martes, febrero 21, 2017

EN EL CULO DEL MUNDO de ANTÓNIO LOBO ANTUNES























EN EL CULO DEL MUNDO de ANTÓNIO LOBO ANTUNES

os cus de Judas 1979
Siruela 209 Pág

Trad. Mario Merlino



¿En qué piensas cuando estás cayendo? ¡Eh amigo? ¿En qué estás gastando tus últimos momentos de estar aquí? ¿En qué se han convertido tus sueños de niño? ¿ Y los de juventud? ¿Dónde , amigo, se fueron los ideales, los slogans y las peleas? ¿Dónde terminaron tus sueños? ¿Cuándo has cambiado? Tu mente, tu cerebro, tu presente, está a punto de reventar contra el suelo, pero no te preocupes no sentirás nada, solo una explosión de realidad. No, créeme, no morirás, solo pasarás a ese estado de sedosa futilidad que es la aceptación de la vida como es, o como dicen que es. Amigo ya no queda nada por hacer o si lo hay de nada sirve, acéptalo ya estás al otro lado de la barricada, estás al lado de la puerta del hospital donde nacerán tus hijos, nacerán tus nietos, y morirás, no lo sé amigo, no sé cuándo será.

“En el culo del mundo” te habla de un tipo, no importa, creo, que diga su nombre, es igual que todos los que fueron a guerras estúpidas como soldados y las perdieron: siempre las pierden los soldados de rancho y tierra en la boca, sí esos son los que siempre las pierden, y son inmensa mayoría. Te decía que el tipo ese habla a una mujer sobre sus recuerdos de la guerra de Angola, a la que fue como médico; rellena una noche de alcohol y saliva pegada a la comisura de los labios; habla y no para de aquellas viejas historias que le reventaron la vida en su juventud, aquellas matanzas, aquellos cuerpos mutilados, de aquella sangre, sesos y estómagos reventados, aquella estúpida crueldad, aquella sucia mercancía de guerra, aquellos cuerpos cortados por la metralla o la tortura, de aquellos ojos acusadores, de aquella indiferencia delatora, de aquel calor, de aquella soledad, de aquella tozuda realidad que le impuso un estado dominado por Salazar, el dictador, por Salazar, el torturador, por Salazar, el general que ya no tiene quién le escriba; y por toda aquella generación de secuaces que no se conformaron con matar a angoleños, sino que mandaron a sus propias tropas a morir por nada. Y por los otros fieles que se tomaron la guerra como un asunto personal , como un lugar en el que lo atroz está permitido, donde matar y violar, y destruir está permitido porque los otros no son nada.


Amigo, cuando luchábamos contra las guerras, cuando negábamos el derecho de un pueblo a ser superior al otro, no sabíamos que incluso entonces, eramos parte de la ciega y cínica mano de obra que compensa el mundo, para haber, amigo , un poder fuerte debe haber un contrapoder débil, u nosotros éramos esos, los débiles, que dejábamos tranquilos a las tranquilas mentes bien pensantes, ya hay quien protesta, ¿para qué más? Estoy en contra, pero ya ves que no conduce a nada. ¨Sí lo sé , amigo, soy un cínico, pero la realidad fue esa, fuimos el contrapeso sin fuerza, sin ganas, sin testículos ni ovarios para parar nada, éramos los tontos útiles.

Y el tipo que narra aquella mujer a una mujer que no dice nada, que no aparece, pero está ahí, como la parte inmutable y callada, de los países a los que lo que les pasé al otro no les afecta, mientras esté tranquilo, mientras solo sea una historia contada a las luces mortecinas, mientras sea solo el preámbulo de un noche de sexo sin ataduras, en un bar a punto de cerrar, y luego olvidarme que ocurra lo que ocurra, porque yo me largaré y patearé las calles sin tener culpa de sus muertos y sus heridas, porque solo valen mis muertos y mis ojos y mis silencios y mis valores. Sí, ese tipo habla de aquella guerra, y que va y vuelve del pasado al presente, pero que para él es siempre es presente, siempre están vomitando sobre sus rodillas, manchando de sangre el  bisturí que ya no tiene en las manos, están orinando de miedo en su bata de doctor, están sembrando minas en su mente, esa guerra le jodió la vida, ya no queda nada del joven que fue 27 meses a Angola, no queda ni su sonrisa, ni siquiera queda su matrimonio, ni sus hijas están en su casa, han pasado años y no hay nadie más que aquellos fantasmas de Angola,  no queda ni barro que resbala para  excusarse, no queda nada de él joven, solo derrotas, todas las derrotas del mundo, todas las batallas las ha perdido, cada mañana pierde una, cada camino es el falso desde entonces, solo le quedan los recuerdos, solo le quedan las ganas de que no hubiera sucedido, de que quisiera que hubiera sido de otra forma.

Pronto amigo, pronto, golpearás contra el suelo delator, ese que te levantará las tapas de las sienes, saldrán expulsados todos tus recuerdos, y ya te librarás de ellos. Olvídalo todo, ya no tienes edad, ya no quedan días para pelear. Y lo que fue ya pasó.


El tipo ese siempre estará en el filo de la vida, ya no puede cambiar, el mundo se derrumbó para él, desde aquella experiencia ¿Quién puede olvidar'¿Cómo poder hacerlo?¿Cómo saber lo que hacer'¿Cómo combatir a los recuerdos? Un día se olvida, quizá dos, o una semana, pero siempre vuelve, porque está taladrado en el cerebro como una bala en el estómago. Los ríos pueden llevar poco caudal, pero sabes que tarde o temprano lo recuperarán y levantarán una ola, un riada que se llevará por delante toda la vida que has tenido, quieras o no. El destino lo fijaron otros, tú has sido el espantapájaros que usan como diana de los disparos. Entre el heno que sobresale de tu cerebro seco por la rabia irá el primer disparo.


Te he mentido, amigo, no puedo seguir engañándote; la vida, ahora cuando golpees contra el asfalto, no cambiará, y querrás ser el de antes, y pelear y ser diferente, y no podrás , porque ya te hicieron preso desde pequeño, eres preso de sus enseñanzas, de sus exigencias, de todo lo que te han dicho que tienes que ser y hacer para ser feliz, y saben que pequeñas peleas no hacen guerra, solo escarceo , pero al final vuelves, volvemos, a la manada, lo saben sí, así que irás, iremos, a guerras, lucharemos por ellos y para ellos, compraremos sus balas, y mataremos a tipos como tú y yo, que están en el otro lado. Sí amigo, siempre hay otro lado...Ya sabes que debemos odiar el otro lado. Y si cuando volvemos de sus guerras, estamos sin piernas o tullidos emocionales, no importará, nos darán pensiones, o si matamos a alguien echaran la culpa a mi cerebro destruido  o cualquier otra estupidez, y nos moriremos de asco, por la patria.

Wineruda


martes, febrero 14, 2017

RESIDENCIA EN LA TIERRA de PABLO NERUDA



















RESIDENCIA EN LA TIERRA (1925-1935) de PABLO NERUDA
CÁTEDRA 384 Pág.


“¿para qué sirven los versos si no es para el rocío? ”



Cada vez que leo este libro me vuelvo a presentar, con el mismo respeto de la primera vez, a Pablo -Neftalí- porque es como si lo volviera a conocer, nada parece parecerse a la anterior vez que lo leí, aunque haya sido una semana antes; los recovecos, las anchas avenida y las estrechas esquinas de sus versos, las escamas saladas por las que acaricias sus poemas, el olor a mar y el olor a sol y el olor a verde que desprenden sus palabras no son iguales a la anterior vez que pasaron por mis sentidos, que no solo por mis ojos, y no son iguales porque parecen mutar cada vez que abres las páginas y descubres una palabra que pudo no estar allí, y un sentimiento que no adivinaste, y una pelliza de color tierra abandonada en la esquina derecha de la hoja, y descubres la mirada fértil de Pablo -Nefatlí- tras todas estas hojas nuevas nacidas de árboles que no habían nacido cuando él nos dejó, pero aún así quieren, se obligan,  desprenderse de su savia, y hacer pegajosas páginas desde su puré convertido en ese papel, y así quedes enganchado a él , como una hormiga cúbica atrapada entre dos terrones de azúcar, y dejándote el pequeñito espacio entre sus papeles para que pase el vuelo flotante de una semilla de diente de león por delante de tus ojos, y es por ese mismo espacio por el que se cuela el espíritu de Pablo-Nefatlí- y se aleja nadando entres corrientes de aire con esa semilla y todas las otras simientes, embriones, o semen del mundo para hacerlo fecundo con palabras, versos, ideas, fierezas, ternura, tristezas, alegatos, gritos como adjetivos, silencios como verbos, y sentimientos...Así todos se aferran a la tierra y vuelven a nacer. Y cuando vuelvo abrir el libro es otro lugar, es otros paraiso, infierno, casino, cabaña, cueva, editorial, escondite, calvero, landa, patria, es otro olor, y es así porque renace cada día, y yo lo leo como renacido entre simientes de diente de león y espíritus y sueños vivos de Pablo -Neftalí- rodeándome.

Caballo de los sueños

Innecesario, viéndome en los espejos
con un gusto a semanas, a biógrafos, a papeles,
arranco de mi corazón al capitán del infierno,
establezco cláusulas indefinidamente tristes.

Vago de un punto a otro, absorbo ilusiones,
converso con los sastres en sus nidos:
ellos, a menudo, con voz fatal y fría
cantan y hacen huir los maleficios.

Hay un país extenso en el cielo
con las supersticiosas alfombras del arco iris
y con vegetaciones vesperales:
hacia allí me dirijo, no sin cierta fatiga,
pisando una tierra removida de sepulcros un tanto frescos,
yo sueño entre esas plantas de legumbre confusa.

Paso entre documentos disfrutados, entre orígenes,
vestido como un ser original y abatido:
amo la miel gastada del respeto,
el dulce catecismo entre cuyas hojas
duermen violetas envejecidas, desvanecidas,
y las escobas, conmovedoras de auxilios,
en su apariencia hay, sin duda, pesadumbre y certeza.
Yo destruyo la rosa que silba y la ansiedad raptora:
yo rompo extremos queridos: y aún más,
aguardo el tiempo uniforme, sin medidas:
un sabor que tengo en el alma me deprime.

Qué día ha sobrevenido! Qué espesa luz de leche,
compacta, digital, me favorece!
He oído relinchar su rojo caballo
desnudo, sin herraduras y radiante.
Atravieso con él sobre las iglesias,
galopo los cuarteles desiertos de soldados
y un ejército impuro me persigue.
Sus ojos de eucaliptos roban sombra,
su cuerpo de campana galopa y golpea.

Yo necesito un relámpago de fulgor persistente,
un deudo festival que asuma mis herencias.



“Residencia en la tierra” es un libro sobre la vida, sobre lo que es vivir en la tierra, agarradas sus raíces al  viento que no a la tierra inmóvil , agarrada la mente a la tierra que no al viento mutable e inestable, posado en cualquier lugar de ella, los sentimientos son los mismos sean en Sri Lanka, sean en Singapur, sean en Madrid, sean en Temuco o sean en Valparaiso. El amor y los vientos son iguales en todos los lados, los resultados de la suma de vidas unidas o la resta de las vidas separadas, son los mismos en cualquier lugar de la tierra en la que pisen tus pies. El dolor,... y el dolor también es el mismo, la desgracia y la muerte está donde está tu mente, presente como un eclipse sin luna o una sonata sin piano.


Serenata

En tu frente descansa el color de las amapolas,
el luto de las viudas halla eco, oh apiadada:
cuando corres detrás de los ferrocarriles, en los campos,
el delgado labrador te da la espalda,
de tus pisadas brotan temblando los dulces sapos.

El joven sin recuerdos te saluda, te pregunta por su olvidada voluntad,
las manos de él se mueven en tu atmósfera como pájaros,
y la húmedad es grande a su alrededor:
cruzando sus pensamientos incompletos,
queriendo alcanzar algo, oh, buscándote,
le palpitan los ojos pálidos en tu red
como instrumentos perdidos que brillan de súbito.

O recuerdo el día perdido de la sed,
la sombra apretada contra los jazmines,
el cuerpo profundo en que te recogías
como una gota temblando también.

Pero acallas los grandes árboles, y encima de la luna, sobrelejos,
vigilas el mar como un ladrón.
Oh noche, mi alma sobrecogida te pregunta
desesperadamente a ti por el metal que necesita.


Sacar de los versos más trágicos, de los momentos más pesarosos, las palabras más directas, las imágenes más oportunas, los versos más bellos, es derecho del que tiene heridos brazos y piernas, abiertos los ojos con venas de agua salada, y tembloroso el pulso de la pluma, pero como Pablo .-Neftalí- bracea entre el aire, abraza penas y las hace suyas, completamente suyas, las escurre de su mente, las hace simiente para descargar su nube de dolor, para que nadie olvide, ni siquiera hoy,.-futuro- que se murió su hija o que..


Oda con un lamento


Oh niña entre las rosas, oh presión de palomas,
oh presidio de peces y rosales,
tu alma es una botella llena de sal sedienta
y una campana llena de uvas es tu piel.

Por desgracia no tengo para darte sino uñas
o pestañas, o pianos derretidos,
o sueños que salen de mi corazón a borbotones,
polvorientos sueños que corren como jinetes negros,
sueños llenos de velocidades y desgracias.

Sólo puedo quererte con besos y amapolas,
con guirnaldas mojadas por la lluvia,
mirando cenicientos caballos y perros amarillos.
Sólo puedo quererte con olas a la espalda,
entre vagos golpes de azufre y aguas ensimismadas,
nadando en contra de los cementerios que corren en ciertos ríos
con pasto mojado creciendo sobre las tristes tumbas de yeso,
nadando a través de corazones sumergidos
y pálidas planillas de niños insepultos.

Hay mucha muerte, muchos acontecimientos funerarios
en mis desamparadas pasiones y desolados besos,
hay el agua que cae en mi cabeza,
mientras crece mi pelo,
un agua como el tiempo, un agua negra desencadenada,
con una voz nocturna, con un grito
de pájaro en la lluvia, con una interminable
sombra de ala mojada que protege mis huesos:
mientras me visto, mientras
interminablemente me miro en los espejos y en los vidrios,
oigo que alguien me sigue llamándome a sollozos
con una triste voz podrida por el tiempo.

Tú estás de pie sobre la tierra, llena
de dientes y relámpagos.
Tú propagas los besos y matas las hormigas.
Tú lloras de salud, de cebolla, de abeja,
de abecedario ardiendo.
Tú eres como una espada azul y verde
y ondulas al tocarte, como un río.

Ven a mi alma vestida de blanco, con un ramo
de ensangrentadas rosas y copas de cenizas,
ven con una manzana y un caballo,
porque allí hay una sala oscura y un candelabro roto,
unas sillas torcidas que esperan el invierno,
y una paloma muerta, con un número.



Leí que este era un libro en la que sus poemas, versos, ideas, sentimientos, intención...sí creo que lo pretendía decir era  que su intención era metafísica, sí; esa palabra que se utiliza para ascender y trascender lo real, lo cotidiano, para que las palabras oculten más que muestren, que llevan una cartel en la espalda explicando, sin que podamos verlo, la explicación última, la real, la que solo la mente de Pablo -Neftalí- puede contarnos, allá sujeto en alguna ráfaga de aire entre las simientes de diente de león donde está; lo sencillo que descerrajó su mente y lo convirtió en trascendente a sus sentidos estrictos, buscador de la sustancia íntima y final en la que se desnudan sus versos, a su versión terrenal, a su imagen vespertina, despierta de lunas y júpiteres, ese extraño y propio disparo de palabras que salió de su pluma y que alcanzó el futuro...hoy. Desde su casa, su residencia en al tierra, parece que debió elevarse para alcanzar lugares en las que la realidad -su realidad contada y cantada- solo es espejismo, aquello trascendental está más allá, en los versos metafísicos. Yo no lo creo, los sentimientos de Pablo -Neftalí- se ven en cada palabra, las ideas, los dolores, los candores, los dulzores, los cantos, los sueños, los pies doloridos, los dolores de cabeza, las lágrimas emborronado el papel -aun hoy-, el amor desbordante, el desamor caído del cielo, la alegría, hasta el hartazgo momentáneo de la realidad... Aparecen como destellos, antiguos golpes de luz  de flash de fotógráfo deslumbrándote por un momento, instante blanco y corto, que luego revela la realidad..

Walking Around


Sucede que me canso de ser hombre.
Sucede que entro en las sastrerías y en los cines
marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro
navegando en un agua de origen y ceniza.

El olor de las peluquerías me hace llorar a gritos.
Sólo quiero un descanso de piedras o de lana,
sólo quiero no ver establecimientos ni jardines,
ni mercaderías, ni anteojos, ni ascensores.

Sucede que me canso de mis pies y mis uñas
y mi pelo y mi sombra.
Sucede que me canso de ser hombre.

Sin embargo sería delicioso
asustar a un notario con un lirio cortado
o dar muerte a una monja con un golpe de oreja.
Sería bello
ir por las calles con un cuchillo verde
y dando gritos hasta morir de frío.

No quiero seguir siendo raíz en las tinieblas,
vacilante, extendido, tiritando de sueño,
hacia abajo, en las tripas mojadas de la tierra,
absorbiendo y pensando, comiendo cada día.

No quiero para mí tantas desgracias.
No quiero continuar de raíz y de tumba,
de subterráneo solo, de bodega con muertos
ateridos, muriéndome de pena.

Por eso el día lunes arde como el petróleo
cuando me ve llegar con mi cara de cárcel,
y aúlla en su transcurso como una rueda herida,
y da pasos de sangre caliente hacia la noche.

Y me empuja a ciertos rincones, a ciertas casas húmedas,
a hospitales donde los huesos salen por la ventana,
a ciertas zapaterías con olor a vinagre,
a calles espantosas como grietas.

Hay pájaros de color de azufre y horribles intestinos
colgando de las puertas de las casas que odio,
hay dentaduras olvidadas en una cafetera,
hay espejos
que debieran haber llorado de vergüenza y espanto,
hay paraguas en todas partes, y venenos, y ombligos.

Yo paseo con calma, con ojos, con zapatos,
con furia, con olvido,
paso, cruzo oficinas y tiendas de ortopedia,
y patios donde hay ropas colgadas de un alambre:
calzoncillos, toallas y camisas que lloran
lentas lágrimas sucias


Así todo lo que pueda querer trascender se vuelve tan terrenal como la tierra en la que vive, tan real como su existencia aun hoy, porque el lenguaje de los poemas no es el lenguaje de los filósofos, no debe serlo, y si así lo fuera acabaría siendo preso de sus lectores, o prisionero de sus culpas, y en este caso no lo es,.. Pablo -Neftalí- hace llover palabras, que nos inundan, que nos mojan, hasta empapan, pero entran en la piel, sobrepasan la epidermis, porque por ahí entran los versos, y los reconozco y sé que iban dirigidas para mí, entran en mi torrente sanguineo, o para tí y en ti, si abres sus hojas. Las reconocerás...

Y yo sé que entre todas esas imágenes que aquí abundan, horribles o tiernas, o surrealistas o veraces, se encuentra, deslumbra, se descubre, claro, su autorretrato, parecido a un cuadro naíf elevado entre columnas salomónicas barrocas, espantado de sus duelos, amante de sus amores, acurrucado entre sus mares, asustado entres su orejas, salvo entres sus zapatos, defendido por sus corbatas ; y todo es tan presente y tan cotidiano como encontrar sus camisas atropellada en el suelo o el olor a vinagre y a bodega vacía en sus sueños pesarosos,  y es tan real como que los lirios cortados agreden a los notarios, y todos, a pesar de las intenciones, de los sueños locos, de lo surreal de las pretensiones, nos aburrimos de ser nosotros mismos, y así descubrimos que lo real : la cara real de Pablo -Neftalí-, aparece desde todos los rincones del libro, atropellando y levantando del polvo palabras ocultas, saltando por encima de lo extraño a lo normal,  para surgir, claro y espléndido como expresión de lo que piensa hoy y ahora: en la tierra donde reside y escribe.

Y no hace falta hablar sobre sueños si existe tierra donde caer y dormir







ESTATUTO DEL VINO


Cuando a regiones, cuando a sacrificios
manchas moradas como lluvias caen,
el vino abre las puertas con asombro,
y en el refugio de los meses vuela
su cuerpo de empapadas alas rojas.

Sus pies tocan los muros y las tejas
con humedad de lenguas anegadas,
y sobre el filo del día desnudo
sus abejas en gotas van cayendo.

Yo sé que el vino no huye dando gritos
a la llegada del invierno,
ni se esconde en iglesias tenebrosas
a buscar fuego en trapos derrumbados,
sino que vuela sobre la estación,
sobre el invierno que ha llegado ahora
con un puñal entre las cejas duras.

Yo veo vagos sueños,
yo reconozco lejos,
y miro frente a mí, detrás de los cristales,
reuniones de ropas desdichadas.

A ellas la bala del vino no llega,
su amapola eficaz, su rayo rojo
mueren ahogados en tristes tejidos,
y se derrama por canales solos,
por calles húmedas, por ríos sin nombre,
el vino amargamente sumergido,
el vino ciego y subterráneo y solo.

Yo estoy de pie en su espuma y sus raíces,
yo lloro en su follaje y en sus muertos,
acompañado de sastres caídos
en medio del invierno deshonrado,
yo subo escalas de humedad y sangre
tanteando las paredes,
y en la congoja del tiempo que llega
sobre una piedra me arrodillo y lloro.

Y hacia túneles acres me encamino
vestido de metales transitorios,
hacia bodegas solas, hacia sueños,
hacia betunes verdes que palpitan,
hacia herrerías desinteresadas,
hacia sabores de lodo y garganta,
hacia imperecederas mariposas.

Entonces surgen los hombres del vino
vestidos de morados cinturones
y sombreros de abejas derrotadas,
y traen copas llenas de ojos muertos,
y terribles espadas de salmuera,
y con roncas bocinas se saludan
cantando cantos de intención nupcial.

Me gusta el canto ronco de los hombres del vino,
y el ruido de mojadas monedas en la mesa,
y el olor de zapatos y de uvas
y de vómitos verdes:
me gusta el canto ciego de los hombres,
y ese sonido de sal que golpea
las paredes del alba moribunda.

Hablo de cosas que existen, Dios me libre
de inventar cosas cuando estoy cantando!
Hablo de la saliva derramada en los muros,
hablo de lentas medias de ramera,
hablo del coro de los hombres del vino
golpeando el ataúd con un hueso de pájaro.

Estoy en medio de ese canto, en medio
del invierno que rueda por las calles,
estoy en medio de los bebedores,
con los ojos abiertos hacia olvidados sitios,
o recordando en delirante luto,
o durmiendo en cenizas derribado.

Recordando noches, navíos, sementeras,
amigos fallecidos, circunstancias,
amargos hospitales y niñas entreabiertas:
recordando un golpe de ola en cierta roca,
con un adorno de harina y espuma,
y la vida que hace uno en ciertos países,
en ciertas costas solas,
un sonido de estrellas en las palmeras,
un golpe del corazón en los vidrios,
un tren que cruza oscuro de ruedas malditas
y muchas cosas tristes de esta especie.

A la humedad del vino, en las mañanas,
en las paredes a menudo mordidas por los días de invierno
que caen en bodegas sin duda solitarias,
a esa virtud del vino llegan luchas,
y cansados metales y sordas dentaduras,
y hay un tumulto de objeciones rotas,
hay un furioso llanto de botellas,
y un crimen, como un látigo caído.

El vino clava sus espinas negras,
y sus erizos lúgubres pasea,
entre puñales, entre mediasnoches,
entre roncas gargantas arrastradas,
entre cigarros y torcidos pelos,
y como ola de mar su voz aumenta
aullando llanto y manos de cadáver.

Y entonces corre el vino perseguido
y sus tenaces odres se destrozan
contra las herraduras, y va el vino en silencio,
y sus toneles, en heridos buques en donde el aire muerde
rostros, tripulaciones de silencio,
y el vino huye por las carreteras,
por las iglesias, entre los carbones,
y se caen sus plumas de amaranto,
y se disfraza de azufre su boca,
y el vino ardiendo entre calles usadas,
buscando pozos, túneles, hormigas,
bocas de tristes muertos,
por donde ir al azul de la tierra
en donde se confunden la lluvia y los ausentes




Oculto... nada es oculto, solo lo parece, porque los sustantivos, los adjetivos, y más de un verbo, están donde no deben estar, donde la tradición, la lógica, el mayorazgo de los diccionarios prohíbe o alienta que no esté. Ese es el laberinto de Pablo -Neftalí-, ese es el rompecabezas poético que se deslumbra y nos llena el texto con orejas, mares, vinagres, obispos, reinas, alas rojas, arroz huracanado, barcos amarillos, barcos de esperma, barcos verdes, pantalones irredentos, cocinas negras, algas minerales, espigas muertas, cabezas sin venas, bocas violetas, timbres con boca, botellas palpitantes, barcos con sombrero..


Un día sobresale
De lo sonoro salen números,
números moribundos y cifras con estiércol,
rayos humedecidos y relámpagos sucios.
De lo sonoro, creciendo, cuando
la noche sale sola, como reciente viuda,
como paloma o amapola o beso,
y sus maravillosas estrellas se dilatan.

En lo sonoro la luz se verifica:
las vocales se inundan, el llanto cae en pétalos,
un viento de sonido como una ola retumba,
brilla y peces de frío y elástico la habitan.

Peces en el sonido, lentos, agudos, húmedos,
arqueadas masas de oro con gotas en la cola,
tiburones de escama y espuma temblorosa,
salmones azulados de congelados ojos.

Herramientas que caen, carretas de legumbres,
rumores de racimos aplastados,
violines llenos de agua, detonaciones frescas,
motores sumergidos y polvorienta sombra,
fábricas, besos,
botellas palpitantes,
gargantas,
en torno a mí la noche suena,
el día, el mes, el tiempo,
sonando como sacos de campanas mojadas
o pavorosas bocas de sales quebradizas.

Olas del mar, derrumbes,
uñas, pasos del mar,
arrolladas corrientes de animales deshechos,
pitazos en la niebla ronca
deciden los sonidos de la dulce aurora
despertando en el mar abandonado.

A lo sonoro el alma rueda
cayendo desde sueños,
rodeada aún por sus palomas negras,
todavía forrada por sus trapos de ausencia.

A lo sonoro el alma acude
y sus bodas veloces celebra y precipita.

Cáscaras del silencio, de azul turbio,
como frascos de oscuras farmacias clausuradas,
silencio envuelto en pelo,
silencio galopando en caballos sin patas
y máquinas dormidas, y velas sin atmósfera,
y trenes de jazmín desalentado y cera,
y agobiados buques llenos de sombras y sombreros.

Desde el silencio sube el alma
con rosas instantáneas,
y en la mañana del día se desploma,
y se ahoga de bruces en la luz que suena.

Zapatos bruscos, bestias, utensilios,
olas de gallos duros derramándose,
relojes trabajando como estómagos secos,
ruedas desenrollándose en rieles abatidos,
y water-closets blancos despertando
con ojos de madera, como palomas tuertas,
y sus gargantas anegadas
suenan de pronto como cataratas.

Ved cómo se levantan los párpados del moho
y se desencadena la cerradura roja
y la guirnalda desarrolla sus asuntos,
cosas que crecen,
los puentes aplastados por los grandes tranvías
rechinan como camas con amores,
la noche ha abierto sus puertas de piano:
como un caballo el día corre en sus tribunales.

De lo sonoro sale el día
de aumento y grado,
y también de violetas cortadas y cortinas,
de extensiones, de sombra recién huyendo
y gotas que del corazón del cielo
caen como sangre celeste.




Y creo que cada palabra, cada sustantivo y adjetivo corsario, extraño e invasor en palabras ajenas, son como las rompientes de las olas, los lugares donde es más bello el mar, más valiente la agonía de las olas -mueren luchando- y así todas esas palabras, todas, son los lugares donde se refugia la imaginación del lector, la verdadera potencia de ser de la poesía de Pablo -Neftalí- porque de ella nace toda la expresión, toda la agresividad poética, toda la belleza construida a base de imágenes, de olores, luces, colores, verbos abiertos, sustantivos cerrados, adjetivos como universos, que van llenando la mente del lector de todas las ideas que puedan imaginar el mundo, combinaciones infinitas de versos, que deslumbran. Y sé que es así porque aún hoy, Pablo - Neftalí Ricardo Reyes Basoalto- y este libro -creo, aunque en mi familia no lo recuerdan, que me amantaron con él , como loba capitolina rellena de versos prohibidos-, y este libro, digo, es la medida con el que comparo todo lo que leo, porque como en la tierra, desde mi casa, hasta el centro de ella siempre hay y habrá una, y solo una, distancia cierta y válida. Como cada poema se mide con la distancia a estos poemas....



Si alguien escribiera, hoy, versos sobre un amigo, como estos, cambiaría, creo, algo de la capacidad del mundo para ver lo bello, y hablo así porque probablemente, este libro, “Residencia en la tierra”, como mucha poesía, es el final y principio de caminos que ya no se andan, que apenas algunos lo comienzan y parece que se va alejando como las semillas del diente de león, y espero que no se vaya con ellas Pablo Neruda, escondido entre las hojas de libros de texto que se deben aprobar, con Vicente Aleixandre, o Cesar Vallejo, o León Felipe, o José Agustín Goytisolo, u Oliverio Rincón, o Nicanor Parra, o Federico...




ODA A FEDERICO GARCÍA LORCA

SI pudiera llorar de miedo en una casa sola,
si pudiera sacarme los ojos y comérmelos,
lo haría por tu voz de naranjo enlutado
y por tu poesía que sale dando gritos.

Porque por ti pintan de azul los hospitales
y crecen las escuelas y los barrios marítimos,
y se pueblan de plumas los ángeles heridos,
y se cubren de escamas los pescados nupciales,
y van volando al cielo los erizos:
por ti las sastrerías con sus negras membranas
se llenan de cucharas y de sangre
y tragan cintas rotas, y se matan a besos,
y se visten de blanco.

Cuando vuelas vestido de durazno,
cuando ríes con risa de arroz huracanado,
cuando para cantar sacudes las arterias y los dientes,
la garganta y los dedos,
me moriría por lo dulce que eres,
me moriría por los lagos rojos
en donde en medio del otoño vives
con un corcel caído y un dios ensangrentado,
me moriría por los cementerios
que como cenicientos ríos pasan
con agua y tumbas,
de noche, entre campanas ahogadas:
ríos espesos como dormitorios
de soldados enfermos, que de súbito crecen
hacia la muerte en ríos con números de mármol
y coronas podridas, y aceites funerales:
me moriría por verte de noche
mirar pasar las cruces anegadas,
de pie llorando,
porque ante el río de la muerte lloras
abandonadamente, heridamente,
lloras llorando, con los ojos llenos
de lágrimas, de lágrimas, de lágrimas.

Si pudiera de noche, perdidamente solo,
acumular olvido y sombra y humo
sobre ferrocarriles y vapores,
con un embudo negro,
mordiendo las cenizas,
lo haría por el árbol en que creces,
por los nidos de aguas doradas que reúnes,
y por la enredadera que te cubre los huesos
comunicándote el secreto de la noche.

Ciudades con olor a cebolla mojada
esperan que tú pases cantando roncamente,
y silenciosos barcos de esperma te persiguen,
y golondrinas verdes hacen nido en tu pelo,
y además caracoles y semanas,
mástiles enrollados y cerezas
definitivamente circulan cuando asoman
tu pálida cabeza de quince ojos
y tu boca de sangre sumergida.

Si pudiera llenar de hollín las alcaldías
y, sollozando, derribar relojes,
sería para ver cuándo a tu casa
llega el verano con los labios rotos,
llegan muchas personas de traje agonizante,
llegan regiones de triste esplendor,
llegan arados muertos y amapolas,
llegan enterradores y jinetes,
llegan planetas y mapas con sangre,
llegan buzos cubiertos de ceniza,
llegan enmascarados arrastrando doncellas
atravesadas por grandes cuchillos,
llegan raíces, venas, hospitales,
manantiales, hormigas,
llega la noche con la cama en donde
muere entre las arañas un húsar solitario,
llega una rosa de odio y alfileres,
llega una embarcación amarillenta,
llega un día de viento con un niño,
llego yo con Oliverio, Norah
Vicente Aleixandre, Delia,
Maruca, Malva Marina, María Luisa y Larco,
la Rubia, Rafael Ugarte,
Cotapos, Rafael Alberti,
Carlos, Bebé, Manolo Altolaguirre,
Molinari,
Rosales, Concha Méndez,
y otros que se me olvidan.
Ven a que te corone, joven de la salud
y de la mariposa, joven puro
como un negro relámpago perpetuamente libre,
y conversando entre nosotros,
ahora, cuando no queda nadie entre las rocas,
hablemos sencillamente como eres tú y soy yo:
para qué sirven los versos si no es para el rocío?

Para qué sirven los versos si no es para esa noche
en que un puñal amargo nos averigua, para ese día,
para ese crepúsculo, para ese rincón roto
donde el golpeado corazón del hombre se dispone a morir?

Sobre todo de noche,
de noche hay muchas estrellas,
todas dentro de un río
como una cinta junto a las ventanas
de las casas llenas de pobres gentes.

Alguien se les ha muerto, tal vez
han perdido sus colocaciones en las oficinas,
en los hospitales, en los ascensores,
en las minas,
sufren los seres tercamente heridos
y hay propósito y llanto en todas partes:
mientras las estrellas corren dentro de un río interminable
hay mucho llanto en las ventanas,
los umbrales están gastados por el llanto,
las alcobas están mojadas por el llanto
que llega en forma de ola a morder las alfombras.

Federico,
tú ves el mundo, las calles,
el vinagre,
las despedidas en las estaciones
cuando el humo levanta sus ruedas decisivas
hacia donde no hay nada sino algunas
separaciones, piedras, vías férreas.

Hay tantas gentes haciendo preguntas
por todas partes.
Hay el ciego sangriento, y el iracundo, y el
desanimado,
y el miserable, el árbol de las uñas,
el bandolero con la envidia a cuestas.

Así es la vida, Federico, aquí tienes
las cosas que te puede ofrecer mi amistad
de melancólico varón varonil.
Ya sabes por ti mismo muchas cosas.
Y otras irás sabiendo lentamente.



Pasa el viento y se lleva las semillas volantes, en algún lugar caerán y surgirá una flor que alimenta, que embellece campos y da color al mundo, pero estoy seguro que como Pablo, no querrá estar en jardín cuidado, correcto y tradicional, ahí no querrán estar las semillas del fiero diente de león.



wineruda


viernes, enero 27, 2017

EN EL CORAZÓN DEL CORAZÓN DEL PAÍS de WILLIAM GASS

 















in the heart of the heart of the country 1958
Ed. Alfaguara 265 Pág.
Trad. Ana Antón Pacheco



Ya nadie mira por la ventana. Miras a las ventanas, a los balcones, a las azoteas de las ciudades y nadie está asomado viendo el discurrir de la vida bajo su alfeizar, acaso una señora está regando las flores, las pocas flores que ya tiene, pero nadie parece quere observar lo que pasa en  la vida allí fuera. La gente se sedimenta en casa, se solidifica frente a la televisión , en el ordenador, en la tablet, en la mirada baja del móvil. Se han cerrado sobre sí mismas y les importa más lo que ocurre en un plató de televisión o en la webcam que se asoma desde el balcón de alguna rara e importante ciudad, que el transcurrir de la vida entre sus calles, entres sus curvas y sus voces. Es una vida de espiral que se pliega sobre sí misma en cada círculo casi concéntrico que en cada curva se va aislando más del exterior, con capas y capas de cerrada piel, gruesa piel protectora, que nos curva hasta los huesos sobre si mismos, como un cielo protector rellenado con la palabra yo, o la palabra nuestro. El centro del universo en un metro cuadrado de aire que respirar y que nos va ahogando encerrados en esa espiral que se inmiscuye en nuestro pulmones y se extiende en nuestros ojos, que solo ven círculos cerrados en sí mismos donde no tenemos vecinos, ni amigos, ni siquiera conocidos de vista. Ciegos de emergencia, cíclopes a los que ya ha visitado nuestro Ulises egoísta, patrones de barcos encallados porque no tienen remeros. Nadie silbará nuestras sentencias, solamente mirará nuestra tumba pasar callados solo en ese instante. William Gass, también se cierra en ese aparente aislamiento del humano en si mismo, se cierra parapetado en el inmenso retiro o desamparo, no lo sé, de los personajes en los campos sin fin del centro de Estados Unidos; son como barcos flotando en una mar de llana tierra seca, solo asaltada por la nieve desde el cielo, el calor desde los poros, y la soledad desde los rincones. Pero no me engaña esta aparente recogimiento de los personajes de Gass, la espiral en la que se encierran los aplasta de tal manera que vuelcan el contenido de su mente y su corazón y su estómago en largos monólogos, que muestran lo que nadie quiere mostrar: el tuétano del centro de nuestros pensamientos. Y , de ese modo, son escupidos hacia fuera, con la piel al revés, mostrando sus entrañas, órganos y tibiezas, y ocultando lo evidente, lo que engaña: su cara y, en ella,  sus ojos.

Este libro se compone de cinco cuentos. En todos ellos habla su protagonista desde los rincones más ocultos de la mente, en un monólogo que se mueve desde el monólogo interior hasta la descripción impetuosa y aparentemente irreflexiva de lo que le ocurre, o lo que le ocurrió, o lo que algún personaje quiere que ocurra; y nos muestra, doloridas, las cosas, los sentimientos, las impresiones, las experiencias y fantasías  que les roen  la mente y el cuerpo.

Jorge, un niño que vive en una granja, ahora aislada por la nevada y la ventisca, debe ayudar a que un joven de una granja cercana sobreviva de las congelaciones que ha sufrido en una extraña escapada entre ese frío. El viaje a la granja de esa familia será una travesía a lo profundo del terror y del horror para Jorge.
Un hombre que quisiera vivir apartado de todo, comienza a vivir en un barrio donde analiza a sus vecinos con mirada cruel. Recreando cada mirada, cada grito, cada aspaviento, cada silencio como el recorrido hacia el infierno que resulta la vida con ellos. Pero su mente se esconde hasta de su aguzada lengua.
Un vendedor de casas comienza a ser poseído por los lugares -las casas, los terrenos, las tiendas- que quiere vender o en la que vive: lo poseen, hasta en sus expresiones más destructivas, hasta en las más efímeras. Su mente sortea la soledad y la destrucción admirando lo que no es él: parte del mundo.
Una ama de casa comienza a observa escarabajos muertos en su alfombra. El asco se convierte en curiosidad y esta en admiración; profunda, alargada, siniestra pero edificante para ella; descubre la belleza de lo escondido, de lo que no se quiere mirar, de lo oculto a los humanos.
Un poeta nos va mostrando una población de Indiana, casi etiquetándola, a sorbos, a pedazos; es un lugar seco de espíritu, pero la descripción, a veces, es húmeda de deseo: el deseo por una mujer que, quizá, por allí vivió, pero que sí vive en la mete del poeta aun ahora, anda y pasea, y hace el amor entre sus sesos, pero que no está, que fue, que había sido, Que le asalta cada vez que mira a un lugar que adora, a pesar de sus habitantes, tan profundamente tradicionales.


Gass mira la mente del que habla, siempre va ascendiendo -escalando hacia el cielo de las ideas ocultas- por la cuerda de las palabras y allí encuentra el sitio donde se descubre lo más recóndito de la mente: lugar donde se pergeña el monólogo que comienza en lugares comunes: enfadados, contentos, sorprendentes, aparatosos, silenciosos, envidiosos, pulcramente normales, hasta llegar a un grado casi de desatino mental, a un, a veces, desaforado monólogo interior que va explotando puentes, atacando molinos y gigantes de hielo, derribando casas e imposibles faros marinos, abatiendo estrellas del norte. Desde aquellos planteamientos casi lógicos, pensados, normales, vulgares, de esos que descubres -al momento- cuando entras en un bar donde conoces a todos; Gass da la vuelta al plano, y los lugares y los deseos se trastocan,  caen por la pendiente, incluso ves que las realidades, los anhelos o las intenciones, o simplemente el tono de las versiones o suplicas o exclamaciones que describían los personajes no siempre eran ciertas, y existe como una emigración de almas -un intercambio de sentimientos  o de espíritus-, desde el que habla al que es descrito, o al pueblo o al ansia o al capricho. A veces la pretensión se convierte en terrible realidad o a veces el deseo es la meta que nunca se alcanzará; otras veces la frustración pasada o presente se convierte en el único lugar donde se posa la mirada y altera sus medidas, esa  frustración crece y se hace gigantesca o se convierte en lago tan efímero como el hielo que acabará fundiéndose llevándose lo que quedaba de belleza o de inspiración o de curiosidad o de interés por la vida .

El viento y la nieve barre el centro del centro de Estado Unidos y a los personajes de Gass siempre trae o se lleva algo: trae odio recogido entre pobreza, estupidez y locura, trae envidia y curiosidad, letargo e impaciencia; lleva silencio y abandono, trae amores pasados o sentimientos perdidos, trae curiosidad y miradas inquisitivas,  trae frío y desamparo; trae y  los  arrastra y los remueve y golpea contra las casas y los horizontes sin fin. El paisaje es tan grande que fabrica soledad, los muros solo sirven para los humanos, las verjas se caen de dolor; el viento trae recuerdos de pasados mejores, de pérdidas; el viento y la nieve hacen bello el paisaje no el paisanaje.

A veces ocurre que leyendo un libro sientes la sensación que sabes la palabra que sucederá a otra, por la simple razón que es la que encaja, la que lo embellece, que es la que debe ser, que es la que necesita esa verbo, o ese sustantivo; pero, todo es tan nuevo y tan viejo, tan original o tan sellado con lacre como el nacimiento de un río, que siempre lleva agua y siempre lo hará, pero nunca, ni por un segundo, es la misma, como el fluir de este libro.

Wineruda


martes, enero 24, 2017

EL PADRE MUERTO de DONALD BARTHELME

 




















the dead father 1975
Ed. Sexto Piso Pág. 187
Trd. Catalina Martínez Muñoz

Las noches de estudio, por aquel entonces, en la universidad eran largas, llenas de café y de miradas aburridas  a las paredes llenas, en aquel piso de alquiler, de espantosos papeles pintados de lo más profundo de los años 80, o 70 o 60 ...a saber, de cuadros de paisajes de campos vacíos con montaña al fondo, de muebles que se torcían de viejos, de manos que temblaban de frío. Aquellas noches para sentirme acompañado, tenía a mi lado una radio que, movido por mi inadaptación a oír una emisora más de 10 minutos seguidos, cambiaba a menudo, y aquel mover el dial a las 3 de la madrugada, es una sensación que siempre se me quedará en la mente, aquel pasar de una emisora en inglés, a una retransmisión de música clásica, a más allá los Rolling imposibles a esas horas de la noche, y la aguja se movía emitiendo ese ruido granulado y nervioso, hasta que una voz hablaba de amantes por la noche, y otra sobre espectros y aparecidos, susurrando las palabras, arrastrando las vocales. Todos esos sonidos, todas esas voces fantasmales, todos aquellos sitios distantes cosidos por una aguja y el cabeceo del sueño hastiado de café, se unían en un grupo bastardo en origen, y completo en el final: la voz de Mick Jagger hablaba desde las ondas sobre espectros, que se abalanzaban sobre el comentarista inglés que acariciaba a su amante castellana que amaba unos compases de música clásica; la aguja del dial me susurraba sonidos inconexos que aún suele repetirme, de madrugada, por la noche – Mea culpa –. Barthelme es la aguja de la radio que nos va llevando por sus espacios, por el éter de lo surreal, por la maza del enfermo crónico de mordacidad. Nos fantasea desde los límites de la ficción, una vez rotas las vallas de la teoría clásica de la novela, él está en otros territorios, porque no es ciencia ficción, no es realismo mágico, es otra cosa. Es el sueño de las ondas de la radio cuando todos estamos dormidos, en esos momentos que cuentan que existe ese sitio en lo que lo absurdo es tan real como lo lógico, donde los muertos hablan y los vivos no mienten, donde el humor no está sujeto a reglas, donde la irrealidad solo está en la mente de los dormidos, ese lugar donde nadie parece estar fuera de tiempo, nada parece fuera de lugar porque en ese lugar todo es posible.


El Padre Muerto medía 3200 brazas, es enorme, ocupa barrios enteros, circunda manzanas, su cabeza apoyada sobre el asfalto se eleva metros hasta la punta de la nariz. Es el cuerpo insepulto del Líder, del Poseedor de la Verdad, del Dictador Onmívoro de poder, ¿postrado a los pies? de un grupo de personas que deben llevarlo a su tumba: allá está el que probablemente sea su hijo Thomas, y su amante Julie, y un montón de hombres pagados (19) que arrastrarán el cuerpo hasta ese destino triste, porque un tractor quedaría cutre y poco reverencial. El viaje es un momento en el que el el Padre Muerto expondrá sus razones por las que hizo lo que hizo, por las que quiere pensar que vive, y por las que comentar su vida con sus acompañantes, y digo hablar, porque aún muerto habla y mata y salta, y desea sexo y se enfada. Pero su hijo Thomas sabrá contener sus iras y venidas, sus apetencias de viejo muerto, sus deseos de muerto insepulto. El grupo viajará por un país en las que las aventuras será pocas, los placeres escasos-más allá del sexo esporádico- el alcohol probable y los bailes escasos y siempre iguales -acaso algún baile con gorilas que no saben bailar y menos entablar una conversación oportuna-. Y lo llevarán a un final que no se debe contar, que no se debe decir en una reseña, pero lo lógico se olvida en esta novela, los cuentos parecen largos y las novelas cortas, y los amantes escasos y las culpas divinas. Los muertos se entierran para hacer hueco a otro que enterrarán dentro de algunos años tan grande e inutil como el anterior, tan ridículo y sabio como él.

Lo absurdo muerde todos los lados de la novela, la deja rodeada de dentelladas llenas de la sangre que provocan sus armas: Barthelme golpea con una hacha los huesos de la paternidad, de la gesta de ser padre, de la doliente sensación de la conducta paternal inequívoca, de la incontestable sensación de poder de los hombres sobre sus hijos e hijas. Y con ella cuenta desde los lados más salvajes y satíricos y surrealistas, y vivaces y simbólicos y dignos de un epitafio ocurrente, la caída del poder del padre, su entierro desesperanzado, su impotencia al intentar oponerse al mundo, al nuevo mundo donde el hijo será el nuevo tontopoderosopadre, y el antiguo es enterrado tras una decadencia que trascurre entre imperdonables acusaciones, entre sarcasmo  simbólico a borbotones, entre humor para provocar que alguien diga: Mea Culpa, Mea Culpa. Torrentes de imágenes ridículas, de visiones degradantes, de visiones patosas, acusan al padre de que fue quien fue tan estúpidamente como parece, que las cosas desaparecen para volver de nuevo, sin ti, porque tu poder se ha muerto cuando ya no eres ni el mas fuerte, ni el más amado, ni el más querido, perdido en sus lejanas valentías, en sus pasados gloriosos, el alud te derriba montaña abajo; hasta que Barthelme lo hace caer en el socavón, enorme que es su tumba de tierra y excavadoras preparadas para taparte porque la grandeza solo sirve para usar excavadoras al morirte.

Morirte de pena, de humor, morirte de olvido, morirte de risa, morirte de golpes del destino, morirte de surrealismo, morirte de nuevo, morirte de viejo, morirte de tan diferente que nadie te leerá, morirte de a quién le importa, morirte de que son malos tiempos para los libros de extraña composición, morirte de pena porque acabe, morirte de pena porque lo original deja de serlo cuando has acabado de leerlo.

Si la radio callara un momento por la noche y alguien se pusiera a leer este libro, arrastrando las vocales, no provocaría miedo, solo carcajadas o sonrisas irónicas de las alocadas y extrañas imágenes que se crean en él, algunas que sonrojaría, incluso airaría, alguna mente bien pensante de lo literario y de lo “civil”; nada parece importar a Barthelme que aporrea , --aporrearía las teclas sobre las páginas del papel blanco, seguro, en alguna máquina de escribir de las de entonces , acaso oyendo la radio-- para golpear a diestro y siniestro, hasta a la propia literatura académica, al tiempo, al espacio, a la lógica, a los bárbaro y lo protegido, a lo no contable, a lo que debe callarse, a lo que callanoseasatrevido, a las almas perdidas y a los contrarios a la novela de lo absurdo para contar lo absurdo. La novela, la noche que la leyera esa persona por la radio, no la escucharía nadie-sería muy tarde ya- pero se quedaría en las ondas, como un recuerdo que deben acertar a atrapar en el dial las noches que te quedes mirando los papeles pintado de los 60, 70 u 80, y los cuadros de paisajes olvidables, y moviendo el dial hasta que una voz espectral hable de padres, hijos, amantes, simios, pueblos malditos, tumbas y sabios, Y saltarán sobre el cuello y el lomo, para cabalgar sobre él, del libro secreto que se oculta en mitad de este libro: “Manual para hijos”, una orgía de humor salvaje, de imágenes tan ocurrentes y disparatas, tan absurdamente racionales, tan atrevidas, tan locas, y extrañas que apabullan con ese aparatoso sentimiento que se produce cuando la sucesión de imágenes crea el sueño extraño del esplendor de lo mágico, de la belleza de lo absurdo, de la pereza, por un momento, de lo lógico.


Wineruda

viernes, enero 20, 2017

EL BARRIO de GONÇALO M. TAVARES




















EL BARRIO de GONÇALO M. TAVARES
o bairro (2002-2010)
Ed. Seix Barral Pág 547
Trad. Florencia Garramuño




El otro día llovia, llovía mucho, pero me decidí a pasear al lado del río, llevaba los auriculares conectados al mp3 y oía, por milésima vez, el concierto para piano opus 54 de Schumann. El fragor del rio no ocultaba el sonido del concierto desde que entra como golpeando la puerta en sus primeros compases y que, desde allí, se elevaba por encima de las caídas de agua y el sonido de las piedras chocando entre ellas, y la furia color crema que intentaba silenciar la melodía casi esférica, el piano de teclas hechas del material de los ecos que vienen del pasado, y de la orquesta tan circular y soberbia como para entretenerse en decir cómo es. El otro día llovía, llovía mucho, y decidí no salir a pasear al lado del río, así que me animé a abrír un libro y oír el concierto para piano opus 54 de Schumann, mientras lo leía. El fragor de la belleza del concierto para piano, no podía compensar el estruendo que brotaba del libro, ese soberbio ruido de caídas de verbos y adjetivos, el que se genera cuando la poesía se choca con la prosa, el furioso sonido de las hojas blancas peleando por mostrarte el texto, las primeras, entre el estruendo del piano que se arremolinaba junto a dibujos que expresaban ideas casi filosóficas, entre la algarabía del violín rasgando poemas que parecen surgir de verbos, que parecen surgir de sustantivos, que parecen surgir de ideas, que parecen surgir del ruido de una cascada que gotea, que parece surgir de la pared donde nace la sensibilidad de un poeta; no podré dejar de lado la algarabía del violonchelo que no podía con el jaleo que generan los personajes que muestran su excentricidad a prueba de disfraces,  muestran su carácter instruido, destructor y corruptor de las malas ideas, corrector de las buenas, su ironía a disgusto de mercaderes de leyes; y que pueblan el libro; jaleo que se eleva del libro tapando el ruido que hace el rio, la orquesta, el piano, y el sonido que hace la obra al abrirse, pero no al cerrarse porque no se puede.

“El barrio” son 10 cuentos largos o novelas cortas, o libros sobre reflexiones largas y cortas de texto, o un libro sobre dibujos que aleccionan textos, o textos que crean dibujos, o minicuentos que se ensamblan para componer cuentos, o cuentos que se encajan para componer minicuentos que, a su vez, se dividen en micro-ideas luminosas, que se descomponen en todos los colores del arco iris llenos de ideas. Ideas que tantean a oscuras hasta encontrar la salida y unas veces salen por el rojo, otras por el blanco o por el amarillo o... Todo depende si el Personaje al que le toca salir de su casa del barrio, y nos muestra su vida y sus pensamientos, sale de noche, o sale de día, o sale derecho o sale tumbado, o sale borracho, o sale filósofo, o sale poeta o sale periodista o sale argumentador, o sale inventor, o sale soñador, o sale paciente, o sale displicente o sale hablador, bueno eso no, habladores son todos. Desde el que vive en constante lucha con la enciclopedia y la absenta, buscando la manera de que se hermanen en el punto justo de inteligencia y actitud, y y mantener el estado de equilibrio que todo buen enciclopedista debe tener en un bar. O podemos ver que sale por algún agujero que han abierto las micro-ideas y que se van convirtiendo en otra cosa, crecen como los cachorros de perro de san bernardo, a una velocidad inusitada, y las buenas ideas se convierten en grandes ideas en pocos pasos del calendario; y, como decía, entre los cuentos, aparece un señor, -Breton creo recordar, pero no es importante, lo descubrirán ustedes- que se entrevista a sí mismo buscando razones de la poesía para ser así, modos de ver la poesía, pero no se contesta, hoy está arisco. Hay un señor Eliot que busca entretener y educar al barrio disertando sobre versos de la historia de la poesía, y se sale de sus cauces y entra e invade e imita y desenrolla y enrolla y es poco amistoso con algún poeta al que critica, con denuedo, por ese verso. Y hay un señor Calvino que es tan listo como su homónimo y busca equilibrar el mundo equilibrando su mundo, es un tipo de frases sentenciosas muy rectas similares, pero en distinto nivel claro, a las de un juez a punto de jubilarse -pero no legales evidentemente-. Y hay un tipo que pierde su casa en medio de una catástrofe de gremios, y otro que dibuja en objetos circulares y cuadrados-entre otros- las razones por las que el mundo funciona y los modos por los que debería funcionar, con una idea esquemática y cruel para con los filósofos de letra armada. Y hay un periodista que apostilla textos ácidos con ideas crueles contra la estupidez---¡cuál? La política es evidente... Y hay un señor Juarroz, que inventaba su mundo cada día,. Y hay un señor...


El primer movimiento del concierto opus 54 de Schumann es el allegro affettuoso, no sé italiano, pero es evidente su significado, creo. Encaja en el libro, alegre porque el libro es un dispendio de humor sagaz, un despilfarro de ironía, un desembolso de sentencias cortantes como los filos de los folios A4; y es tanta, como digo, que desborda el libro, se va por las páginas, arrastra letras que chocan entre sí, y crean un estruendo  de sonrisas, lógica pedestre y empatía que no deja oír que son las 4 de la mañana en la maldita campana de la iglesia que aun sigue sonando, no sé la razón, y ya debo apagar la luz, y esperar que este desbordamiento del libro continúe mañana, y que el señor Henri, el señor Breton, el señor Calvino, el señor Valéry, el señor Brecht, el señor Juarroz, el señor Walser, el señor Kraus, el señor Swendenborg y el señor Eliot , sigan estando mañana -hoy- en las hojas del libro y que la algarabía  de la inundación tarde en acabarse porque la belleza de la visión y de lo que lleva el agua, es, como la del Nilo, la que alimentará las orillas  fértiles de mi imaginación y de mi sensibilidad por los cuentos, o la  poesía o la filosofía o el humor o la lógica extraña o la ironía o el dibujo o lo que rayos sea esto...


Terminó el libro y escucho a Schumann, parece que se echan de menos... ¿Será la belleza?...




wineruda

miércoles, enero 11, 2017

EL LIBRO ANZUELO O CÓMO INTENTAR ENCONTRAR EL CEBO PARA VOLVER A LEER




EL LIBRO ANZUELO O CÓMO INTENTAR ENCONTRAR EL CEBO PARA VOLVER A LEER


He leído, creo, unos 75 libros el año pasado y, de repente, me quedo parado. Empiezo libros que son buenos, pero que no arrancan. No es extraño, cada año pasa lo mismo. Necesito un libroanzuelo, un señuelo que me atrape y me arrastre para empezar de nuevo. Sí, todos los años me pasa lo mismo, voy saltando de libro en libro, que a los meses devoraré con gusto, pero en enero no encajan; quizá necesite que el anotador me dé el pie de mis lecturas, o acaso necesite un juez literario-deportivo que dispare, no sé, balas de ideas o me dé el relevo que usan los atletas, incluso puede que necesite que me golpee con él en la cabeza, todo debe ser estudiado. Lo que no sé es la razón por la que me sucede en enero, quizá sea la presión de un nuevo año a estrenar, un horizonte de lecturas a dirigir y coordinar; además, como no tengo mucho sentido del orden, todos mis libros, os juro, están manga por hombro, están diseminados por suelos, armarios, bibliotecas abarrotadas, quizá sea que enero me dice que ya es hora que me ordene, pero como me resisto, no me premian con una lectura que sea sostenida en el tiempo.
Pero para responder al título de este comentario, la forma de encontrar el cebo para volver a leer... Pues... Lo cierto es que os parecerá ridiculo, pero es mirar mi lista de libros a buscar y mis obsesiones privadas que ya ni las apunto: - Tunström, Manganelli, Hrabal, Fenoglio, Barthelme, Gaddis...-.Y mirar por todos los buscadores de libros que conozco -muchos, sí, muchos- para que algo aparezca donde no estaba, o algo me diga que estaba pero no me fijé, y horas y horas después sigo sin saber qué leer. Así que mi intento se acaba ahí, y procuro mirar en blogs amigos-enemigos,  -enemigos son en los que me corroe algo por razones inconfesables razonablemente cercanas a la envidia lectora- Y pasan los días, y se acaban las gafas y los colirios, incluso aprovecho mi insomnio para sacar más horas al día, y el libro-cebo se ha escurrido, parece, por el lavabo.
Releo a Richmal Crompton, porque se deja leer, saludable e inocente, y como todos los años, revienta en mi cerebro un nombre, los de los otros años no me acuerdo -lo prometo- supongo que será el primero que aparece en enero en el blog -cuando lo he escrito, evidentemente-. Y siempre es ese, el elegido , el que encaja, el que discurre fácil, inconfundible en la lectura, y lo leo en un día o en dos o tres, tenga una o 1000 páginas. Este año me ha sido más fácil de lo normal, estaba colgado sobre mi cabeza, como esos muérdagos que cuelgan los americanos para provocar el beso, y que aquí se marchitan excepto en casa de modernos navideños. El título se me ha caído encima mientras oía alguna sonata de Beethoven o Scarlatti, lo sé porque llevo varía semanas oyendo solo eso -es enero...-, y, según ha caído , lo he pedido y espero su llegada, con pasión. ¿Qué libro es? 

“Barrio” de Gonçalo M. Tavares. Investigad sobre él, y alguno tendrá la misma obsesión que tengo ahora yo por él.

El cebo es..obsesionarse. Sana o malsanamente: empecinarte, ofuscarte, obnubilarte... todos los sinónimos que quieras, por un libro, ese libro: el bueno..


wineruda

jueves, enero 05, 2017

LA VIRGEN DE LOS SICARIOS de FERNANDO VALLEJO


















LA VIRGEN DE LOS SICARIOS de FERNANDO VALLEJO
Suma de letras. 174 pág.




Dicen que oler el aroma de una piel de naranja ayuda a paliar el estrés. No sé si es cierto, pero lo más probable es que si lo hiciera terminaría arrojando la piel, los huesos, los gajos y hasta la sangre de la naranja sanguina -que esa tenía que ser- por la ventana; y, quizá, apuntaría, la naranja entera, gorda y pesada - llena de ese jugo rojo sangre-, a la cabeza de los que me lo han provocado: jóvenes borrachos gritando de madrugada, viejas criticando al lado de tu oído, padres con el cerebro degradado por los polvos talco, madres con sobreabundancia de servilismo hacia sus hijos, carteros con poca gracia, médicos aburridos, salvadores de nada, pálidos jinetes, vendedores de tabaco sin tabaco, grafiteros con poco arte... Y yo que me dejo influir...arrancándome mechones del escaso pelo, y me muerdo los labios y se me caen los dientes, y me reduzco y pierdo tamaño, y cazo moscas con bombas de mano y hormigas con bazookas, y me resbalo en una gota de cerveza y sobrevivo, apenas, en junglas de asfalto sin un John Houston que me dirija ni una Marilyn Monroe que me ayude a escapar. Así que me sorprendo mirando con curiosidad malsana y cierto apego insalubre, a Fernando Vallejo, y su otro yo, Fernando, personaje y protagonista de la novela, que destruyen, roen cimientos, reptan, despedazan, rompen o eliminan, todo aquello que odian o les molesta, -más allá del estrés- o les molestaba, de aquella Colombia y de aquel Medellín de los años de Pablo (Escobar) de los años 80 y 90 del siglo XX. Y Vallejo enfoca el haz de luz, y apunta la afilada y ácida pluma a presidentes, cardenales, a alcaldes, a cantantes, a la izquierda, a los conservadores, a los habitantes a los que no habitan a los que podían habitar a los que alguna vez cruzaron por allí; un lluvia ácida, un invierno nuclear de letras negras, una sacudida telúrica de crítica y de feroz ensañamiento cae sobre ellos desde el infierno.


Fernando, un especialista en lengua y lenguaje, llega a Medellín después de pasar toda su vida en Europa, allí se encuentra con una ciudad diezmada, una sociedad agrietada y con los restos de lo que fueron los grupos de sicarios que, promovidos por los narcotraficantes, ejecutaron a amigos y enemigos, a inocentes que cruzaban por su camino y a culpables que no lo hicieron, que acabaron con familias y, al final con ellos mismos. Ellos y los otros sicarios resumieron su vida en un final circular en el que los que mataban terminaban muertos por otros que mataban por encargo, que a su vez... Fernando llega a esa Medellín, donde conocerá en los más altos bajos fondos a Alexis, joven sicario -como todos- que acogerá en su casa como amigo y como amante. Su amor será pasional, será casi de maestro a maestro: de maestro de la muerte a maestro de la vida Su existencia y su conviencia en Medellín será una orgía de sangre, en la que Alexis mostrará su amor por Fernado tomando en serio su crítica a la mala forma de vida de las personas con las que se cruza: con los maleducados, con los molestos, con los asesinos, con los pesados, con los no cumplidores, con los que no saben realizar su deber; de modo que se convierte en “Un Ángel Exterminador” que acaba con todo lo que le molesta a su compañero -su amor-, ayudado por su destreza y por la impunidad de los asesinatos entonces y allí. De modo que los muertos se amontonan reflejo del amor y el respeto, provocando un socavón de muerte, una caída de cielos e infiernos, un destrozo vital. La sangre tapa los calles sucias, las balas se mueven más rápido que los que huyen, los infiernos se llena de palabras soeces a medio decir, y de malas miradas a medido terminar; de gestos molestos a punto de volver a ser hechos, de gente sin respeto a punto de intentarlo...

Y mientras tanto, en la Iglesia de María Auxiliadora, Virgen a la que los pequeños y grandes sicarios van a pedir por ellos y por sus víctimas, se va llenando de oraciones colgadas en medio de una frase que se ha perdido entre balas; cada vez quedan menos sicarios; la esfera de la muerte rueda como una bola, arriba y abajo de las “comunas” que dominan la ciudad, suben y bajan de uno a otro barrio, destrozando lo que debajo queda. Y la Virgen de los sicarios, parece quedar perdida entre todo aquel ruido de oraciones susurradas, de promesas, supersticiones y miradas caídas. Medellín caía entre rezos y balas.


Fernando no hace un libro cualquiera, en su guerra literaria no hace prisioneros, no tiene amigos, no parece echarse atrás. Da nombres, dice lo que opina de ellos, acusa y señala. Nadie queda incolumne entre sus páginas, cortas pero fecundas en letras. El horror de lo que cuenta, la vuelta de tuerca que va cerrando todo hasta estrangularte con visiones de de sangre y muerte...Y a veces, paradójicamente, son tan exageradas en su descripción, tan directas en su ejecución, tan raramente lógicas en el planteamiento que de ellas hace el personaje de Fernando, que aparece una especie de “síndrome de Estocolmo literario”, en los que pudieras pensar que el humor puede ser tan negro como una noche oscura en la puerta cerrada del infierno esperando a que te abran, esperando a que exploten todos los fuegos de los condenados, de los muertos sin perdón.


Wineruda

viernes, diciembre 30, 2016

EBRIA ILUSIÓN DEL AIRE de GILDARDO MONTOYA CASTRO



















EBRIA ILUSIÓN DEL AIRE de GILDARDO MONTOYA CASTRO
Ed- Universidad Aútonoma Chapingo 105 Pág


La cuna de toda lectura es el conocimiento. Conocimiento de lo que se lee, conocimiento de cómo se debe leer, del camino a recorrer en sus páginas, y de algo tan evidente como tonto de decirlo: conocer lo que se debe o puede o merece leer. Conocí a Gildardo -y sus escritos- por alguna razón poco prosaica como es Internet. Lo cierto es que es poco prosaica, pero es un lugar para ese conocimiento del que hablaba antes, y aunque en este mundo para conocer una persona que merece la pena cruzas muchos desiertos, y cierras muchas puertas incluso como si fueran bares abarrotados donde todo parece un lugar feliz y de gente amena, pero resulta ser un sitio poco aconsejable, y, a pesar de lo abarrotado, está vacío. Un mundo como Internet, en el que el lugar que lleva destacando desde años es un red social en el que el culto al yo es masivo, es una orgía del yo, una desfile de egos, unos detrás de otros en el que nada parece que merezca la pena, excepto unas pocas personas en las que se encuentra latidos de simpatía, de ternura, de amabilidad, de ser gente que merece la pena, lejos de las personas con posturas perfectamente ensayadas y huecas..Lejos de lo hueco de ese mundo aparece un poeta mexicano, alzado detrás de ese nombre de eterno cantante colombiano, que escribe sobre lugares etéreos, sobre lo eterno, sobre lo no masivo, sobre miradas sin techo, sobre cielos más que tierras...; él está lejos de los escritores de lo evidente, de los agrimensores de letras. Siempre he pensado que un poeta no puede ser evidente, no puede ser el redactor de lo obvio, para eso no sirve la poesía: esos que hablan de flores rojas y cielos azules, aunque usen las más bellas palabras, a mí nunca me han gustado; es pintar sobre lo pintado, es querer copiar a Mozart, querer creer que puedes copiar a Renoir, o a Manet, o a Degas y hacer sus mismos cuadros. La poesía no es imitación, por ello no es copia, por ello no es querer hablar, aun con palabras hermosas, de lo que ves en el jardín, en el mar , en la feria o la montaña que rodea tu espacio.

ESPEJO ES EL AGUA
Espejo es el agua
va y viene.
Espejo es el agua,
ventana, el viaje
de un hombre
que mira, escucha,
cómo sucede,
cómo respira,
sueño, el rostro
de la magnolia.
Espejo es el agua
va y viene,
espejo es el agua,
una ventana.

Comencé a leer el libro hace tiempo y me ha llevado por muchos caminos, en ellos se ve al autor, se ve sus ausencias, sus apetencias, sus obsesiones, sus cadencias: su familia y su padre, la literatura, sus animales, la música, los colores, la angustia de ser o de estar, la pérdida, la vida que pasa, la mujer, pero no la mujer como un ser tangible, sino como un ser casi de otra esfera, de otro mundo, casi incorpóreo aún en su sensualidad. Estos poemas, los poemas que lees, los poemas que leerás, todos los poemas escritos del mundo (los buenos), son lugares, casi personas, con personalidad propia, saber tratarlos es habilidad del lector.


TENGO CONMIGO DE TI
Tengo conmigo de ti
muchacha bruma,
una helada tarde,
el retrato de aquella
boina gris que cantó
el poeta, tu delgadez
figura, tejes, destejes,
tejes, vendimias en la
hueca estación... mi
tren a ninguna parte.
Nadie subía, nadie bajaba,
nadie, nadie, sólo pulgas y
más pulgas, invadiendo,
atacando, mi vagón solitario,
fantasmal. Tengo conmigo de ti,
esta comezón animal,
tanta infecta incertidumbre,
señor de los abismos,
mientas escucho en el
tiempo cómo tejes, destejes,
tejes tus bagatelas, muchacha bruma,
ay aire, aire

ORACIÓN
campana que tocas
a deshoras quien
vuelve tañe
labra su cruz
insomnio astral
arriba arriba
un avión en huida
no oye
mis ladridos
el niño no duerme mamá
cómo se mueve el tiempo
sus chirridos
sus tristezas
Perro hambriento


Yo suelo leer la poesía, desde hace muchos años, haciéndola mía, cruzando puentes en los poemas para luego derruirlos y quedarme solo en la orilla contraría de la que parece estar el poeta. No sé si contraría es la palabra, pero sí al menos en el lado en el que el camino es solo mio. En “Ebria ilusión del aire”, me ha ocurrido lo mismo, entre lo que es un escrito personal, casi circular como una muralla en su protección, se encuentran los lugares en los que se identifica tu propia experiencia, tu propio espacio entre palabras de otro. Poder sacar las entrañas a los libros de poesía, a veces herméticos, a veces tan propios como las sonrisas, es algo que no ocurre tan fácil como pudiera parecer: pensad que las fotografías son fáciles de reinventar, pero los sueños o los cuentos o los poemas contados como un susurro en tu oído, son los que debes y puedes imaginar.



ACABALADO EL CORO
Interminable armónica.
Sin dar pie a la retirada
sueña y canta, quítate el
sombrero, espanta el polvo,
en los líricos mezquites:
A dónde van los muertos,
quién sabe a dónde irán.
Tengo mis labios partidos,
pero siento caricias,
tu olla de barro madre;
sigues calmando nuestra infinita sed;
y también, aquí dentro, un hombre inocente,
dicta cartas a un niño...
¿Para qué, padre?
Cartas... “Señor Presidente de la
República, desde estas lejanías...
quiero pedirle un poco de...”.
Crece la noche, en el camposanto.
Y sin dar pie a la retirada, mis hermanos y yo,
vemos brotar, entre las tumbas, sedientos
sueños, lagartijas, ralos arbustos, a un perro,
fiesta viva, dos gatos y en revoloteo,
paciente belleza, un búho...
Y ya todos reunidos, acabalado el coro,
suenan cristalinas, reparadoras, las orillas:
Los muertos tañen,
son querencia,
nunca se van,
padre, madre,
y si los llama la
ausencia, siempre
regresan, porque
la muerte ignora
engaño, cuando galopas
ilusión verdadera.

Todos los caminos se reinventan en la poesía, cada poeta busca, no sé si como competición con los otros escritores o como para enfrentarse a él mismo, lugares nuevos, palabras nuevas, imágenes nuevas, desarrollos que destaquen; y así, saber que puedes superar los caminos suyos que querían cruzar. Así, saber que las escrituras puedan encontrarse nuevas o al menos reconvertidas en otros paisajes no deja de ser una opción para descubrir nuevos lugares de la poesía.



FIGURACIONES
Miro al hombre encorvado, sus
ojos en silencio, un horizonte
imposible, la acera, el parque, el
tiempo. Miro al hombre encorvado,
como si fuera a derrumbarse, y me
duele, me detengo, lo abrazo, le pido
paciencia... “Déjame” ̶̶ murmura ̶̶ .
Aquí en la oscuridad pesa
menos el abismo”.





Y si tuviera que elegir un poema donde quedarme de “Ebria ilusión del aire”, lo haría en uno en el que me encallé al instante, me quedé, como los discos viejos, rallado en su lectura: acababa y volvía a empezar, porque, como esos viejos discos de vinilo, suenan mejor la segunda , tercera, cuarta..vez que lo oyes, y al final son imprescindibles...Los míos, a pesar de todo, están al lado de mi cama, a un brazo de distancia de mí. Este es el poema..


TODAVÍA ESTOY AQUÍ...
Te llamaré... ¿M? y tendrás en tus manos
la carga de mi derrota. No sabré volar en
ti, ¿recuerdas? Habré recorrido el domingo
de una ciudad extraña tras un aforístico
Lichtenberg que evocaré para nombrarte...
¿M? Muerte del amor. “Imbécil”, tus letras
definitivas. Pisar las cantinas. Pisar. M. Rabia.
Pisar. Amargo trago. Me toco el sexo
y Henry Miller me sonríe. Yo me detengo en
cualquier esquina aturdido de andar reclamando
la miseria de un beso. Soy un buitre truculento:
Por mi culpa, por mi culpa”. Libre estás, vuelas
tan sin mí. No saber, pendejo, sin infancia, volar
en ti. Pisar, barquito, que te recorran mis manos
de pianista ilusionado. Todavía estoy aquí. Besar
tu delgadez líquida. Serás viento, un bello regalo
de Mozart. Un perro pide la cuenta. No tiene
colmillos, ¿recuerdas?, colmillos en el sexo. sé que
vendrás. Detesto el paraíso. Pisar Fuensantas,
aquella Lesbia, no tengo nada. Gritar. Sacarles los ojos
a Munch, necesito untar en tus labios marítimos su pus
rencorosa. Merodearé por los vagones del Metro
preguntando por el calor de tus piernas que no tengo.
Ayer Van Gogh me despotricó la desgarradura exacta:
Es inútil, la tristeza durará toda la vida”. No tengo
orejas para darte; una noche estrellada. Necesito cantar.
Me quedo con los olores, ay, barquito. Pisar. Golpear
las fichas del silencio. No creo, no soy el amor, ¿recuerdas?


wineruda