sábado, agosto 18, 2018

ELOGIO DE LA POESÍA




ELOGIO DE LA POESÍA
Me encuentro en una posición descubierta, dirían las viejas películas de guerra,  mi posición es insostenible y arriesgada; dejé la trinchera, mejor dicho: voy a dejar la trinchera de las reseñas de largas poesías transcritas y ser más sociable y simplemente citar libros de poesía que me gustaron, debo dejar ese afán de proselitismo, que en mi defensa, debo decir, es un arranque de ganas de esparcir por el mundo, que quiera oírlos claro, los libros que me gustaron ¿No es algo ejemplar? ¿No es algo así como filantrópico? Supongo que deberé quedarme con que es algo excéntrico. No es una queja, es una descripción; así la última reseña sobre Ferlinghetti, mi admirado Ferlinghetti, y su Coney Island de la mente, apenas ha concentrado un puñado de visitas que caben en la cuenta de los dedos de dos o tres manos ,  -contando robots- . Que no me quejo, no, que pienso que yo no hago cosas para que me lean, aunque, puedo aceptar que quizá en la poesía sí, que me gusta tanto la poesía que quiero que les guste tanto, tanto, como a mí a los demás. Pero me excedo, supongo, porque la reseña de Ferlinghetti, ocupa 24 folios: que sí, que es un exceso, para ser una reseña, pero lo es más trascribir los versos, en este pequeño espacio en el que escribo –y poco adecuado, como todos- en donde se cerraban las hojas del libro mientras lo leía para pasarlo al ordenador, se caía en el peor momento, y mi monumental torpeza al escribir textos en el ordenador., me costó Dios y ayuda esos 24 folios de transcripción, para…. Pero bueno, me ha pasado con todos, así que me callo, pero cambiaré de estrategia: como aquellos tenientes de las películas de guerra que arriba cito, diseño otra estrategia, o casi acepto más el descubrimiento de que me he cansado  de transcribir hojas y hojas, y solo hablaré sobre libros y autores; hablaré y  plantearé dudas, propuestas, ganas lanzadas de libros que quizá a nadie interesarán, pero aquí estarán para alguien que lea y vea que hay unos pocos poetas que hacen belleza de los verbos y de los adjetivos y de las ideas, y de las imágenes sin móvil, y de los textos sin imágenes.
La vida va cambiando y los viejos, mis viejos, poetas parecen perderse y desvanecerse entre un trajín de libros de consumo rápido; nunca creí que la poesía tendría su carril de vehículos rápidos y los más bellos se quedan en la cuneta.
En fin…

Tengo tantos libros de poesía por poner que me invade una sensación de impericia; tengo tantos  libros de mar, de tierra, de bares, de borracheras, tengo tantos de poesías sobre amores prohibidos, sobre belleza, sobre viajes; tengo tantos de poesías sobre traiciones, sobre descuidos, sobre inercias, sobre muerte, sobre fines y futuros; que este ordenador en el que quedan algunos gigas libres no tendría memoria suficiente, ni yo dedos y paciencia para comentarlos: así que hablaré, hoy, ahora, sobre poesía en inglés. Y abriré la puerta a un autor que no reconoce mucha gente, que parece tener  el nombre de un cantante de blues, o de un héroe de la guerra de la independencia americana : Billy Collins, tengo dos libros traducidos-versionados- al español, “Navegando a solas por la habitación” y “-Lo malo de la poesía : y otros poemas” en el que te hace dudar si son sus temas o son el tratamiento de esos temas, o ambas cosas las que te hacen reconocer una idea de miradas nuevas a sitios donde no suele aparecer la poesía, o mejor dicho los poemas –la poesía aparece desperdigada y por ello omnipresente por todos los lados si lo miras bien- ; y , pienso, que esa mirada diferente deja un poso sorprendente en los lectores; deja cierto tono de humor, de sorpresa, de ironía, de viejos recuerdos mirados de otra manera...; como la mirada de un amigo de visión más perspicaz de lo normal.
Y de Billy me paso a… a mi escritora de cabecera, esa que nunca me ha defraudado, no ha escrito mucho, pero no necesita hacerlo, expresa en tres libros lo que sesudos escritos de escritores orgullosos en toda su creación no lo han hecho: Anne Michaels. De ella he conseguido, por fin, su libro de poesía en español “El peso de las naranjas & miner’s pond” y, ¡válgame Dios!, donde estaba este  libro que no lo había conseguido ante..., ¡Qué desperdicio de lecturas perdidas!, no voy a decir muchas cosas, el que me crea que lo busque, y si lo encuentra -la lleva crudo-que disfrute de la pequeña poesía, de los textos,  con punta…Lo imagino escrito con un lápiz afilado de color azul, con el que, ella,  dibuja en el margen de sus hojas cosas sobre el recuerdo querido, la belleza y el olvido imposible; es un libro sobre la delicadeza, sobre la mirada afilada, que puede descubrir belleza sí, pero también, sobre la desolación, y el amor, sobre viejas miradas de amor por el mundo y el pasado.
Robert Frost, ¡Robert Frost! Tanto tiempo esperado sus poemas en español,  y,  de repente, aparecen, avasalladores, sus poemas completos y te dejan sorprendido; a veces parecen diarios de viejos moradores de granjas, otras parecen escritos de un observador que ve el mundo desde la copa de los árboles, o de la ventana del granero de la granja, o desde el campanario de la iglesia que domina el mundo tranquilo o cruel o viejo o simpar o amable o fiero o…. que movía el mundo rural de aquellos Estados Unidos de entonces…Siempre me ha sorprendido, y me ha dado una señal , el dicho de Frost :”la poesía es lo que se pierde en la traducción ”-lost in traslation- y  quizá nunca conoceré al Frost que conocieron todas esas gentes que lo leían como la biblia de los versos de entonces, pero sí encuentro una mirada , quizá no la original, quizá no la que necesitaba Frost, pero sí, el reflejo de la caverna, las sombras de Platón, que todavía impresiona por el fuego que alimenta su reflejos y que constata sus límites y sus diferenciados contornos. Así que yo tengo a MI Frost, quizas no sea EL Frost, pero es el mio. De lo perdido saca lo que puedas decía Mafalda.

El emperador de los helados, él será el sobrenombre con el que recuerde a Wallace Stevens, tengo sus poemas del viejo libro de Plaza y Janés, que he leído muchas veces, y la poesía reunida recién publicada. Wallace es otra cosa. Y desde aquella vieja lectura, -`por el tiempo pasado- hasta ahora hay tantos descubrimientos, tantas miradas de reconocimiento, de camaradería entre nosotros, que he olvidado el tiempo en el que me costaba que entrara en mis caminos, y ahora  lo reconozco,- de lejos, a oscuras, de noche o de día - en sus poemas sobre la vida y el mundo, sobre personajes, paisajes, pasados, personas, vidas, sí sobre la vida.

¡AH! Philip Larkin, empecé con comprar, hace mucho, el barco del norte, pasé recogiendo de una criba de una  biblioteca, las bodas de pentecostés, y ahora su prosa reunida, y quiero a Larkin, con su acidez, con su mirada poco amable con el mundo, hasta con su   poder de describir ese mundo un poco gris que le rodeaba, un poco vacío, un poco perdido, , pero , es cierto, me dejó descolocado leer a un crítico, en el que describía su poesía, en inglés, más que una poesía ácida, es una poesía agria, desencantada, en el que perdía ese humor negro o satírico  de lo ácido, para descubrir una mirada desubicada –perdida- con lo que veía.

Hay más, tengo muchos más,- William Carlos Williams, Hart Crane, Ginsberg, Ted Hughes,  la antología de Kriller71 de Frank O’Hara, Sylvia, Robert Hass, Elizabeth Bishop, Kenneth Koch, Kenneth Rexroth, Marianne Moore, Adrienne Rich, Robert Lowell, Gregory Corso, H.D. , e.e. cummings, W.H. Auden, Denise Levertov, John Ashbery Roethke, Sandburg, Snyder, Amy Lowell, etc - se desborda mi biblioteca de poetas que escriben en inglés, y quizá siga algún día…
 Ahora me lo dejo porque estoy escuchando otro poeta, sin letra, que la poesía no solo es texto e imagen, oigo a Charlie Parker, a Bird, y se ilumina esta noche ya cercana a las dos de la mañana.
Wineruda

viernes, junio 22, 2018

FOTOCOPIAS de JOHN BERGER























FOTOCOPIAS de JOHN BERGER
Photocopies, 1996
Alfaguara 176 Pág.
Trad Pilar Vázquez


Los recuerdos se difuminan como una foto vieja que va perdiendo colores y sobre todo el nombre de los allí reflejados, o como un cuadro que va perdiendo color por los vapores de la cocina o por el polvo en el desván, o por el paso de la humedad, el cielo y la niebla por la ventana de la casa derruida; todo, recuerdo pasados los años, pierde esa sensación de clara brillantez, que puede ser del amor o del odio, de la alegría o del pasmo; pierde ese entumecimiento del sentido real que puede quedarse después de una explosión de orgullo o de un beso, un abrazo, un lloro o una nube que desparrama agua por las ventanas abiertas de tu vida. De modo que, si quieres recordar esas antiguas sensaciones, esas instantáneas de cámara de fotos, o la mirada de aquel cuadro que rompía el silencio aquellas noches de domingo estudiando algo tan aburrido que recorrías las paredes esperando ayuda, y estaba aquella muchacha de Manet sentada en la hierba<, si quieres recordarlas, necesitarás perder algo para , al menos, dejarlas sentadas en la silla enfrente de tu cama , mirandote; o dejarlas en las letras que quedarán para siempre, lejos de la perdida de tu mente o de el paso del tiempo. Así, Berger cree que como no puede recordar, exacto, aquello pasado, él crea sus fotocopias, que, sí,  quizá perdieron algo de su color original, pero manteniendo vividas y ya ciertas para siempre todas las sensaciones y experiencias, porque estarán reflejadas en un texto que recorrerá el tiempo y el espacio que separa el ayer y el hoy. Serán figuras de sal o de cemento paradas en el tiempo, agujas de mariposas sacadas de la madera contrachapada para atrapar otros siervos alados o sensaciones aladas; habrá también, en este texto, si lo lees, amor y cariño y recuerdos de gente que pasaron por la vida y quedan atrapados en la arcilla de las palabras, como huellas de pasos, de antiguos mastodontes cretácicos  que han parado el tiempo en un espacio de barro solidificado y aire; aquí, en estas fotocopias de madera tratada y tinta, sí, aquí quedan las huellas de personas que, de otro modo,  pasan y se olvidan `perdidos en la vorágine del tiempo y la soledad y la nada. Berger las rescata para respetarlas entre montañas y viejas conversaciones de mesa de madera o en el recuerdo una noche entre vasos y pan en cualquier casa querida o en un bar de esquina, hablando de nada importante, solo siendo amigos.

Pienso que la amistad, todas las amistades, necesita muchas veces de esas fotocopias como estropajos que rascan el presente para rememorar el pasado, porque la amistad se nutre de pasados, respira con aires y cosas compartidas, de aires viciados de noches de alcohol, risas y tabaco, o de besos con sabor a chocolate, o de un rumor de canciones perdidas que hacen rememorar cosas, esas mismas, estas mismas que Berger me muestra, él para rescatarlos o ponerlos en el centro del mundo, su mundo.

Las partes, los pequeños relatos,  de esta larga colección de pequeños recuerdos pero de grandes  historias contadas en primera persona,, son extractos de vida con títulos como de aquellas pinturas que admirábamos en los libros de texto cuando se estudiaba historia del arte, y las clases estaban  a oscuras reflejando cuadros de grandes nombres, como estos que cuenta Berger en pequeños avances, como capítulos de una biblia resumida para una religión sobre el pasado y los amigos, sobre gente que pasa y te deja más que una huella, te deja un vacío, te deja la tremenda soledad de la gente que no volverás a ver o que ves tan poco que necesitas de alimentarte de sus pasos y su respiración calmada durante la noche, o de su conversación callada entre platos de pescado o de pulpo en cualquier restaurante gallego o en museos catalanes, o en las llanura altas de alguna montaña francesa.

Berger utiliza la poesía…, lo cierto es que a mí los libros me dejan sensaciones, me dejan heridas o sonrisas, o me dejan dolores y festejos, y este me dejó poesía, me dejó belleza y sensaciones amables de cariño en la derrota y en la victoria, en la perdida y en la pura sensación de compartir algo hermoso entre amigos;  me dejó, también,  esa sensación maravillosa de los reflejos de algo poético en la mente, de esa combinación de texto e imágenes, de verbos e ideas que dejan un reflejo bello en cada página.

Berger ama a la gente de la que escribe, puede que alguno no haya existido, eso no lo sé, pero todos, de eso estoy seguros, son reflejos de gente que pasaron por este tiempo y por el espacio cercano a la máquina de fotografías o de la mano de pintar o de las manos de mirar de John Berger

Wineruda





jueves, junio 21, 2018

SOBRE LO AZUL de WILLIAM H. GASS



























SOBRE LO AZUL de WILLIAM H. GASS
On being blue (1976)
La Navaja Suiza editores 146 Pag.
Trad. Ce Santiago

Lo azul...


Gass interpreta lo azul, no lo describe, interpela a lo azul, lo crea, lo trampea, lo discurre, lo reinterpreta, miente y crea, ficción-invención- y realidad, ensayo ficticio.
Es un libro de ensayo tratado, en momentos,  como ficción, tratado como una descripción de un mundo, una interpretación, diría, de la interpretación, una mirada a lo que discurre por la ficción y la realidad y la opinión ¿Se puede hacer ficción de la ficción? Lo azul como filtro, o mejor, lo azul como líquido amniótico en el que flota lo creativo, azul.
Gass describe todo lo que existe azul, todo lo que en el universo tiende a ser azul; pero, si lo pienso no es todo lo azul, dije mal, sino el universo azul de Gass, una lista grande o pequeña de cosa que cree azules… y lo son… pero lo son porque él, que mira, los traduce así. La impostada realidad de lo azul. Convenio cerrado en lo que lo azul cubre el universo. La interpretación que hace Gass de lo azul, la realidad que él ve, no coincide con los de los otros, así que en realidad es que el azul de Gass se circunscribe a este libro, a este universo azul que ha encerrado entre páginas blanca; todo es pura interceptación, todo es pura metáfora de lo azul. Sí, diría, a veces al  menos, una sucesión de metáforas que parten de lo azul: lo azul como corrector y empuje  de la ficción. El universo de la ficción traducido, visto por Gass como un ejercicio de glotonería de las palabras que en la creación abundan, se desparraman, se comen todo:

  • -          EL sexo interpretado por la ficción no es más que un sucesión de verdades despiadadas, casi sucias, Gass busca la realidad de lo cocinado, no de lo crudo  y expuesto; lo azul como redentor de exposiciones literarias, Una retahíla de escritores que vieron el mundo de lo sexual en la literatura con una mirada que no es golosa ni excéntrica ni siquiera obscena, es tramposa: es metáfora, es una mirada que reina en lo literario; y que  como lo azul es distinto: el mundo es azul como los ojos de los amantes o algunas bolas de billar o como los reflejos de agua de mar de lejos
  • -           Lo azul reina en el mundo y es la realidad, Gass se defiende de lo no azul, el mundo es redondo, es perfecto, porque es azul, porque es la realidad, al menos la de este libro, o del pensamiento de Gass, por lo tanto, si es así, todo lo que existe al menos en este recuadro de hojas blancas y portada azul, con este calor de verano y en este tiempo tan cerrado, es Gass y el pensamiento de él, ahora, ya, es AZUL.

¿Pero qué es este libro?’ me preguntan -o hago que me pregunten, es ficción ahora aquí también-. Pues es la recreación del pensamiento del autor. Se cuestiona  todo en el pozo de humor en el que están sumergidas las ideas que desfilan o se acumulan en el texto: van extendiéndose como una imagen casi inconcreta que va desvelándose según conoces las palabras que se suceden en el libro, no es ironía sino pausada y amable, digamos –lo acepto- que solamente es alegre, ella prepara el camino para enseñar una disposición casi poética de las palabras, bueno de las frases o las ideas,- las palabras por sí solas no son poéticas, lo  son las frases, o lo son los libros  o lo son los conceptos-, ellas componen un universo propio que habla de lo azul, ya lo he dicho sí, y también de un análisis de la ficción, -a veces del sexo en la literatura  o de las blasfemias o los insultos en la literatura; o específicamente de la representación literaria y filosófica de lo azul, -que se extiende para entenderse  qué es la representación de las cosas en la literatura o la interpretación de ellas  u otras en la filosofía-.”Sobre lo azul” es la interpretación –sostenida a veces en formas de entender o sobrentender lo azul en palabras en inglés-, decía que lo azul es lo que ha escogido el autor para crear un ensayo sobre la ficción, y siendo, en efecto como he dicho antes, o querido decir al menos, el ensayo es un arte en el que no suele existir la ficción, pero Gass lo adopta por el puro hecho de crear   una obra artística, como lo son cualquier otro ejemplo de literatura creativa o poética o lo que sea que se les ocurra. Y lo hace para, articulando el tema de lo azul, enseñar  y concebir  diferentes teorías sobre la creación, sobre la ficción, y en cómo tratar el mundo de lo artístico.

 Su universo  de ideas en este caso es azul, dirán que, por lo que digo, pudiera ser fácilmente también blanco, o rosa, o verde o podría ser de seda o podría ser de esparto o ser como una alfombra; pero no… el universo creado por Gass en este ensayo poético mentiroso, es azul, porque lo azul es humano, divino, es terrenal y marítimo, es diamante y es culo de botella, y es sexo, y es canción, es policía y es bandera, y es real y es mentiroso… y es SU decisión como autor, pero lo hace reflejando  que lo azul es convencional: pongamos que es el centro, es el cosmos del libro la idea de que un color puede recordar, o ser metáfora de ello: el color y las palabras, la palabra con color. Porque la palabra azul es algo acordado en la sociedad, y nos es llegado por las ondas electromagnéticas que nos reflejan en el ojo y por ello lo describimos como AZUL;  del mismo modo lo literario o el proceso de creación es algo, igual, convencional acordado por la sociedad, que nos llega por la vista el oído, vista o el tacto, y le damos el nombre de novela, poesía, pintura, ARTE, todo es relativo, todo es azul, todo podría ser de otro modo, y puede ser de otro modo, Leed a Gass y lo veréis.


Lo azul.

Azul cielo, pájaro azulejo, el pescado seco en la lonja, o el azul de los hierros quemados o el azul de este universo literario –esta idea- inclasificable y absolutamente inolvidable.

wineruda