jueves, mayo 26, 2016

SOBRE LOS RÍOS QUE SE VAN de ANTÓNIO LOBO ANTUNES















SOBRE LOS RÍOS QUE SE VAN de ANTÓNIO LOBO ANTUNES
sóbolos rios que vâo 2010
ED. Random House 216 Pág.
Tradc. Antonio Sáez Delgado



Una madrugada te despertarás asustado por una pesadilla y escucharás, quizás, el sonido de los tacones de una mujer golpeando el asfalto, extendiéndose por la noche, como el ritmo del corazón, y verás que va invadiendo la habitación, te parecerá que surge de cada esquina oscura, y ocurrirá que se te introducirá en el cerebro hasta parecer que es de donde nace.
-Pasos nocturnos.
Los pasos, en la madrugada, se alejan pero sucederá que tu mente es la que los reproducirá, hasta el infinito, con el compás de un rosario rezado con la voz baja, o del lloro desconsolado de un anciana que se mueve atrás y adelante en la silla, o del mantra del budista que parece crear un ritmo que no descansa, que no parece que acaba.
-Mantra de pasos nocturnos
Verás, de pronto, que necesitas que el sincopado ritmo del tacón se introduzca en tus pesadillas, en la mezquina parte del sueño que parece engañarte para parecer despierto, y de ese modo darle un explicación al golpe de los latidos, agitados, del corazón en tu delirio.
-El tacón pisa el corazón que golpea el asfalto.
Lobo Antunes, golpea el ritmo de su vida, de sus recuerdos, no con el golpeteo del asfalto con el cuero, sino con palabras, con frases, con aseveraciones y gritos que parecen repetirse como una letanía de verdades oscuras o invenciones luminosas. Y él nos descubre en sus ensoñaciones provocadas por la morfina del hospital, que la mente es una galería de sensaciones y evocaciones que se repiten, que se retuercen, que salen y entran, que amenazan y muerden o que lloran y escapan; como el delirio de un loco que necesita responder a las preguntas de su mundo y sentir que tienen explicación, que fueron reales, que como los recuerda, sucedieron.
-Palabras que pisan morfina
“Sobre los ríos que se van” es el diario alucinado de 15 días en el hospital. En ellos, Lobo Antunes nos cuenta los sueños de morfina después de ser operado de una grave enfermedad. Los labios sellados, los ojos entrecerrados, la mente muchos años atrás y el cerebro descubriendo los recuerdos a ritmo de palabras que explican la vida, y cosen la memoria y las reminiscencias unas con otras o con el propio presente.
-Asfaltos llenos de palabras.
Y la mente va y vuelve del miedo a morir del presente a la visión de aquella mujer en la piscina que lo enamoró cuando niño, y vuelve al presente cuando la aguja o la esponja toca su piel, y vuelve a su padre y a su madre llevándolo a la escuela; vuelve a la cama del hospital sucia de orina y regresa a la niñez de tentaciones prohibidas.
-Agujas y esponjas.
La alucinación hace que los sueños del miedo actual y los recuerdos de infancia se confundan, y se repitan o se monten uno sobres otros, vacíos y llenos, al mismo tiempo, de sentido y de realidad. Lo que no aconteció se confunde con lo que él quisiera que hubiera pasado. Rabias, odios, alegrías, sabores,  miedos, vergüenzas y pasiones infantiles se confunden con la entrecortada realidad del hoy.
-Niños que nacen de nuevo .
Así los sueños que van golpeando la realidad parecen enseñar que  nadie sabe si es la verdad interpretada por un niño, o es la irrealidad inventada del adulto enfermo: Golondrinas que parten hacia otros paisajes, tíos que desaparecen en España, criadas amantes, abuelas que gritan, abuelos que se mueren, trenes que no paran, ojos de terneros que huyen del mundo, zapatos sucios de gotas que representan el mundo... Todo está mezclado, como una sopa que palpita como un corazón, llena de palabras y de imágenes, que son las partes de la que está constituida la verdad. Tacón y sonido. Sangre y corazón. Todo se mueve en el universo del sueño y la vigilia, por los ritmos de la figura y el verbo.
-La gota en el zapato limpio y sano.
La vida  vuela y él está en vela, sosteniendola porque  parece que se le escapa por los puntos de la operación , pero, así y todo, se alimenta de la morfina que recompone y corrompe sus sueños con milimétrica exactitud. Las sensaciones pasadas parecen pasear por su piel, y su familia, sus amigos, sus animales, tocan con sus zapatos y patas  la curtida piel escondida entre las blancas sabanas. Los olores, los sonidos, los colores, van entrando por el gotero de su muñeca e invadiendo, hasta desbordarlos, los sentidos.
-El gato hace ruido con el zapato.
Todo, cada una de esas partes que componen el libro, desde lo real a lo surreal, desde lo infantil a lo actual, desde lo triste a lo irreconocible...todo, crea un mundo propio que desborda lo tópico, para crear un texto de belleza extraña, que casi asusta, consumido por las palabras y las imágenes, nos muestra una existencia tan escondida como lo puede ser un sueño, tan hermoso como puede ser el de la memoria de la infancia y el de las imágenes de un lugar que fue querido; y tan triste como puede ser el de las añoranzas y la decrepitud. Nada parece escapar a lo que en realidad es la vida; y que se resume en esas dualidades que soportan la historia de cada uno de nosotros, que la hacen como es.
-Las gotas del zapato han creado esta historia.
Y como si fuera un cuadro de De Chirico o de Magritte, los trazos de la paleta hacen que el mundo, aunque parezca irregular, no lo sea, y complete y cierre  su universio propio a la medida del autor y del lienzo. En este libro son las palabras las que crean los remolinos de colores, para luego enseñarles el camino que nos lleva a la memoria. Como cuando, tras pensarlo mucho, acabas la sopa de letras del periódico y salen las diez palabras que son sinónimo de belleza.
-Las sopas de letras alimentan el mundo

wineruda


martes, mayo 24, 2016

ANTONIO PEREIRA, CONTADOR DE CUENTOS





ANTONIO PEREIRA, CONTADOR DE CUENTOS









Lo que deja huella, como esas pisadas en el cemento viejo que parecen enseñarnos acaso un juego de niño, o una travesura, o, quizás, eran solamente la torpeza de un caminante, o que alguien quiso mostrarnos que estuvo allí; es lo que termina siendo importante cuando vas cumpliendo años, y te alejas de esa estúpida sensación de que todo debe ser nuevo y estrenado por ti. Vas acomodando tu vida y tu intelecto a apreciar todas esas cosas que hacen que vuelvas a recordar un pedacito de tiempo, que no tiene porque ser propio, y ni siquiera estrictamente memorable, pero sí son herencia de los cuentos y vivencias de tus padres o tus abuelos, de forma que son parte de tu memoria casi tan claros y vivos, como si hubieran sido vividos por ti mismo. Las personas no mueren hasta que tú las olvidas, y esas personas, como las cosas ligadas a ellas, son necesarias siempre, en cada instante de tu vida y la de tus hijos, porque tú eres su legado. Recuerdo esas fotos en blanco y negro en las que identificas un bisabuelo, una boda olvidada, la foto de la niña que fue amiga del alma en la infancia de tu madre o tu abuela, o las fotos de un niño saltando en los charcos con zapatos de charol, u otras de amigos de larga gabardina esperando al emigrante en la estación de tren o las amigas llevando pasteles a bendecir a la iglesia...Todas esa cosas, extremadamente hermosas para mí, se agolpan en mi mente cuando he leído a Antonio Pereira. Aunque no vivo en León y nací años después...

Quizá hubiera debido hacer un comentario por cada uno de los tres pequeños libros de cuentos que he leído de él: “Picassos en el desván”, “Una ventana a la carretera”, “Cuentos de la Cábila”. Pero pienso que aunque no son, por suerte, iguales y han sido escritos con algunos años de diferencia; sí que me han resultado, evidentemente, hijos de una misma fuente temática, de la que brota, casi sin excepciones, un mismo licor, de color y textura de tierra adentro y olor a pueblo y lluvia, a iglesia y burdel, a caricia y golpe, a sabiduría y trastada, a anís y vino peleón, a caldo y matanza de cerdo. El cuentista nos habla de esas cosas que oyó o vio, y las cuelga de la cuerda de colgar la ropa, exponiendo sus riquezas y sus miserias al lector: sus olores, sus herencias,  colores, calores, las patrias, los milanos, las sabidurías, los consejos... Todo está entre sus líneas. Pero la lluvia solo empapa, es el olor a tierra mojada la que te trae recuerdos. Y si Pereira es lluvia, es una lluvia de esas que va impregnándote a cada paso, llenado tu cabeza y tus hombros, de donde bajan por el pecho y la espalda, hasta entrarte en los huesos, con esa sensación de que todo es agua, el mundo es agua. Como los textos, las palabras, de los cuentos que te hacen creer que todo el mundo se circunscribe a lo que describen esas frases.

Aquí, en estos libros que describo, vives tras los pasos del narrador, que casi siempre es en primera persona, como si fuera la persona que te está contando al oído las cosas que va viendo de lo que le rodea o sintiendo en su propia carne. Nos sentimos espectros del pasado y del presente que acompañamos a los niños corriendo por la plaza, o al cura en la iglesia el día de difuntos, o el alcalde jugando a las cartas en el café, o a los mozos y mozas del pueblo en el baile, o el vendedor que abre una puerta de una tienda que huele a bacalao sin desalar, o acompañamos al hidalgo de la casa señorial a punto de derrumbarse de pobreza y descuido, o al soltero, de viejas costumbres, anonadado por una mujer que le lleva al presente...

Los cuentos de Pereira estás casi todos centrados en una zona de León, en unos años que se adivinan cerca de la mitad del siglo XX, en la posguerra en España, en pueblos más o menos  pequeños, donde no ocurre nada especial, sino el vivir y sobrevivir bajo la estrictas reglas morales, políticas y sociales, bajo aquellas condiciones, tradiciones y maldiciones. Pereria nos describe esa época, que se adivina cenicienta y triste, pero a la que él saca los colores, sabe rebuscar en los momentos de vida que aparecen hasta en lo que pudieran parecer eriales, y descubre un mundo de realidades casi siempre escondidas tras las paredes o en los silencios atronadores de los pueblos donde parece que no ocurre nada, pero donde debajo de lo tradicional, de lo estricto, de lo mandado, aparece un mundo más libre, mas liberal, más sexual, mas sensual, mas colorido, menos decrépito de lo que aparenta desde nuestra vista de hoy; pero, también hay que decirlo, más profundamente hipócrita o quizá, simplemente, era ese sentido de la supervivencia que las personas bajo estrictos mandamientos impuestos desde el poder o la iglesia han sabido siempre sacar.


La prosa de Pereria es, sin duda, particular y, con leerla una vez, profundamente reconocible. En ella se mezcla lo mundano con lo serio, los localismos con la palabra culta, la poesía con el dictado clásico; todo unido parece ubicarnos en el centro una plaza de pueblo donde queremos estar, un lugar al que volver y revisitar cuando quieres encontrarte, en mi caso, con momentos y personajes, que por locales no dejan de ser universales, y parecen que reviven, desde sus cuentos, a ciertos sitios comunes,  lenguajes y comportamientos a los que aprecias o rememoras o te dan lástima o simplemente son el reflejo de una época que no por lejana o triste debe ser olvidada. Y los cuentos de Pereira son una magnifico ejemplo de buena literatura que no debe ser olvidada bajo ningún concepto.

Wineruda




martes, mayo 10, 2016

ZEN Y EL ARTE DEL MANTENIMIENTO DE LA MOTOCICLETA de ROBERT M. PIRSIG

















ZEN Y EL ARTE DEL MANTENIMIENTO DE LA MOTOCICLETA de ROBERT M. PIRSIG

Zen and the art of motorcycle maintenance. 1974
Edt. Mondadori 462 Pág
Trad. Esteban Riambau



Necesitaré más lecturas de este libro para alcanzar a comprender todo lo que pretende contar Pirsig. Hay tanta amplitud de ideas que una lectura no me llega para aprehender todas las ideas y propuestas que están posadas en el libro. Que es un libro sobre filosofía es indudable, que es un libro diferente sobre filosofía... también es cierto. Aporta caminos, visiones, versiones diferentes a la del simple análisis histórico o la  del estudio de las ideas de los filósofos clásicos. Contiene una contundente mirada sobre cómo ver el mundo, que puede ser la correcta o no pero que, ante todo, es distinta. Dicen de él que creo una legión de seguidores entusiastas con  sus ideas, no creo que esa fuera su intención, a mi me parece la expresión de un necesidad de comprender el mundo de otra manera, y de enseñar el camino, su camino, y para desbrozar sendas, asaltar castillos, repeler ataques o promover revoluciones. Todas esas cosas conseguidas y perseguidas desde la mente, desde ese punto que parece aparecer cuando acercas una cerilla a un foco de gas.

“Zen y el arte del mantenimiento de la motocicleta” es la historia de un viaje en moto de un padre con su hijo desde Minnesota al Océano Pacífico. Es una novela de carretera en las que se incrustan unos Chautauquas  -o reflexiones de viaje- en los que el padre habla de la manera de ver la vida de él mismo cuando era otra persona : Fedro. Que era un estudiante, y luego profesor, al que su manera de analizar y tratar el mundo lo llevó al manicomio. La primera parte es el viaje compartido con otra pareja en los que todos su análisis de la vida y sus visiones -sus chautauquas- se inician reflexionando con el modo con el que se puede percibir el arreglo de una motocicleta...Éste puede ser visto, hecho o percibido  desde un punto de vista “clásico” o  desde el punto de vista“romántico”. El primero será el que intentará ver el mantenimiento de la motocicleta desde un punto de vista funcional y el segundo desde un punto de vista del aspecto, de la forma. Digamos que, reduciendo hasta el límite el significado, son : la ciencia y el arte. Pero no es una simple exposición de datos e ideas, no, él defiende que la vida debe ser vista desde el punto de vista clásico, donde del análisis, estudio y tratamiento -es decir el método científico-, pero también cree que no puede ser tomado como camino único, puesto que debe ser tamizado por lo romántico. Por ello piensa que lo simplemente útil no es valido por sí mismo, debe tener una sentido lógico y estético. Cree, más bien, en un trabajo especializado minucioso y personal.  Para su manera de ver las cosas lo importante es  resaltar y apoyar el valor de lo hecho a través del aprendizaje, de  la constancia y el cariño en lo que se hace, más que de lo hecho en masa. Su idea final es que en la vida, en las industrias, en el acontecer de las cosas, debe reunirse lo estético y lo funcional a la vez.

La pareja acompañante abandona al padre y al hijo, y va surgiendo más claramente, en la mente de aquel, el fantasma de Fedro que vivió por la zona que visitan. Una excursión con el hijo por la montaña le servirá para reflexionar sobre algo que consumió a Fedro: “La Calidad”. Y aquí es donde hay momentos que me pierdo en la multiplicidad de sentidos que creo ver en su reflexión. Así aparecerá “La Calidad” como método de distinguir lo bueno de lo malo, también es una manera de encontrar la manera de distinguir una forma objetiva de separar lo bueno de lo malo, o lo estético de lo antiestético, lo moral o lo amoral. De la misma forma el hecho de buscar esa separación también supone encontrar una definición distintiva de lo que se puede llamar bueno. Pero también explica y  entiende “La Calidad” como el estado ideal, el Primero, en el que todo encaja de forma adecuada. Es el momento anterior a todo, cuando todo es pura potencia...El peso del análisis de Pirsig se encuentra en esta ultima definición o distinción. En ella parece, como un cazador, rodear, acechar, pero también enseñar y reducir a la nada, cada una de las partes que pueden definirse como estudio del origen de las cosas. Así que la metafísica es el origen y fin de estas páginas que parecen enseñar un mundo extraño pero sumamente atractivo.

Por los caminos que recorren el narrador y su hijo en la moto, comenzará a crearse un fino muro entre ellos y representará el comienzo de la caída en la personalidad de Fedro ya como persona real. En ellas Pirsig adelanta una fina linea entre filosofía y critica política, pero también lanza una afilada mirada a las formas educativas, criticando en cualquier caso la imposición de ideas concretas, absolutas e invariables en las mentes de los jóvenes en las universidades o en el mundo, y por ello defiende la clara y absoluta necesidad de abrir la mente y dejar que fluya por todos los caminos posibles.

El narrador, que escribe en primera persona, va pareciendo que pierde fuerza por la posesión de Fedro que está descrito en tercera persona, pero que invade los espacios mentales y físicos del padre, hundiendo al hijo en un enfado y un resquemor que lo va alejando. En esta parte de la observación del mundo , en este chautauqua, se enfrenta a la filosofía de Aristóteles con la de Platón en busca de la definición de lo real, de la forma más validad de canalizar el conocimiento del mundo, de distinguir cuál es el método más adecuado para percibirlo, Pero también  se adentra en el espacio del conocimiento que se ubica en la distinción  entre  la retórica y la dialéctica., allí donde aparecen los límites de la busqueda de la verdad atraves del discurso, de la exposición o del simple discurso educativo.

Este libro habla de todo lo anterior  pero también sobre lo racional y lo elevado, sobre el objetivo y lo subjetivo, sobre lo material y lo espiritual , sobre lo ideal y lo real... Todas las ramas del saber se mueven por sus páginas, y solo un reflexivo análisis después de lo leído te permite ver cosas que no has visto a primera vista. Intuyo que no menos de dos o tres lecturas más necesitare para ver todo lo que hay en sus paginas. Así que esta somera reseña hay que tomarla como lo que es: un mapa....esquemático, pero mapa...aproximado.

Wineruda