, sea como sea, hasta en concursos de talento de algún bar, al que acuden para salir de la oscuridad y monotonía de su vida, creyendo que aquello les daría futuro. Hay que elegir. Weingand, ante ello, duda en reflejar en sus reportajes la realidad de lo que supone ese esperanzas fracasadas o o contar una historia de futuros grandes triunfos. Así aparece la sensación que aparece al escribir en un periódico de que se debe elegir: contar lo que es o lo que esperan que sea. Weingand es joven, va creciendo con sus experiencias en el almacén y en el periódico, por ello y por su condición de joven -como todos inmortal, inmarchitable, invencible- siente la sensación de superioridad. La soberbia le hace suponer ser mejor que todas aquellas oscuras personas con las que se cruza. Pero lucha contra ello, necesita no ser así puesto que sólo el hecho de escribir le hace diferente a sólo unos pocos. Tan igual es que sus relaciones con su novia son las que serían en cualquier pareja en cualquier momento del mundo: normales, típicas, hasta vulgares. Sólo la aparición de una colega supondrá un cambio en su opinión al mundo de las mujeres y de la vida en general. Vida en el que para Weingand la literatura es su fascinación, los escritores -Kafka, Böll, Celan, Been, Conrad, Arno Schmidt...- son figuras a imitar, a estudiar, a elegir para conocer y copiar, son los elementos que conforman su mundo propio e intimo. Cierro la cortina.

Lo superior y lo inferior, lo vulgar y lo especial, el trabajo en los almacenes duro y exigente y el trabajo liberal del periódico, la juventud y la madurez, lo mínimo o lo máximo, la vida o la muerte...la novela es un sucesión de elecciones, de dicotomías a las que perseguir, de incógnitas que despejar.



Es una novela en las que podría alguien enclavar en esas que llaman novelas de crecimiento. Supongo que por el hecho que un joven crece, se aleja -y se enfrenta- a sus padres, conoce el amor -y el sexo- , intenta descubrir el camino a seguir -o al que desviarse- y conoce la vida – y la muerte-.
A fin de cuentas, aprende a elegir. En cualquier caso, llamándose como quiera llamarse es una novela interesante.



wineruda

sábado, agosto 22, 2015

FOE de J.M. COETZEE


















FOE de J.M. COETZEE
foe 1986
Edt.. Debolsillo 157 Pág.
Trd. Alejandro García Reyes





Según el diccionario de la R.A.E. Alegoría es “Ficción en virtud de la cual algo representa o significa otra cosa diferente.”. Este libro es evidentemente una sucesión de alegorías, pero ¿sabemos el fin último de los pensamientos del autor? Puede que haya una entrevista que confiese sus intenciones, pero ante la falta de conocimientos de ello, el lector, yo mismo, debe aplicar el sentido común para identificar, comprender y asimilar el pensamiento oculto del escritor o simplemente adaptar la lectura a la experiencia propia y hacerla suya (del lector) por lo tanto todo lo que identifique según su experiencia cultural, social e incluso política pasa a formar parte de la verdad última del significado de la obra. Así puede uno puede estar confundido o no pero menos. Andamos tarde pensando en qué querrá decir el autor, pero ganamos nuestra propia carrera en la definición del libro, nuestro libro.


La novela es una revisión de la novela “ Robinsón Crusoe” de Daniel Defoe (Foe en la novela, como su nombre real). Una mujer, Susan Barton, cuenta en primera persona como es abandonada en alta mar y las corrientes la llevan a una isla habitada por dos hombres,: un hombre maduro: Cruso (así lo nombra Coetzee en la libro) y un hombre negro al que probablemente le han cortado la lengua y no puede hablar: Viernes. Tras una larga temporada en la isla bajo duras condiciones, son rescatados por un barco y llevados a Inglaterra, en el trayecto muere Cruso. Ahí comienza otra parte diferenciada del libro, la vida de Viernes Y Susan Barton en Inglaterra. Allí a través de unas cartas contará Susan como intenta que Foe escriba la historia de la vida de los tres en la isla. Será una vida dura en la que Foe perseguido por la justicia huirá de su casa y la mujer y Viernes sobrevivirán en penosas condiciones y escasos recursos. La última parte será el encuentro con Foe y sus conversaciones con él. Hasta aquí todo normal, limpio y planchado, colgado y puesto en el armario.



Miraré por el otro lado del texto, en el palimpsesto en blanco, y pongamos que Coetzee plantea una primera parte en la que descubre el libro de Defoe con variaciones, la historia oculta en la que aparece una mujer y la isla no es paradisíaca y Viernes no es un caníbal es un naufrago superviviente de un barco negrero. La historia no era como la contaron, aparece otra versión donde se ha ocultado a la mujer y la dura vida en la vida se descubre antes que la falsa tentación paradisíaca de Defoe. Pongamos, también, que cuando son “rescatados” de la isla y llegan a Inglaterra tras la muerte de Cruso, es la historia del intento de Susan por entender a Viernes -sus soledad, su silencio, su estado de esclavo sin serlo, de pez en tierra- y sobre todo el intento de que Foe escriba la realidad de la isla, la aburrida, terca y lineal historia de aquellos años.. La literatura como acto de creación única o no. Pongamos que la última en la que se reúnen Viernes, Foe y Susan es la revelación última de cómo es la literatura y acerca de la objetividad sincera y poco “vendible” que se enfrenta a las historias paralelas que quiere Foe para adecentarla. Lo real y lo irreal, lo inventado impaciente y la verdad sosegada.

Pero no es eso, la novela no es sólo eso. Podría descubrir, hilvanar, reconocer, levantar, incluso inventar muchas ideas, revelaciones, metáforas ocultas o patentes que muestra u ocultan sus textos. Podría hablar de intertextualidad o de metaficción pero serían palabras huecas, apenas definiciones “técnicas” de una cosa más simple analizar: la literatura pura y simplemente. Así aparece desde el enfrentamiento entre realidad objetiva o subjetiva, hasta el aporte apócrifo de las historias paralelas en todos los libros, esos que acompañan a la historia principal y que se adornan con historias asomadas de todas partes, memorias o antiguas lecturas; aparecen los personajes como esclavos del autor, afectados por sus impulsos y sus necesidades; descubres las distintas sensibilidades en la creación de un texto; e incluso aparece la idea de la mujer como “musa”: Susan como fecundadora de la inventiva creativa. Pero descubro también la crítica de un tipo de sociedad y cultura. Palabras que soportan en su significado el peso del arte, la política, el racismo, el colonialismo o el machismo, la insoportable realidad de mucho mundo y muchos siglos de historia. Viernes, mudo y persona a la que se debe dirigir y enseñar, como muestra de una vida en el que el colonialismo dejó a los habitantes de sus colonias, como personas que deben ser llevadas y educadas al modo “correcto” pero en las que la voz de los oprimidos no se oye, nadie sabe si puede hablar o no, pero tampoco les importa. Podría hablar incluso del desprecio del la literatura por le imagen de la mujer, personaje muchas veces sujeto pasivo de la historia, anexo folclórico, para los grandes protectores de la vida para los autores: los hombres. Podría...


¿ Son todas esas probabilidades realidad o ideas mías sacadas de la nada? No lo sé, pero sí sé que es una novela  fecunda, tierra para labrar la mente y descubrir o inventar mensajes en botellas cerradas que vienen del mar, o para discurrir caminos ocultos por la hierba alta entre los caminos de una isla abandonada o de un país perdido.


wineruda






martes, agosto 18, 2015

BAJO EL TECHO QUE SE DESMORONA de GORAN PETROVIC














BAJO EL TECHO QUE SE DESMORONA de GORAN PETROVIC
1ª ED. 2010
Edtr. Sexto Piso 172 Pág
Trdct. Dubravska Suznjevic




El techo se desmorona sobre todo lo que fue Yugoslavia allá por la época de la muerte de Tito, el poderoso, el férreo poseedor del poder absoluto. El mariscal. El Lider. Todo se desploma sobre los hijos atónitos deseosos de libertad o huérfanos del Padre de la patria, el que dirigía sus días, horas, segundos. Y los poderes cambiaron de manos, los cines de dueños, los comunistas se hicieron de derechas, los antiguos hermanos eran enemigos, los único en común de todos aquellos pueblos era la muerte, el aguacero de muerte que empapaba todo, igual que cae una lluvia fina de escayola cuando el techo se va desmoronando y lo cubre todo sin miramientos y sin posibilidad de escape.


Goran Petrovic utiliza el microcosmos de un cine para, por un lado, contar la vida de Yugoslavia en el último siglo y, por otro lado, utilizar los caracteres y condición de los espectadores de la sala para contar como era esa sociedad, los mundos ínfimos de la vida intima de cada uno de ellos o el universo de la vida en la ciudad y, por lo tanto, en ese antiguo país. A veces utiliza la ironía, incluso el desdén o, directamente, la chanza, para descubrir a personajes aduladores con el poder, comunistas de mano fácil, borrachos de pleno acuerdo, muchachos rebeldes, profesores sabelotodos, camorristas, chicas de amor fácil, botarates de tomo y lomo, gitanos ilusos, acomodadores venidos a menos... Todo un firmamento de personajes únicos, de los que cuenta su origen, su vida y su futuro, todo, incluso este último ligado con nudo prieto al de sus país y todos sus aconteceres. En cambio utiliza el cine, el edificio del cine, para contar lo que no tiene futuro, cuenta su esplendoroso pasado, su presente derruido y su futuro sin horizonte, así como, ligado a él, la historia de sus propietarios, la decadencia tanto de todos ellos, hasta cuando fue propiedad del estado socialista. Con el cine cuenta la historia de Yugoslavia, con los personajes, lo que les esperaba a sus habitantes.


No sé si pretendido o no pero Goran Petrovic comienza el libro de una manera descriptiva, casi sucinta, hablando de personas, momentos y cosas de manera cercana a la pulcritud, al menos para mí manera de entender su forma de escribir, para luego dejar libre su pluma, y narrar después de la noticia de la muerte de Tito, de una forma libre, original, dejando que deje volar la imaginación, poética en algunos momentos, sea con instantes dulces o casi simbólicos, sea en los momentos más crueles en donde la mordacidad y la sorda tristeza supura por sus letras, o sea con los momentos de alegoría que describen el porvenir de los personajes de forma entre surrealista o hiperrealistas . Puesto que sí, al final “Bajo el techo que se desmorona” es una novela alegórica, sobre un país, una sociedad, unos habitantes, un momento de la historia en los que todo cambiaba parecía que todo se hundía, y se hundió, en los que todo parecía querer huir, saltar las puertas, los muros, las fronteras, para encontrar una forma de escapar, a veces del país a veces de la forma de vida. Donde nada, lo sabían, iba a resultar lo mismo cuando cayó el comunismo.

Goran Petrovic es, para mí, uno de los grandes genios ocultos de la literatura europea actual, su forma de escribir, de contar las cosas, es diferente a la de la mayoría de los escritores actuales, no se parece a ninguno contemporáneo que yo conozca. Sus juegos con las imágenes bellas, su coqueteo con la poesía, el atractivo de sus imágenes sean alegres o no, el contenido de sus libros, son armas suficientes para recomendar leer cualquier libro que les caiga en las manos de este señor serbio.

Wineruda




viernes, agosto 14, 2015

LAS PEQUEÑAS VIRTUDES de NATALIA GINZBURG



















LAS PEQUEÑAS VIRTUDES de NATALIA GINZBURG
le piccole virtú 1962
Edtral. Acantilado 164 Pág
Trdt. Cecilia Filipetto



No puedo dejar de pensar en mamás patas o gallinas seguidas de sus polluelos a los que intentan enseñar el camino a seguir, la cáscara a la que picar o el lugar donde refugiarse, cuando leo los ensayos de Natalia Ginzburg, que también son relatos y, también, recuerdos autobiográficos. En ellos pone toda su pasión, su experiencia, su sangre y hasta sus entrañas para mostrar lo que para ella es el camino, la cáscara o el refugio por donde entender la familia, el crecimiento, las relaciones, los amigos, la educación , la vida a fin de cuentas. Y, sí, alguien podría decir que eso no es nada, que son unas palabras más sobre esos temas, que son solamente consejos para leer, tendones sin músculo. Acaso sea cierto, pero cualquier expresión del talento que no tenga una finalidad o como diría algún cantante cubano “ que cosa fuera la maza sin cantera” herramienta sin oficio, no es digna de tener en cuenta. Así las protectoras alas de Natalia se despliegan para mostrar un camino, su camino, a un mundo lleno de simple vida de niños, de atribulados padres, de amigo desarraigados, de las comunes relaciones de pareja, de caminos a la educación, incluso sobre cómo vivir en Inglaterra y sobrevivir a ello. Y unicamente si caminas con ella hasta el final del libro podrás entender los miedos -quizá terrores- los intentos fallidos y acertados, las horas gastadas, los pasados no olvidados, las esperanzas gastadas y los destinos cumplidos, las vidas agotadas, las experiencias enriquecedoras y los amores y odios profundos que sustentan todas su páginas, las canteras donde las mazas de las palabras golpean una y otra vez.



Cada ensayo está escrito en primera persona, aparentemente retazos de su pasado que persiguen construir, o quizá mejor reconstruir un pasado, pero no por el mero hecho de contarlo sino que tienen una finalidad última, una enseñanza que descubrir. Así aparece su estancia obligada en los Abruzzos donde la apagada y triste realidad deja paso a un recuerdo de felicidad por que tenía “fe en un porvenir fácil y alegre”; o aparece la felicidad está en unos zapatos rotos; o aparecen sus recuerdos de su amigo Cesare Pavese; o emerge la desastrosa vida de una italiana viviendo en la oscura, triste y diferente Inglaterra, o se manifiesta la desperdigada vida de una esposa inquieta e insegura con un marido perfecto y arrogante, pero donde la felicidad estaba en estar juntos; O surge el recuerdo del horror de la guerra, del temor a un timbrazo en la noche, a la policía, a la inseguridad de vivir pendientes de un mundo que no controlas; o aparece un canto al oficio de escribir, a la necesidad de rellenar páginas, imaginar cosas, crear figuras o dibujar caras e inventar conversaciones para ser uno mismo, más allá de cualquier intento artístico, mucho más allá; se presenta, también un crítica a la imposición del silencio como pecado “fruto amargo de nuestra época malsana”; nos cuenta un relato sobre el crecimiento, de cómo crecemos y vivimos nuestra vida pendientes de los demás, hasta que surge una individualidad que no lo es, de cómo queremos ser diferentes a nuestros padres y no lo conseguimos; por último nos cuenta sobre cómo educar a los hijos, de cómo nos conformamos en enseñar las pequeñas virtudes donde deberíamos enseñar las grandes virtudes, esas que enseñan el camino recto, lejos de remiendos impone el buscar un fuerte hilvanado.


Aunque todos tiene su poso y sus virtudes, me quedo con tres de los ensayos que he citado: uno titulado “Mi oficio” que habla del trabajo del escritor, para ser exactos de sus sensaciones como escritora, pero las explicaciones, sus sentimientos, sus ideas son un manual para leer alguien que quiera, siquiera, asomarse a ese lado del arte. El otro se titula “Las relaciones humanas” y es una hermosísima parábola sobre el camino de la vida, desde niño a adolescente, de joven a maduro, de hijo a padre. Un análisis sobre sentimientos, esperanzas truncadas, ideas, posturas, errores y triunfos, cambios y búsquedas. Por último me quedo con “Elogio y lamento de Inglaterra” con una sutil y maliciosa descripción de su vida en ese país.

wineruda




martes, agosto 11, 2015

CAMINO DE SIRGA de JESÚS MONCADA


 



CAMINO DE SIRGA de JESÚS MONCADA
camí de sirga 1989
Edtrl. Anagrama 329 Pág
Tradct. Joaquín Jordá


Sé que es extraño, pero desde hace un tiempo me pasa que mientras avanzo en la lectura de un libro
siento que va muriendo a cada página que paso, que el territorio virgen, como cuando pisas la nieve en un campo que no ha pasado nadie, se ha acabado para siempre, que probablemente nunca volveré a leer ese libro -¡hay tantos por leer!- y, sobre todo, que jamás sentiré esa sensación de haber disfrutado de esas páginas -sus imágenes, sus palabras, sus ideas- por primera y única vez. Todo ese proceso de encontrar el libro, estudiarlo, desearlo, comprarlo y vaciarlo termina...Una sensación de perdida -un lujo vital menos que disfrutar- que sólo se sobrepone, como en el caso de ésta novela, por el inmenso e inesperado placer de leer sus hojas. Una delicatessen en un mundo de sopa... Y al igual que eso manjares finos y efímeros, sí, serán de poca duración y largo recuerdo. Así, llego a la idea consoladora que los libros que siento que se mueren, -sólo aquellos que se grabaron en el cerebro con taladradora-, son los que pervivirán tanto como lo haga yo. Y, acaso, espero que, como en aquel libro de Ray Bradbury, aunque se quemen en miles de incendios provocados o no, serán parte del imaginario mental y oral de muchas generaciones. No soy egoísta.


"El camino de sirga" es la historia de un pueblo, Mequinenza, situado en las orillas del cruce del Ebro y el Segre: de sus minas, sus laúdes -barcas-, sus bares, sus habitantes -ricos y pobres- sus luchas, sus problemas, sus envidias, sus locuras, sus muertos, sus callejones, sus casas, su polvo, sus animales, sus borracheras, sus venganzas, sus traiciones, sus engaños, sus alegrías, sus tristezas... A lo largo del siglo XX, hasta su desaparición desastrosa iniciada " aquel día de 1971". Y el viaje por el libro es una paseo por la memoria de sus habitantes, de cada uno de ellos, cronistas de épocas y situaciones en las que cada uno de ellos tuvo una intervención e interpretación diferente. Cada versión es una parte del libro, que aparece y desaparece con él, como un recuerdo atrapado de entre el viento lleno de polvo de carbón. Las historias van y vuelven del pasado a 1971, se revuelven y ensanchan, sospechan y afirman, previenen y ocultan, acercan y alejan los recuerdos, que son con los que está construido el libro, esas evocaciones tuteladas por la nostalgia, ésa que permite recordar tiempos malos como buenos, y tiempos buenos como míticos. El paso del tiempo permite, por esas razones extrañas de la mente, echar de menos sólo lo que te hizo feliz, pero llegado un tiempo, y quizá una edad, todo te hizo feliz.

La simple descripción de los acontecimientos que cuenta el libro -Trabajo en las minas y pobreza, riquezas efímeras en la primera y segunda guerra mundial, aparición de la lucha obrera, la guerra civil, la postguerra, la caída del consumo del carbón, desaparición del pueblo- son simples bastones para apoyar una lógica histórica pero que de nada sirven para, siquiera, sugerir lo que es el libro.  Incluso citar que aparecen, vida tras vida, una estirpe de ricos poderosos y mineros y barqueros pobres de solemnidad, y que aparecen sus aconteceres diarios, sus amores, la vida cotidiana de un pueblo que respira el aire de cada tiempo: de la moralidad cristiana a la libertad absoluta, desde la lucha obrera hasta la represión franquista, desde los bares desenfrenados a la moralidad feudal de los ampulosos ricos locales, desde la lucha con el Ebro hasta la lucha en las guerras... Todo, incluso eso, tampoco sirve para dibujar apenas un bosquejo de lo que es la novela. Imaginaros que os meten en las mentes de cada uno de los pobladores de la villa -los ricos del Casino, los pobres del Café del Muelle, los tripulantes de los laúdes, las cabareteras, los mineros, las mujeres, de las sirvientas, el boticario, el cura, Doña Carlota la dueña de medio pueblo, de pintores, de antiguos soldados,- e imaginad un barril enorme en las que flotan sus recuerdos - desde burlas obscenas a olvidos premeditados, desde chismes de viejas a locas con mensajes apocalípticos, de amores susurrados a gritos de alcoba, desde silencios políticos a arengas sociales, desde hipócritas a pícaros consumados-hasta que se crea un vino de gusto recio y paladar intenso. Un vino servido en copas finas de cristal sucias de carbón y brea de barco, que a veces tiene un sabor feliz y otras veces amargo.



Pero no quisiera dejar la impresión que es un libro de esos de rostro serio y profundidad social y política. No, para nada, es un libro en la que la escritura de Jesús Moncada no sólo muestra humor sino que también muestra compasión y ternura con los pobladores de la villa,, solamente a los habitantes de rostro más serio y abotargado los increpa con ironía y cierta rudeza, excepto cuando describe los años negros después de la guerra civil, con sus muertes, su moralidad, su represión... entonces aparece el cruel sarcasmo, el puñetazo literario, la pluma menos sutil y más directa. Moncada se posiciona junto a la gente humilde en un espacio que se sitúa entre el cariño y la añoranza, buenas personas que quiso y no volverán. Aquellos que eran suavemente crueles y ferozmente tiernos... A la gente poderosa la retrata en un lugar tan lejano a sus ideas como cercano a su vida, con trazos ciertamente poco generosos con ellos, nada mas lejos de aquí que lo que está más cerca. Y no es que parezcan personajes grotescos, pero sí de tragicomedia.

Un mosaico de fondo negro carbón que se hunde en las aguas verdes del Ebro.


wineruda


jueves, agosto 06, 2015

¡MOKUSEI! y EL BUDA TRAS LA EMPALIZADA de CEES NOOTEBOOM














¡MOKUSEI! y EL BUDA TRAS LA EMPALIZADA de CEES NOOTEBOOM
¡mokusei! - de boedáha achter de schutting 1982/1986
Edtar. Siruela 113 Pág
Tradct. Julio Grande








Hay muchas guías de viajes, algunas para gente sin dinero, otras para ricos, la mayoría para la gente común. Dentro de ellas las hay que derrochan fotos, otras aconsejan hospedaje y visitas turísticas, otras enseñan los rincones más desconocidos. Las hay de mil formas, precios o atractivo. Pero muy pocas enseñan el alma del país. Ese lugar profundo que identifica las caras, los olores, los sentimientos, los pasos silenciosos por las noches en las calles desnudas, las miradas perdidas entre el gentío, las máscaras colgadas en las pestañas, el sabor ácido de la monotonía cuando tú disfrutas de la variedad, el sucio hartazgo de sentirte libre del todo por una vez. ¡Mokusei! y “El buda tras la empalizada”, no son guías de viajes, no esperes buscar caminos físicos, ni adelantos emocionantes ni siquiera consejos para inexpertos. No. Estos dos cuentos van más allá. Son la impresión de una pisada en el barro, ésa que deja una huella de zapatos pesados en la tierra mojada, que el tiempo seca y los hace eternos, como esas zancadas de dinosaurio en las piedras. Son marcas profundas en la mente del los protagonistas: uno en Japón y el otro en Tailandia. Son guías de retorno -acaso imposible-, a lo que fueron, a sus patrias menores, a sus grandes paraísos cotidianos. Lo que no enseñan las guías de viajes ni las de retornos, es a olvidar. A olvidar amores y olores, lluvias y desiertos, desencantos y alegrías, imágenes y cantos, besos y lloros, situaciones y sueños.




¡Mokusei! Es la historia de un fotógrafo de guías de viajes que conoce en una sesión de fotos a una joven japonesa de la que se enamorará. Aparentemente todo muy clásico, muy obvio. Pero no... Nooteboom no es de esos. El cuento es una reflexión ambivalente: sobre el imposible olvido, sobre el amor, sobre la tristeza... Es también una reflexión sobre Japón, acerca de la inesperada semejanza del país, de la búsqueda inútil de esencias imposibles que esperabas pero no existen, acerca de que todo el mundo es igual: esa diferencia que buscas no la encuentras. Sólo son otras calles en otro país pero son los mismos edificios y el mismo cemento y las mismas miserias. Pero en la lógica de la ambivalencia del protagonista, donde el amor por Mokusei se contrapone al desamor por Japón, se descubre que ella es Japón, que todo lo que la rodea: sus costumbres, su presencia, su olor, su pasión... todo es Japón. Un país no son sus edificios, no son, siquiera, sus paisajes o monumentos, un país son sus personas. Inmutables...




“ La tristeza se iría desgastando, como todo, pero nunca escaparía
a la sensación de que era él mismo quien se desgastaba con ella.




En “ El Buda tras la empalizada” un amigo pide al viajero -así denomina al protagonista- que cierre los ojos, que deje de querer ver Tailandia con ellos y los mire con los ojos de la mente. Pide que le cuente lo que ha sentido, lo que ha perdido y ganado, lo que ha descubierto y perdido en los días que ha pasado allí. Y desde ese instante, un torrente de emociones y sensaciones discurre por el cuento, desde bailarines adolescentes y putas tristes, calles llenas de gente con rostro inmutables, Budas de todos los colores y en todas las posturas, hoteles desconocidos y bares sucios, de tuktuks velocísimos, tardes tristes, templos olvidados, ancianas que dan masajes celestiales, tropas de rostros idénticos, calles como mares, y ríos como calles, amores prohibidos y risas urticantes, aguas fecales y bebidas que enferman, pero...


“No puedes tomar nota de un océano.”


Para “el viajero” aquel mundo está tan lejos de él que dándose la vuelta, sabiendo hacerlo, apenas está a unos pasos de distancia por el otro lado. Todo es cuestión de perspectiva... y de amor por lo diferente. Lo que necesitas conocer para identificarse con un país es usar todos los sentidos, no solo la vista, y así digerirlo para que, con una masticación lenta, poder hacer una digestión suave, atenta, en la que como los bovinos, regurgites lo aprendido y lo saborees de nuevo, con todo lo malo y lo bueno, y lo aceptes y lo agregues a tu sangre, a tu saliva, incluso a tu orina.


Wineruda



miércoles, agosto 05, 2015

LOS PÁJAROS TRAEN EL SOL de ALISTAIR MACLEOD
















LOS PÁJAROS TRAEN EL SOL de ALISTAIR MACLEOD
as birds bring forth the sun and other stories 1986
RBA Edtr. 222 Pág.
Tradct. Miguel Martínez-Lage






¿Pueden hacer dos libros de relatos y un libro de memorias una carrera literaria? Una vez me dijo alguien, maledicente, que eran un sucedáneo de los 'one hit wonder' de muchos artistas musicales. A veces ninguna respuesta es definitiva, como nada en la vida y más en un tipo que sólo puede hacer suposiciones como yo. Pero me pareció una comparación tan estúpida que ni di esa respuesta. Rato después me puse a pensar en aquello y me dije que aunque si así fuera, que la inspiración llegó y se fue o que el autor regurgitó todo lo que tenía que decir o a lo mejor expulsó todos sus demonios, y, al fin,  no buscó nada más que proyectar en la hoja blanca ¿importa algo? A diferencia de los músicos que se arrastran versionando aquella canción hasta la extenuación, haciendo copia tras copia más o menos basada en su éxito pero con otro título. Los escritores desvelan la belleza, la dejan reposar por el mundo y no dicen nada más ¡debéis saber que esto paso en mi imaginación! ¡Y de ella me destierro para siempre!... A diferencia de otros escritores que aprietan su fama hasta lo infinito con libros infames pero con su firma; ellos, los otros, no quisieron hacerlo... Lo hermoso, lo auténtico, acaso sólo es el paso efímero de un cometa que atraviesa el cielo en minutos, pero que queda en las retinas de los que lo vieron para siempre. Pero esto sólo es una suposición... y ya dije no sé decir cosas definitivas.


Alistair Macleod es el que sólo escribió ese libro de memorias y los dos de relatos. Uno de ellos es el titulado : “Los pájaros traen el sol” y, puedo decir, que es uno de aquellos cometas que se estampan contra la tierra, o mejor contra otro planeta -no seamos agoreros-, y que abren un enorme cráter y una polvareda de espanto que quedara durante eones suspendida en la precaria atmósfera del lugar. Comparación, digamos que, osada... pero no la desechéis. Las palabras de las páginas del libro, las ímágenes, los temas, las pulsiones del texto, los rabiosos silencios parecen flotar en el ambiente tras una colisión. Una pugna que aparece en la mente y en el cuerpo tras una perdida. Siempre hay una perdida: de personas amadas, de lugares, de pasados, de ocasiones, de hijos, de padres...


Sobre los hielos del invierno y los fríos veranos de Nueva Escocia en Canadá, en la isla de Cabo Bretón, siempre suceden cosas... Animales, hombres, mujeres, mares, prados, montañas, muertes, brujas, visionarios, barcos, hijos... son los protagonistas de las historias que dormitan, despiertan o fluyen en aquellos lugares. Sitios entre mágicos y reales, espacios presentes pero también herencia de su pasado europeo -escocés-, emplazamientos de los que se vive para siempre o se escapa para volver, puntos donde parecen resumirse la historia de los mundos donde vivimos. Ésa en la que todos existimos con un lado de la mente eternamente perdido en el pasado -sobre todo alcanzada cierta edad. Los jóvenes siempre parecen inmunes a la muerte y la nostalgia-. Y las gentes de Cabo Bretón se aferran a su pasado -a las férreas costumbres, a la lengua gaélica, a la tierra, al mar- para seguir subsistiendo en aquel mundo inhóspito donde el trabajo no es parte de la vida es la vida unicamente. Y así aparecen leyendas tan ciertas como que el mar se hiela en invierno, y surgen brujas que no lo son, y perros del averno y ancianos con principios inquebrantables o, sin ponerse tan trascendente, un joven al que un toro fastidió un experimento escolar.




En todas esas historias aparece, siempre, un surtido de pequeñas historias que acompañan paralelas o tangenciales a la narración principal, gracias a las cuales recomponemos un paisaje que parecemos conocer como si fuera el que vemos cuando abrimos la ventana de la casa donde vivimos. Personas peculiares pero tan humanas, y por ello tan normales, como aquel anciano que pasea su caniche por el parque, o la mujer que lleva las bolsas de la compra, o el niño que patea un balón. Pero sin la aparente vulgaridad de lo cotidiano.

Y aunque el otro libro de cuentos de Macleod,  "El regreso",  me parece mejor libro - más redondo, más completo-, éste  tiene uno de los mejores cuentos que haya leído nunca: "Visión"






Wineruda