viernes, junio 23, 2017

INSANIA de HÉLIA CORREIA



















INSANIA de HÉLIA CORREIA
insânia 1996
Edi Hiru 210 Pág.

Trad Paula Sentandreu Roget y Carlos Penela Martín




La culpa la tienen los poetas, no tienen perdón, los buenos poetas, que de poetas buenos el mundo anda necesitado, y, aun así, son los culpables, Culpables porque cuando escriben en prosa, cojean en la pierna en la que tienen el zapato donde guardan las metáforas o el celofán donde se pegan a la piel esa incesante necesidad de crear mundos en los que ves nacer en cada palabra, el lector ve nacer el libro en cada párrafo, en cada idea hay una nueva cosa en las que el poeta, culpable, ha creado una nueva mirada, porque eso es el mundo -la vida, la historia de tus y mis vidas-: el mundo son miradas. Tu mundo y mi mundo nunca se parecerán porque mi mirada no es la tuya, ni la tuya, ni la tuya, ni la de aquel, ni la de nadie, es mi mirada agazapada tras mis ideas  y mis aprendizajes, la que descubre lo que quiere-me- contar el libro, Y es entonces cuando el culpable poeta se convierte en inocente, pero inocente de ingenuo, mi mirada ha convertido su libro en mio, se lo he robado, y no, no he cambiado las letras, ni una coma siquiera , no he cambiado nada, pero es mi libro. El poeta prosista, el prosista tahúr, el tahúr poeta sabe que sus palabras dejan que entren en todos los mundos, en cada una de ellas, que la palabras sinónimo no tenga sentido porque no tiene sentido el vaciar un dedal de agua en el mar, el contenido de las cosas son las propias cosas, y las cosas son sus contenidos, pero los arcones que contiene un libro son tantos que abrirlos todos haría de un libro, mil,. Hélia Correia habla desde las entrañas de una poetisa, de sus sonoridades, sus ritmos, sus imágenes que aparecen al cruzar la esquina izquierda del libro, las palabras son poesía, una poesía en prosa que busca contarnos una historia, una manera de enseñarnos un mundo. ¿Qué mundo? Un mundo derruido, un mundo muerto-o a punto de hacerlo o de derruirse y casi desaparecer-, un mundo cayéndose y a punto de estrellarse,. Como una hermosa bailarina de ballet al que se le ha roto una pierna,o si al piano de Wiatoslav Richter se le rompiera la tabla armónica, la belleza está en los dedos, en la ejecución, está en las piernas, está en la intención, está presente en el vacío , está donde siempre estará, pero la crudeza del mundo supera esa extraña combinación de lo bello con lo feo, de la muerte con la letras doradas, de la ignorancia con el saber andar. Y se derrumban las cosas bellas a pesar de estar presas de hermosas cuerdas y horribles cimientos.


“Insania”... ¿Cómo podría describirla?, y ¿Si lo hiciera sabría expresar lo que he sentido al leerlo?¿Mentiría al decirlo? ¿Será esta ”Insania” mía la que quiso contar Helia? ¿El machete con el que desbrocé las zarzas y las enredaderas que dan imagen de ese mundo extraño es el necesario, el que debe cortar o puede cortar las palabras, y los verbos y los adjetivos con los que se quiso escribir este libro? Lo cierto es que no lo sé, y me da igual. Si quieres saber de este libro, debes aprender a mirar el mundo como si este se derrumbara, pero dentro de ese desplome, esa absoluta falta de todo, de esa muerte y amenaza constante esa crueldad de la vida, esa necesidad de todo, y debes aprender a a mirar que esta historia llega a un pueblo llamado A Levada, y el comienzo, vacío de miedo y de necesidad es la llegada desde la nada de una niña llamada Natalina, una niña que no habla, que parece retrasada, que solo se mueve por el pueblo, aceptando comida y algún cariño que solo acepta a cucharaditas, justas y buscadas,. La niña aparecerá y desaparecerá del texto, pero será su centro, será su discurrir y su intención, será acaso su metáfora de tahúr poeta que muestra al mundo de una niña desamparada en un mundo en decadencia, y a través, o , cerca de ella, aparecerá un mundo de personajes, un batido y desengañado grupo de personas que salen y entran de sus casas, de sus vida, esperando sobrevivir al fin del mundo, que no es y si es, que mueve el hambre y mueve la vida, Es un mundo condenado, amenazante, donde nada cabe excepto la necesidad de sobrevivir sin pensar en el prójimo, lejos de necesidades comunales y de caricias y ayudas:solo es la búsqueda de sobrevivir entre un mundo sucio, raro, casi calumnioso con la vida. Personas que mueren y viven entre cobardías y rebeldías, y destrozos y reencuentros y hasta instintos espirituales que se mueren entre cadáveres que no conocen.

Los libros necesitan, digo mal, mis libros, los libros que yo acepto y amo son los libros que te dejan sensación, sea inquieta o buena, los que son capaces de llegarte al alma o al cerebro o al corazón, o al estómago; no me valen los que utilizan el simple asco o la risa fácil o el lloro sensiblero, eso no es llegar al corazón, o al cerebro o al alma, para eso hay que tener algo más que cuatro formulas manidas que atrapan peces con redes de arrastre. Helia me ha llegado de dos formas: por un lado me ha producido inquietud, una sensación de desasosiego de que algo se trama en el mundo y no es lo que precisamente describe abiertamente ella, no te está contando lo que te está contando, te está hablando, por debajo -sotto voce- de la humanidad, de los tiempos que nos toca vivir, de los años, horas y minutos, en los que la soledad y la inquietud y la nada es parte de la vida de la gente, de nosotros mismos, esa maldita sensación de que nada es como parece y las almas que recorren el mundo se mueven por intereses y nada se sostiene sobre nada excepto en el puro egoísmo. Y por otro lado Helia me ha llegado por algo que repito en todos los libros que comento y en los que lo terrible se cuenta de la forma más hermosa, sea en sus palabras, sea en sus concepción, sea en sus creencias o sea en sus tentativas, y Helia lo hace, crea un mundo extraño, corrosivo, un mundo de muerte en la lluvia, hambre en las casas, frio en el cuerpo, odio en los ojos, bajezas en las ideas, y lo convierte en una novela en la que todo parece encajar como un puzzle del infierno de Dante o del “Juicio final”de El Bosco, un lugar terrible, apocalíptico, pero.... cruelmente bello.

Pero no sería normal hablar sobre “Insania” y dejar el personaje de la niña Natalina, en una pequeña mención que hago a mitad de comentario, ya he dicho que es un personaje silencioso y constante, hasta -o es . tahur-que puede ser una metáfora del mundo débil, pero me he puesto a pensar y me he preguntado la razón por la que Helia creo el personaje, la razón por la que no habla, por la que recorre el mundo tomando lo que necesita, -hasta pedacitos de cariño- y el pueblo lo oculta a los extraños y la ayuda y la... Y me respondo como lector tramposo que soy, o me creo, que Natalina es la vida, la simple, pura y hasta inepta vida que nos toca vivir a casi todos nosotros, porque queramos o no, somos o valemos solo nuestros silencios, nos dan cariño y aceptamos lo que podemos o nos quieren dar, la gente también, sí, sí Helia, a veces ayuda aunque no sabe la razón o lo hace por inercia, , y somos tan ocultos para el mundo, como una mujer que ha pasado hoy junto a mí-como podría ser un hombre pero digo mujer porque yo soy hombre- que me ha parecido muy hermosa, y triste y he pensado, que a pesar de que aquí “solo” vivimos 27.000 personas jamás la volveré a ver -todo es fugaz y silenciosos-. AL final Natalina soy yo, al final Natalina y el mundo y yo y el futuro no es nada, no hay nada. Hasta las pequeñas cosas hermosas, o las pequeñas ayudas se olvidan y se van, hacia ningún lado.



wineruda

jueves, junio 22, 2017

EL MIRÓN de ALAIN ROBBE GRILLET






















EL MIRÓN de ALAIN ROBBE GRILLET

le voyeur 1956

SEIX BARRAL 252 Pág.

Trad., Juan Petit



La próxima vez que hable de literatura  seguro que hablo de otra cosa, de otra manera de verla que lo haré esta vez porque me dejo influir por mis últimas lecturas, y las tomo como lo más esencial que haya leído en mi vida de lector a saltos: saltos cortos, saltos enfadados, saltos de poco nivel, saltos de algún nivel; y será distinta porque leer a mí me parece que es el ejemplo más claro de inmiscuirte en una mundo y nadar en él hasta ahogarte en sus letras, morirte entre sus textos, sin poder de escapatoria, preso de sus ramas que te agarran de los tobillos, y de sus bosques de ideas que te confunden, y terminas azul, tenebroso y gris, tumbado,  en la calma de una ensenada donde acaba el texto; muerto , por las heridas y las imágenes y los verbos y los adjetivos, y las intenciones... sobre todo por las intenciones que tiene el libro; es el texto que te ha vencido. “ El mirón” -creo, por experiencia, mucha experiencia- es un libro al que la mayoría les produciría rechazo, por el simple hecho de ser un texto en el que lo mínimo es esencial, llamando esencial a lo repetitivo, a la búsqueda de lo exacto, es ello en sustancia, o casi, lo que mueve el lenguaje y el texto; es lo ínfimo, la mirada a lo sencillo o lo poco importante en apariencia, y a  la historia lineal o casi...La historia es un viaje a un lugar cerrado, a una isla, en la que un viajante, un vendedor de relojes a domicilio, que conoce la isla porque vivió allí hace muchos años, llega para ejercer su oficio. Sus cálculos de ventas y su intención de visitas, vueltas y de recorridos, son un itinerario preciso por la isla, por sus encuentros, por sus personajes, sus paisajes, sus calles, sus veredas, sus encuentros,que intenta crear, y lo consigue, que el texto sea una compleja red de verdades, verdades exactas, o casi exactas, porque siempre puede aparecer la intención de cambiarlas, o puede aparecer el simple azar, o un sucedido extraño, pongamos una muerte, la muerte de una niña que todo el mundo desprecia , casi odia, por razones que nadie acaba de decirlas, o acaso las dice pero el autor no quiere contarnoslas; acaso porque son mentira o quizá sean verdad. Yo sé que todo lo que dice la literatura es tan inexacto como tu entendimiento y la intención del escritor, y del día que has tenido, y de la fuerza del viento en aquel preciso instante, y de tus recuerdos y de tantas cosas que influyen en algo tan vital como leer.. Así que todo lo que dice la literatura, es verdad y es mentira. Lo que nos cuentan los libros son trampas del lenguaje, trampas de la imaginación, trampas de lo que se cuenta, trampas del autor; lo que se narra:¿Fue?¿Está siendo? ; el autor es un tramposo, es un receptor que deja entrar noticias y solo deja, como una radio estropeada, que salga alguna, clara o evidente no sé si lo son, solo es cuestión del lector...

Lo cierro es que sé, y si me pongo a hacer un pequeño esfuerzo sabría recitar los preceptos y la teoría de la NOUVEAU ROMAN, de la que Robbe Grillet, es su ¿maestro? Pero lo cierto es que me importa muy poco, digamos que un bledo, lo que sería contar y recordarme esa teoría,-hacer una lista, o un hermoso y directo enlace a la wikipedia o algún lugar similar-No, eso no quiero, no me interesa para nada, no sabré nunca más lo que es eso, lo olvidaré...Yo he leído una novela, y la interpreto como eso que es: un ejemplar único, -viejo y arrugado por cierto- de una novela que me explica algo; así que no quiero que me expliquen que plan tenía, qué teoría seguiría; no me importa, ni aunque hubiera sido entregado el texto por una zarza ardiente en la cima del Mont Ventoux, nacida de la nada., Para mí este libro nació en el instante que lo abrí, y crece o ha crecido en cada una de sus paginas, nuevo, virgen, suelto como una de esas viejas cometas que ya nadie usa, o como un yo-yo al que se ha roto una cuerda y rueda por una cuesta hacia un final desconocido ¿Destruido? ¿Reconstruido?

El mirón, el voyeur, como denominación fetichista en el lenguaje castellano es la esencia del libro,, pero no desde el punto de vista sexual, ni acomplejado, no, lo que señala es   la exactitud de la mirada de las cosas que pasan, o  las mínimas consecuencias de pequeños actos, o la simple precisión de una estancia o el mirar fijo de una niña que observa al viajante, o el golpeteo de las olas contra las piedras de la isla. Pero también la fijación en un objeto, en un espacio, en un tiempo exacto deja un agujero, enorme, a la ambiguedad, a lo que queda fuera de lo que el narrador cuenta, de lo que te dice el libro, de lo  que te oculta.. Pero tras toda esa figura espesa, casi agobiante, repetitiva a veces, que sujeta todo un entramado  de horas, minutos, kilómetros, metros, pasados y presentes; existe un recoveco que deja pasar otra cosa, un dictado extraño que no encaja ¿o sí lo hace? ¿Lo hace en el fraseo del redactor o en el eco del sonido de las palabras del lector? ¿Qué es? ¿Qué trampa esconde el libro?, Evidentemente, si has leído este texto con algún interés o si has llegado aquí, es evidente que la única cosa que puede alterar un mecánico, aburrido en apariencia, repetido y pensado recorrido de un vendedor de relojes por una pequeña isla , en la que quiere estar un día pero pierde el barco de vuelta, lo único, es la muerte de una niña que repele hasta a su familia.


La muerte quiere transformar el libro en una novela negra, aunque no sé si es la mejor definición esa, podría llamarla  policial, pero es más o menos lo mismo, pero yo  elegiría policial, por el simple hecho de que no hay policía en la isla. Que son las palabras, los recorridos de las palabras, las inexactitudes atrapadas al vuelo o al tacto, o el simple descubrimiento que desaparece y aparece en el texto el que hace que el lector sea policía y el escritor  sea el mirón o el ejecutor. Cierto, ¡eso es! podría decirte que incluso podría acusar al escritor de ser el asesino o, ¡oh!, un  simple descriptor de un accidente; podría decir que el lector puede pensar que todo es cierto o que todo es mentira, que las cosas que  no sabes y lees puede que  las has soñado o puede que las has imaginado,o, piensas,  si las  estás  elucubrando, recordando,o, acaso, estás saltandote una página que se ha pegado por la humedad de la librería que la sostuvo.

No sabes si la historia te falsea en ese recorrido por el tiempo y el espacio, minucioso, exacto, cuidadoso hasta casi exasperar, hasta casi pensar que la literatura por un momento es más-debe ser- movida, más repartida en hechos sustanciales y no renunciables, pero descubres que no, que es mentira, que hay todo tipo de literatura que debes aceptar, que debes amar, que debes saber que existe, que son miradas casi poéticas sobre un pequeño cordón que se mece en movimiento de barco, o es una alga que recorre el mar por una ráfaga de viento, o una mujer que no es lo que aparenta, o es un recuerdo visto desde el pasado hacia el futuro y luego, sí, al revés: del presente al pasado, todo todo todo, es literatura, todo admite la literatura si es de calidad, si no te aposentas en lecturas que exijan tu estómago o tu hígado, solo tu imaginación. Además nadie me ha dicho que solo leeré en mi vida a Robbe Grillet aunque sea la segunda vez que leo ”El Mirón” y me sigue sorprendiendo, lo listo que es el autor. Y que la muerte pesa más que la espuma de letras que desprende el libro, y va hundiéndose, y no sabes si la encontrarás o la has encontrado.




wineruda




viernes, junio 09, 2017

EL ESPÍRITU ÁSPERO de GONZALO HIDALGO BAYAL




















EL ESPÍRITU ÁSPERO de GONZALO HIDALGO BAYAL


2009

Tusquets Andanzas 

 556 Páginas





Borracho, ebrio, embriagado, bebido, beodo, alcoholizado, mamado, achispado, amonado, ajumado, ahumado, calamocano, dipsómano, alumbrado, con curda, colgado, como una cuba; así estoy después de leer este libro, pero no de alcohol, sino que tengo la sangre -y el cerebro y el higado , hasta los riñones- llenos de palabras; estoy empapado -desbordado, acuciado hasta la sorpresa- en palabras: palabras crueles, dulces, extrañas , numéricas, cuadradas, al cubo, de fórmula física,  inventadas, paranomásicas, neologismos, arcaísmos, barbarismos, latines, y griegos; o  palabras surgidas del habla de un pueblo perdido de la mano de Dios, y encontrado por la mano de un forajido, palabras que me inundan la sangre de ironía, y de feroces falacidades, bosquejos de ideas con sabor a hiel, y que no saben de dónde nacen y para qué, palabras procaces y salvajes, palabras como su mundo: curtidas, bravías y cultas.

El mundo enfrentado, -tu y yo, el y ellos, nosotros y vosotros, norte sur, paraiso infierno, riqueza pobreza, sarcasmo o fijeza,- enfrentado como el estado de la cultura y el del analfabetismo y el del  desconocimiento -y la absoluta necesidad de no saber-. La dicotomia de lo que quizá fue y de lo que realmente fue; la dualidad histórica -venganza futura-en la que la realidad de un hombre -humillado y acusado, vencido y torturado-- que luego fue cartaginés, pero cartaginés triunfante sobre los otros, los enemigos los de que siempre ganan y ganaron, los romanos, antiguos triunfantes humillados el vencedor vencido, el derrotado ganador. El perfecto enfrentamiento, la parsimonia de vida que no sabe qué camino escoger, y enseña que el mundo de las escuelas donde nada se aprende ni siquiera a vivir, porque a vivir se aprende en las tabernas, en las afueras de las escuelas, o en las calles de los pueblos perdidos, o en los campos donde pacen cabras y vacas, en riscos donde se muere despeñado, donde el poder es del señorito hijo de desgraciado y el desgraciado es el pobre siempre; Y el saber...el saber solo sirve para componer -o recomponer o construir a golpe de mano vacía- la vida de otros, componer verbos que expliquen el mundo, que lo remienden para que nonatos y para muertos vivos. Nunca para uno mismo , ni como profesor que solo eres soniquete murmurante de un organillo que se ha  repetido durante años -se va repitiendo-, ni nunca como alumno que solo eres el siguiente en saltar por la ventana de la vida. Ser o no ser, no depende de ti.





Y de la dicotomía, dualidad, partición, división, que es la novela, que va discurriendo su recorrido , a veces pantanoso, a veces como brazos de meandro, a veces como catarata rugiente, a veces como río tranquilo y pasmado, a veces con la calma chicha de la vida de un pueblo que ve pasar al vida. Vida que nos transporta desde el pasado al presente, y de hoy a ayer, y de nunca a siempre,  desde un pueblo apartado del mundo , un lugar etéreo, vacío, solar de sueños que no fueron, de origen que no fue, de energía apagada, Casa del Juglar, o Murias o.. Desde allí, lleva a Gumersindo, y con él a Pedro Cabañuelas y sus vidas , a Madrid, a estudiar y conocer sus vericuetos, sus vinos y mujeres, sus callejuelas y sus peleas, sus mentiras y verdades. Dicotomia y extraña aflicción que provoca y enseña que el protagonista ese viejo Gumersindo y el  niño Sin a la vez, , o Pedro Cabañuelas es  bandolero y alcalde, es futuro en el pasado, hasta el mismo  escritor de esas memorias propias y ajenas es amanuense falso y real y mentiroso a la vez.
 Partición que pasa de un profesor anciano-Don Gumersindo_ que es el niño que recorre las calles llenas de cenizas, mierda de vaca , de mentiras al oído y verdades a medias, de acusadoras y curas de poder y guardias civiles sin poder, y piedras de camino y que luego lo lleva , a la insultantemente moderna década de los años 80 en un instituto en los que los jóvenes son tan modernos como podrían serlo entonces -y Don Gumersindo tan extraviado como sus dialectos del latín recitados de memoria-,. Y allí me veo, con aquellos alumnos de Murias en el post-franquismo, con aquellos chicos tan patanes como lo fuimos entonces, tan enamoradizos como intentamos serlo y no somos, tan humanos como lo hemos sido siempre. Y también están  los otros  niños -loos figurantes con frase, moratón, vida y muerte, hasta amor apedreado- los de primeros del siglo XX en los que la escuela de los frailes era un lugar de rezo y palo, castigo y oración, de vértigo y miedo - creo que casi somos los mismos con otra vestimenta y otros canto, pero igual de perspicaces y tontos, tan inútiles como crédulos, tan crueles como inocentes-Somos, ambos -los modernos de marihuana y libertad, y los de vino barato y tirachinas-, vestigios de dos pasados. Todo es pasado en la novela, pero es un pasado presente,- el presente pasado-, porque nos habla de la vida, de la vida de alguien que vive, encerrado en el circulo horario, diario, anual, que nos rodea-;: el escueto vivir que nos repite sin cesar que la vida es la misma siempre-,. que va encerrándolo en su lugar, lo lleva, sin querer, aunque sus planes hubieran sido otros, al lugar que  eligió, o quizás, sí, un otro, un alguien que nadie conoce, ¿el destino?¿Dios? ¿el infierno? ¿la nada? Todos acabamos en los lugares que creemos nunca hubieran sido el final , y aquí estamos -presentes- en novelas que hablan de Don Gumersindo (Sindo, Sin), un niño que comienza a estudiar a primeros del siglo XX en un colegio curas y allá descubrirá el mundo extraño, paradójico, irreal de las lenguas muertas que enseñan que el mundo es siempre es mismo, por lo tanto están vivas como el mundo -.Así, nuestra vida es como el latín ahora, y como la canción de los Sex Pistols, sin futuro,


Gumersindo (Sindo, Sin) conocerá en el pueblo a un rufián, a un bandolero, que surgió en el pueblo, pero nadie acusó, solo amagó su condena, y desde su puesto de posible bandolero peligroso, Pedro Cabañuelas va ascendiendo en la vida de Casas del Juglar y de Murias entera, cultivando su cultura con Gumersindo niño, conociendo los latines , de donde aprende que los cartagineses son un pueblo admirable aun en la derrota, que por otro lado él no reconoce, y por contra sus enemigos serán escipiones romanos a vencer, y podrán ser vencidos.
Pasados los años, Gumersindo, don Gumersindo, escribe esa historia que será´recreada por el propio Gonzalo Hidalgo Bayal, robando de los escritos ocultos del profesor de lenguas muertas; , muertes, triunfos, derrotas, venganzas y ruindades que sucedieron en el pueblo, en Madrid durante la universidad y en la España que cruzó aquellos años de muertes, guerras, sangres y bendiciones apostólicas. Aquellos padres , rellenaron el mundo de hijos de los cuales Don Gonzalo Hidalgo -como colega joven de Don Guemersindo y escritor de sus memorias apañadas- va dando razón de vida y señales de movimientos en los años actuales. Grandes movimientos que se van repitiendo, solo las carreteras y los coches y la radio, o los instrumentos musicales no son los mismos, la vida de la gente es la misma, : beodos, asexuados, tontos, perdidos, fornicadores, músicos, perdedores, salteadores. Quizá solo queda una cosa que no es la misma, la justicia no escrita que existía en los pueblos donde no había más que razón de vida y de muerte, la justicia de la verdad y de lo que es justo, o del que es más listo, ahora solo queda la soledad del que nace para estar solo y no vencer nunca, ni aunque sea lo justo


El protagonismo rota entre el Antiguo casi , acaso, aún, bandolero , Pedro Cabañuelas, -y su prole y familia- y Gumersindo; que surgen y rigen un destino casi paralelo, entre obligado y destinado, sus mundos, de cultura sin destino, y de destino sin cultura, será la del pobre profesor de la España del siglo XX y del ´hábil generador de vidas y sueños y dineros que va creando el pueblo de Casas del Juglar a su gusto extraño y cartaginés; y la dicha de hacerlo supera la desdicha de su vida, y así se irá moviendo el mundo por este libro, que está lleno de sonidos extraños, extraños por diferentes, es una novela diferente, no busques veleidades facilonas, ni simetrías ajustadas a lo vendible, ni busques traiciones indebidas, ni facilidades de lectura y pago,. El latín nace y trasiega por sus pagos, los juegos de palabras rulan como un jarra de vino en una vieja cabaña, se sorprende uno con el humor irónico, tramposo, el humor con mirilla, el humor con tirantes, la broma con carretilla, , el chiste para mirar con periscopio o microscopio , incluso con telescopio; y aparecen hasta las canciones ochenteras de bajo presupuesto y serie B y hasta hacen prosopopeya de niños sin futuro de los 80, iracundos entre alcoholes y malos versos. Y …aparece...
Cabañuelas como rey y Gumersindo como juglar culto de latines y canciones de gesta cartaginesas .

Y no quiero perderme en contar cosas extrañas -mías- del libro, simplemente he intentado hacer un boceto, a carboncillo y borrando con una goma de esas con olor a nata que probablemente si fuera cierto su olor me hubiera embriagado, pero como solo es un ejercicio de estilo, diré que es una novela, no ya buena, esplendida. Y me impresiona, me deja completamente alucinado que webs - de alabado credo-que distingan escritores de “alta alcurnia” de la literatura española del siglo XX y creo que del XIX o XXiI ¿qué más da? ,no distingan a Hidalgo Bayal-lo subraye, lo diga siquiera-. Es impresionante, espléndido en su barbaridad. ¿Qué les has hecho Gonzalo? ¿Confundiste gigantes con molinos? O ¿ Ibéricos con bestezuelas?. ¿Delenda est Carthago?


No es un libro para leerse de una sentada -bueno yo lo hice, lo leí en un día-(pero es otro tema, lo bueno me obsesiona), así que si quieres leer un libro que no sea el que te aconseja el vecino acosándote en el ascensor con sus libros de biblioteca pantagruélica  y de portada de belleza arrullada y fascinante; agarra una silla-o mejor un sillón-, ponte las gafas de leer, apropiate de un diccionario -de los de libro no de los de Internet, no valen, no merecen la pena-y disfruta; sí disfruta del puro placer de leer historias, que la vida no vale para nada si no tienes un momento, un lugar , una silla, un sillón, un árbol viejo donde apoyarte, una encina donde colgar la hamaca, un aparte silencioso, una querencia para personas que no quieren leer lo que te aconseja la dependienta de la librería  del supermercado -no por no saber, sino por escasez de temas y tomos- y le apetezca leer una obra de arte. Arte de papel, arte de riesgo, arte de pensar, arte de no hartarte.
Pues te -os, les- presento:
-Aquí un lector con curiosidad..
-Aquí Gonzalo Hidalgo Bayal, escritor que hasta pudo ser el que inventó el bálsamo de fierabrás para lectores  (como me ocurrió a mí) Gracias


wineruda