miércoles, agosto 05, 2015

LOS PÁJAROS TRAEN EL SOL de ALISTAIR MACLEOD
















LOS PÁJAROS TRAEN EL SOL de ALISTAIR MACLEOD
as birds bring forth the sun and other stories 1986
RBA Edtr. 222 Pág.
Tradct. Miguel Martínez-Lage






¿Pueden hacer dos libros de relatos y un libro de memorias una carrera literaria? Una vez me dijo alguien, maledicente, que eran un sucedáneo de los 'one hit wonder' de muchos artistas musicales. A veces ninguna respuesta es definitiva, como nada en la vida y más en un tipo que sólo puede hacer suposiciones como yo. Pero me pareció una comparación tan estúpida que ni di esa respuesta. Rato después me puse a pensar en aquello y me dije que aunque si así fuera, que la inspiración llegó y se fue o que el autor regurgitó todo lo que tenía que decir o a lo mejor expulsó todos sus demonios, y, al fin,  no buscó nada más que proyectar en la hoja blanca ¿importa algo? A diferencia de los músicos que se arrastran versionando aquella canción hasta la extenuación, haciendo copia tras copia más o menos basada en su éxito pero con otro título. Los escritores desvelan la belleza, la dejan reposar por el mundo y no dicen nada más ¡debéis saber que esto paso en mi imaginación! ¡Y de ella me destierro para siempre!... A diferencia de otros escritores que aprietan su fama hasta lo infinito con libros infames pero con su firma; ellos, los otros, no quisieron hacerlo... Lo hermoso, lo auténtico, acaso sólo es el paso efímero de un cometa que atraviesa el cielo en minutos, pero que queda en las retinas de los que lo vieron para siempre. Pero esto sólo es una suposición... y ya dije no sé decir cosas definitivas.


Alistair Macleod es el que sólo escribió ese libro de memorias y los dos de relatos. Uno de ellos es el titulado : “Los pájaros traen el sol” y, puedo decir, que es uno de aquellos cometas que se estampan contra la tierra, o mejor contra otro planeta -no seamos agoreros-, y que abren un enorme cráter y una polvareda de espanto que quedara durante eones suspendida en la precaria atmósfera del lugar. Comparación, digamos que, osada... pero no la desechéis. Las palabras de las páginas del libro, las ímágenes, los temas, las pulsiones del texto, los rabiosos silencios parecen flotar en el ambiente tras una colisión. Una pugna que aparece en la mente y en el cuerpo tras una perdida. Siempre hay una perdida: de personas amadas, de lugares, de pasados, de ocasiones, de hijos, de padres...


Sobre los hielos del invierno y los fríos veranos de Nueva Escocia en Canadá, en la isla de Cabo Bretón, siempre suceden cosas... Animales, hombres, mujeres, mares, prados, montañas, muertes, brujas, visionarios, barcos, hijos... son los protagonistas de las historias que dormitan, despiertan o fluyen en aquellos lugares. Sitios entre mágicos y reales, espacios presentes pero también herencia de su pasado europeo -escocés-, emplazamientos de los que se vive para siempre o se escapa para volver, puntos donde parecen resumirse la historia de los mundos donde vivimos. Ésa en la que todos existimos con un lado de la mente eternamente perdido en el pasado -sobre todo alcanzada cierta edad. Los jóvenes siempre parecen inmunes a la muerte y la nostalgia-. Y las gentes de Cabo Bretón se aferran a su pasado -a las férreas costumbres, a la lengua gaélica, a la tierra, al mar- para seguir subsistiendo en aquel mundo inhóspito donde el trabajo no es parte de la vida es la vida unicamente. Y así aparecen leyendas tan ciertas como que el mar se hiela en invierno, y surgen brujas que no lo son, y perros del averno y ancianos con principios inquebrantables o, sin ponerse tan trascendente, un joven al que un toro fastidió un experimento escolar.




En todas esas historias aparece, siempre, un surtido de pequeñas historias que acompañan paralelas o tangenciales a la narración principal, gracias a las cuales recomponemos un paisaje que parecemos conocer como si fuera el que vemos cuando abrimos la ventana de la casa donde vivimos. Personas peculiares pero tan humanas, y por ello tan normales, como aquel anciano que pasea su caniche por el parque, o la mujer que lleva las bolsas de la compra, o el niño que patea un balón. Pero sin la aparente vulgaridad de lo cotidiano.

Y aunque el otro libro de cuentos de Macleod,  "El regreso",  me parece mejor libro - más redondo, más completo-, éste  tiene uno de los mejores cuentos que haya leído nunca: "Visión"






Wineruda










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