martes, febrero 14, 2017

RESIDENCIA EN LA TIERRA de PABLO NERUDA



















RESIDENCIA EN LA TIERRA (1925-1935) de PABLO NERUDA
CÁTEDRA 384 Pág.


“¿para qué sirven los versos si no es para el rocío? ”



Cada vez que leo este libro me vuelvo a presentar, con el mismo respeto de la primera vez, a Pablo -Neftalí- porque es como si lo volviera a conocer, nada parece parecerse a la anterior vez que lo leí, aunque haya sido una semana antes; los recovecos, las anchas avenida y las estrechas esquinas de sus versos, las escamas saladas por las que acaricias sus poemas, el olor a mar y el olor a sol y el olor a verde que desprenden sus palabras no son iguales a la anterior vez que pasaron por mis sentidos, que no solo por mis ojos, y no son iguales porque parecen mutar cada vez que abres las páginas y descubres una palabra que pudo no estar allí, y un sentimiento que no adivinaste, y una pelliza de color tierra abandonada en la esquina derecha de la hoja, y descubres la mirada fértil de Pablo -Nefatlí- tras todas estas hojas nuevas nacidas de árboles que no habían nacido cuando él nos dejó, pero aún así quieren, se obligan,  desprenderse de su savia, y hacer pegajosas páginas desde su puré convertido en ese papel, y así quedes enganchado a él , como una hormiga cúbica atrapada entre dos terrones de azúcar, y dejándote el pequeñito espacio entre sus papeles para que pase el vuelo flotante de una semilla de diente de león por delante de tus ojos, y es por ese mismo espacio por el que se cuela el espíritu de Pablo-Nefatlí- y se aleja nadando entres corrientes de aire con esa semilla y todas las otras simientes, embriones, o semen del mundo para hacerlo fecundo con palabras, versos, ideas, fierezas, ternura, tristezas, alegatos, gritos como adjetivos, silencios como verbos, y sentimientos...Así todos se aferran a la tierra y vuelven a nacer. Y cuando vuelvo abrir el libro es otro lugar, es otros paraiso, infierno, casino, cabaña, cueva, editorial, escondite, calvero, landa, patria, es otro olor, y es así porque renace cada día, y yo lo leo como renacido entre simientes de diente de león y espíritus y sueños vivos de Pablo -Neftalí- rodeándome.

Caballo de los sueños

Innecesario, viéndome en los espejos
con un gusto a semanas, a biógrafos, a papeles,
arranco de mi corazón al capitán del infierno,
establezco cláusulas indefinidamente tristes.

Vago de un punto a otro, absorbo ilusiones,
converso con los sastres en sus nidos:
ellos, a menudo, con voz fatal y fría
cantan y hacen huir los maleficios.

Hay un país extenso en el cielo
con las supersticiosas alfombras del arco iris
y con vegetaciones vesperales:
hacia allí me dirijo, no sin cierta fatiga,
pisando una tierra removida de sepulcros un tanto frescos,
yo sueño entre esas plantas de legumbre confusa.

Paso entre documentos disfrutados, entre orígenes,
vestido como un ser original y abatido:
amo la miel gastada del respeto,
el dulce catecismo entre cuyas hojas
duermen violetas envejecidas, desvanecidas,
y las escobas, conmovedoras de auxilios,
en su apariencia hay, sin duda, pesadumbre y certeza.
Yo destruyo la rosa que silba y la ansiedad raptora:
yo rompo extremos queridos: y aún más,
aguardo el tiempo uniforme, sin medidas:
un sabor que tengo en el alma me deprime.

Qué día ha sobrevenido! Qué espesa luz de leche,
compacta, digital, me favorece!
He oído relinchar su rojo caballo
desnudo, sin herraduras y radiante.
Atravieso con él sobre las iglesias,
galopo los cuarteles desiertos de soldados
y un ejército impuro me persigue.
Sus ojos de eucaliptos roban sombra,
su cuerpo de campana galopa y golpea.

Yo necesito un relámpago de fulgor persistente,
un deudo festival que asuma mis herencias.



“Residencia en la tierra” es un libro sobre la vida, sobre lo que es vivir en la tierra, agarradas sus raíces al  viento que no a la tierra inmóvil , agarrada la mente a la tierra que no al viento mutable e inestable, posado en cualquier lugar de ella, los sentimientos son los mismos sean en Sri Lanka, sean en Singapur, sean en Madrid, sean en Temuco o sean en Valparaiso. El amor y los vientos son iguales en todos los lados, los resultados de la suma de vidas unidas o la resta de las vidas separadas, son los mismos en cualquier lugar de la tierra en la que pisen tus pies. El dolor,... y el dolor también es el mismo, la desgracia y la muerte está donde está tu mente, presente como un eclipse sin luna o una sonata sin piano.


Serenata

En tu frente descansa el color de las amapolas,
el luto de las viudas halla eco, oh apiadada:
cuando corres detrás de los ferrocarriles, en los campos,
el delgado labrador te da la espalda,
de tus pisadas brotan temblando los dulces sapos.

El joven sin recuerdos te saluda, te pregunta por su olvidada voluntad,
las manos de él se mueven en tu atmósfera como pájaros,
y la húmedad es grande a su alrededor:
cruzando sus pensamientos incompletos,
queriendo alcanzar algo, oh, buscándote,
le palpitan los ojos pálidos en tu red
como instrumentos perdidos que brillan de súbito.

O recuerdo el día perdido de la sed,
la sombra apretada contra los jazmines,
el cuerpo profundo en que te recogías
como una gota temblando también.

Pero acallas los grandes árboles, y encima de la luna, sobrelejos,
vigilas el mar como un ladrón.
Oh noche, mi alma sobrecogida te pregunta
desesperadamente a ti por el metal que necesita.


Sacar de los versos más trágicos, de los momentos más pesarosos, las palabras más directas, las imágenes más oportunas, los versos más bellos, es derecho del que tiene heridos brazos y piernas, abiertos los ojos con venas de agua salada, y tembloroso el pulso de la pluma, pero como Pablo .-Neftalí- bracea entre el aire, abraza penas y las hace suyas, completamente suyas, las escurre de su mente, las hace simiente para descargar su nube de dolor, para que nadie olvide, ni siquiera hoy,.-futuro- que se murió su hija o que..


Oda con un lamento


Oh niña entre las rosas, oh presión de palomas,
oh presidio de peces y rosales,
tu alma es una botella llena de sal sedienta
y una campana llena de uvas es tu piel.

Por desgracia no tengo para darte sino uñas
o pestañas, o pianos derretidos,
o sueños que salen de mi corazón a borbotones,
polvorientos sueños que corren como jinetes negros,
sueños llenos de velocidades y desgracias.

Sólo puedo quererte con besos y amapolas,
con guirnaldas mojadas por la lluvia,
mirando cenicientos caballos y perros amarillos.
Sólo puedo quererte con olas a la espalda,
entre vagos golpes de azufre y aguas ensimismadas,
nadando en contra de los cementerios que corren en ciertos ríos
con pasto mojado creciendo sobre las tristes tumbas de yeso,
nadando a través de corazones sumergidos
y pálidas planillas de niños insepultos.

Hay mucha muerte, muchos acontecimientos funerarios
en mis desamparadas pasiones y desolados besos,
hay el agua que cae en mi cabeza,
mientras crece mi pelo,
un agua como el tiempo, un agua negra desencadenada,
con una voz nocturna, con un grito
de pájaro en la lluvia, con una interminable
sombra de ala mojada que protege mis huesos:
mientras me visto, mientras
interminablemente me miro en los espejos y en los vidrios,
oigo que alguien me sigue llamándome a sollozos
con una triste voz podrida por el tiempo.

Tú estás de pie sobre la tierra, llena
de dientes y relámpagos.
Tú propagas los besos y matas las hormigas.
Tú lloras de salud, de cebolla, de abeja,
de abecedario ardiendo.
Tú eres como una espada azul y verde
y ondulas al tocarte, como un río.

Ven a mi alma vestida de blanco, con un ramo
de ensangrentadas rosas y copas de cenizas,
ven con una manzana y un caballo,
porque allí hay una sala oscura y un candelabro roto,
unas sillas torcidas que esperan el invierno,
y una paloma muerta, con un número.



Leí que este era un libro en la que sus poemas, versos, ideas, sentimientos, intención...sí creo que lo pretendía decir era  que su intención era metafísica, sí; esa palabra que se utiliza para ascender y trascender lo real, lo cotidiano, para que las palabras oculten más que muestren, que llevan una cartel en la espalda explicando, sin que podamos verlo, la explicación última, la real, la que solo la mente de Pablo -Neftalí- puede contarnos, allá sujeto en alguna ráfaga de aire entre las simientes de diente de león donde está; lo sencillo que descerrajó su mente y lo convirtió en trascendente a sus sentidos estrictos, buscador de la sustancia íntima y final en la que se desnudan sus versos, a su versión terrenal, a su imagen vespertina, despierta de lunas y júpiteres, ese extraño y propio disparo de palabras que salió de su pluma y que alcanzó el futuro...hoy. Desde su casa, su residencia en al tierra, parece que debió elevarse para alcanzar lugares en las que la realidad -su realidad contada y cantada- solo es espejismo, aquello trascendental está más allá, en los versos metafísicos. Yo no lo creo, los sentimientos de Pablo -Neftalí- se ven en cada palabra, las ideas, los dolores, los candores, los dulzores, los cantos, los sueños, los pies doloridos, los dolores de cabeza, las lágrimas emborronado el papel -aun hoy-, el amor desbordante, el desamor caído del cielo, la alegría, hasta el hartazgo momentáneo de la realidad... Aparecen como destellos, antiguos golpes de luz  de flash de fotógráfo deslumbrándote por un momento, instante blanco y corto, que luego revela la realidad..

Walking Around


Sucede que me canso de ser hombre.
Sucede que entro en las sastrerías y en los cines
marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro
navegando en un agua de origen y ceniza.

El olor de las peluquerías me hace llorar a gritos.
Sólo quiero un descanso de piedras o de lana,
sólo quiero no ver establecimientos ni jardines,
ni mercaderías, ni anteojos, ni ascensores.

Sucede que me canso de mis pies y mis uñas
y mi pelo y mi sombra.
Sucede que me canso de ser hombre.

Sin embargo sería delicioso
asustar a un notario con un lirio cortado
o dar muerte a una monja con un golpe de oreja.
Sería bello
ir por las calles con un cuchillo verde
y dando gritos hasta morir de frío.

No quiero seguir siendo raíz en las tinieblas,
vacilante, extendido, tiritando de sueño,
hacia abajo, en las tripas mojadas de la tierra,
absorbiendo y pensando, comiendo cada día.

No quiero para mí tantas desgracias.
No quiero continuar de raíz y de tumba,
de subterráneo solo, de bodega con muertos
ateridos, muriéndome de pena.

Por eso el día lunes arde como el petróleo
cuando me ve llegar con mi cara de cárcel,
y aúlla en su transcurso como una rueda herida,
y da pasos de sangre caliente hacia la noche.

Y me empuja a ciertos rincones, a ciertas casas húmedas,
a hospitales donde los huesos salen por la ventana,
a ciertas zapaterías con olor a vinagre,
a calles espantosas como grietas.

Hay pájaros de color de azufre y horribles intestinos
colgando de las puertas de las casas que odio,
hay dentaduras olvidadas en una cafetera,
hay espejos
que debieran haber llorado de vergüenza y espanto,
hay paraguas en todas partes, y venenos, y ombligos.

Yo paseo con calma, con ojos, con zapatos,
con furia, con olvido,
paso, cruzo oficinas y tiendas de ortopedia,
y patios donde hay ropas colgadas de un alambre:
calzoncillos, toallas y camisas que lloran
lentas lágrimas sucias


Así todo lo que pueda querer trascender se vuelve tan terrenal como la tierra en la que vive, tan real como su existencia aun hoy, porque el lenguaje de los poemas no es el lenguaje de los filósofos, no debe serlo, y si así lo fuera acabaría siendo preso de sus lectores, o prisionero de sus culpas, y en este caso no lo es,.. Pablo -Neftalí- hace llover palabras, que nos inundan, que nos mojan, hasta empapan, pero entran en la piel, sobrepasan la epidermis, porque por ahí entran los versos, y los reconozco y sé que iban dirigidas para mí, entran en mi torrente sanguineo, o para tí y en ti, si abres sus hojas. Las reconocerás...

Y yo sé que entre todas esas imágenes que aquí abundan, horribles o tiernas, o surrealistas o veraces, se encuentra, deslumbra, se descubre, claro, su autorretrato, parecido a un cuadro naíf elevado entre columnas salomónicas barrocas, espantado de sus duelos, amante de sus amores, acurrucado entre sus mares, asustado entres su orejas, salvo entres sus zapatos, defendido por sus corbatas ; y todo es tan presente y tan cotidiano como encontrar sus camisas atropellada en el suelo o el olor a vinagre y a bodega vacía en sus sueños pesarosos,  y es tan real como que los lirios cortados agreden a los notarios, y todos, a pesar de las intenciones, de los sueños locos, de lo surreal de las pretensiones, nos aburrimos de ser nosotros mismos, y así descubrimos que lo real : la cara real de Pablo -Neftalí-, aparece desde todos los rincones del libro, atropellando y levantando del polvo palabras ocultas, saltando por encima de lo extraño a lo normal,  para surgir, claro y espléndido como expresión de lo que piensa hoy y ahora: en la tierra donde reside y escribe.

Y no hace falta hablar sobre sueños si existe tierra donde caer y dormir







ESTATUTO DEL VINO


Cuando a regiones, cuando a sacrificios
manchas moradas como lluvias caen,
el vino abre las puertas con asombro,
y en el refugio de los meses vuela
su cuerpo de empapadas alas rojas.

Sus pies tocan los muros y las tejas
con humedad de lenguas anegadas,
y sobre el filo del día desnudo
sus abejas en gotas van cayendo.

Yo sé que el vino no huye dando gritos
a la llegada del invierno,
ni se esconde en iglesias tenebrosas
a buscar fuego en trapos derrumbados,
sino que vuela sobre la estación,
sobre el invierno que ha llegado ahora
con un puñal entre las cejas duras.

Yo veo vagos sueños,
yo reconozco lejos,
y miro frente a mí, detrás de los cristales,
reuniones de ropas desdichadas.

A ellas la bala del vino no llega,
su amapola eficaz, su rayo rojo
mueren ahogados en tristes tejidos,
y se derrama por canales solos,
por calles húmedas, por ríos sin nombre,
el vino amargamente sumergido,
el vino ciego y subterráneo y solo.

Yo estoy de pie en su espuma y sus raíces,
yo lloro en su follaje y en sus muertos,
acompañado de sastres caídos
en medio del invierno deshonrado,
yo subo escalas de humedad y sangre
tanteando las paredes,
y en la congoja del tiempo que llega
sobre una piedra me arrodillo y lloro.

Y hacia túneles acres me encamino
vestido de metales transitorios,
hacia bodegas solas, hacia sueños,
hacia betunes verdes que palpitan,
hacia herrerías desinteresadas,
hacia sabores de lodo y garganta,
hacia imperecederas mariposas.

Entonces surgen los hombres del vino
vestidos de morados cinturones
y sombreros de abejas derrotadas,
y traen copas llenas de ojos muertos,
y terribles espadas de salmuera,
y con roncas bocinas se saludan
cantando cantos de intención nupcial.

Me gusta el canto ronco de los hombres del vino,
y el ruido de mojadas monedas en la mesa,
y el olor de zapatos y de uvas
y de vómitos verdes:
me gusta el canto ciego de los hombres,
y ese sonido de sal que golpea
las paredes del alba moribunda.

Hablo de cosas que existen, Dios me libre
de inventar cosas cuando estoy cantando!
Hablo de la saliva derramada en los muros,
hablo de lentas medias de ramera,
hablo del coro de los hombres del vino
golpeando el ataúd con un hueso de pájaro.

Estoy en medio de ese canto, en medio
del invierno que rueda por las calles,
estoy en medio de los bebedores,
con los ojos abiertos hacia olvidados sitios,
o recordando en delirante luto,
o durmiendo en cenizas derribado.

Recordando noches, navíos, sementeras,
amigos fallecidos, circunstancias,
amargos hospitales y niñas entreabiertas:
recordando un golpe de ola en cierta roca,
con un adorno de harina y espuma,
y la vida que hace uno en ciertos países,
en ciertas costas solas,
un sonido de estrellas en las palmeras,
un golpe del corazón en los vidrios,
un tren que cruza oscuro de ruedas malditas
y muchas cosas tristes de esta especie.

A la humedad del vino, en las mañanas,
en las paredes a menudo mordidas por los días de invierno
que caen en bodegas sin duda solitarias,
a esa virtud del vino llegan luchas,
y cansados metales y sordas dentaduras,
y hay un tumulto de objeciones rotas,
hay un furioso llanto de botellas,
y un crimen, como un látigo caído.

El vino clava sus espinas negras,
y sus erizos lúgubres pasea,
entre puñales, entre mediasnoches,
entre roncas gargantas arrastradas,
entre cigarros y torcidos pelos,
y como ola de mar su voz aumenta
aullando llanto y manos de cadáver.

Y entonces corre el vino perseguido
y sus tenaces odres se destrozan
contra las herraduras, y va el vino en silencio,
y sus toneles, en heridos buques en donde el aire muerde
rostros, tripulaciones de silencio,
y el vino huye por las carreteras,
por las iglesias, entre los carbones,
y se caen sus plumas de amaranto,
y se disfraza de azufre su boca,
y el vino ardiendo entre calles usadas,
buscando pozos, túneles, hormigas,
bocas de tristes muertos,
por donde ir al azul de la tierra
en donde se confunden la lluvia y los ausentes




Oculto... nada es oculto, solo lo parece, porque los sustantivos, los adjetivos, y más de un verbo, están donde no deben estar, donde la tradición, la lógica, el mayorazgo de los diccionarios prohíbe o alienta que no esté. Ese es el laberinto de Pablo -Neftalí-, ese es el rompecabezas poético que se deslumbra y nos llena el texto con orejas, mares, vinagres, obispos, reinas, alas rojas, arroz huracanado, barcos amarillos, barcos de esperma, barcos verdes, pantalones irredentos, cocinas negras, algas minerales, espigas muertas, cabezas sin venas, bocas violetas, timbres con boca, botellas palpitantes, barcos con sombrero..


Un día sobresale
De lo sonoro salen números,
números moribundos y cifras con estiércol,
rayos humedecidos y relámpagos sucios.
De lo sonoro, creciendo, cuando
la noche sale sola, como reciente viuda,
como paloma o amapola o beso,
y sus maravillosas estrellas se dilatan.

En lo sonoro la luz se verifica:
las vocales se inundan, el llanto cae en pétalos,
un viento de sonido como una ola retumba,
brilla y peces de frío y elástico la habitan.

Peces en el sonido, lentos, agudos, húmedos,
arqueadas masas de oro con gotas en la cola,
tiburones de escama y espuma temblorosa,
salmones azulados de congelados ojos.

Herramientas que caen, carretas de legumbres,
rumores de racimos aplastados,
violines llenos de agua, detonaciones frescas,
motores sumergidos y polvorienta sombra,
fábricas, besos,
botellas palpitantes,
gargantas,
en torno a mí la noche suena,
el día, el mes, el tiempo,
sonando como sacos de campanas mojadas
o pavorosas bocas de sales quebradizas.

Olas del mar, derrumbes,
uñas, pasos del mar,
arrolladas corrientes de animales deshechos,
pitazos en la niebla ronca
deciden los sonidos de la dulce aurora
despertando en el mar abandonado.

A lo sonoro el alma rueda
cayendo desde sueños,
rodeada aún por sus palomas negras,
todavía forrada por sus trapos de ausencia.

A lo sonoro el alma acude
y sus bodas veloces celebra y precipita.

Cáscaras del silencio, de azul turbio,
como frascos de oscuras farmacias clausuradas,
silencio envuelto en pelo,
silencio galopando en caballos sin patas
y máquinas dormidas, y velas sin atmósfera,
y trenes de jazmín desalentado y cera,
y agobiados buques llenos de sombras y sombreros.

Desde el silencio sube el alma
con rosas instantáneas,
y en la mañana del día se desploma,
y se ahoga de bruces en la luz que suena.

Zapatos bruscos, bestias, utensilios,
olas de gallos duros derramándose,
relojes trabajando como estómagos secos,
ruedas desenrollándose en rieles abatidos,
y water-closets blancos despertando
con ojos de madera, como palomas tuertas,
y sus gargantas anegadas
suenan de pronto como cataratas.

Ved cómo se levantan los párpados del moho
y se desencadena la cerradura roja
y la guirnalda desarrolla sus asuntos,
cosas que crecen,
los puentes aplastados por los grandes tranvías
rechinan como camas con amores,
la noche ha abierto sus puertas de piano:
como un caballo el día corre en sus tribunales.

De lo sonoro sale el día
de aumento y grado,
y también de violetas cortadas y cortinas,
de extensiones, de sombra recién huyendo
y gotas que del corazón del cielo
caen como sangre celeste.




Y creo que cada palabra, cada sustantivo y adjetivo corsario, extraño e invasor en palabras ajenas, son como las rompientes de las olas, los lugares donde es más bello el mar, más valiente la agonía de las olas -mueren luchando- y así todas esas palabras, todas, son los lugares donde se refugia la imaginación del lector, la verdadera potencia de ser de la poesía de Pablo -Neftalí- porque de ella nace toda la expresión, toda la agresividad poética, toda la belleza construida a base de imágenes, de olores, luces, colores, verbos abiertos, sustantivos cerrados, adjetivos como universos, que van llenando la mente del lector de todas las ideas que puedan imaginar el mundo, combinaciones infinitas de versos, que deslumbran. Y sé que es así porque aún hoy, Pablo - Neftalí Ricardo Reyes Basoalto- y este libro -creo, aunque en mi familia no lo recuerdan, que me amantaron con él , como loba capitolina rellena de versos prohibidos-, y este libro, digo, es la medida con el que comparo todo lo que leo, porque como en la tierra, desde mi casa, hasta el centro de ella siempre hay y habrá una, y solo una, distancia cierta y válida. Como cada poema se mide con la distancia a estos poemas....



Si alguien escribiera, hoy, versos sobre un amigo, como estos, cambiaría, creo, algo de la capacidad del mundo para ver lo bello, y hablo así porque probablemente, este libro, “Residencia en la tierra”, como mucha poesía, es el final y principio de caminos que ya no se andan, que apenas algunos lo comienzan y parece que se va alejando como las semillas del diente de león, y espero que no se vaya con ellas Pablo Neruda, escondido entre las hojas de libros de texto que se deben aprobar, con Vicente Aleixandre, o Cesar Vallejo, o León Felipe, o José Agustín Goytisolo, u Oliverio Rincón, o Nicanor Parra, o Federico...




ODA A FEDERICO GARCÍA LORCA

SI pudiera llorar de miedo en una casa sola,
si pudiera sacarme los ojos y comérmelos,
lo haría por tu voz de naranjo enlutado
y por tu poesía que sale dando gritos.

Porque por ti pintan de azul los hospitales
y crecen las escuelas y los barrios marítimos,
y se pueblan de plumas los ángeles heridos,
y se cubren de escamas los pescados nupciales,
y van volando al cielo los erizos:
por ti las sastrerías con sus negras membranas
se llenan de cucharas y de sangre
y tragan cintas rotas, y se matan a besos,
y se visten de blanco.

Cuando vuelas vestido de durazno,
cuando ríes con risa de arroz huracanado,
cuando para cantar sacudes las arterias y los dientes,
la garganta y los dedos,
me moriría por lo dulce que eres,
me moriría por los lagos rojos
en donde en medio del otoño vives
con un corcel caído y un dios ensangrentado,
me moriría por los cementerios
que como cenicientos ríos pasan
con agua y tumbas,
de noche, entre campanas ahogadas:
ríos espesos como dormitorios
de soldados enfermos, que de súbito crecen
hacia la muerte en ríos con números de mármol
y coronas podridas, y aceites funerales:
me moriría por verte de noche
mirar pasar las cruces anegadas,
de pie llorando,
porque ante el río de la muerte lloras
abandonadamente, heridamente,
lloras llorando, con los ojos llenos
de lágrimas, de lágrimas, de lágrimas.

Si pudiera de noche, perdidamente solo,
acumular olvido y sombra y humo
sobre ferrocarriles y vapores,
con un embudo negro,
mordiendo las cenizas,
lo haría por el árbol en que creces,
por los nidos de aguas doradas que reúnes,
y por la enredadera que te cubre los huesos
comunicándote el secreto de la noche.

Ciudades con olor a cebolla mojada
esperan que tú pases cantando roncamente,
y silenciosos barcos de esperma te persiguen,
y golondrinas verdes hacen nido en tu pelo,
y además caracoles y semanas,
mástiles enrollados y cerezas
definitivamente circulan cuando asoman
tu pálida cabeza de quince ojos
y tu boca de sangre sumergida.

Si pudiera llenar de hollín las alcaldías
y, sollozando, derribar relojes,
sería para ver cuándo a tu casa
llega el verano con los labios rotos,
llegan muchas personas de traje agonizante,
llegan regiones de triste esplendor,
llegan arados muertos y amapolas,
llegan enterradores y jinetes,
llegan planetas y mapas con sangre,
llegan buzos cubiertos de ceniza,
llegan enmascarados arrastrando doncellas
atravesadas por grandes cuchillos,
llegan raíces, venas, hospitales,
manantiales, hormigas,
llega la noche con la cama en donde
muere entre las arañas un húsar solitario,
llega una rosa de odio y alfileres,
llega una embarcación amarillenta,
llega un día de viento con un niño,
llego yo con Oliverio, Norah
Vicente Aleixandre, Delia,
Maruca, Malva Marina, María Luisa y Larco,
la Rubia, Rafael Ugarte,
Cotapos, Rafael Alberti,
Carlos, Bebé, Manolo Altolaguirre,
Molinari,
Rosales, Concha Méndez,
y otros que se me olvidan.
Ven a que te corone, joven de la salud
y de la mariposa, joven puro
como un negro relámpago perpetuamente libre,
y conversando entre nosotros,
ahora, cuando no queda nadie entre las rocas,
hablemos sencillamente como eres tú y soy yo:
para qué sirven los versos si no es para el rocío?

Para qué sirven los versos si no es para esa noche
en que un puñal amargo nos averigua, para ese día,
para ese crepúsculo, para ese rincón roto
donde el golpeado corazón del hombre se dispone a morir?

Sobre todo de noche,
de noche hay muchas estrellas,
todas dentro de un río
como una cinta junto a las ventanas
de las casas llenas de pobres gentes.

Alguien se les ha muerto, tal vez
han perdido sus colocaciones en las oficinas,
en los hospitales, en los ascensores,
en las minas,
sufren los seres tercamente heridos
y hay propósito y llanto en todas partes:
mientras las estrellas corren dentro de un río interminable
hay mucho llanto en las ventanas,
los umbrales están gastados por el llanto,
las alcobas están mojadas por el llanto
que llega en forma de ola a morder las alfombras.

Federico,
tú ves el mundo, las calles,
el vinagre,
las despedidas en las estaciones
cuando el humo levanta sus ruedas decisivas
hacia donde no hay nada sino algunas
separaciones, piedras, vías férreas.

Hay tantas gentes haciendo preguntas
por todas partes.
Hay el ciego sangriento, y el iracundo, y el
desanimado,
y el miserable, el árbol de las uñas,
el bandolero con la envidia a cuestas.

Así es la vida, Federico, aquí tienes
las cosas que te puede ofrecer mi amistad
de melancólico varón varonil.
Ya sabes por ti mismo muchas cosas.
Y otras irás sabiendo lentamente.



Pasa el viento y se lleva las semillas volantes, en algún lugar caerán y surgirá una flor que alimenta, que embellece campos y da color al mundo, pero estoy seguro que como Pablo, no querrá estar en jardín cuidado, correcto y tradicional, ahí no querrán estar las semillas del fiero diente de león.



wineruda


8 comentarios:

  1. Hola Wineruda.

    Siempre celebro encontrarme poesía aquí, pues tus comentarios brotan de ese mismo influjo poético, y tu voz suena genuina, son palabras a favor del viento (como el nombre de mi blog), que viajan a merced de la imprevisibilidad , aunque para mí, tus palabras siempre llegan lejos.

    Me gusta esto que dice Neruda:

    "Hay un país extenso en el cielo"

    Y si hay algo que le entusiasma a mi hija Izaskun, en primavera, es resoplar los dientes de león.

    Cuídate, amigo :)

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    Respuestas
    1. Hola Paco

      Gracias, me gusta que te guste, ya me gusta le imagen de tu hija soplando dientes de león; en mi casa las semillas de diente de león que volaban con forma esférica la llamábamos "abuelos" no sé la razón, pero de pequeño siempre pensé que era por lo blanco, por lo canoso, como si fuera el color de las barbas que todo abuelo que se preciara debía tener...,) Así que el simple, humilde, y democrático diente de león siempre ha sido una de mis plantas favoritas..jaja
      un abrazo cuídate

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  2. Estimado Sr. Wineruda, espléndida reseña, felicitaciones.
    Comparto:
    http://www.elobservador.com.uy/un-magnate-un-mural-y-demasiados-poetas-sueltos-n1031378
    Esas casualidades hicieron que este artículo fuera publicado hoy en un periódico local de mi comarca.
    Creo aporta en el sentido de que les petites histories ne sont pas seulment pour les enfants, ils nous permettent de comprendre pourquoi certains événements.
    En en este caso que nos ocupa, seguramente disparadores de alguno de los poemas de este tan particular embajador chileno, gran amante de los perros. Con él, Excalibur estaría aún entre los vivos!

    Sea feliz, Selva

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    1. Hola Selva
      Gracias.
      Muy interesante ese artículo, he leido várias veces "Confieso que he vivido" y no recordaba ese pasaje de la vida de Neruda

      Sea usted feliz también

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  3. Hola, Wine,
    Cada vez que destinas tus líneas a la poesía pareces moverte en tu elemento vital, como si una invisible y anecdótica llave diera cuerda a tus palabras, que manan desde el centro de ti mismo. Y más especialmente cuando ellas abrevan en la poética de un coloso como Pablo Neftalí.
    Gracias por traernos esta bocanada de aire siempre fresco en medio de tanto smog literario; una brisa que hace volar no sólo los dientes de león de Izaskun sino también el pensamiento de tus lectores.
    Un abrazo.

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    1. Gracias Marcelo,

      Con que la brisa haya servido para mover semillas, brotes, aires y un opco de oplvo de alguna librería, y así que alguien lea un poquito de Pablo, será perfecto

      Un abrazo

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  4. Qué impresionante el cántico de Neruda en la Oda a Federico García Lorca. Qué pena siento, que infeliz me veo cuando no leo poesía. No sé porqué si la entiendo no la leo. No entiendo que teniendo más de 100 libros de poesía no creo haber terminado de leer el cuarto de uno. Mas todo eso no importa; mientras exista gente que pueda insistir en transcribirla y publicarla para los sabios capaces de absorber la emoción de su existencia, y para los ignorantes como yo , esa hermosa, rara, terrible, comprometida forma de expresión, vivirá por siempre en el corazón de los hombres.

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    1. Hola José
      Es muy buena esa Oda. En cuanto a la poesía, es una pena que no encaje en tu tipo de lectura, pero con lo que lees y has leído... compensa muchas cosas :)

      un abrazo

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