sábado, noviembre 13, 2021

LOS HERMOSOS AÑOS DEL CASTIGO de FLEUR JAEGGY

 






Nada puede hacer olvidar los años vividos lejos de la familia en el espacio cerrado, solitario y opresivo de un colegio para señoritas en un pequeño pueblo de Suiza o de otros que pasaron por el camino; nada arranca más vida de los corazones que una necesidad de cambio, cercano a veces a lo destructivo, para buscar un lugar diferente, de un cariño olvidado, de una personalidad propia; nada oculta más los sentimientos que la manifiesta intención de ser diferente, de buscar lo distinto, que no lo opuesto, porque simplemente no sabes qué es lo opuesto. Esa búsqueda de sí misma aparece en las páginas de la novela, con la desenvoltura que da la narración en primera persona, mirada desde el futuro, rasgando el pasado para mostrar las entrañas de lo que pasó, no ya de los hechos puros y demostrables, sino de la sensación misma que se asoma desde los ojos, desde las palabras, desde los pensamientos de una adolescente , apenas una niña, que recorre los días de su encierro buscando la pericia necesaria para ser adulta siendo una niña, correteando en la frontera en la que por una lado muere la niñez y por otro lado nace esa fase adulta que primero se quiere y luego lastima.

Y si de la imposición, en la distancia, de un tipo de vida por parte de una madre casi olvidada y si de la existencia plana y lúgubre de un padre anodino surge la necesidad de rebelarse, de ser distinta, de no ser como todas las compañeras de las cuales,tras el paso de los años, has olvidado su nombre -esa fue su importancia- es porque la arrogancia despreocupada de la juventud necesita aparentar que posee la independencia que luego tendrá en la edad adulta, practicar los patrones de comportamiento en una vida que no quiere que sea como es ahora, y los ensayos deben ser rigurosos y verdaderos hasta encontrar el desfiladero por donde escapar de rutinas, voces, profesores, directoras, compañeras de colegio o de reglas impuestas


La protagonista, la narradora, descubrirá un lugar diferente en los ojos, en el cuerpo, en la personalidad de una compañera, en Frédérique. Surgirá de esa relación una mezcla de admiración y sumisión que alarga su camino hasta encontrar un sentimiento de amistad que nunca puede ser sexual o erótica -como auguran algunas guías-, porque no es apenas más que una sensación de acercamiento y arrobo llegado de la necesidad de una amistad diferente, de encontrar una mente discrepante con las reglas habituales de sus compañeras de colegio, no en el comportamiento sino en la libertad mental, en la profundidad de sus actos lejanos a lo usual y a lo cotidiano en los pasillos del colegio; encontrar una mente atormentada para un lugar en las que no debutan las apariencias.

Y nada podrá encontrar más adecuado a la mente de la narradora que contar como, en un momento dado, se adecuó a los momentos que estaba viviendo, contradiciendo su propia necesidad o su mismo pensamiento, buscó en lugares que en otro momento no había decidido pisar, pero que al final lo hizo, por propia comodidad o por simple inercia. Y las consecuencias las pagó perdiendo su parte de individualidad, su pedazo de cielo entre los diferentes, aquella amistad diferente; pero de esa experiencia, de la rotura de lazos, de la caída en los oscuros brazos de la conveniencia, apareció el legado, no sé si querido o surgido de la nada, del placer de encontrar un regalo en lo negativo, en el dolor, en la desaparición de lo respetado.


“Los hermosos años del castigo” es un lectura que lleva placer a los sentidos, ocurre entre lugares que me invento oscuros, entre paredes húmedas y cielos nublados; pisando laderas verdes y colegios olvidados, serpenteando entre pasillos abarrotado de gritos y artimañas de colegialas menudas. Es una obra en las que se abren las lejanas mentes de los años olvidados, aquellos en los que de niño creabas fantasmas de las sombras y enemigos en las pizarras, Y que descubre la mente de una muchacha abandonada a su suerte entre una muchedumbre de niñas, ancianas, amigas y enemigas de las que descubre que el paso del tiempo sólo ha permitido olvidar sus caras y dejar sus voces.


lunes, noviembre 01, 2021

LA MUERTE DE VIRGILIO de Hermann Broch

 
















LA MUERTE DE VIRGILIO DE HERMANN BROCH "Der tod des Vergil" 1958 Ed Alianza literaria, 2000 , 489 pág. 

Broch inventa , imagina, los últimos momentos de la vida de Virgilio en aquel doloroso atardecer en Brindis, aquella alucinada noche, la madrugada entre ilusiones, la mañana fatídica de aquel día... Virgilio sueña, suspira, delira, imagina que toda su vida, su poesía, sus íntimos secretos, sus descaradas verdades, reviven por un momento entre las calenturas de la enfermedad y los últimos esfuerzos por vivir o dejar la vida como él hubiera querido. Y tales secretos, tales verdades, tales delirios, salen , en las páginas de Broch, como un volcán de imágenes, como un torrente poético que, casi como una declamación pública, acaso un último intimo recital, rebosa las páginas, las deslinda, para dibujar el cuadro de un ocaso grandioso. El crepúsculo de una vida destinada a sobrevivir a su propio dueño. La prosa poética de Broch describe apenas unas horas, el último suspiro del alma de Virgilio, los delirios de la enfermedad que van y vienen de entre la inconsciencia a la frágil realidad, y narra, en una mezcla de deslumbrado monologo interior y de postrero narrador omnipresente, el desvelo inquieto de la presencia de la muerte, y con ella el fin de sus sueños y el comienzo de sus preocupaciones por su obra, por su "Eneida" inacabada - imperfecta-. por Roma, por el arte, por la verdad... El momento en el que se cruza el presente doloroso y el pasado amable.

 El libro es dividido por  Broch en cuatro partes: Agua (el arribo): el último contacto de Virgilio con el pueblo, las calles de Brindis, los porteadores, los gritos de la gente, lo humano... Fuego (el descenso): la noche en el palacio del Cesar, la vigilia entre la vida y la muerte, lo humano y lo sobrehumano, lo real y lo irreal, el sueño y el delirio, el ser y el no ser. La Tierra (la espera): el último contacto con sus amigos, la postrera conversación con el Cesar Augusto, sobre Roma , sobre el arte, sobre la política, sobre su intención de destruir "la Eneida". Eter (el regreso) el fin. el ascenso al otro destino, acompañado de caras conocidas, de sitios reconocidos, por lugares sospechados, el "orto", por aguas aplacadas...

 La intención superior de la obra de Broch, la clave que sostiene el arco de su creación, es la necesidad de describir la razón por la que Virgilio quería destruir " la Eneida": Sabiendo que iba a morir sin acabar su obra exige que desaparezca, que no muestre el arte imperfecto, que no le señalen como su autor. Duda sobre su propio arte, adivinado en sus horas más sombrías como algo falso, como algo inútil, lejano a la verdad, que se sostiene por amamantarse a sí mismo , " el arte por el arte". Y a ello no se inclina, no quiere dejar esa obra como legado al futuro o a la propia Roma. Consciente de su propia eternidad aún así no quiere que por ello deban recordarlo. Sólo Augusto puede exigirle que no destruya esa obra que es la propia historia de Roma y en realidad algo que ya no le pertenece. Esa última conversación entre los dos versará sobre lo que significa la obra y por ello Roma, y por lo tanto Augusto; y con él: el pueblo, la política, el estado, y la verdad de todo ello. 

"La muerte de Virgilio" no es una obra fácil de leer. No es una novela al uso: el espacio y el tiempo solo cambian en las ensoñaciones poéticas de Virgilio, volando entre los recuerdos de infancia para volver al presente, saliendo de su vigilia para ver a viejos amigos apenas en un instante. Pero nada se mueve, nadie sale de las paredes de aquel palacio de Brindis, acaso algún fantasma del pasado, alguna alucinación corpórea. "La muerte de Virgilio" es para leerlo con pausa, abstraerte y concretar la procesión de imágenes e ideas que pueblan las páginas del libro. Donde aparecen tres realidades: lo escrito evidente -la prosa poética-, las ideas profundas del libro -lo abstracto-, la vida de Virgilio que acaba-el pasado-. Broch elabora un libro donde domina toda los aspectos históricos o ficticios de la época y del lugar, su obra -la poesía y su sentido- , los aspectos políticos, morales y sociales de aquel momento. Para entenderlo, también, hay que conocer dichos aspectos, pero no sólo, la novela como tal es una magnífica obra de arte, donde nada ha sido puesto al azar y donde aparecen momentos de excelencia de la literatura.

lunes, octubre 25, 2021

EL REGRESO de ALISTAIR MACLEOD

 


















EL REGRESO de ALISTAIR MACLEOD





¿Cuándo un cuento es bueno? Supongo que hay tantas respuestas como lectores existen, y la sensibilidad amasada entre las diferentes harinas literarias y aguas genéticas corresponde a una sola persona y a sus universos fantásticos. Pero todos hemos nacido unánimemente con Perrault o Andersen o los hermanos Grimm y luego separamos los caminos para adentrarnos algunos en caminos clásicos, otros postmodernos o quizá los olvidamos, simplemente, para siempre, o -espera- acaso nos gustan todos.

Daré mi opinión sobre cuál es el cuento bueno, al menos el que me gusta a mí:
Yo lo concibo como el concierto de una banda de Jazz; uno de esas grandes Big Band de los principios de los años cuarenta del siglo XX, donde Benny Goodman, Count Basie o Duke Ellington dirigían grupos rítmicos donde el swing o el boogie era ritmo e improvisación. Y la melodía surgía de los instrumentos de viento, los bajos y la batería imprimían ritmo, la flauta la suavidad que apenas se oye pero existe y es imprescindible y el clarinete la estridencia irrepetible de lo bello. Y... Billie Holiday daba sentido a la música, dándole palabra, sensibilidad, gesto y sentido. Así el cuento es la conjunción de todos esos factores, efectivamente, iguales que el jazz. Sobre el ritmo de las historias donde la vida en calma o salvaje, reprime o incita a sus actores, nacidos o eternos, y es improvisación y melodía a la vez; los paisajes y las historias paralelas son como el sonido de la flauta. Y el cantante, el escritor, rellena de personalidad, de dulzura o acidez, de tristeza o alegría, de pasado o de futuro, de abrazos o de golpes, las páginas de esos libros. Pues eso es “El regreso” de Alistair Macleod. Un concierto sintonizado en una radio de válvulas de aquellas que recogían en directo inolvidables sonidos. Lleno de la complicada simplicidad del que se apropian las grandes obras; donde los colores, los olores, las miradas, los sentidos, las pequeñas cosas o las grandes tragedias se empastan de tal manera que esos diferentes elementos son uno sólo. La elasticidad de las palabras abarca todos los extremos del cuento, cada pequeño elemento es parte del conjunto, y todo el conjunto es ese pequeño elemento, desde un perro que mira triste o una ladera helada, o una caricia con la mano sucia de carbón o, lo que es mas difícil, una palabra no dicha.



En el estrecho paisaje de Cabo Bretón, una isla de Nueva Escocia en Canadá, donde el carbón y la pesca es la única forma de supervivencia, y sólo eso, supervivencia, viven hombres y mujeres duros, de mirada fuerte y limpia, atada a sus costumbres y a su forma de vida, por dura que sea. El libro son las historias de alguno de sus habitantes: hombres viejos que no dan su brazo a torcer, que avanzan porque tras un paso saben que debe venir otro, orgullosos de su pasado y torcidos bajo los techos sucios de las minas de carbón o alzados en la popa de un mar bravío; mujeres fuertes que sostiene el mundo sin ningún punto de apoyo, que aman, paren, luchan y mueren defendiendo a su prole, limpias de mente y abrasadas del frío de las soledades de las viudas del mar o de la mina. Pero también son historias de jóvenes que quieren huir de la negrura del carbón y de la blancura de la espuma del mar, buscando un futuro mejor, llevándose las esperanzas y las lágrimas gastadas de sus padres, es la crónica de gente que va y no quiere irse, y de gente que vuelve y quiere irse. Y , también, son el testimonio de aquellas islas de sus paisajes y sus rocas toscas y graves, de su nieve sucia por el carbón, de niños que juegan en las playas, de barcos que no se hunden, de las níveas gaviotas chillonas, de las vacas de ojos grandes y de los coches de asmática respiración. Todos envueltos en la bruma no sólo atmosférica, la de historias que van acabando, que van cambiando, donde, aunque algunos se resisten, el tiempo no se para y avanza lento e intransigente.

Son las crónicas de un mundo que ya no será, pero fue; y como las grandes melodías parecen oírse aun en las ráfagas de viento que vienen de mañana cuando los coches no obstaculizan su paso con sus bocinas estridentes o su música de consumo rápido.

sábado, septiembre 25, 2021

LAS DIEZ MIL COSAS DE MARIA DERMOUT

 



LAS DIEZ MIL COSAS DE MARIA DERMOUT

de tienduiz end dingen 1959
ED. DESTINO 1959




Algo se me escapa de la novela de  María Dermout,-es la segunda vez que la leo y ya ves...- algo se me había escapado de entre los dedos como la arena fina de aquellas playas de las Molucas cuando la leí por  primera vez, puede que lo que me escondió su cara real fuese  algo parecido a una  espuma de cieno y agua, o el retroceder del agua, o el sorber de las rocas o simplemente la resaca que arrastra arena, piedras , animales y cuerpos, e ideas. Sí, se me escapó mucho. Así que escurro mis memorias y me queda un sabor a desconocido, un  sabor a cosas que dejas pasar, como un amor que el tiempo solo te deja reconocer su lado más pequeño, perdido entre brumas o solo menospreciado por que era otra cosa, siempre otra cosa.

Y así es... La lista de detalles, a veces ínfimos a veces aparatosos, que se habían despeñado por acantilados  o por las hojas, por los lomos, de este  viejo libro, eran muchos, casi como un mes sin cuento. Asi que...por mi falta de atención o porque con el tiempo uno aprende a leer con más sabiduría y  presteza, vas descubriendo que se perdieron demasiados para un mínimo de rigor literario. Y disfrutas de una nueva lectura.  Cada detalle era una nueva forma que aparecía en el recuerdo, de entre aquellas diez mil cosas que aparecen casi una por una despejando las  hojas del libro, todas las disfrutas. Yo voy  reconociendo unas pocas, voy, paso a paso, mezclando, empastando, todo el imaginario del libro que se desvela apabullante. Únicamente armando, en principio, de ese  saber literario que presupones alto y destacado, pero mi orgullo se hunde, mísero, en una sorpresa de esas que te exigen que calles la boca, que parece Maria Dermout decirte, calla tonto y lee; ella te rodea, te señala, te deletrea todos sus nombres para que no los vuelvas a olvidar.


Siempre me ha impresionado la capacidad de un escritor para  combinar lo bello y lo triste, lo poético con lo cruel y lo crudo. María Dermout lo lleva más allá, compagina las páginas, los lugares, los sentimientos, las situaciones más bellas, contraponiéndolas a lo más duro, a la cara menos dulce de la vida, la que quiere andar en puntillas, y quizás por ello puede construir un libro sobre la vida, sin artificios ni atajos, claro como un destello de luz en un lago oscuro. Así son las cosas. ..A fin de cuentas el transcurrir del tiempo es una sucesión de malos y buenos momentos, de imágenes bellas y trágicas, de momentos para recordar o para olvidar, de vivos y muertos, de amor y odio. Y todo eso se pasea por los reversos y anversos de sus papeles manchados de húmedades, pequeños puntos de humedad que parecen darte el mapa del mundo.


El libro te seduce, casi te fascina, por el recorrido por la vida de una sucesión de mujeres y hombres, en las que la principal protagonista es“ La Dama del Pequeño Jardín” , que educada por su abuela, maestra en las cosas mágicas, maravilla del mundo, ama de  las formas invisibles, de los elementos que confunden realidad y deseo. Ella es la dueña de un pequeña parte del mundo en una isla de las Molucas en un momento indeterminado entre el siglo XIX y XX, donde la vida se mueve lenta y ordenadamente, donde cada cosa debe ser respetada y llevada por un cauce acorde a su dignidad e importancia, donde las pequeñas cosas tienen la misma importancia que las grandes, donde los detalles mueven el mundo.

 Pero, el libro, asombrado y asombroso,  también te seduce por el recorrido por el lado oscuro de la vida: la muerte. Pero que en el libro aparece como un suceder de la vida, un paso más en ese destino, en el paseo por la carretera del tiempo, de las cosas y personas que van y vienen, y se acaban: porque hay personas que matan y las hay que mueren. Todos son, quizá, victimas al mismo tiempo, pero son las asesinadas las que vuelven a hacerse preguntas, a regañar a los vivos, a comprender su principio y su fin, a jugar en sus playas o sus selvas., a reclamar la vida que se fue, la que no dejaron que sucediera, la que se olvidó en las manos , o cuchillo o arma del que le quitó el siguiente paso. Y....Nadie sabe si son de verdad o es la mente de las personas que se apenan por ellos los que las han atraído, pero ahí están , vivos por un momento, explosiones de realidad que duran un momento o siempre. Sí....Sobreviviendo entre las palabras y la memoria de las personas que las amaron o que simplemente las recuerdan o respetan tanto su vida como su muerte.

Parece por un momento, mientras lees el libro, que de las páginas del libro emana un olor a especias y mar, que el calor inunda la habitación y los pájaros de vivos colores sobrevuelan la lámpara del techo, golpean los colores el techo y los ojos; ¿es la magia de la literatura, de la buena literatura? o acaso solo sea la simple realidad más allá de lo normal, de lo pisado y hundido, de lo crédulo, la que hace parecer ciertos los hechos que se describen, las cosas que se cuentan, nada parece distante, no hay océanos separándonos, entre tú y “la dama del pequeño jardín”. Vives, ríes, te matan, remas entre las “proas” de la bahía exterior de la isla, recoges cocos, cortas orquídeas, ves fantasmas y los delatas, recoges moluscos y caparazones, pescas pequeños peces a la luz de las antorchas, tocas campanas para despedir a los invitados, guardas cosas mágicas en los cajones, y todas aquellas miles de cosas que cuando cierres los ojos, ahora o dentro de muchos años, te harán recordar cosas importantes o bellas que has leído, visto,  hecho o soñado.



jueves, septiembre 16, 2021

ELOGIEMOS AHORA A HOMBRES FAMOSOS de JAMES AGEE y WALKER EVANS

 


















ELOGIEMOS AHORA A HOMBRES FAMOSOS de JAMES AGEE y WALKER EVANS





A finales de los años 30 del siglo pasado dos periodistas reciben el encargo de hacer un reportaje sobre los agricultores arrendatarios del sur de Alabama en Estados Unidos. James Agee lo escribiría y Walker Evans lo fotografiaría. Rechazado el proyecto una vez escrito se convertiría en este libro. Por lo tanto, este libro debería ser un reportaje o, más allá, un ensayo sobre las formas de vida de esos arrendatarios pobres. Ambas cosas lo son, cierto, pero va más lejos, a algún lugar incierto entre la narrativa de ficción , la poesía y  el relato intimista, todas esas formas que podrían incluirse en una novela. Pero .. ¿ Lo es? Cada lector tendrá su propia opinión, sin duda hay momentos que lo parece, otros son más una expresión de un ensayo político, otras veces social o ético o un relato periodístico puro, pero la aparición de una especie de monologo interior , de recursos estilísticos totalmente literarios, de prosa poética -o directamente poemas-, de descripciones natural y firmemente también literarias, haría dudar a cualquiera que este libro es un híbrido de la literatura de ficción o un cuerpo extraño en la corriente de sangre del ensayo o el periodismo.

El libro se divide en tres partes: la primera es la aparición de los dos periodistas en el pueblo, en las casas y en la vida cotidiana de las tres familias protagonistas -los Ricketts, los Woods y los Gudger-. En esta parte,Agee, habla sobre cosas normales: del paisaje, de lo diario, de cada individuo, del trabajo duro -del cansancio que sobrelleva-, de la falta de futuro, de que no hay nada tras el día siguiente sino la misma rutina esclavizada y harapienta. Pero lo que da valor a lo contado es la épica que hace de lo habitual , aclama el respeto y el amor por cada una de las personas de las que habla a través del fragor y lo barroco de su prosa poética, que requiere concentración en la léctura para que nada se te escape, para que nada se te oculte, para recuperar el significado profundo de lo que cuenta James Agee, que utilizará contínuas digresiónes para dar su visión de ese mundo y de su mundo  particular, de como ve las cosas y como querría que fuesen.

La segunda parte es el análisis pormenorizado de lo que tienen esas familias: dinero, vivienda, ropa, educación, trabajo, del cultivo del algodón y el maiz, ... Todo ello, ese simple análisis -que no lo es tanto-, más sus reflexiones, le servirán para reflejar las terribles condiciones de vida de esos arrendatarios blancos que son el centro de su “reportaje” (aunque en todo el libro aparecerán las condiciones aún más atroces de los agricultores negros) . Todo está contado y casi enumerado de manera minuciosa, y lo que pudiera parecer un informe burocrático se convierte en casi un poema -desde las descripciones,  hasta esas reflexiones de lo inhumano de la situación - donde Agee parece espiar a sus actores y su escenario para ver que sus defectos son bellos, que cada cosa, por pobre y fea que sea, es parte de un todo único y estremecedor que remueve la mente y los sentidos, y allí muestra su admiración y su amor por cada una de las cosas que ve, y renueva su rabia, política y racional, por esa situación y por lo que significa para todos los que la sufren.

En la tercera parte, la más corta, Agee habla directamente a sus tres familias protagonistas, les habla a la cara, se dirige a ellos y les dice que los entiende, que comprende sus problemas, que sabe de su dolor, que sufre el calor y el frío de sus cuerpos, que nota las heridas que provoca la recolección del algodón . Y, a través de una suerte de monologo interior, cuenta sus reacciones ante ellos, el sentimiento que le producen, y, a través de múltiples digresiones, habla de sus fantasías y de sus fantasmas, de las imágenes que le vuelven del pasado y le proyectan a un mundo querido posterior, habla del paisaje que le rodea. Y más allá de la unión de la realidad y la ficción aparece un mundo repleto de personas que pueblan una vida sin futuro y donde el presente es una extensión de la nada.


Las extraordinarias fotos de Walker Evans -adoro esas fotografías-   merecen que, una vez acabado el libro, se vuelva a ellas para ver a esas  importantes, famosas,  personas que han sido fotografiadas. Ésas que a través de sus ojos, sus ropas o sus gestos, improvisan un canto a la dignidad humana más allá de la posición social, económica, educativa que les ha tocado vivir. Son personas que ya no existen en la realidad, pero son expresión de todo lo que puede poblar, pobló y poblará el mundo pasado, presente y el futuro. Y que son dignos de ser conocidos, y contadas sus historias aunque no sean personajes importantes o no aparezcan más allá del reflejo en una partida de nacimiento, de boda o de defunción.






sábado, septiembre 11, 2021

LA CRIPTA DE INVIERNO de ANNE MICHAELS

 



LA CRIPTA DE INVIERNO de ANNE MICHAELS





No sé si sabré escribir sobre este libro y exponer todo lo que cuenta, el cómo lo cuenta y para qué lo cuenta. No sé si me perderé en todos los mares, ríos, caminos, cuerpos, pieles, piedras, flores, muertes, vidas, sonidos, mensajes, tentaciones, silencios, gritos, lágrimas, colores, sensaciones táctiles y visuales, penas, cantos, sufrimientos, explicaciones, abandonos, búsquedas, amores, olvidos, recuerdos... Sobre todo recuerdos, esos que explican y dan sentido a la vida, lo quieras o no. No sé si sabré encontrar el camino por el que pueda mostrar apenas una ventanita, pequeña y solitaria, por el que pueda entreverse aunque sea sólo el matiz del color de las historias que cuenta o el último rastro del olor que queda tras el paso ágil de una persona; no sé si sabré siquiera eso,  tan extensa de sentimientos como profunda de explicaciones es esta novela, que no sé si lo conseguiré.


Recuerdo escribir con aquel bolígrafo en aquel cuaderno: “la tía Grace murió en el otro lado del océano”, y también pensar en lo raro que era que hubiera vivido toda su vida, y también muerto, en un lugar que yo nunca había visto, la clase de revelación dolorosa de maravilla y pena, excitación y desorientación, y el proceso lentísimo de comprender que la propia ignorancia sigue creciendo precisamente al mismo ritmo que la propia experiencia”


No sé si he podido siquiera advertir si esta novela está escrita en prosa poética o, a veces,  es poesía pura y simple. Sus textos buscan la belleza, a veces por el sentido de las palabras, a veces por el placer desnudo de la belleza de las imágenes, -la detallada descripción de un acto, de un pensamiento de una escena, de un olor o de una simple flor-, a veces por el sentido profundo -oculto o brillante- de lo que realmente expresan. La belleza se encuentra sostenida entre versos sin rima, y frases sin verso. Es una novela de palabras, de expresiones, de remembranzas, de penas esculpidas, pero no es una novela de olvidos. Nada esta expuesto a la amnesia, nada a la ingratitud, nada a la oscura esquina rota de la indiferencia. Y tan contundentes son sus historias, tan expresivas sus convicciones, tan vehementes sus recuerdos, que ni siquiera la densa suavidad de las palabras puede suavizarla, ni ocultarla al lector menos atento. Está ahí, caliente y viva, para hacer masticar al lector las piedras férreas de los ríos, las nieves frías de los páramos o las secuencias crudas que quisieran hacernos hacer cerrar los ojos y no verlas.



Un jardín tiene que tener un sendero” solía decir mi madre, y tenía razón. Un sendero que se ha ido labrando su camino en la tierra, hundiendo cantos, con hierba que comienza a crecer en las hierbas -dijo Jean- un sendero que el uso constante ha ido grabando en la tierra. Igual que con el correr de los siglos, los escalones de la piedra se ahuecan en el centro. Imagina si unas simples botas son capaces de gastar la piedra, igual que algunas historias se curvan en el centro tras siglos de ser contadas. La tierra sabe por donde hemos caminado...




Son dos historias separadas y unidas a la vez. Una es la historia de un matrimonio, Jean y Avery, La otra es la historia de unos enamorados, la propia Jean y Lucjan. La primera situada en Egipto en los años sesenta del siglo pasado, durante al construcción de la presa de Asuán. Allí  Avery es un ingeniero que trabaja en el traslado del templo de Abu Simbel y jean lo acompaña. En el segundo la propia Jean se refugia, se agarra, se sostiene, vive entre los sentimientos e ideas de Lucjan, un artista exiliado polaco en Canadá. Pero no es una historia sobre el amor, o, al menos, no sólo es eso. Esta novela es una historia sobre el pasado, sobre los recuerdos, sobre la muerte, sobre la reconstrucción, sobre el imposible olvido, sobre el implacable poder del mal y el odio sobre las personas inocentes.

Pero no, no es solo eso. La novela habla de muchas cosas,: habla de como el pueblo Nubio tuvo que dejar sus tierras, casas, muertos, vida, tras la construcción de la presa de Asuan, y dejo allí sus recuerdos, su forma de ver el mundo, sus olores, sus pasos en el sueño, sus paredes manchadas, sus balcones al ocaso...todo perdido por el afán de unos por dominar la naturaleza, sin tener en cuenta a las personas, y el poder creador y protector del recuerdo, de las pisadas repetidas por los mismos caminos, de las tumbas no olvidadas, de los años sumados que constituyen décadas y siglos en los que las personas aprenden a conocer el mundo -su mundo- y la naturaleza. Habla , también, el libro del pasado de Jean , Avery y Lucjan, y de todas las personas que le rodean, de la soledad y el desarraigo que les convoca, que los une, de la pena por las cosas que hicieron o no, de las cosas que olvidaron, de las personas que perdieron, de los deseos que no cumplieron. Y del horror... del horror de la guerra en el gueto de Varsovia o de Alemania, de las muertes, de todas aquellas muertes sin sentido,pero también del intento inútil de olvidar, y de tratar de reconstruir el mundo sobre los huesos de los muertos, sobre la sangre de aquellos cuerpos: mentiras poderosas sobre verdades que no se debieran ocultar. Habla sobre la falta de inocencia del mundo, sobre tragedias que se asumen, pero no se olvidan, como partidas de ajedrez entre la mente y el espíritu,, entre las lágrimas y el rencor solitario. Y habla de la perdida; de la perdida de los padres, de los seres queridos, pero también de la perdida de la confianza, del amor, de la propia estima. Nada puede compararse a la desaparición, a la súbita, tremenda, y irreemplazable perdida de algo que quieres, la rabia escupida desde la mente y la entrañas... ese sabor acre de la rabia... Y habla del dolor, oculto o público, que reposa sobre todo como un manto de nieve en la pradera, como una nube de polvo en la carretera, todo el dolor del mundo que se agolpa a veces en las sienes de una persona, o sobre el hombros de la multitud agolpada en los andenes de la última estación o sobre las paredes de los muros de ejecución o sobre los margenes de los cementerio. Habla de darle sentido al mundo, aunque sea a una pequeña partícula del mundo, ésa que sostiene tu mente, da equilibrio a tus actos y a tus ausencias, ésa que mantiene el cuerpo en la posición adecuada al movimiento de la esfera terrestre. Habla, también, de las palabras, da las voces, de los cuentos en la oscuridad, en las conversaciones que añaden valor a tu mente, de la comprensión por la palabra y el pensamiento, único camino útil. Habla.....


-Cuando la tierra está demasiado helada como para cavar tumbas -dijo Lucjan-, los muertos esperan en criptas de invierno. Estos edificios siempre tienen una cierta dignidad, ya sean de ladrillo o de piedra con caros apliques de bronce, o un humilde cobertizo de madera, porque se construyen con respeto por quienes yacen entre sus muros.





No sé, por fin, si sabré decir qué es esta novela: ¿novela filosófica? ¿novela sobre la vida?¿el amor? ¿el recuerdo? ¿la pena?... No lo sé, acaso todas, quizá ninguna. Solo podré decir lo que dije para describirla a una amiga: buena como una larga conversación entre amigos, como una historia contada por un viejo profesor, bella como un poema, difícil como todo lo que merece ser encontrado.



wineruda



DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE AMOR de RAYMOND CARVER

 





DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE AMOR de RAYMOND CARVER


Puede que hayan pasado 16 o 17 años desde la primera vez que leí algo de Carver. Primero me produjo perplejidad , no estaba acostumbrado a ese tipo de literatura, a ese estilo de escritura. La perplejidad se tornó en curiosidad y la curiosidad en empeño. Los filos casi cortantes de sus textos, los silencios llenos de ruido, -de mucho ruido-, los acantilados que son sus finales cayendo a plomo desde la última frase del cuento hasta el agua oscura de sus pasados, y que son como una pared de cristal que protege el abismo de la sorpresa. Esa es la sensación me dejó aquel primer Carver. Recuerdo  que hice una reseña realmente patética en la que dije cuatro cosas y hablé de minimalismo y de escuetos silencios y de elipsis y de blah blah... Todo cierto, todo evidente, todo nada. Nada.

Volví a leer a Carver, meses después, este libro en concreto; para entonces ya me había leído todo lo relativo al realismo sucio, a la vida de Raymond, al alcoholismo, a Tess, sobre la influencia de Lish; todo lo que hiciera falta para entender aquel “minimalismo” literario que creía que era, más bien, técnico o estilístico. Pero... pasó lo mismo al leer este “De qué hablamos, cuando hablamos de amor”: entendía el ambiente posesivo, casi decadente -en el amor y la vida-, anuncios que gritan el final de todo -el final de las cosas , los momentos de consumación de algo, de término, de decadencia, todo... casi cerrado y lleno de telarañas-. Olía, en el texto,  el alcohol, sentía a veces la agresión contenida o descubría a veces  la violencia directa o la ilógica del comportamiento humano, veía el humo del tabaco ascendiendo en habitaciones cerradas, me abrasaba, me llenaba el cuerpo; en los cuentos aparecía la pena por la nada,... de nuevo la nada. Cuando veía y pensaba en el amor del que me hablaba el libro: pensaba en el aburrimiento y abandono de las parejas, sabía de sus vidas, destruía sus silencios incluso, pero Carver se me escapaba, algo de Carver se me iba por los desagües de mi entendimiento real, no me valía con saber de qué iba aquello, yo quería ser aquello, estar plegado en el papel, ser  relleno en el libro, estar en la pluma de Carver, en sus ojos rojos de escribir en noches o en los días que cerraban aquellas páginas, más cercanas a las sensaciones como la de un pellizco doloroso en tu carne que a un soplo de aire en la cara, sentía que eran reales para él. Y, además, seguían estando sus finales como paradas en seco delante de un abismo sin que consiguiera ver el fondo, acaso solo el ruido de la piedra, o el cuerpo,  al caer.

Leí “De qué hablamos cuando hablamos de amor” por segunda vez -esta de ahora es la tercera vez- y entonces lo entendí,- como lo he entendido ahora- Carver es un poeta, sí, como tal deja que la idea, unas veces, otras solo la sensación o la certidumbre asustada prevalezca sobre el texto, pero, como está escribiendo prosa , te la cuenta,-sus diálogos son de lo mejor que he leído nunca-, te dice en una palabra o una frase o en una imagen -como lo hacen los poetas- todo lo que te quiere contar de su historia, el corazón del texto, lo que hace que todo lo que le rodea a esas palabras  tenga sentido, tenga un camino y, como tal, una llegada, un fin. Otras veces te deja la exacta sensación de estar viviendo aquello, de ser el que está mirando lo que sucede, el que está contento o perplejo con lo sucedido, Carver te cuenta toda una historia, relevante, claro está,
- no podría existir ese punto de central sin que tenga un mundo creado a su alrededor, una razón para existir o dejar de hacerlo-. Y eso es lo que deja conocer el lector, lo que Carver quería contar, o, más bien, hacer comprender qué era eso que desaparecía en ese abismo que he contado que me aparecía al final de sus cuentos, como si no tuviera fin, Sí, había un fin evidente, estaba, ahora, claro. Si alguien quiere leer el libro, si no lo ha leído, el primer cuento, todo el primer cuento de este libro se explica por una palabra, una simple palabra, que pasa por tus ojos, descubridla y la cueva se abrirá. Por ejemplo, en el cuento:"Una conversación sería" se revela todo el cuento en una frase , en una simple imagen.

Todos sus cuentos tienen una centro que los sostiene, como la clave de un arco, en ella se apoya y hasta se explica lo que has leído, hay veces que está al principio del cuento, otros al final, en otros es la sensación, en otros es el propio silencio -Sí, el silencio como grito, como explicación-, descubrirlo es la obligación del lector, Los cuentos que parecen más cortos son, para los buenos escritores, los que pueden contar más cosas, porque hay más palabras, ideas, sensaciones que no se dicen que las que se dicen, y todas esas cosas son las que te están obligando a pensar, a descubrir: ¿Qué ocurrió en esa casa?, ¿Cuándo nació el odio? ¿Dónde empieza y acaba el amor? ¿Existe el amor o es pura costumbre? ¿Qué ocurrió en esa relación, es esa mente, en esa....?

Carver era un genio, bueno es un genio, si sus libros viven, él vive. Todas estas historias de perdedores que viven en suburbios de ciudades o pueblos perdidos en la nada, en casas donde parece que nada puede ocurrir, donde los protagonistas son siempre parejas -unidas o alejadas, pegadas o en la lejanía, en la mente o en el recuerdo-; donde el alcohol, el olvido, el aburrimiento, la soledad obligada, la pérdida, la necesidad, a veces la locura, es el ambiente por la discurren sus historias. Sus personajes sobreviven en falsos o verdaderos amores, a veces anestesiados por el alcohol, a veces por la costumbre, otras veces se descubre y se desprecian de repente, desnudos delante de los espejos que van descubriendo en la casa, en ellos donde se ven reflejados como son, ven cómo es su vida...

¿De qué hablamos cuando hablamos de amor? Que a nadie que le guste la literatura romántica se le ocurra comprar este libro -conozco algún caso-, será un auténtico shock-casi anafiláctico-. No es difícil descubrir que Carver no cree demasiado en el amor- al menos en la definición “oficial y seria y estudiada y, a veces,  esquilmada a Hollywood” del amor, la más concurrida en los `papeles de la literatura universal- Sus historias hablan, sus 17 cuentos cortos, del amor, pero no esperes que te cuenten sobre esperanzas y futuro, acaso se permite una caricia a una pareja de ancianos perdidos en un hospital o en un juego de bingo, o el amor fraternal de unos padres a un hijo. No, Carver no se permite creer en el amor de películas, los de los libros rosas y de azúcar pulido; él va mirando por las ventanas de los que han sobrepasado la frontera del disimulo, y llegan el hartazgo. Carver mira en las casas en las que la gente cree en el amor como un efecto de atracción obsesivo o recurrente, al que se aferra la gente como el arpón se agarra al costado del pescado, no importa que haga daño al ser que crees querer, solo importa el arpón. Otras veces destruye el mundo por las bajezas del hombre por la simple creencia en el poder del perdón donde no existe, donde no respetar es la muerte, y la vida atada por la influencia de sucesión de derrotas de las parejas que casi siempre han vaciado sus bolsillos y sus vidas en años sin futuro y pasados sin presente. Así todos los personajes, o casi, tienen una sombra del mal; un mal acaso inocente por estúpido, o un mal cruel, o un  mal por estar poseídos por lo necio. El mal aparece en las vidas de la gente cuando se acaba el amor y hay veces que lo confunde con él, otras veces con la codicia de retener a  la que crees tu posesión o tu futuro.. Y, si, aparece el bien, pero asociado a la derrota, a la caída, a dejar pasar la vida, a vivir de recuerdos, juntos o cuando el otro ya te ha olvidado, de hijos que ya no son más que una voz de teléfono, casi abriendo las espuertas de la presa y dejar que el agua desborde el mundo, tu mundo, su mundo.
 Sus cuentos son Bastillas tomadas y derruidas.

Carver es un poeta, pero sus escritos no hablan de belleza, no hablan , casi nunca , de compasión, no hablan de risas y amaneceres de sol, de auroras sin nubes, pero sí hablan de sentimientos; utiliza el filo del bisturí de la prosa  para mostrar lo que descubren los poemas: la realidad última de la vida: habla de la tristeza, sus historias son asedios al mundo real, cercos a la realidad, son desengaños o verdades, engaños o certezas de que todo es pasado; todo eso  pasa por sus palabras. Quizá sea una verdad cosida a una vida de gente derrotada, o sin suerte o sin control sobre su presente, o sobre la realidad, pero es una vida real, que existe, que conozco, que la he visto. ¿Quién quiere una literatura creada solo para contar historias sobre amores imposibles, bodas reales, y muchachas adineradas que se casan con príncipes pobres?, El mundo se parece más a Carver, lo sé, tengo la suficiente edad para saberlo, que al que te enseñan en las películas y en muchos libros y en las revistas, en los anuncios y en la radio; no amas sino que estás acostumbrado; no salvas, te salvas; no hay amores eternos hay miedo a la soledad; el amor es una enfermedad de jóvenes que se cura con la edad,  no hay mundo solo está tu mundo, está ese mundo lleno de un “YO” continúo en el que todo los demás es un “vosotros” que te aleja, que no importa a nadie; solo existe unas vacaciones de alcohol y tabaco en una motel de playa durante quince días, y once meses de ser el mismo que el pasado mes  y el anterior y el anterior y... y pensar que eres mejor. El amor se parece demasiado a la soledad compartida o la displicente repetición de cosas porque siempre han sido así y da miedo cambiar.

En los 17 cuentos de Carver, puede que te asustes, que veas una parte del mundo que no quieras, incluso que haya violencia gratuita, y alcohol y tabaco a raudales, y violencia real o soterrada, cariño olvidado, que haya esa sensación de soportarse por soledad, y hay olvido, sueños perdidos, de recuerdos que se van y ya no quedan, de esos que quieren aferrarse pero se escurren, puede que no haya que creer que el amor solo es eso, pero sí debes saber que el amor también es eso. Cuando algunos hablan de amor, hablan de eso.
Y la tristeza...

sábado, julio 17, 2021

UN RETRATO PARA DICKENS, DE ARMONÍA SOMERS


 

UN RETRATO PARA DICKENS, DE ARMONÍA SOMERS

 

Un metrónomo marca el paso, tac tac tac. Como pasos en el piso de arriba, un metro de madera rota entre mesas de pobres, un metro de madera en mesas en las que no hay comida, tac tac tac, la vida es dura en todas partes; Un mundo de pobres, ancianos, niños, recuerdos vivos y muertos; la plusvalía no alcanza a los pobres, solo alcanza para  las velas y los paños viejos de algodón con los que harán camisas, pantalones, faldas o baberos para niños que todavía no saben andar, que todavía no alcanzan a pensar. El muro de las lamentaciones no existe porque no puedes pararte a quejarte o implorar, y no puedes porque el frío, la soledad, el hambre, los ladrones, el loro maledicente, el pescador que no pesca, el retrete que no absorbe, el regreso que nunca llega, no te dejan hacerlo. Solo hay pobreza y hambre: tac tac tac, las horas pasan y solo hay un mendrugo de pan. Un mendrugo que imaginarías pastel o pasta o pavo o melaza, pero solo es pan seco y roto, como las camisas, los suelos, las mazas del juez, los sombreros de los ricos, el pie de las palomas. Algo siniestro pende de la cuarta pared del libro.

Tac tac tac, marca la hora el reloj, y el metrónomo calla por pudor, hay algo intranquilizador en el aire, un poder oculto atascado entre las cañerías y el cielo, un pavor de cristales empañados, un soberbio poder que aplasta las ilusiones. No hay nada, no hay sitio, no hay sed, no hay hambre no hay comida no hay agua, no hay amor, solo violencia atascada y oscuridad, Tac tac tac.

Armonía no es una escritora normal, no es una escritora al uso, una que escribiría sobre lo obvio, sobre lo que escriben la mayoría, en esas sopas de sabor a pastilla de supermercado.

 

No lo es.

Tac tac tac, hay pasos sobre el asfalto solo los imagino en una noche oscura, donde no hay nadie, solo ella, la niña,  nadie la acompaña, nadie irá con ella, es su camino, y solo se construye entre caminos no frecuentados, no toca nadie el timbre, no silba nadie en las plazas, nadie pasa, perros que ladran a una posible luna que aún no ha salido. Lanza la mano para que alguien la guíe y nadie la agarra.

Armonía Somers, escribe sobre los que no escriben.

 Digamos que abrimos Oliver Twist de Dickens, y  dejamos que escape Oliver y Fagin y Nancy y Bates y Monk y Brownlow y Silkes y…solo quedan los personajes del edificio pobre junto a la guarida de Fagin, ese que aún está más hundido, ese que nadie mira ni mirará, y tac tac tac, Dickens ni siquiera lo ve, es más pobre aún que sus casas pobres. Golpeemos sus puertas: aparecerán gente olvidada, más pobre, más siniestra, un infierno relleno de hambre y tierras sucias, de sexo sucio y sucia vida, rivalidades de diablos rotos. Algo que no vemos supura por las letras que describen esa vida, un muerte que nace en la primera hoja, enseña a una niña que cuenta su historia de hospicio, adoptada por borrachos y personas desconocidas, trabaja y se muere de hambre en cada página, una sección de la parte más terrible del mundo, pasea, tac tac tac, por sus páginas. Asoma sucia, asoladora, amenazando en lo más degradado de la  vida humana a la niña y a esa vida. La pobreza que llama a pobreza. Lo soñado que no se cumple, lo imaginado que se escapa.

Un loro que describe el mundo, su mundo. Una biblia apócrifa que ataja el mundo, su mundo. Un escritor de recetas que engaña al mundo, su mundo.  La niña que describe con metáforas, con imaginación desbordada el mundo, su mundo, como adelantándose al suceder de las cosas, ella los ve un instante antes y tac tac tac, no las comprende, son pasos a una luz deslumbrante, desconocida, que describe y no comprende.

El libro habla sobre esas 4 voces, 4 pasos en un camino, tac tac tac tac, que parecen divergir, parecen destinar a ser paralelas infinitas, energías hacia el infinito  que no se tocarán,  Hay una parábola, al modo bíblico, sobre la bondad y el amor a Dios y el agachar la cabeza, el destino creado y fijado, el alma para no separar, la vida para crédulos, el ser para ser convencido. Hay un  cocinero que no cumple, que trampea, el que cumple sin hacerlo, el que aparenta, el que no es, el que nunca será. hay una  niña que mira esa vida, y esta le devuelve empellones, vida del ser que no cesa, el no ser, el no futuro, el futuro sucio e ingrávido entre la nada vida de la no esperanza, la no creencia, el ser y no ser a la vez, muerte y vida; allá donde vive la maldad, esa maldad que no se recrea cuando lo es. Hay algo, en estas páginas,  que flota sobre todas la cabezas, todas las urnas, las mesas, los bares, los borrachos, sobre el sexo, sobre lo sucio ...., flota siempre, parece que no se apoya en nada, solo en la mente y la maldad de la gente. Y no hay Dios, vemos que no hay siquiera riqueza en la mentira tampoco en el amor; no, no hay riqueza, no hay comida, y no hay amor, no hay nada detrás de la mentira ni de la verdad, realmente no hay nada, solo pasos, solo creencias de querer reconocer algo, tan es así, que  hasta la vida son metáforas, es la única manera de  reconocerla porque no hay manera de verla de frente; no puedes verla limpia e indiscreta, como es de verdad. La historia que cuenta esta novela solo parece vislumbrarse. mostrarse desnuda, solo como una caverna a oscuras de Platón, no hay  ni sombras ni luz ni un fuego para calentar, solo vemos futuro turbio y sucio; no hay ni un Fagín tramposo que  ayude para ayudarse a él mismo, no parece que hay, siquiera, ni muerte ni vida. Hay un loro, Asmodeo, que es el diablo, que interpreta ese mundo, todas las historias que la componen,  porque solo puede ser interpretado por él, y descubre el lado oculto de la luna, lo que hay detrás de las paredes rotas, o de los paneles de las paredes, la verdad de esa vida está vista desde el otro lado, desde el lado de la maldad…y …¿la verdad?

Maravilloso, la escritora “rara” es maravillosa, esa letra dorada sobre fondo oscuro, belleza en la escritura, tinieblas en sus textos, una sábana de seda tapa el mundo.

Tac tac.... palabras que escriben sobre la nada, palabras brillantes, frases de luz, que ocultan y enseñan, a la vez, como un discurrir de fuego en un lago vacío,  el lado oscuro de la vida.

martes, julio 13, 2021

ESTIMULADOS.

 No tiene nada que ver con la literatura, aunque supongo que sí, podríamos suponer que es esa sutil diferencia que supone escribir para el mundo o escribir para el jefe de un monopolio, para tu jefe, que exige que tus escritos sean así o de otro modo porque se vende mejor; las viejas librerías no piden nada, no exigen, no intentan tapar nada,  acaso que los libros atraigan a los que no quieren leer, solo eso.

El otro día leía un artículo sobre ventas, sobre la forma de vender antigua, de primeros del siglo XX, que supongo que está a la misma distancia que estamos entre primeros del XXI con ahora. Dicho ensayo  hablaba sobre unos artículos, supongo que cachivaches es su mejor definición,  que se llamaban "estimuladores de ventas". Dichos artículos que englobaban una serie de máquinas, cajas, tipos de tragaperras, probadores de fuerza, regaladores de chicles y tabaco tras una sencilla prueba,  y otros  objetos de variada formación cuyo objetivo principal era que te quedaras más en la tienda, porque de ese modo sabían sus dueños que tenías una mayor probabilidad de comprar más. Más tiempo en la tienda, más compras posibles; simple y efectivo.



En este comienzo de la tercera década del siglo XXI, aquella forma de intentar que te quedaras más en la tienda para consumir más, en estos tiempos del capitalismo 4.0 o 5.0, o más; ha cambiado poco, nada parece hacerlo, cambian los sitios y el tamaño de gasto, cambian los destinatarios del beneficio de venta: este capitalismo 6.0  ha llegado a una conclusión; que lo que deben hacer para que consumamos más es hacernos que nos quedemos en casa.Así nos ofrecen una extensas razones para quedarnos en casa, nos alargan la alfombra roja para decirte que como en casa en ningún lado; cuyas virtudes son evidentes según cuentan: la protección de casa, la comodidad de casa, el acurrucamiento perfecto de casa, la tranquilidad, la necesidad, lo obvio que es que te quedes en casa, ahí donde nadie te molesta, nadie te contagia, nadie te avasalla, nadie te...influye. nadie te...espía, nadie te roba si estás allí, nadie te espanta; y no te cansas, y no te aburres, y no te enfermas, y no hace falta que malgastes zapatillas, paciencia y ruedas, ellos están para tí . Y te traerán pizza a la puerta, sin moverte, sin rozar con vecinos y gente sudorosa, pueden traerte, también,  comida china o rusa o pintxos o el paquete de tabaco, te traen la compra, el café, te traen las bebidas. Están a tu entera disposición: te ponen series que te atrapan y divierten, te ponen películas para que no visites los aterradores, distantes, incómodos -por no poder estar en pijama-... los lejanísimos cines. Además en casa, aunque no puedas creértelo,  puedes comprar de manera cómoda, y sin tener que poner el número de cuenta, todo y solo con un simple INTRO.

¡Barato señores y señoras! , Barato, todo barato, uno, dos y tres lo que usted quiera, lo tenemos: muñecas chochonas a domicilio, norias ancladas al alféizar de su ventana, autos de choque que chocan a su gusto, lonpuedes conducir desde casa, con una cámara web en el volante, payasos que harán reír desde su camerino, y equilibristas en vídeos de alta definición que verás caer en primer plano.

 Comprarás zapatillas, cubiertos, peladores, sujeta párpados, saltimbanquis, excrementos falsos, ruedas, libros, poemas, cartas, espantapájaros, iglesias, coches, comprarás hasta almas y Almax . Puedes comprarlo a la una de la mañana, a las cinco con insomnio, puedes comprarlo sentado en la taza del water, o mirando la luna, puedes devolverlo sin gastos, solo con los gastos del repartidor de paquetes  basura que ya no gana nada, pero ya se sabe, para que unos vivan bien otros... Y te traen del extremo oriente en dos días lo que haga falta, gratis, y quédate en casa que todo es barato , muy barato, ¡tan tan barato! Y venden lavadoras, y cerebros lavables y calcetines desparejados que ya te emparejan, y te manda vibradores y estimuladores de clítoris y pene para que no salgas de casa, y te ponen vídeos porno para ayudar y saltan chispas y  queman colillas por ti, y saltan acantilados por ti y hasta hay un becerro de oro que nace con dos cabezas para ti.

Así que nuestros estimuladores de venta somos nosotros mismos acurrucaditos, aburridos, prestos a comprarlo todo si es barato,  reconfortados y felices en el sofá, cuanto más estamos en casa más consumimos, y solo necesitamos un móvil a mano, y seis paredes que nos rodeen y una ventana que no se abre y una televisión o dos o tres, las mismas que móviles haya en la casa, para que nos den masticada su versión de las cosas y veamos series y fútbol  que harán cambiar el mundo.


jueves, junio 10, 2021

Carta a una amiga. Sobre poesía y esas cosas inútiles.



Hola Edurne*(1)

Ya sé que no me lo pediste, y no sé si lo querrás, pero, bueno, te  mando un pequeño catálogo de mis gustos en lo poético. No sé si los conoces(los poetas, no los gustos).En general yo rechazo, desde el principio y hasta el final, los poemas de amor, y los poemas de lo superfluo, que no tienen que coincidir con que los temas sean banales, no, para nada, no tiene nada que ver. Por un lado está el fin que persigue el poeta y por otro lado la belleza, existe la belleza por sí misma en poemas de lo vano, de lo inútil, y, supongo que no existe mayor belleza que la belleza de lo inútil. De tal forma que la poesía es, básicamente, lo distinguido, lo hermoso, de lo inservible. Me dirás que existen poemas de amor de gran belleza, cierto, pero para mí serán admirables si no son de esa retahíla de poetas que solo hablan de amor y penas, son insufribles, monotemáticos, de un pensamiento, un  tema, un revolverse en lo mismo, un nada, aburrimiento para nada. Neruda tiene cientos de poemas de amor(de desamor) a veces bellos, puede escribir los versos más tristes todas las noches, pero también tiene poemas de guerra, de odio, de lucha, de silencio, de tierra , incluso poemas que quiere asustar notarios con un lirio cortado, o matar monjas con un golpe de oreja. Existe la maravilla, la sorpresa, detrás de lo evidente, de lo rutinario, de la respuesta común –quequéeslapoesíasseñoraperiodistalapoesíaesparadeclararamoryllorardedesamorevidentementeseñoraquésecreíapues.

Por no hablar del mal que nos hicieron todos aquellos profesores que querían saber en cada poema lo que le pasaba al pobre Lorca: verde que te quiero verde, querido Víctor*,(2),lo escribió Federico un día que comía unas riquísimas manzanas, verdes. Así miles de niños hemos crecido pensando que si leíamos un libro de poesía deberíamos, antes, después, durante, la vida, minuto por minuto, del poeta al escribir el poema, sino no sería inteligible. Y veías Hojas de Hierba de Whitman y te decías !joder! ¡de dónde saco la vida entera de este señor  barbudo? Tardaré toda la vida…; pero mientras Lorca escribía, -Huye, luna-, porque ya tenía ganas de levantarse de la cama-el pobre-, querido Victor, deberías saberlo.(¡Ay Lázaro Carreter, qué pesado que era con eso! Crítica biográfica la llaman)

Y de repente te sale una poeta, Tracy K. Smith,  que te habla sobre la vida, pisada, tanteada, desde un punto diferente, te cuenta que su vida habría sido diferente sin  David Bowie, o que su padre, trabajador de la NASA, le hizo creer en un mundo diferente, sincero y cruel y maravilloso más allá de las estrellas de la mañana y la noche, que no son las que están a miles de kilómetros, sino que están en tu mañana, la tuya.

EL CLIMA EN EL ESPACIO

¿Dios es ser o fuerza pura? ¿El viento

o quien lo ordena? Cuando nuestras vidas se ralentizan

Y podemos retener todo lo que amamos, descansa

En nuestras rodillas como una muñeca rota. Cuando la tormenta

Embiste y nada nos pertenece, perseguimos

Todo aquello que con certeza perderemos, llenos de vida-

Rostros radiantes de pánico.

(Tracy K. Smith)

 

Y en la estantería que tengo frente a la cama me miran los lomos de Ginsberg, Corso, ¡¡¡¡Ferlinghetti!!!, Snyder, Kerouac, Denise Levertov, de  Ted Berrigan..(los beat y compañía) y de repente la habitación se llena de jazz y fantasía, de dioses caídos y tipos asesinados por la patria, y nace, los pare realmente,  con ellos Rexroth, un pequeño cabrón que ama  y odia a todo el mundo de la manera más maravillosa.

Detrás está Robert Frost que  grita, que tras sus poemas recorriendo los campos de Boston, en realidad su poesía está en lo que se pierde en la traducción (lost in translation). Y Wallace Stevens ve la belleza en todas partes, hasta en los emperadores de los helados, y sabe que hay trece formas de mirar un mirlo; y William Carlos Williams cree que la poesía está en lo que se cuenta, no solo en las palabras. Y Auden y Elizabeth Bishop, Marianne Moore. EL barbudo les mira desde el Potomac, tumbado con una brizna de hierba en la comisura de los labios y Emily DIckinson les vigila tras los cristales para que nadie la hiera. Y Sylvia Plath,  mi Sylvia, y Anne Sexton, y Robert Lowell, y Roethke, creen que la poesía crece desde las entrañas, que el corazón se mastica y se escupe por la mano que escribe. Y de repente aparece Frank O´hara, el mejor poeta con la muerte más estúpida, que habla mientras camina, y ve casas, meriendas, puestos de perritos, y habla de arte, él era crítico de arte, y habla de avenidas y paisajes, y se muere cada vez que se muere Billie Holiday. Y Kenneth Koch es el tipo más listo de Nueva York, fantasma del pasado, del presente y del futuro. Robert Hass, Mark Strand,  Langston Hughes, Robert Creeley , el muy divertido Billy Collins..¡¡ah!! el pobre y perdido y cambiante y triste Hart Crane. Lee, si puedes, Los poemas de Chicago de Carl Sandburg, bueno lee cualquier cosa de él. Y con  Raymond  Carver me ocurre una cosa, que sus libros de cuentos son más poéticos que su poesía. Y a Ron Padgett, el poeta de la casa de enfrente.

No leas, no lo hagas, a Edward Hirsch, no leas su libro “Gabriel”, que es un poema sobre la pérdida, si lo lees acompañada por la música del “Requiem for my friend” de  Zbigniew Preisner, es algo tan maravilloso como insoportablemente triste.

Y al otro lado del mundo… Prevert habla sobre infancias y vidas, contadas a cada paso como si el mundo fuera poesía, hasta bañarse es poesía, incluso pasar un paso de cebra y que te quiera la tendera de la librería en la que miras su escaparate todos los días. Y Celan aún está volando  por encima de  Auschwitz, vuela libre, vuela sobre todos los vivos y muertos, vuela sobre aquella reunión con Heidegger, en el que el filósofo nazi  quiso limpiar, algo,  su pasado. Y nacen y mueren poetas que salen y entran de mi biblioteca, los amo y los olvido, no por olvidables sino por abundancia: Larkin y su mal humor que parece bueno en español Y lee, Edurne, un poema de Apollinaire que se llama ZONA,  y verás en él a Frank O´Hara y a Pierre Reverdy, al poeta entre  los espacios. Me gustan: Yves Bonnefoy, René Char, Alain Bosquet, y al excéntrico  de Queneau escribiendo en hojas vacías. Y losde nacionalidad polaca.….  Szymborska que no sabe dónde empieza la vida y acaba la poesía. Herbert, Milosz(aburrido pero bello), Zagajewsky, Holan ( el rotundo, Holan)

Muerte

 

La arrojaste de ti hace muchos años

y cerraste el lugar, e intentaste olvidarlo todo.

Sabías que no estaba en la música de modo que cantabas,

sabías que no estaba en el silencio de modo que callabas,

sabías que no estaba en la soledad de modo que estabas solo.

¿Pero qué puede haber sucedido hoy

para asustarte, como el que por la noche ve de pronto

un rayo de luz por debajo de la puerta de la habitación de al lado

donde no vive nadie desde hace muchos años?(Vladimir Holan)

 

Tengo una sección dedicada a la poesía china y japonesa, y son tan buenos los haikus de Basho o Buson o Issa como la poesía china de Li Po.

 Hay, en mi biblioteca, nórdicos: (Martinson, Ekelof, Lunkdvist, TRANSTROMER, Gustafsson) . Italianos (me quedo con Ungaretti, Penna, Zanzzoto, Bertolucci) Griegos, árabes, Adonis,  el turco Hikmet,  y el muy, muy, extraordinario poeta  palestino, Darwish.

Rilke, ¡por díos!, he aprendido a leer a Rilke, y es un lugar por donde pasear entre la niebla, blanca.

Seamus Heaney. Es un tipo que sabe cómo se debe escribir sobre lo bonito y lo triste de la vida. Dylan Thomas, sin embargo, no se acuerda.

Y los rusos: Ajmatova, la impar Ajmatova, puedes leer todas sus poesías y saber que te cuentan más de lo que has descubierto esa décima vez, y Osip Mandelstan y Brodsky  y Mayakovski,  Tsvetatieva y por favor lee la poesía de Boris Pasternak

Noche de invierno.

Toda la tierra azota la tormenta,

Desde un confín al otro, la tormenta.

Sobre la mesa, ardía una vela,

Ardía una vela.

 

Así como revuelan en verano

Los mosquitos en torno de la lámpara,

Se agolpaban los copos de la nieve

Contra el panel de la ventana.

 

La borrasca trazaba sobre el vidrio

Flechas y círculos.

Sobre la mesa, ardía una vela,

Ardía una vela.

 

La lumbre proyectaba

Las sombras sobre el cielorraso.

Con los brazos cruzados, con las piernas cruzadas,

Los destinos cruzados.

 

Y dos zapatos con un sordo ruido

Al caer sobre el piso resonaban,

Y la cera goteaba en el vestido

Rodando como lágrimas.

 

Y todo en una niebla

Cana de nieve se perdía.

Sobre la mesa, ardía una vela,

Ardía una vela.

 

Desde un rincón un hálito sopló

Sobre la llama, y como un ángel

Alzó la fiebre de la tentación

Dos alas, con la forma de una cruz.

 

Duró todo febrero la tormenta,

Y sin cesar, día tras día,

Sobre la mesa, ardía una vela,

Ardía una vela.(Pasternak)

 

 

Los escritores en portugués… el mejor no poeta en prosa que jamás podrás leer(no soy poeta, escribo prosa porque no sé escribir poesía) es Lobo Antunes. Y la maravillosa y no traducida apenas (solo en antologías grupales) Cecilia Meirelles,  el singular Cesariny,  y Eugenio Andrade,  Ledo Ivo, y Paulo Leminski que estás en los cielos de los improbables poemas.

    luna a la vista

¿brillabas así

sobre auschwitz?      (Paulo Leminski…)

 

Y dirás….¿Pessoa? jamasss, Adoro a Lobo Antunes, entre otras cosas, porque no nos gustan, conjunta y amigablemente, Pessoa y  todas sus personalidades.

 

Los poetas en español….

Neruda, casi todos los nerudas y casi todo lo que podría decir hoy del mundo, pero sobre todo, “Residencia en la tierra “ y Nicanor Parrra, donde no nace la poesía seria nacen los antipoemas, y Vallejo (España aparta de mí este cáliz)

Galeano, habla de la vida como si de verdad fuera la que debe ser, y De Grieff,

Y Mistral quizá la poeta de poemas más tristes que conozco, y ella, Alejandra Pizarnik, no hay nada de lo que no pueda hablar, ¡ah! Y Gelman que está en la tierra de nunca jamás y don; Vicente…Huidobro,.

Piedad Bonett (es el mejor descubrimiento poético de este año),

Ahora que ya no soy más joven

Ahora que ya remonto la mitad del camino de mi vida,
yo que siempre me apené de las gentes mayores,
yo, que soy eterna pues he muerto cien veces, de tedio, de agonía,
y que alargo mis brazos al sol en las mañanas y me arrullo
en las noches y me canto canciones para espantar el miedo,
¿qué haré con esta sombra que comienza a vestirme
y a despojarme sin remordimientos?
¿Qué haré con el confuso y turbio río que no encuentra su mar,
con tanto día y tanto aniversario, con tanta juventud a las espaldas,
si aún no he nacido, si aún hoy me cabe
un mundo entero en el costado izquierdo?
¿Qué hacer ahora que ya no soy más joven

si todavía no te he conocido(Piedad Bonett)

Gioconda, triste,  Belli. E Idea Vilariño

Buscamos...

Buscamos
cada noche
con esfuerzo
entre tierras pesadas y asfixiantes
ese liviano pájaro de luz
que arde y se nos escapa
en un gemido.(Idea Vilariño)

Juarroz,.Nunca quiere ser horizontal, al contrario que Sylvia.

Y  Gorostiza (el agobiante “Muerte sin fin” es intenso e inmenso)

Y Españoles….buff….la última que he conocido.. …Mercedes Chillón 

Autorretrato

Soy una muñeca rota cosida con hilo rojo.

Mi pelo rubio y sedoso cayó a tijeretazos

en mechones desiguales rubios y sedosos.

Estoy maquillada con bolígrafo

llevo tatuajes,

tengo envoltorio de chicle

en el compartimento de las pilas

y los labios pintados de rosa fucsia.

Olvidé lo que sabía decir,

pero me veo en ti,

soy tu imagen, dolor y semejanza.

Lo mismo que  Dios con sus criaturas

hiciste lo que sabías:

Crear,

jugar,

romper(Mercedes Chillón)

Y cientos de poetas en las que los críticos hablan de cientos de movimientos poéticos, que se superan unos a otros, que se pasan por los lados, como una conformación (confrontación) literaria basada en la dialéctica, estupideces…Un día están en un lado de la barricada poética y en otro al otro lado, para ser poeta hay que cambiar de bando, hasta de vida una vez al día.

Poetisas…. maravillosas, hoy las mujeres que escriben poesía actualmente me gustan mucho, pero que mucho, más que los hombres: Menchu Gutiérrez y  su poesía del silencio, de las palabras quedas, como queriendo huir. Elena Medel, demasiado rompedora a veces, aunque parece que  fuera  adelantando por la izquierda, no, no,  se ve que sus historias son solo lo que parecen. Y Olvido García Valdés…

escribir el miedo es escribir

despacio, con letra

pequeña y líneas separadas,

describir lo próximo, los humores,

la próxima inocencia

de lo vivo, las familiares

dependencias carnosas, la piel

sonrosada, sanguínea, las venas,

venillas, capilares (Olvido García Valdés)

…la mejor, sí, es maravillosa, es la poesía de lo que no se dice.

Y Ariadna G. García, Yaiza Martínez ,  y Raquel Lanseros, Mar Benegas, y la pobre Carmen Jodrá, y Maria Victoria Atencía, Amalia Bautista, la simpar, inigualable, adorable, Gloria Fuertes, Blanca Andreu y su vida en un Chagal… y  Mirian Reyes…

primero se me hizo el mundo pequeño

luego yo me hice tan pequeña

como una ciruela en algún lugar

entre las paredes de mi estómago.

Tantas veces bajé buscando

trastos viejos a este sótano

que me quedé dentro

lejos muy lejos

de hombres y ventanas.

Aunque quisiera

ya no podría ver nada afuera.(Mirian Reyes)

 

 

 

 

La más famosa en la actualidad, Chantal Maillard :

El cansancio

El cansancio. De nuevo, el

cansancio. El esfuerzo por

sobrevivir. Reiterado

 

Observar las nubes.

Dentro.

Barrer.

Dentro.

Elegir quedar.

                                       Toda nube

lleva una trayectoria. Asumir

la trayectoria. Imposible

barrer todo siempre. Está el

cansancio.

                             Aunque también el de

las trayectorias. De ver pasar las nubes.

También ese cansancio.

 

                                                  Entonces,

por un momento, ahora.

Sin voluntad. Y casi está bien.

Hasta pensar el estar bien y convertirlo

en nube. En trayectoria.(Chantal Maillard)

 

No sé, tengo cientos de libros de poesía escrita por mujeres, cuál poner, pero pongo a Angélica Morales. Ana Hidalgo, Itziar Mínguez, Yaiza Martínez, ,Julieta Valero, Esther Ramón, Isabel Pérez Montalbán, a  Virginia Cantó…

Escritores hombres.. A ver, Edurne, lee sin falta, sin dilación, si no lo has hecho, ”Espacio” de Juan Ramón Jiménez(léelo rápido, de un tirón) , y luego, después,  hay otro mundo en la poesía, a mí me pasó… Y luego, luego… lo típico: Salinas, Goytisolo (todo), Lorca (algo), el grandioso Ángel González, el no menos, Gamoneda, o Gil  de Biedma o Bousoño o  Aleixandre(cada vez que lo leo me gusta más) Vázquez Montalbán (qué bueno es) o Miguel Labordeta y su surrealismo

Tiernos catedráticos

arañan las paredes derruidas

de los viejos palacios bombardeados

y las muchedumbres verdes

examinando con detención

el excremento pálido de su tórax

se lanzan locamente

hacia los laberintos fogosos

de las llameantes carteleras de cine.(Miguel Labordeta)

O González SARRIÓN  o Celaya u Otero…

Lo que me araña y me gusta, y me atrae más, el realismo sucio del gran  Karmelo Iribarren o García Casado, y de ROGER WOLFE, con algún libro malo, pero que dice cosas como:

Un día estás, al otro no

el humo cuelga en la estancia

como un chiste malo.

Lou Reed habla

de familias rotas

desde los altavoces:

«La verdad es que sólo están contentos

cuando sienten dolor.

Por eso se casaron...»

¿Y yo? Yo no digo nada.

Apago el cigarro.

Otro día va a morir.(Roger Wolfe)

 

Y me gusta la colección de libros de José María Cumbreño, Enrique Gracia Trinidad, de Lamillar, de Reichmann, de Orihuela, Fernando Beltrán, de Juan Carlos Mestre, la combativa, dura y triste Lucía Sánchez Saornil.

 

Dad a Trajano miel y sangre, dadle licor de abejas después de comer palomas,

poned a la oscuridad un arco, una vela de lino a la congoja,

devolvedle a la locura su talismán de oro,

su gramo de miseria al precio, su utilidad al polvo,

llamad por su nombre al ignorado, ganancia de maleza a la ignorancia,

se acerquen unas a otras las palabras, se amen y se huelan,

se masturben delante del burgués sus próceres antiguos,

venga el palpitante apócrifo y los montaraces bichos,

dúdese del monarca y su invisible dios de paja,

reconózcase al demente el derecho a tener tres lenguas,

permítase al perdido vagar hasta encontrarse,

y tú emperador vencido, tú indivisible pájaro del cielo,

idioma de la muchedumbre y de los salmos,

sé de nuevo asno y criatura, timón del fugitivo,

sé de nuevo la trompeta y su metal, sé la lumbre y su ceniza,

sé la pasión ansiosa y su encendida duda.( Juan Carlos Mestre)

 

Se me olvidaba, lee a Javier Salvago, es tan bueno…

 

Tedio

 

Está detrás de todo, en el fondo de todo,

     estropeándolo y manchándolo todo con sus

     torpes manos.

Como una araña gigante e invisible que al menor

     descuido te atrapa en su viscosa tela, vive

     siempre al acecho.

Si te ve feliz, te pone trampas.

Si te ve luchar, te sonríe con malicia y te pregunta:

¿Para qué?

Aparece en cualquier momento y en cualquier

     lugar.

Llega con su mirada vacía, con sus palabras vacías,

     con su vacía existencia, y trata de seducirte y

     de convencerte de que nada, absolutamente

     nada merece la pena

Lo grave es que casi siempre lo consigue. .(Javier Salvago)

 

Me gustan los escritores en catalán:  Joan Brossa, Joan Salvat-Papasseit , Joan Margarit. J.V. Foix, Miquel Marti i Pol. Y vascos: Kirmen Uribe y sobre todo Aresti y Atxaga.

Cuando la vida cotidiana comenzó a derramar cucarachas como el carbón sin cesar

Otis Reding se sentó en el muelle de la bahía para cantar a los aviones caídos blues band;

Las flores del manzano se incendiaron,  yo  me puse a sangrar por la nariz

mientras leía pornografía en un retrete público de baldosa blanca love;

los alquimistas publicaron un informe mostrándose partidarios de  la plusvalía sin reservas,

expulsaron de un restaurante a dos homosexuales sólo por razones comerciales.

 

Se imprimieron miles de copias de la soledad, pues estábamos a las puertas del invierno,

mi tío me escribió una postal felicitándome porque Stop  era mi cumpleaños, sobrino

quiero de paso Stop recomendarte mi compañía de seguros, nunca se sabe cuándo.

Y mi chica llamó por teléfono durante la noche, su amor sabía un poco a cobre.

Entonces, cuando la vida cotidiana comenzó a derramar cucarachas como el carbón sin cesar.

 

Luego el río se hinchó a causa del esperma que cayó sin tregua del cielo

y arrastró nuestras camisas, las rosas, las floreadas, las blancas, las rojas, las negras, todas;

aquella misma semana, ¡Soy una puta! gritó en su despedida de soltera, champagne,

la tímida secretaria  que había escrito su primera carta de amor en una Olivetti;

Por su parte, los mendigos levantaron casas de cartón para proteger a las mariposas,

y las ardillas atracaron un supermercado ¡Manos arriba! ¿dónde está la caja fuerte de las nueces?.

 

Por fin llegó el invierno  y las ocas salvajes dibujaron  una V en el cielo,

dispensarios distribuyeron miles de píldoras anti-tristeza

previendo una edición corregida y aumentada de las 7 plagas de Egipto;

los ángeles, tronos  y querubines  comenzaron a vender felicidad por gramos,

 las virtudes cardinales experimentaron un alza en la Bolsa de Roma,

los bancos regalaron miles de libros con el lema de Ora, sí, pero sobre todo Labora;

pero todo fue inútil, ya es tarde, nada podrán conseguir,

los palacios se derrumban, se agrietan las paredes de las cárceles,

y nosotros andamos libres por la calle con pantalones color naranja, somos libres, libres.

 

Bernardo Atxaga

 

Y… bueno… muchos más, y dejo para el final a las tres canadienses. Las poetas más grandes para mí(s) gusto(s) de la actualidad, que son Margaret Atwood, Anne Michaels y Anne Carson. Y una danesa, ya muerta, de las que hay dos libros en España, Eso y Alfabeto (este es bueno, el otro es tan bueno como complicado) Inger Christensen.

Otro día empiezo con la otra biblioteca que tengo al lado con más libros de poesía

Espero que te enseñe algún nombre nuevo, y que este, si lo lees, te guste

Un beso

Víctor.


 (1)* Me ha dado su consentimiento para ponerla aquí.

(2)*-Victor soy yo