viernes, marzo 31, 2017

POESÍA de LUCÍA SÁNCHEZ SAORNIL

















POESÍA de LUCÍA SÁNCHEZ SAORNIL
Ed. Pre-Textos/ Ivam 177 Pág.


SOÑAR, SIEMPRE SOÑAR

Has jugado y perdiste, eso es la vida
El ganar o perder no importa nada;
lo que importa es poner en la jugada
una fe jubilosa y encendida

Todo lo amaste y todo sin medida
¿Cómo puedes sentirte defraudada
si fuiste por amor crucificada
con un clavo de luz en cada herida?

Sobre urdimbres de olvido van tejiendo
lanzaderas de ensueño otra esperanza
de un morir cotidiano renaciendo

porque un nuevo entusiasmo nos transporta
a otro ensueño entrevisto en lontananza
y en la vida, el soñar, es lo que importa.


La veo como desaparecida del mundo, de la historia de las aulas, de los libros, apenas unas menciones de mujer poeta en antologías poéticas y, sí, presente mujer en libros anarquistas y feministas. ¿Deja una poeta de ser poeta por cantar a sus ideas?¿Deja una poeta de ser poeta por perder una guerra?¿Deja una poeta de ser poeta por ser mujer? ; la veo como un espacio vacío para los libros de textos, para los libros de poetas, en los almanaques de vivos, en las listas de personas que alguien-alguno-  piensa que hicieron algo por los demás; la veo como desnuda en un país de vestidos de cartón falso; la veo como perdida en un país de un millón de perdidos; la veo como tinta invisible en un cuartilla para escolares. Así veo a Lucía, así la descubrí, en apenas unos textos, en pequeñas y grandes reseñas para mínimos recuerdos y enormes homenajes de sus mujeres libres, de los anarquistas... quizá.. no sean únicamente  homenajes, creo que son más un rastro de piedrecitas que nos quieren marcar el camino de vuelta a una casa, la casa de una poetisa.

ELEGÍA INTERIOR

Qué viento, de repente,
ha secado tu alma?
***
Oh, si pudiéramos
hundir las manos en el fondo del tiempo.
Y traerlas colmadas
de las emociones antiguas!
Si pudiéramos, de nuevo,
leer las páginas que hemos dejado atrás
en las estanterías del pasado
entre el polvo de nuestra vida.
Minutos! Estampas inefables
que colgamos en nuestra galería
interior; galería encantada
donde había una brisa
que abría de repente las ventanas
a un eco de canciones
y de besos...
Quién ha cerrado nuestra galería?
Quién puso luto al sol?
Quién ha cerrado el libro
de nuestros madrigales?
Qué te ha dejado fría?
Qué viento, de repente
ha secado tu alma que no la encuentro?
El tiempo
sigue apagando lámparas
alma loca, alma mía.


Nacida en 1895 sus poemas primeros son hijos de los pasos de los poetas y la poesía de sus tiempos, de sus libros de aprendizaje, pocos, sacados de los tiempos libres en el trabajo y en la labor de hija convertida en madre de sus hermanos. Hija de su tiempo, sí, pero descendiente también de la imaginación, de la ciencia poética que se aprende, pero que, sobre todo, se descubre en algún rincón de las sienes, en ocultos sitios que son también donde se origina la creatividad, la rebeldía, la sensibilidad, la rabia, el horror, la pena, el amor, el desamor, y la belleza. Ser poseedora y dueña del molde de la belleza, el crisol frío que ya ha forjado todos los poemas antes de que ser escritos por la poeta.
Los tiempos la llevaron desde una poesía amorosa y clásica primera al movimiento ultraísta; el efímero movimiento, el soplo tenue de una poesía a la que Lucia añadió versos y, sobre todo, miradas que, a pesar de todos, no han desaparecido. En esa especie de mecánica de los versos, en el intento de adaptar el frío tiempo de lo moderno a la literatura, el espacio de hierro y de luz eléctrica se convierte en calor en las palabras de Lucía; no es una poesía de estética, no es un poema para adornarse, no es un lugar para sentir el aire helado de las almas: no, esa no es Lucía, no sabía hacer eso, ponía todo sus sentimientos al servicio de las letras, y , más tarde, de las ideas.

HORA

La tarde
pegaba su cara a las vidrieras
Vivíamos un verso antiguo
Desde el fondo del cuarto
el espejo dialogaba con nosotros
Tus palabras se troncharon las alas
contra los cristales
Cambiábamos las manos
como bandejas colmadas
de los frutos nuevos de las promesas
Los labios tímidos
apretaban su horca
mientras la tarde
nos volvía la espalda
arrastrando la pena


CAMINOS DEL ARCO-IRIS

Eché mi corazón al mar
en busca de tu huella
Eres lo que no se sabe
bruma
Yo iba abriendo caminos de arco-iris
para alcanzarte
y tras tus pasos
seguían mis antorchas
cuando tu mano de oro
abrió mi costado izquierdo

Y, me reconozco a mí mismo paseando entre sus versos que se apremian para buscar más salidas a sus ideas, como buscando un sitio para desembarcar y asaltar otros paisajes o, quizá, reconquistar antiguos paisajes, nunca sabes si... Y yo, por ello, veo que Lucía sale en todos sus poemas, su voz no es la tenue marca del elogio a lo vacío o del escape de vapor a la nada, su voz no se esconde en vanas frases: siempre tienen un sentido lejano a la belleza por la belleza; ella puede hablar del amor, o del olvido o de la guerra o de la muerte o de la paz o del mundo, pero no en vano, nunca en vano.


NOSTALGIA

Del fondo de nieblas
donde duermen
todas las músicas que hemos oído
como suspendidas
en un calderón interminable
me llegó
por el telégrafo del recuerdo
una incongruente melodía.
Un fresco olor de rosas recién abiertas
me conmovió,
Mis oídos, ávidos
para todas las voces inmóviles en la niebla
recogieron esta vez, mojada
como si saliera de una piscina.
Voz que venía temblorosa
como su hubiera corrido de estrella a estrella
hasta llegar a mí
y que me estremecía
como nos estremecen los adioses
que solo se dan con la mirada.
¿Qué voz era  esta
qué tantos retornos incoherentes
levantaban dentro de mí?
¡Y era mi voz más antigua.
la que lloró
por una estrella y por  un beso,
la voz blanca,.
Aún no teñida por ningún matiz:
la voz aun no moldeada
por palabras exótica
mi voz más antigua!
Y yo la desconocía
porque mi voz de hoy,
que se confundido cono tras voces
y se ha torcido con palabras enrevesadas,
ya no sabe llorar por las estrellas.
Estar tarde
la ternura de mi voz más antigua,
me ha hecho llorar
mis lágrimas más amargas.

Y si su voz hablaba desde el sentimiento muchas veces amoroso, que sea hacia una mujer o sea al puro sentimiento no tiene importancia, era la sensibilidad de sus palabras a su amada o al mundo, al puro sentir que la llevó a dejar la poesía para saltar hacía lo contrario a lo impasible, a lo contrario a lo impávido; la llevó a saltar a la ternura por su gente, por su genero femenino, a la sensibilidad por sus ideas anarquistas; cambió todo por defender a los suyos, con el periodismo y la voz en las radios.

No sé lo que haremos o haríamos o hicimos sin mirar lo que nos merece la pena, no sé cómo podremos o podríamos o pudimos vivir sin ser nosotros mismos, sin defender a mi hermano, a mi amante, a mi vecina, a mi solitaria de débil sonrisa de enfrente, a mi pobre enfermero de la esquina, a mi telefonista de la casa del cruce, a mi anciana de pan prestado, a mis niños de cartón armado, a mis amigos de paro y puntilla en la espalda.¿ Cómo poder vivir sin defender a los tuyos?¿Cómo defiende una escritora? Con las letras en los periódicos-ella, de la CNT- ¿Qué hacer cuando la guerra ya se oye desde tu habitación y el terror y el miedo parece vencer? Un poeta se arma de palabras y las arroja, incendiarias...


Leo que este poema se abría, desde la radio, en el cielo de Madrid mientras las bombas y las balas sonaban en la lejanía y los aviones lanzaban bombas que caían sobre Madrid, aquel día , Lucía hablaba...


¡MADRID, MADRID, MI MADRID!...

¡Madrid, corazón del mundo!
-no ya corazón de España-
como túnica de cristo
malhechores te desgarran.
        ¡Ay, rondas de mi Madrid,
ríos de sangre y de lágrimas!
Tus noches no son tus noches
llenas de luz hasta el alba:
son pavorosos abismos
en cuyas negras entrañas
revientan frutos del fuego
maduros de vieja saña

***
¡Madrid, de los arrabales,
ríos de sangre y de lágrimas
abre la tumba a tus muertos!
-A nosotras, Malasaña!-
van las mujeres rugiendo
trémulas de fiebre y ansia,
galopando en potro de ira,
con las manos desplegadas
a la busca de campos de odio
de amapolas de venganza
¡Madrid, corazón del mundo,
corazón que se desangra!...
Por la Puente de Segovia
sube de cara al alcázar
entre roncos alaridos
el pueblo pidiendo armas.
-¡Madre, madre, me han matado
al hijo de mis entrañas!
--Anoche dejé a mi padre
quieto el corazón, sin habla.
Boca arriba en el arroyo
buscando un cielo sin alba.
-¿A dónde vas, compañero?
-Deja, mujer, que me vaya
no tengas celos de nadie.
Que es la muerte quien me aguarda
para jugarse conmigo,.
Firme el pulso y cara a cara.
La vida de mi Madrid
que tiene preso en sus garras.
-Voy contigo, compañero,
los dientes tengo y me bastan.

***
- A mí los de Avapiés,
Curtidores y la Caba;
los mozos de pelo en pecho
dispuestos a lo que salga.
Por Las puertas de Toledo
va en aluvión la “canalla”
en busca del enemigo
ciegos los ojos de lágrimas
prietos los dientes de ira
chocando al aire las armas.
¡Madrid, Madrid, mi Madrid
haremos una muralla,
con carne huma y de fuego
y a ver qué guapo la salta!

***
Todas las horas del día
están cortadas de alarma.
Cruzan veloces las calle
campanas precipitadas,
sirenas agudas gritan
en la noche ciudadana
y contra un terror oscuro
los sueños rompen sus alas.
         Debajo de las estrellas
los negros aviones cantan,
serpientes de traición silban
que hasta a al muerte acobardan.
La cuna que acuna al niño
no por ser cuna  se salva;
y crujiendo en su raíces,
muda de terror, la casa
alarga sus escaleras
y hace más honda su entraña.
¡contra el cielo ennegrecido,
pegan sus lenguas las llamas!

***

¿Muchachos al parapeto!
Desde Madrid os reclama.
¡adelante mujeres!
¡¡Adelante ! ¿Quién se tarda?

Una hora vale un año
un minuto una semana
¡Hagamos un muro de carne
y a ver qué guapo la salva!

Ella fundó un grupo de mujeres libertarias, por ello libres, en tiempos de pobreza, tanto material como de conocimientos, saber descubrir y salir por ese camino es saber mirar por dónde aun ahora hay muchos que no saben mirar. En sus poemas, de esa época, siempre aparece la mano de la mujer siendo primera en la línea, primera en la lucha, primera en los frentes, nunca segunda...

-Voy contigo, compañero,
los dientes tengo y me bastan.”


Llega la derrota, llega el fin, llega el exilio, llegan los nazis a Francia, llega el miedo y nuevas derrotas. Los caminos se hacen de vuelta, y el único lugar donde ocultarse es el lugar donde te buscan, donde nadie espera que des tus pasos de nuevo;  hay que volver, a fin de cuentas estás con ella, tu compañera, y son tus tierras y es  tu aire y tus recuerdos y tus huellas, esas que nunca perdiste; sí,  eso no lo perdiste Lucía. Solo perdiste tu existencia en primera fila, en el primer paso, eso perdiste, quizá demasiado vencida por la vida, o, quizá, demasiado presentes tus batallas como para que una urgencia de mostrarte te pierda. Tú solo lo sabes, y sea el que sea tu bosque perdido en ese otro bosque perdido, sea lo que sea tu anonimato para tus páginas en blanco, sea cual sea, serás solo y siempre un ejemplo de mujer libre.
.
CÍRCULO CERRADO

No trates de escapar, es imposible
estás dentro de ti, sin huideros;
eres un duro claustro, un verdadero
callejón sin salida, Insostenible

es esa angustia , este rondar terrible
por dentro de ti mismo prisionero;:
diseñado en tu llevas tu sendero
en cerrado contorno inamovible.

Y apuraras tu vaso hasta las heces.
En círculos cerrados enloqueces
buscando una salida a tu camino:

Pero toda salida es ilusoria.
Porque, en verdad, la vida, es una noria
rondando sobre un eje de destino

Y la vuelta a España se convierte en una estancia discreta, en un solitario pasar de horas con su amor, ellas dos contra ese destino y contra todo, Y los aliados de la suerte y el arte desaparecen y apenas quedan poemas, a la vista, que nos hablen de ella, porque siempre habla desde sus poemas, desde sus versos de amor, de lucha, de mujeres, de combatir, o, como estos, que cruelmente nos quedan en los días cercanos a sus muerte, en la que combate su mente entre sus ideas y sus anhelos de sobrevivir, de trascender a la muerte, y lucha su mente con su lógica libre y su lógica debilidad: Dios y la nada, anhelo y sensación, miedo y realidad, tristeza y orgullo; el resultado está , de nuevo, escrito en sus poemas; todas las luchas de sus vidas, ya dije, están en ellos,



¿OH QUÉ CUENTA...!

Quiero serenidad para morirme,
que he de saldar un crédito de vida
que no pedía, pero comprometida
a gastarlo me vi por redimirme,

De luz tengo un “haber” logrado en firme
y de sombra una atroz “contrapartida”;
entre luces y sombras sumergida
¿No hallaré un clavo ardiente donde asirme?

Jamás el “debe” y el “haber” de acuerdo.
De la luz a la sombra resto y pierdo.
-¡Oh ! Qué cuenta la vida ¿Inacabable!-

Sume´, resté, borré continuamente:
y a la cuenta de Dios inexorable
seré deudora sempiternamente.

E DIOS

He de creer en ese Dios absurdo
ese Dios que hizo al hombre contrahecho
exigiendo lo recto pro lo zurdo?

¿quién inventó ese Dios de horca y cuchillo
que creció y se nutrió de guerra santa?
Con halagos ta Dios y al hombre espanta
su miedo tenebroso y amarillo.


Tan amarillo como la ictericia
enfermedad terrible que se inicia
en el vientre poluto de la madre

Cuerpo y alma luchando medio a medio
para acabar podrido sin remedio;
pera tan solo cuando a Dios le cuadre

Los tiempos pasaron y llega el final de una vida en primera fila, y, al final,  en el sótano de los tiempos, pero sujetas a ella, prendidas de su cuerpo, sus ideas libertarias y de defensa de la mujer, y , parece que se la ve posada, solitaria y erguida, enfrente de su arte; ese arte cuerdo y, a veces, punzante y crudo, o con ternura o miedo o tranquilo o dubitativo o rabioso con el mundo que le rodea, y es así en todos sus versos, seguro, aun entonces después de tantos años...

Vencer o perder poco importa, son los hechos, y sobre ellos la impronta de la persona, ese gusto y regusto que deja en el paseo que traza, ese vacío repentino en el aire, esa oscuridad en el sol, eso es lo que importa: seguir existiendo desde los altos de la poesía, o los rascacielos de las mujeres libres y libertarias, pero, seguir siendo ella misma, tras todo este tiempo y aquellos olvidos...


SERENIDAD

Quiero serenidad , me dije un día
quiero serenidad para morirme.
Yo, que afronté la vida sin rendirme
aceptaré la muerte sin porfía.

No quiero que me gane la impaciencia,
que este absurdo esperar sin esperanza
no se me haga tortura, a semejanza
de un turbio agonizar de la conciencia.

Para pasa el ecuador temido
quiero mi rebeldía , sosegada
y el ímpetu domado y contenido.

Que , si al fin, a morir he de rendirme,
no he de ser con la muerte porfiada.
Quiero serenidad para morirme.



Wineruda

viernes, marzo 24, 2017

DONDE MUEREN LAS MUJERES de MARÍA DOLORES SERRANO FORERO


















DONDE MUEREN LAS MUJERES de MARÍA DOLORES SERRANO FORERO

Ediciones Vitruvio
73 Páginas

Me siento frente a una mesa de un bar, abro el libro y lo leo, dialogo con la autora, hablo con Dolores desde la infinita distancia, suena música en el bar, no reconozco lo que es, suenan los vasos chocando unos con otros, suena el murmullo de los otros clientes a mi alrededor, pero, cuando comienzo a leer no existe nada, ahora nada. Los poemas suenan y me cuentan sobre ella, en un momento me viene a la cabeza el mago que corta a su ayudante en dos, atravesada por espadas y filos; de pequeño creía, incluso, ver el centro de las muchachas, magia, separarse para luego recomponerse; pensaba, recuerdo, en aquella época de primeras comuniones y misas de domingo, que el alma se podía escapar por aquel terrible corte, aunque luego se recompusiera, magia. Con el tiempo aprendes, descubres, que no, que no se escapa el alma por misteriosos cortes, el cuerpo parece partirse y el alma se escapa por las palabras, por los poemas, por el dolor, por las miradas, por el pasado, por el amor, por el desamor, por el recuerdo, por la soledad, por la tristeza...y que cruzan, todas,  tu cuerpo suspendido, asomado, sobre el libro. El bar retumba más que nunca. Dolores me está contando lo que hay... que la vida es así, esa vida ha sido de ese modo, es el modo que la ve; los poemas son métodos de desnudarse y desnudar, Me habla de mujeres, de sus mujeres, ella, su madre, y por ello de todas las mujeres, madreshijas, hijasmadres, todas. Todas suspendidas en su cielo oscuro y blanco, oscuras por su invisibilidad, blancas por su vida. por todas las vidas; oscuras por sus noches de juegos y recuerdos, blancas por sus mortajas.

ESA SENSACIÓN DE LOS TELEDIARIOS

I

Algunos telediarios me impactan profundamente.
Esta vez ha sido un niño a los pies de su madre.
La mujer estaba muerta y se la comían las moscas.
En el mundo muchas mujeres mueren cada día.
O se mueren o se cansan de vivir. En realidad
nacen muertas , pero no lo saben.

En España, cada año son más niños huérfanos.
A sus madres las matan y a ellos los meten en los reformatorios,
para que se los coman las moscas y se olviden de sus madres.
Acaban muriendo porque no pueden desprenderse
de la inmensa tristeza a la que están condenados.

Siempre me acuerdo de mi madre cuando veo el telediario.
Le gustaban las flores y fregaba los suelos con lejía.
A mí me dolían las lágrimas que se tragaba sin decírselo a nadie.
Era cuestión de tiempo que se cansara de vivir.
Yo también estoy cansada, pero mis hijos no lo saben.

Esta mañana, he amanecido con los brazos encogidos
como las alas de una mosca, Me consumirán los pocos rayos
del sol que entren por la ventana y volveré a obsesionarme
con las voces de los niños que no pueden salir corriendo.

Luego están las mujeres muertas,
después de toda la noche, querrán convertirse en niñas.

2

Recojo con la bayeta la sangre de mi madre.
Es una pena, pienso, nadie se acuerda de nosotras cuando morimos.
Después de recoger la sangre siento que estoy muy cerca de ella, a
punto de darle la mano, pero no tengo el valor suficiente para hacerlo.


Me habla, sí, desde los poemas, pero lo hace al oído, como un latido suave,  como una letanía, como una oración que no necesita metáforas, no necesita fuegos literarios artificiales para expresarse, para contar lo que quiere, porque sus versos, sus ideas, van descubriéndose, página por página, letra por letra, imagen a imagen; como una escalera de ideas que  como hacíamos de pequeños aquellos murales, aquellas cartulinas con recortes que hablaban de nuestro mundo, de nuestra familia, de nosotros solamente; iguales, al fin, de lo que ahora hacemos con las viejas cajas llenas de hermosas  fotos antiguas o cercanas: intentamos  recomponer historias. De este modo esa escalera de ideas que salen en los poemas nos revela un universo, que sea solapado o sea visible, que sea el óleo de un pintor frente a un espejo; es el secreto del escritor, del poeta, del que se ha bajado la cremallera del cráneo.


….

9

Una puerta.
Detrás, restos de comida sobre la mesa.
Al niño lo tenía al pecho, llorando.
Toma, ponlo a la luz a ver si responde, me dijo.
Lo alcé en brazos.
Temblaba, como si fuera una bolsa de nieve.
Haz que deje de llorar, repetía.
Después se marchó cerrando la puerta.

Hacía frío.
EL niño me pedía brazos con los ojos.
Yo lo miraba queriendo responder,
pero mis párpados se habían convertido en
en pellejos de manzanas.
Una pérdida de sentimientos.

Había una cuna de mimbre.
Pero los niños en las cunas  no olvidan.



Pienso, por un momento en la figura de la madre de la que hablan los poemas: está, creo, la figura de la madre de la autora -a ella se lo dedica-, pero también, por extensión, la figura de la mujer madre, de la mujer al fin. Y sus figuras tienen la separación que se encuentra entre lo que se recuerda y se quiere y se requiere, de nuevo,  en alguna alada alma distante, protectora, espantadora de miedos, de heridas, de los estallidos del convertirte en adulto.

2

Algunas veces, jugábamos a escondernos entres sus faldas y
otras íbamos como los perros, más cercas del pan a cada paso.
Sé que nos miraban mientras comíamos porque sabía que la
historia no terminaba ahí, que no terminaría mientras
viviéramos, que siempre tendríamos hambre de nuevo día.
Escenas anudadas a la matriz de mi madre. La sequedad del
pan asomaba entre los dientes.

.

Y está la otra parte de madre mujer que es ella misma, que son las hijas que ahora son madres en la distancia de los años y de los sueños caídos o vencidos, con la distancia de las batallas ganadas o por ganar o perdidas y por perder; y que se descubren, que te descubres, cubierta con el peso del tiempo, y con los pasos silenciosos de la soledad y del fantasma de la nada. Pesadas cargas que caen
en los momentos que ya no hay sonrisas los sábados por la noche, como había de joven, ahora quedan los tiempos, otros...



.
5

Una mujer
se acerca al final cuando
solo tiene por nombre
la voz de sus hijos
al nombrarla.

Me dicen Clara cuando
voy a pasear por la orilla.
Entonces , alguien me llama
por mi nombre, Y no sé
qué responder.

.


A veces parecen los poemas la transcripción de un sueño, quizá una pesadilla, como un verso pegado a las pestañas que se cierran sobre el ojo, parecen querer enseñar lo que oculta la noche, esas cosas que siempre asustan, esas cosa que parecen descubrirse más claras, por más tristes, en la soledad de tu habitación, en el silencio de la oscuridad, o en el pozo que deja la humedad fría de tu almohada. Así, descubrir qué es un deseo o un miedo, saber si sucedió de verdad o es un engaño, como el del mago de las espadas.

Suena música en el bar que leo el libro. Es la misma que oía hace 20 años, siento, sobre los oídos y después sobre los hombros, el paso del tiempo. Los poemas me llevan, con ella, a la idea de haber pasado por muchos caminos y que llego, llegamos, a un cruce que vemos al final un horizonte cercano, más que antes. Y nos giramos y no vamos los mismos, no vamos todos, y hay trechos del camino que ya vamos solos, repentinamente solos, extrañamente solos.


2

Cada vez quedan menos cosas: algo de ropa vieja, un piso
de cuarenta metros al que le sobra espacio y el recuerdo
que me dejaron mis hijos. Por lo demás no sé si me levantaré hoy.
Sirve de algo alimentarse, caminar, dar la mano a alguien por
la calle, hablar. Escribir ayuda. Lo que me queda, es lo
irremediable, lo que se pega por dentro, como las impurezas
de algunas piedras.


Miro el vestido que hay sobre la silla. Me lo pruebo. EL espejo
me devuelve el eterno vestido de flores. Escribir ayuda. Me
acerco al dolor del aire. Imagino el dolor del aire. Imagino
besar.

.
Los poemas del libro hablan de lo que es la vida, de todas las vidas y de una vida, la de la poeta, porque es encargo de esos escritores pasar del yo al todo, y del todo al yo, para que descubramos, nos descubramos en esas vidas, en esos gestos, en esas estaciones; o en las mujeres de este libro que, aunque yo sea hombre, son velas de todas las oscuridades, de las tuyas y las mias.
Y así es un libro engendrado desde algún lugar dónde se encuentran las voces de las mujeres que rodearon a Dolores Serrano Forero, no ahora, ni siquiera ayer, sino todas las mujeres que engendraron vidas y sueños, todas las que, remontadas en siglos, la parieron a partes iguales con su madre, porque es la herencia de todas, porque todas son mujeres y todas mostraron, contaron, a sus hijasmadres cómo fue su vida. Herencia que se esconde, silenciosa, en algún lugar de los sueños, por ello de sus poemas.

6

Mi madre tenía un sueño:

al calor
de sus hijos
escribía poemas
imaginando
el mar.


¿De dónde nace la poesía? ¿Para qué?¿Qué la provoca? Del deseo de espantar fantasmas, pero también de... salvarlos...

Cierra el bar, es de noche, es tarde, ya casi no veo las letras del libro, pero las reconozco a pesar de la oscuridad, no las olvido.

wineruda

viernes, marzo 17, 2017

EL GABINETE DE UN AFICIONADO, HISTORIA DE UN CUADRO, de GEORGES PEREC



















EL GABINETE DE UN AFICIONADO, HISTORIA DE UN CUADRO, de GEORGES PEREC
Un cabinet d'amateur: histoire d'un tableau 1979
Anagrama Pág. 109
Trad. Menene Gras Balaguer


Hay varias formas de leer un libro, leí una vez una vieja enciclopedia de un tomo que daba una receta que parecía resultar adecuada para según quién. Decía, creo recordar, algo así como: agarre usted con firmeza el libro por el lomo, observe la portada, y si es de su agrado, con un movimiento suave pero firme, abra la portada, observe la portadilla, y, si vuelve a ser de su agrado, pásela y comience a leer el libro. La lectura debe ser ágil pero decidida, no improvise, haga usted caso de todo lo que diga el autor, al pie de la letra, pasará por la introducción, el nudo y acabará en el desenlace. Cierre el libro, comience otro. Sin embargo, me acuerdo más cuando , ya hace mucho, oí a un anciano sagaz que comentaba a otro en el tren que me llevaba de pequeño a un puerto lleno de barcos con olor a madera mojada; decía, digo,  aquel anciano, que los libros son como los anzuelos que solo sabes el agujero que te han hecho cuando te los sacas de la boca. Yo era pequeño -y torpe- así que leí “Moby dick” queriendo entender lo que decía aquel viejo sagaz, pero esta hablaba de arpones y no era lo mismo, eso sí adoré a las ballenas blancas. Dejé pasar el tiempo y más de un manual de pesca, incluso algún libro de “numerología” (por lo raro), hasta que un día llegó a mis manos -gracias mundo- “El coronel no tiene quien le escriba”, ahí entendí al anciano sagaz: hay libros que empiezan, de verdad, cuando se acaban.


Un libro que habla o juega – en la misma cantidad y decisión- con las palabras o, sería mejor decir, con las ideas, con lo textos, con la semántica real o simulada o asimilada o posible de lo escrito, pero también con ese significado oculto que sobrepasa la acumulación ordenada y tradicional o lógica de las palabras y las frases y las páginas para dar la expresión de su razón real, la que quiere contar realmente el escritor, o, por lo menos, la que descubre el lector, o, mejor, la que puede o debe descubrir, en exclusiva, cada lector. Los libros son palimpsestos que deben ser pasados por el aparato de rayos x, o el escaner, o el revelador de tinta mágica que siempre tenía a mano los investigadores de Enid Blyton o de los “Tres investigadores” -sí, el limón,- y, así encontrar el significado y análisis y el descubrimiento desnudo,que le da el que los lee y decapita.

Un cuadro encargado por un rico coleccionista sorprende en una exposición ocurrida allá en Pittsburgh (Ohio), allá por 1913, en una conmemoración de los 25 años en el poder del emperador alemán. Dicho cuadro, pintado por un diestro artista llamado Kürz, tiene la notable diferencia con otros que describe los más importantes cuadros de la colección de su cliente, entre ellos está el propio cuadro pintado, que aparece, como en un juego de espejos enfrentados, una y otra vez, copia tras copia en el mismo dibujo. El cuadro cobrará inusitada fama por la curiosidad que provoca esa  repetición de si mismo multitud de veces en el lienzo, y ,sobre todo, las mínimas variaciones que dibujará el pintor en cada versión de los cuadros allá dibujados. Tal fama provocará un atentado contra el dibujo, con ello acabará la exposición, y comenzarán los estudios y las críticas y las ventas y los avatares alrededor de él y de sus personajes.

Mi anzuelo en la boca me ha sujetado la lengua y las encías, me ha dejado un hueco que relleno con masilla de ventanas y pegamento de papel; el primero para que no se me escapen las ideas por los esquinas de la ventana por las que entra esta brisa fría, y la segunda para aprehender lo que está escrito en el papel del libro. Así entre las dos comienzo a ver que Perec utiliza todos sus recursos literarios, los que a él le gustaban, los que él dominaba, los que él lucía como el carretero luce sus bueyes en día de fiesta. Estos son esos que hablan de la minuciosidad, de la inventiva de los situaciones de forma que son una fuente de pequeñas historias desde los más pequeños detalles, los mínimos asuntos crean un mundo-aunque sea pequeño- : las ideas son mundos, los palabras son mundos; sí, los detalles son mundos, -estáte atento si los lees o ves-. la literatura como inventiva crea una situación en lo que lo real y lo imaginado o lo inventado, son iguales, lo que es falso no lo es y lo que es real parece que no lo es. Personajes o figuras o situaciones o ejemplos artísticos son inventados y , otras veces, en otra situación, son tan reales como los que no lo son: hay momentos que soplar las velas que alumbran cuadros parece funcionar lo mismo que apagar la luz del foco con el que lees el libro. Perec crea listas de cosas, siempre lo hace, pero por el mero hecho de exponer lo que ve, lo que realmente existe porque lo cuenta, y lo cuenta porque existe, y parece bañarse en la luz que sale de todos sus textos porque parece que son faros minúsculo que alumbran todos los caminos que quiere mostrarnos ; y son tan ciertos, tan asombrosos, o tan tristes o reales o mentirosos, como quieras creerlo.

Mi anciano sagaz del tren, sabía lo que decía, y aún hoy me he acordado de él cuando he acabado el libro, lo he cerrado y este me ha hablado de la mentira que es la realidad, de lo real que es la mentira, Me ha hablado de la literatura como juego de espejos en los que se ve-se habla-, de realidades ocultas tras otra realidad que está oculta en otra realidad, y en otra y en otra. La literatura y el mundo real se confunden en un mundo de reflejos, como una caverna de Platón, hecha del revés, para que veas lo existente, cara a cara, pero no sabes si es una copia o no lo es que no refleja lo ideas, o sí lo hace pero tu no puedes saberlo; mentira y verdad ocultas tras las palabras, tras los textos; literatura ficción y literatura para entretener; juego y mentira, como el lobo que enseña los dientes enredado en el camisón de la abuela, fastuosa careta de la realidad oculta en la mentira.

Acaso es la copia en la que el artista ha cambiado el dibujo del original o acaso no es un cambio y la real era esa, ¿Cómo saber si fiarte del que habla o escribe o pinta?¿Te fias? ¿Crees?¿Debes creer?¿Puedes creer? Juego y pasión. O simplemente estás leyendo o viendo o sufriendo una mentira, por que nada de lo pintado, escrito, fiado es verídico, como no es exacta lo que ves porque puede que sea una fotocopia, o una imitación o te han tomado el pelo porque nos dejamos engañar fácil, Solo Velazquez sabia lo que hay que hacer y es que es mejor hacer que quieres salir en el espejo al fondo de las meninas que pintar al rey y hacerlo mal...

La vida y la literatura a veces parecen lo mismo en Perec.

wineruda

miércoles, marzo 08, 2017

ESPACIO de JUAN RAMÓN JIMÉNEZ


















ESPACIO de JUAN RAMÓN JIMÉNEZ
(3 ESTROFAS)
POR LA FLORIDA 1941-1942, 1954


Hay algunos poemas que se esconden, hay algunos poemas que desnudan al poeta, que lo muestran sangrando y sacando, como en un hechizo, versos de sus dedos estirados, “Espacio” es la unión de ambos tipos de poesía, es la cercana sensación de que el corazón de los poemas son las palabras de Juan Ramón, pero de su boca salen sus sueños más ocultos, son sus anhelos más propios, son sus intenciones más profundas, son sus pozos más recónditos. Así el poema es la sangre de del poeta, es claramente su rostro, pero en él su mirada no parece estar dirigida a ti o al papel o al cielo o la ventana, no, sino que lo está hacia su propio interior, hacia sus entrañas y pasados, hacia sus miedos y alegrías, hacia la nada y el todo, hacia un universo que se compone de sus vivos y sus muertos, de sus verdades y sus mentiras, de él y su amor, de los amores y él.


¡Espacio y tiempo y luz en todo yo, en todos y yo y todos! ¡Yo con la inmensidad! Esto es distinto; nunca lo sospeché y ahora lo tengo. Los caminos son sólo entradas o salidas de luz, de sombra, sombra y luz; y todo vive en ellos para que sea más inmenso yo, y tú seas. ¡Qué regalo de mundo, qué universo inmenso, dentro, fuera de ti, segura inmensidad! Imágenes de amor en la presencia concreta; suma gracia y gloria de la imajen, ¿vamos a hacer eternidad? ¡Vosotras, yo, podemos crear la eternidad una y mil veces, cuando queramos! ¡Todo es nuestro y no se nos acaba nunca! ¡Amor, contigo y con la luz todo se hace, y lo que amor, no acaba nunca!



Resulta difícil -¡imposible!- describir todo lo que cuenta este poema; son tan cortas sus tres estrofas para todo lo que cuentan o parecen contar , que me avasallan y solo puedo hacer un pequeño intento para mostrar lo que me dice a mí en ciertas partes, en pequeñas partes que me alumbran más que otras, y aunque esté del todo confundido, no podré menos que seguir desnudando el poema para que me cuente sus secretos, para que muestre las veredas por las que subió y bajó Juan Ramón. Así que allí  me quedo atrapado en su poema de modo que me  introduzco en ciertas casas y ciertos motivos que me hablan de él, y aunque me confundan sus palabras y mienta mi interpretación,-pero, más diría, que este sería un caso de confusión reveladora-, aún así, decía, me basta que alguien que no conozca este poema, le sirvan mis letras para que le salte  la curiosidad a la cara y le produzca las mismas heridas, grietas y cicatrices que me está haciendo a mí desde aquel 2002 que lo descubrí. Con este inicio, directo a la mente , a ese punto en el que la brújula deja de funcionar porque está en en el centro del mundo, del universo de Juan Ramón...



...Los dioses no tuvieron más sustancia que la que tengo yo.” Yo tengo, como ellos, la sustancia de todo lo vivido y de todo lo porvivir. No soy presente sólo, sino fuga raudal de cabo a fin. Y lo que veo, a un lado y otro, en esta fuga (rosas, restos de alas, sombra y luz) es sólo mío, recuerdo y ansia míos, presentimiento, olvido. ¿Quién sabe más que yo, quién, qué hombre o qué dios puede, ha podido, podrá decirme a mí qué es mi vida y mi muerte, qué no es? Si hay quien lo sabe, yo lo sé más que ése, y si quien lo ignora, más que ése lo ignoro. Lucha entre este ignorar y este saber es mi vida, su vida, y es la vida. Pasan vientos como pájaros, pájaros igual que flores, flores soles y lunas, lunas soles como yo, como almas, como cuerpos, cuerpos como la muerte y la resurrección; como dioses. Y soy un dios sin espada, sin nada de lo que hacen los hombres con su ciencia; sólo con lo que es producto de lo vivo, lo que se cambia todo; sí, de fuego o de luz, luz...”

“Espacio” es un poema en prosa -probablemente el mejor que he leído y leeré- de tres estrofas de apenas 19 páginas, que van mostrándome a mí, porque esto es un comentario para mí mismo, porque solo estamos Juan Ramón y yo en esta noche fría en el norte de España, entre un ordenador viejo, un libro asustado de tanto trajín de años y unos auriculares que me mandan música del piano de Glenn Gould, de manera, sí, que solo estamos los dos, y Juan Ramón me habla a mí, pero no a ti, ni a aquel , ni a vosotros, este, no puede ser de otro modo,  es mi mundo, mi poesía, y veo que en la primera estrofa Juan Ramón, como todo el poema, aparenta una forma y fondo, donde sus ideas se le han saltado de la mente al papel y se agolpan con ritmo frenético, -atropellando palabras y párrafos, saltando sobre sí mismo, rebatiendo sus palabras, corrigiendo, y cantando al mismo ritmo cantarín como las hojas que caen sobre otras secas del otoñó anterior y alguien las pisa, y el cris cris de su roturas es el mismo ritmo que sale de las páginas de un Juan Ramón ágil y sajador-.Ritmo y texto, texto rítmico, texto duna, texto oscuro, texto diáfano; decía, que va restando y sumando ideas, cosas y olores, saltando de verbos pares a sustantivos impares, y vuelta a empezar, donde el ritmo de los poemas te arrastra por la pendiente y, las dos primeras veces que la lees, vuelcas en la mente, -derrapas-en los recodos de los caminos a la vera de los versos en prosa, - prosa bella como estacas en sal marina-. Y en ese primera estrofa, recuerdo, él nos habla de amor y odios, de muerte y vida, y sobre todo de España, que no la nombra, pero en lo abstracto, en la enumeración de sus sitios, en la definición de sus pasiajes, en la pérdida de sus olores, sabores miedos, de sus recuerdos,´en la memoria pegada a sus calles, es ella,  la España perdida,  la España que se fue,  la España que le echa -le exilia-, la España de su niñez, de los amores y vivencias que dejó, muertes y vidas que han venido con él, a su mundo, todo el mundo está en él, así España está en él, con todos sus tierras y sangres, y perros y garzas y lanzas y … él es España, y España es él, porque su universo se cierra sobre si mismo. y ese lugar y esos recuerdos, y esa meláncolía y esa pérdida, y esas ensoñaciones y esa vivencia,  aparecen como un concepto, como un pasado, como una niñez, como muerte, como vida, como amigos, esa España como pasado, España como no futuro..Sí, es él...

...Aquel chopo de luz me lo decía, en Madrid, contra el aire turquesa del otoño: “Termínate en ti mismo como yo”. Todo lo que volaba alrededor, ¡qué raudo era!, y él qué insigne en lo suyo, verde y oro, sin mejor en el oro verde. Alas, cantos, luz, palmas, olas, frutas me rodean, me envuelven en su ritmo, en su gracia, en su fuerza delicada; y yo me olvido de mí entre ello, y bailo y canto y río y lloro por los otros, embriagado. ¿Esto es vivir? ¿Hay otra cosa más que este vivir de cambio y gloria? Yo oigo siempre esa música que suena en el fondo de todo, más allá; es la que me llama desde el mar, en la calle, en el sueño. A su aguda y serena desnudez, siempre estraña y sencilla, el ruiseñor es sólo un calumniado prólogo...”

...No, ese perro que ladra al sol caído, no ladra en el Monturrio de Moguer, ni cerca de Carmona de Sevilla, ni en la calle Torrijos de Madrid; ladra en Miami, Coral Gables, La Florida, y yo lo estoy oyendo allí, allí, no aquí, no aquí, allí, allí. ¡Qué vivo ladra siempre el perro al sol que huye! Y la sombra que viene llena el punto redondo que ahora pone el sol sobre la tierra, como un agua su fuente, el contorno en penumbra alrededor; después, todos los círculos que llegan hasta el límite redondo de la esfera del mundo, y siguen, siguen. Yo te oí, perro, siempre, desde mi infancia, igual que ahora; tú no cambias en ningún sitio, eres igual a ti mismo, como yo. Noche igual, todo sería igual si lo quisiéramos, si serlo lo dejáramos. Y si dormimos. ¡Qué abandonada queda la otra realidad! Nosotros les comunicamos a las cosas nuestra inquietud de día, de noche nuestra paz...”

Pero no es solo España lo que apaece en esa primera estrofa, no; también aparecen  sus ideas, las que van y vienen, y se enfrenta al amor y la vida y...Desde el difícil descubrimiento-para mí- de sus sustantivos alegóricos, esos que guarda en su estómago, uno, yo puedo inventar mil ideas, mil significados, mil potencias, mil acuerdos, pero no sería ni las suyas ni las tuyas...Así que solo hay una salida... Hundirte en sus abismos y salir a respirar de vez en cuando sacando tesoros...Vencidos todos; lo que me queda es la potencia hipnótica del poema, esa que te deja atrapado en al telaraña de sus letras, sobornado por el céntimo del numeral de sus páginas. Ni entonces puedes  respirar, ni un poco...atrapado...



La segunda estrofa aparece escrita como un canto, como el primero, pero este es de amor y comodidad. Es un elogio a Nueva York, tendidas sus calles iguales que las de España, sentados sus puentes en iguales orillas, cercadas sus veredas por las mismas hierbas. Sujeta su mente a que las bellezas del presente siempre sean comparadas con el pasado, el pasado que , fuera triste o alegre, amoroso o odiado, fuera..; es un pasado propio, parte esencial del mundo...su mundo.



...Y para recordar por qué he vivido”, vengo a ti, río Hudson de mi mar. “Dulce como esta luz era el amor…” “Y por debajo de Washington Bridge (el puente más con más de esta New York) pasa el campo amarillo de mi infancia”. Infancia, niño vuelvo a ser y soy, perdido, tan mayor, en lo más grande. Leyenda inesperada: “dulce como la luz es el amor”, y esta New York es igual que Moguer, es igual que Sevilla y que Madrid. Puede el viento, en la esquina de Broadway, como en la Esquina de las Pulmonías de mi calle Rascón, conmigo; y tengo abierta la puerta donde vivo, con sol dentro. “Dulce como este solo era el amor.” Me encontré al instalado, le reí, y me subí al rincón provisional, otra vez, de mi soledad, y de mi silencio, tan igual en el piso 9 y sol, al cuarto bajo de mi calle y cielo. “Dulce como este sol es el amor.” Me miraron ventanas conocidas con cuadros de Murillo. En el alambre de lo azul, el gorrión universal cantaba, el gorrión y yo cantábamos, hablábamos; y lo oía la de la mujer en el viento de mundo. ¡Qué rincón ya para suceder mi fantasía! El sol quemaba el sur del rincón mío, y en el lunar menguante de la estera, crecía dulcemente mi ilusión queriendo huir de la dorada mengua. “Y por debajo de Washington Bridge, el puente más amplio de New York. Corre el campo dorado de mi infancia…” Bajé lleno a la calle, me abrió el viento la ropa, el corazón; vi caras buenas. En el jardín de St. John the Divine, los chopos verdes eran de Madrid; hablé con un perro y un gato en español...”


La tercera estrofa habla de Florida, del pueblo donde vivió allí, Coral Gable, y de sus experiencias en España, de derrotas y pocos triunfos de sus e´poca más tardía, la mñas cercana, y de amargas presencias, de sentidas pérdidas, con un cerrado pesimismo que solo lo salva, como en todo el poema, la sensación de que lo escrito y lo vivido,  lo escrito por vivido, es lo que hará que su mundo transcienda a sí mismo, que su universo se alimente de todos los ojos, y amores y besos, y ganas y vínculos de perdidas y sangres que pueblan sus textos y que leen sus textos,  para vivir para siempre...

"...Deering, sólo el Destino es inmortal, y por eso te hago a ti inmortal, por mi Destino. Sí, mi Destino es inmortal y yo, que aquí lo escribo, seré inmortal igual que mi Destino, Deering. Mi Destino soy yo y nada y nadie más que yo; por eso creo en Él y no me opongo a nada suyo, a nada mío, como yo por el Destino, repartidor de la sustancia con la esencia. En el principio fué el Destino, padre de la Acción y abuelo o bisabuelo o algo más allá del Verbo. Levo mi ancla, por lo tanto, izo mi vela para que sople Él más fácil con su viento por los mares serenos o terribles, atlánticos, mediterráneos, pacíficos o lo que sean, verdes, blancos, azules, morados, amarillos, de un color o de todos los colores. Así lo hizo, aquel enero, Shelly, y no fué el oro, el opio, el vino, la ola brava, el nombre de la niña lo que se lo llevó por el trasmundo del trasmar: Arroz de Buda; Barrabás de Cristo; yegua de San Pablo; Longino de Zenobia de Palmyra; Carlyle de Schiller (según dice el libro de la mujer suiza); Ómnibus de Curie; Charles Maurice de Gauguin; Caricatura infame (“Heraldo de Madrid”) de Federico García Lorca; Pieles del Duque de T´Serclaes y Tilly /el bonachero sevillano) que León Felipe usó después en la Embajada mejicana, bien seguro; Gobierno de Negrín, que abandonara al retenido Antonio Machado enfermo ya, con su madre octojenaria y dos duros en el bolsillo, por el helor del Pirineo, mientras él con su corte huía tras el oro guardado en la Banlieu, en Rusia, en Méjico, en la nada…Cualquier forma es la forma que el Destino, forma de muerte o vida, forma de toma y deja, toma; y es inútil huir a ni buscarla..."
 

Y esa desazón que le produce que La Florida solo sea una copia extraña y divergente de su España, le desnuda por todo el párrafo,, pero descubre tierras y personas , lugares y sonrisas que le llevan a lugares que quiso y no puede volver, y ahora están en otros cuerpos y lenguas.


“.... Allí el goce y el deleite, y la risa, y la sonrisa, y el llanto y el sonlloro son iguales por fuera que por dentro; y la negra más joven, esta Ofelia que, como la violeta silvestre oscura, es delicada en sí sin el colejio ni el concierto, sin el museo ni la iglesia, se iguala con el rayo de luz que el sol echa en su cama, y le hace iris la sonrisa que envuelve un corazón de igual color por dentro que el negro pecho satinado, corazón que es el suyo, aunque el blanco no lo crea. Allí la vida está más cerca de la muerte, la vida que es la muerte en movimiento, porque es la eternidad de lo creado, el nada más, el todo, el nada más y el todo confundidos; el todo por la escala del amor en los ojos hermosos que se anegan en sus aguas mismas, unos en otros, grises o negros como los colores del nardo y de la rosa; allí el canto del mirlo libre y la canaria presa, los colores de la lluvia en el sol, que corona la tarde, sol lloviendo. Y los más desgraciados, los más tristes vienen a consolarse de los fáciles, buscando los restos de su casa de Dios entre lo verde abierto...”

El Destino parece llevarle de puertos malos a ensenadas seguras, y nada parece oponerse a él porque está descrito, que se moverá y vivirá por lugares inmensos y sabrá dónde está su salida. Cada lugar que frecuenta, lo lleva al pasado, cada pasado que piensa le trae a un presente perdido, cada camino que toma, cada voz que oyó, cada mirada que le recuerda un lugar, o el sonido repetitivo de la mente, es para demostrarle que el mundo es circular y se cierne sobre y desde él, nada más. Pero el solo domina su mundo, dios o Dios, o el Destino o el destino gobiernan fuera de él.

...o, no era, no era aquel Destino mi Destino de muerte todavía. Pero, de pronto, ¿qué inminencia alegre, mala, indiferente, absurda? Ya pasó lo anterior y ya está, en este aquí, este esto, y ya, y ya estamos nosotros, igual que en una pesadilla náufraga o un sueño dulce, claro, embriagador, con ello. La ánjela de la guarda nada puede contra la vijilancia exacta, contra el exacto dictar y decidir, contra el exacto obrar de mi Destino. Porque el destino es natural, y artificial el ánjel, la ánjela. Esta inquietud tan fiel que reina en mí, que no es del corazón, ni del pulmón, ¿de dónde es? Ritmo vejetativo es (lo dijo Achúcarro primero y luego Marañón), mi tercer ritmo, más cercano, Goethe, Claudel, al de la poesía, que los vuestros. Los versos largos vuestros, cortos, vuestros, con el pulso de otra o con el pulmón propio. ¡Cómo pasa este ritmo, este ritmo, río mío, fuga de faisán de sangre ardiendo por mis ojos, naranjas voladoras de dos pechos en uno, y qué azules, qué verdes y qué oros diluídos en rojo, a qué compases infinitos!...”


Un pequeño azul mancha su barba blanca, y parece que la tristeza y lo amargo de la vida se descubre en la derrota de sus versos en prosa, derrota de el hombre , derrota no del poeta, sino del hombre que ve lo pequeño de sus espacio, de la estrechez de su lugar en el mundo, y la persona es tan pequeña tan vacía como el cuerpo que lo sostiene, solo el alma es poderosa, el hombre no es nada, solo vacío que no reúne nada.

.”... Un fin, un dios que se acercaba. Un cáncer, ya un cangrejo y solo, quedó en el centro gris del arenal, más erguido que todos, más abierta la tenaza sérrea de la mayor boca de su armario; los ojos, periscopios tiesos, clavando su vibrante enemistad en mí. Bajé lento hasta él, y con el lápiz de mi poesía y de mi crítica, sacado del bolsillo, le incité a que luchara. No se iba el david, no se iba el david del literato filisteo. Abocó el lápiz amarillo con su tenaza, y yo lo levanté con él cojido y lo jiré a los horizontes con impulso mayor, mayor, mayor, una órbita mayor, y él aguantaba. Su fuerza era tan poca para mí más tan poco ¡pobre héroe! ¿Fui malo? Lo aplasté con el injusto pie calzado, sólo por ver qué era. Era cáscara vana, un nombre nada más, cangrejo; y ni un adarme, ni un adarme de entraña; un hueco igual que cualquier hueco un hueco en otro hueco. Un hueco era el héroe sobre el suelo y bajo el cielo; un hueco, un hueco aplastado por mí; sólo un hueco, un vacío, un heroico secreto de un frío cáncer hueco, un cangrejo hueco, un pobre david hueco..:”


Con todo, este universo en tres estrofas, que se derrama por las hojas del libro, va descubriendo supernovas y enanas rojas en cada frase, mirarlas y descubrirlas es solo intención y gozo del que los lee. El universo que rodea el libro no está hecho de materia oscura, solo de ráfagas brillantes que cruzan por el papel. Pararlas y observarlas es el privilegio único del lector.

Cierro el librito, se acaban, casi a la vez que acabo este texto, las Variaciones Goldberg de Bach, que interpreta Glenn Gould, y como a este se le oye en la grabación tararear las melodías que va tocando, se oye su presencia casi fantasmal a través de los auriculares, también siento a Juan Ramón Jiménez detrás de los párrafos y las páginas que voy cerrando del libro, con una mirada y un sonido de voz como de tierra y verde. Probablemente me está diciendo más cosas que solo son para mí...


Wineruda