viernes, junio 24, 2016

EL ENCIERRO DE LAS BESTIAS de MAGNUS MILLS






















EL ENCIERRO DE LAS BESTIAS de MAGNUS MILLS
The restraint of beasts 1998
Ed Círculo de Lectores 183 Pág
Trad, Mariano Antolín Rato






El otro día escuchaba una canción en la radio, no recuerdo si era una versión o una original, y se notaba que estaba todo bien planeado y ejecutado, probablemente con la perfección de la informática. La mujer que cantaba tenía buena voz, y el conjunto era aseado y técnicamente bueno. Pero... era algo sin alma, anémicamente vació, una sucesión de notas huecas de sentido, como un fuelle tocando un saxofón o una vaca tocando el tambor con la cola. Inercia, pura inercia. Una cantante que quería ganar dinero sin dar nada a cambio. “El encierro de las bestias” tiene algo de aquello -bien ejecutado y planeado...- y, en apariencia, algo de nota hueca, de fuelle tocando el saxofón. Pero no, no es cierto, eso es solo la forma exterior; el libro tiene espíritu y entrañas. Notas, en el reverso de lo que parece poner, que algo bulle entre sus páginas. Sus textos embutidos en una simpleza fingida, destilan malvada ironía, de humor crudo sin añadidos. Imagínate que oyes un adagio que suena triste y tranquilo, tu mente comienza a huir a sitios lejanos, pero, de repente, un estruendo rápido y contundente, agita la melodía apenas un segundo, asaltando tus pensamientos y acelerando el corazón, “El encierro de las bestias” tiene algo de eso, pero como sin mala intención, como si el estruendo era algo que lo provocaron las circunstancias mientras pasaban por tu lado.


El libro es la historia de la monótona vida de unos colocadores de cercas para ganado que trabajan para una empresa escocesa. Ellos, dos jóvenes desarrapados y descuidados escoceses y un encargado inglés, se van moviendo por diferentes lugares haciendo su trabajo, hasta que les encargan un trabajo en un pueblo del sur, en Inglaterra. Allí les tocará colocar la cerca en un pueblo aburrido, donde beber cerveza, gastando todo su dinero, y mirar las pocas chicas que se mueven por los pubs, es su única forma de vida ajena al trabajo; iba a decir diversión, pero no sería la palabra correcta, porque ellos se movían por impulsos rudimentarios: comer, fumar, beber, trabajar, volver a beber y dormir. No ganaban para vivir y, tampoco, vivían para ganar. La rueda giraba inalterable todos los días, iguales hasta en lo distinto: así, la muerte les irá acompañando por sus trabajos de una manera inconsciente, casi inalterable, como si fuera la razón de la existencia, o, al menos, algo inherente a la labor que les ha sido encomendada.


Desde los tres protagonistas, hasta la legión de personajes que aparecen en sus aledaños, todos, tendrán una manera de mirar al mundo casi circunspecta, grave, a la manera de un Buster Keaton moderno, al que la vida no parece ni rozarle, y, si lo hace, no afectará a su ánimo ni a su templanza. Las más graves o las mas tontas de las circunstancias no tienen diferencia, asaltan sus dudas de la misma manera: es lo mismo un corcho en el suelo que un cadáver en el patio. Por lo tanto, la única conclusión posible que da esta descripción del libro, sí, es que es un festín de humor negro, oscuro como la boca abierta de un muerto, como la noche inglesa cuando cierran los pubs y se acaba el mundo. Toneladas de mal genio abarrotan los textos, hasta la vulgar mirada de un perro o la palabra intencionadamente inocente del escritor remite, más tarde, a una imagen o situación que no se espera. La totalidad del libro es, en realidad, una patada en el culo de la condición británica de ver el mundo, de pasear sus miserias, de sus trabajos mal pagados, de sus relaciones personales vacías, de sus mundos aburridos. ¿Condición solo británica? Pues no... la globalización nos lleva, como borregos hacia el matadero, hacia el interior de las cercas electrificadas para bestias que van apareciendo; sean con forma de televisión, de periódico, de bar, de campo de fútbol, de música cenicienta, de sueldos flacos, de pan, agua y circo.

Como un sueño tras una noche de desenfreno de alcohol, esas que el vapor etílico de tu propio sudor todavía emborracha, ese que es víspera de una resaca pastosa; este libro es una pesadilla de las que repites tu vida, una y otra vez, pero, en las pequeñas cosas, en las más nimias, es donde vas a descubrir la realidad de tu vida, la interpretación de tus comportamientos, el resultado final de lo que has hecho. Leer este libro acechando cada detalle, hasta el que te parezca inservible, es la manera de adentrarte en la historia que cuenta, conocer todos los matices, los dobles sentidos, y comprender todas sus maledicencias para con sus personajes. Para, en pocas palabras, reírte de todos y de todo.

Wineruda





martes, junio 21, 2016

MUERTE DE UN APICULTOR de LARS GUSTAFSSON


















MUERTE DE UN APICULTOR de LARS GUSTAFSSON
en bioldares dod 1978
Ed. Círculo de lectores 255 Pág
Trad, Jesús Pardo





Pasan los años, dejamos atrás la inmortal juventud, todos los sonidos de los pasos invocan recuerdos, nada parece renacer de entre tus huesos, quedan caminos por recorrer, pero menos que los que has recorrido. Así que todo comienza a terminar, nada deja paso a otro sitio, te debates entre lo que es un falso consuelo o una evidente realidad oscura. Hay algo que huele a silencio, a vela consumida y kyrie eleison cantado por voces muy poco blancas. Lars Gustafsson se plantea si quiere, el protagonista, leer la carta que le trae un anuncio, el de que todo se ha acabado: velas y kyrie eleison. Enfrentarse a la verdad o darte una falsa oportunidad, un engaño conocido, una burla a la mente, una tentativa de escapar de la cárcel para adentrarte en la estepa llena de frio y silencio: libre pero muerto, silenciosamente y ocultamente muerto. Tú, lector, dios de ojos semicerrados, cariatide de libros sobados, sabes que no tiene futuro; pero él, personaje, ejemplo cruel, cobaya sentenciada, no sabe, no quiere saber, qué le deparará la vida. Pero no estoy destripando el libro, Gustafsson no te engaña ni en el título, estoy escribiendo sobre lo que te plantea el libro:¿acaso te provoca una duda? ¿qué idea te vendría  a la mente? ¿quieres saber cómo o cuándo? Un papel te trae una respuesta, sabes que, sea lo que sea, llegará un momento que lo deberás percibir: o el dolor o el bienestar. Solo tendrás unos días o semanas de duda, todo seguirá igual, como siempre has querido: que nada cambie, que tus pasos suenen igual, que el despertador ilumine igual, que el aceite huela a quemado lo mismo que ayer, que los aviones dejen la misma estela recta en el cielo; es lo que debe ser... que nada altere esa pantomima de vida normal que aparentas vivir, ¡Joder! ¡Que estoy vivo aun, y no me duele más que el alma de esperar que reviente mi vida entera!

Unas simples diarios, desperdigados y despedazados, son los que nos cuentan los pensamientos, reflexiones y vida pasada de un antiguo profesor, que, prematuramente jubilado, se gana la vida como apicultor. Lars Lennart Westin, es un tipo normal, solo que le sorprende la vida, quizá porque le ha sobrepasado, le ha vencido en todos los terrenos, en cada una de las batallas. No porque sea un perdedor, eso es una idea estúpida creada por el cine o la literatura, como lo es el amor, que no alcanza a ser más que lo que espera que sea desde una ideas preconcebidas, que si no son alcanzadas, serán el sujeto de tu desprecio por la vida; esa vida que te has ido creando a la sombra, otra vez, de las cosas que te ha enseñado una mala película y un libro de pacotilla. No sabes de la vida más que lo que te han contado, o lo que han contado a los que te la han contado.

Nada parece dar compañía a Lars, solo algunos recuerdos y alguna visitas de desconocidos,. Todo es parte de esa nada que parece que es invocada y perseguida, soy el dolor que siento, siento el dolor. Todo acabará porque:

“-was dich nicht umbringt macht dich stärker-
lo que no te mata te hace mas fuerte- (Nietzsche)

La voz que se escucha en sus diarios es la del que quiere olvidar todo, pero es el dolor y el sufrimiento lo que le golpea cada dos o tres días, dejando apenas unos momentos de descanso, sabe que aquella carta que no abrió, que quemó, cuenta lo que no debería ser, pero él persiste en su soledad, en su silencio. Nadie sabrá, nadie le oirá, nadie le llorará, nadie sentirá lastima por él, por su enfermedad, por esa mala suerte que le ha acompañado en la vida. Ha sido tan poco él mismo, que el significado de la palabra “yo” parece esconderse,  entre todos los “yos” que puede ser, que son y que será en la vida. Nadie es dueño de su consciencia ni de su inconsciencia, somos tan poco nosotros mismos que nos confunde creernos diferentes, creer que somos únicos o dispares; somos masa, somos liquido que se escurre compacto por el fregadero al unísono, sin pasión y sin fin.

Hasta el sonido se para, los aviones no pasan, ni dejan estelas blancas en el cielo y, asustado, oyes el vacio: parece que eso no iba a ir contigo, que parecía que salia, solo, en las noticias, en los corrillos de abuelas en la esquina de la calle; pero todo está inmóvil, oscuro como las tripas del albatros- pájaro de mal agüero para  los marinos-; blanca como las lágrimas de las velas. Solos, tú y la nada.



Wineruda

lunes, junio 13, 2016

MEMORIA DE ELEFANTE de ANTÓNIO LOBO ANTUNES

MEMORIA DE ELEFANTE de ANTÓNIO LOBO ANTUNES
memória de elefante 1979
Ed Mondadori 152 Pág
Trad. Mario Merlino


Me rindo, bajo el puente levadizo, dreno el foso, destruyo la barbacana, y dejo que pase, que pasee como por su casa, que lo es, António Lobo Antunes.

 No me resulta fácil imaginar cómo se puede abastecer de belleza a todas y cada una de las 152 páginas que componen el libro sin saltarse una línea, y rellenarlas de lúcidas imágenes que sortean entre ellas el número que gana el momento de salir, sorteando los obstáculos con forma de semáforos de las calles vacías de ideas. Imágenes donde la hierba crece por doquier y de la que, al pisarla, se levantan cientos, miles, de palabras. Salen como los mosquitos que nacen de las aguas empantanadas; aguas cargadas de alimento, dueñas del placer de la quietud, de la corriente estática. Igual situación a la que que necesitan los verbos para nacer del pensamiento, ese que parece salir de donde nada ocurre, del lecho calmo de su río, pero que, en realidad, es el mayor generador de huracanes en el mundo. Como si Deep Purple pusiera en la plaza de mi pueblo altavoces a toda potencia mientras canta “Child in time” . Los agudos harán saltar los cristales de las ventanas, y los graves, levantar las faldas de las ancianas que miran con asombro como de unas palabras -cantadas- nace el mundo: furia y terror, belleza y luz. Luz que muestra caminos, pero también que enfoca el lugar donde debes mirar para observar ese puntito, pequeño y escondido, donde se encuentra lo hermoso. Lugar donde verás que se encuentra “Memoria de elefante”.

Cruzando Lisboa a lo largo de un día, un médico, un psiquiatra, cuenta sus cuitas, pasea sus desesperanzas, sus sueños, sus problemas, por lo ancho de las avenidas y por lo estrecho de sus posesiones; que empiezan en una casa donde remoja sus calcetines de hombre que ha dejado a su mujer, y limpia la conciencia de sus hijas sin padre; y que acaban en los hospitales que ahora defiende, y los que defendió en la guerra de Angola. Allá por los años donde todo parecía más difícil pero, a la vez, más factible. Todo podía ser, todo era inicio y posibilidad, hasta el amor y la vida entre sus miedos obsecuentes y sus obsesiones rebeldes. Entretanto en los entreactos de las nostalgias de pasados y amores perdidos, se descubre una ciudad que, aunque aparenta ser  un mapa de lugares - bares, escuelas, hospitales, prostíbulos...-;en realidad es la carrera de muchos personajes -borrachos, locos, perdedores, prostitutas, indigentes, colegas, sabios, abuelos, soldados, amantes-, que se retuercen cerca del psiquiatra y que parecen convivir en el texto buscando la manera de entrar en la foto de grupo en las que les espera un cámara con el flash de magnesio a punto de prender.



No habla el libro a través de complicadas tramas, no escribe sobre historias profundas, habla sobre las personas, sobre lo que hablan y piensan, acerca de lo que les ha pasado o les pasa. Lo que hace que el libro crezca y parezca gigante son las palabras: verbos, sustantivos, adjetivos, adverbios; todos llenos de poesía, de esos rasgos distintivos donde lo hermoso está en lo pensado, en lo descrito, más que en las situaciones ridículas, misteriosas, tensas, románticas o en las corrientes. Son las construcciones de frases, que conforman textos y que conciben imágenes, las que crean ese mundo de ideas tiernas, profundas, oscuras, terribles, sensibles, ilusorias, sabias. Oraciones sustantivas y predicadas a lo largo de un sinfín de conversaciones y pensamientos, que provocan que aparezcan senderos de donde no parece que existía nada: por ellos encontramos el camino al escondite donde está el poeta tímido. ¿Quién es el poeta tímido? Es el escritor que pisa con bota de bailarina el barro de los prosistas, pero que es un juglar, un cantante de fados, un labrador de campos de metáforas, un percutor de escopetas de imágenes; de esas que llenan el aire con un olor de acero y de pólvora de la que se usa para rellenar carcasas de fuegos artificiales; esas que ilumina el mundo durante segundos y dejan huellas en la imaginación de un niño recordado siempre, hasta en el lecho de su anciana muerte, el primer día que oyó los estampidos, que notó la caricia de la fina escoria y cogió de la mano a aquella muchacha que tenía los ojos dulces como pasteles de fresas color fuego y alegres como estallidos de caramelos. Mientras las comadres, ya viejas, miran con un ojo el cielo y con el otro a las jóvenes que lucen el siguemepollo mientras revolotean por la plaza entre la luz y la oscuridad de las explosiones.



El sonido de “Child in time” rebota en las paredes de mi pueblo; todavía retumba la voz de Ian Gillan: la lluvia de cristales sigue cayendo, los niños levantan los brazos en las cunas, los perros sonríen a las viejas que bajan sus faldas; todo parece haber cambiado entre mis conciudadanos, incluso los mas reticentes saben que tras la palabras, estén en inglés, en portugués, en prosa poética o en gritos agudos; está la belleza pura y dura, sagrada y bastarda, porque no es hija de nadie, aunque lo es de todos.



Wineruda