viernes, marzo 17, 2017

EL GABINETE DE UN AFICIONADO, HISTORIA DE UN CUADRO, de GEORGES PEREC



















EL GABINETE DE UN AFICIONADO, HISTORIA DE UN CUADRO, de GEORGES PEREC
Un cabinet d'amateur: histoire d'un tableau 1979
Anagrama Pág. 109
Trad. Menene Gras Balaguer


Hay varias formas de leer un libro, leí una vez una vieja enciclopedia de un tomo que daba una receta que parecía resultar adecuada para según quién. Decía, creo recordar, algo así como: agarre usted con firmeza el libro por el lomo, observe la portada, y si es de su agrado, con un movimiento suave pero firme, abra la portada, observe la portadilla, y, si vuelve a ser de su agrado, pásela y comience a leer el libro. La lectura debe ser ágil pero decidida, no improvise, haga usted caso de todo lo que diga el autor, al pie de la letra, pasará por la introducción, el nudo y acabará en el desenlace. Cierre el libro, comience otro. Sin embargo, me acuerdo más cuando , ya hace mucho, oí a un anciano sagaz que comentaba a otro en el tren que me llevaba de pequeño a un puerto lleno de barcos con olor a madera mojada; decía, digo,  aquel anciano, que los libros son como los anzuelos que solo sabes el agujero que te han hecho cuando te los sacas de la boca. Yo era pequeño -y torpe- así que leí “Moby dick” queriendo entender lo que decía aquel viejo sagaz, pero esta hablaba de arpones y no era lo mismo, eso sí adoré a las ballenas blancas. Dejé pasar el tiempo y más de un manual de pesca, incluso algún libro de “numerología” (por lo raro), hasta que un día llegó a mis manos -gracias mundo- “El coronel no tiene quien le escriba”, ahí entendí al anciano sagaz: hay libros que empiezan, de verdad, cuando se acaban.


Un libro que habla o juega – en la misma cantidad y decisión- con las palabras o, sería mejor decir, con las ideas, con lo textos, con la semántica real o simulada o asimilada o posible de lo escrito, pero también con ese significado oculto que sobrepasa la acumulación ordenada y tradicional o lógica de las palabras y las frases y las páginas para dar la expresión de su razón real, la que quiere contar realmente el escritor, o, por lo menos, la que descubre el lector, o, mejor, la que puede o debe descubrir, en exclusiva, cada lector. Los libros son palimpsestos que deben ser pasados por el aparato de rayos x, o el escaner, o el revelador de tinta mágica que siempre tenía a mano los investigadores de Enid Blyton o de los “Tres investigadores” -sí, el limón,- y, así encontrar el significado y análisis y el descubrimiento desnudo,que le da el que los lee y decapita.

Un cuadro encargado por un rico coleccionista sorprende en una exposición ocurrida allá en Pittsburgh (Ohio), allá por 1913, en una conmemoración de los 25 años en el poder del emperador alemán. Dicho cuadro, pintado por un diestro artista llamado Kürz, tiene la notable diferencia con otros que describe los más importantes cuadros de la colección de su cliente, entre ellos está el propio cuadro pintado, que aparece, como en un juego de espejos enfrentados, una y otra vez, copia tras copia en el mismo dibujo. El cuadro cobrará inusitada fama por la curiosidad que provoca esa  repetición de si mismo multitud de veces en el lienzo, y ,sobre todo, las mínimas variaciones que dibujará el pintor en cada versión de los cuadros allá dibujados. Tal fama provocará un atentado contra el dibujo, con ello acabará la exposición, y comenzarán los estudios y las críticas y las ventas y los avatares alrededor de él y de sus personajes.

Mi anzuelo en la boca me ha sujetado la lengua y las encías, me ha dejado un hueco que relleno con masilla de ventanas y pegamento de papel; el primero para que no se me escapen las ideas por los esquinas de la ventana por las que entra esta brisa fría, y la segunda para aprehender lo que está escrito en el papel del libro. Así entre las dos comienzo a ver que Perec utiliza todos sus recursos literarios, los que a él le gustaban, los que él dominaba, los que él lucía como el carretero luce sus bueyes en día de fiesta. Estos son esos que hablan de la minuciosidad, de la inventiva de los situaciones de forma que son una fuente de pequeñas historias desde los más pequeños detalles, los mínimos asuntos crean un mundo-aunque sea pequeño- : las ideas son mundos, los palabras son mundos; sí, los detalles son mundos, -estáte atento si los lees o ves-. la literatura como inventiva crea una situación en lo que lo real y lo imaginado o lo inventado, son iguales, lo que es falso no lo es y lo que es real parece que no lo es. Personajes o figuras o situaciones o ejemplos artísticos son inventados y , otras veces, en otra situación, son tan reales como los que no lo son: hay momentos que soplar las velas que alumbran cuadros parece funcionar lo mismo que apagar la luz del foco con el que lees el libro. Perec crea listas de cosas, siempre lo hace, pero por el mero hecho de exponer lo que ve, lo que realmente existe porque lo cuenta, y lo cuenta porque existe, y parece bañarse en la luz que sale de todos sus textos porque parece que son faros minúsculo que alumbran todos los caminos que quiere mostrarnos ; y son tan ciertos, tan asombrosos, o tan tristes o reales o mentirosos, como quieras creerlo.

Mi anciano sagaz del tren, sabía lo que decía, y aún hoy me he acordado de él cuando he acabado el libro, lo he cerrado y este me ha hablado de la mentira que es la realidad, de lo real que es la mentira, Me ha hablado de la literatura como juego de espejos en los que se ve-se habla-, de realidades ocultas tras otra realidad que está oculta en otra realidad, y en otra y en otra. La literatura y el mundo real se confunden en un mundo de reflejos, como una caverna de Platón, hecha del revés, para que veas lo existente, cara a cara, pero no sabes si es una copia o no lo es que no refleja lo ideas, o sí lo hace pero tu no puedes saberlo; mentira y verdad ocultas tras las palabras, tras los textos; literatura ficción y literatura para entretener; juego y mentira, como el lobo que enseña los dientes enredado en el camisón de la abuela, fastuosa careta de la realidad oculta en la mentira.

Acaso es la copia en la que el artista ha cambiado el dibujo del original o acaso no es un cambio y la real era esa, ¿Cómo saber si fiarte del que habla o escribe o pinta?¿Te fias? ¿Crees?¿Debes creer?¿Puedes creer? Juego y pasión. O simplemente estás leyendo o viendo o sufriendo una mentira, por que nada de lo pintado, escrito, fiado es verídico, como no es exacta lo que ves porque puede que sea una fotocopia, o una imitación o te han tomado el pelo porque nos dejamos engañar fácil, Solo Velazquez sabia lo que hay que hacer y es que es mejor hacer que quieres salir en el espejo al fondo de las meninas que pintar al rey y hacerlo mal...

La vida y la literatura a veces parecen lo mismo en Perec.

wineruda

miércoles, marzo 08, 2017

ESPACIO de JUAN RAMÓN JIMÉNEZ


















ESPACIO de JUAN RAMÓN JIMÉNEZ
(3 ESTROFAS)
POR LA FLORIDA 1941-1942, 1954


Hay algunos poemas que se esconden, hay algunos poemas que desnudan al poeta, que lo muestran sangrando y sacando, como en un hechizo, versos de sus dedos estirados, “Espacio” es la unión de ambos tipos de poesía, es la cercana sensación de que el corazón de los poemas son las palabras de Juan Ramón, pero de su boca salen sus sueños más ocultos, son sus anhelos más propios, son sus intenciones más profundas, son sus pozos más recónditos. Así el poema es la sangre de del poeta, es claramente su rostro, pero en él su mirada no parece estar dirigida a ti o al papel o al cielo o la ventana, no, sino que lo está hacia su propio interior, hacia sus entrañas y pasados, hacia sus miedos y alegrías, hacia la nada y el todo, hacia un universo que se compone de sus vivos y sus muertos, de sus verdades y sus mentiras, de él y su amor, de los amores y él.


¡Espacio y tiempo y luz en todo yo, en todos y yo y todos! ¡Yo con la inmensidad! Esto es distinto; nunca lo sospeché y ahora lo tengo. Los caminos son sólo entradas o salidas de luz, de sombra, sombra y luz; y todo vive en ellos para que sea más inmenso yo, y tú seas. ¡Qué regalo de mundo, qué universo inmenso, dentro, fuera de ti, segura inmensidad! Imágenes de amor en la presencia concreta; suma gracia y gloria de la imajen, ¿vamos a hacer eternidad? ¡Vosotras, yo, podemos crear la eternidad una y mil veces, cuando queramos! ¡Todo es nuestro y no se nos acaba nunca! ¡Amor, contigo y con la luz todo se hace, y lo que amor, no acaba nunca!



Resulta difícil -¡imposible!- describir todo lo que cuenta este poema; son tan cortas sus tres estrofas para todo lo que cuentan o parecen contar , que me avasallan y solo puedo hacer un pequeño intento para mostrar lo que me dice a mí en ciertas partes, en pequeñas partes que me alumbran más que otras, y aunque esté del todo confundido, no podré menos que seguir desnudando el poema para que me cuente sus secretos, para que muestre las veredas por las que subió y bajó Juan Ramón. Así que allí  me quedo atrapado en su poema de modo que me  introduzco en ciertas casas y ciertos motivos que me hablan de él, y aunque me confundan sus palabras y mienta mi interpretación,-pero, más diría, que este sería un caso de confusión reveladora-, aún así, decía, me basta que alguien que no conozca este poema, le sirvan mis letras para que le salte  la curiosidad a la cara y le produzca las mismas heridas, grietas y cicatrices que me está haciendo a mí desde aquel 2002 que lo descubrí. Con este inicio, directo a la mente , a ese punto en el que la brújula deja de funcionar porque está en en el centro del mundo, del universo de Juan Ramón...



...Los dioses no tuvieron más sustancia que la que tengo yo.” Yo tengo, como ellos, la sustancia de todo lo vivido y de todo lo porvivir. No soy presente sólo, sino fuga raudal de cabo a fin. Y lo que veo, a un lado y otro, en esta fuga (rosas, restos de alas, sombra y luz) es sólo mío, recuerdo y ansia míos, presentimiento, olvido. ¿Quién sabe más que yo, quién, qué hombre o qué dios puede, ha podido, podrá decirme a mí qué es mi vida y mi muerte, qué no es? Si hay quien lo sabe, yo lo sé más que ése, y si quien lo ignora, más que ése lo ignoro. Lucha entre este ignorar y este saber es mi vida, su vida, y es la vida. Pasan vientos como pájaros, pájaros igual que flores, flores soles y lunas, lunas soles como yo, como almas, como cuerpos, cuerpos como la muerte y la resurrección; como dioses. Y soy un dios sin espada, sin nada de lo que hacen los hombres con su ciencia; sólo con lo que es producto de lo vivo, lo que se cambia todo; sí, de fuego o de luz, luz...”

“Espacio” es un poema en prosa -probablemente el mejor que he leído y leeré- de tres estrofas de apenas 19 páginas, que van mostrándome a mí, porque esto es un comentario para mí mismo, porque solo estamos Juan Ramón y yo en esta noche fría en el norte de España, entre un ordenador viejo, un libro asustado de tanto trajín de años y unos auriculares que me mandan música del piano de Glenn Gould, de manera, sí, que solo estamos los dos, y Juan Ramón me habla a mí, pero no a ti, ni a aquel , ni a vosotros, este, no puede ser de otro modo,  es mi mundo, mi poesía, y veo que en la primera estrofa Juan Ramón, como todo el poema, aparenta una forma y fondo, donde sus ideas se le han saltado de la mente al papel y se agolpan con ritmo frenético, -atropellando palabras y párrafos, saltando sobre sí mismo, rebatiendo sus palabras, corrigiendo, y cantando al mismo ritmo cantarín como las hojas que caen sobre otras secas del otoñó anterior y alguien las pisa, y el cris cris de su roturas es el mismo ritmo que sale de las páginas de un Juan Ramón ágil y sajador-.Ritmo y texto, texto rítmico, texto duna, texto oscuro, texto diáfano; decía, que va restando y sumando ideas, cosas y olores, saltando de verbos pares a sustantivos impares, y vuelta a empezar, donde el ritmo de los poemas te arrastra por la pendiente y, las dos primeras veces que la lees, vuelcas en la mente, -derrapas-en los recodos de los caminos a la vera de los versos en prosa, - prosa bella como estacas en sal marina-. Y en ese primera estrofa, recuerdo, él nos habla de amor y odios, de muerte y vida, y sobre todo de España, que no la nombra, pero en lo abstracto, en la enumeración de sus sitios, en la definición de sus pasiajes, en la pérdida de sus olores, sabores miedos, de sus recuerdos,´en la memoria pegada a sus calles, es ella,  la España perdida,  la España que se fue,  la España que le echa -le exilia-, la España de su niñez, de los amores y vivencias que dejó, muertes y vidas que han venido con él, a su mundo, todo el mundo está en él, así España está en él, con todos sus tierras y sangres, y perros y garzas y lanzas y … él es España, y España es él, porque su universo se cierra sobre si mismo. y ese lugar y esos recuerdos, y esa meláncolía y esa pérdida, y esas ensoñaciones y esa vivencia,  aparecen como un concepto, como un pasado, como una niñez, como muerte, como vida, como amigos, esa España como pasado, España como no futuro..Sí, es él...

...Aquel chopo de luz me lo decía, en Madrid, contra el aire turquesa del otoño: “Termínate en ti mismo como yo”. Todo lo que volaba alrededor, ¡qué raudo era!, y él qué insigne en lo suyo, verde y oro, sin mejor en el oro verde. Alas, cantos, luz, palmas, olas, frutas me rodean, me envuelven en su ritmo, en su gracia, en su fuerza delicada; y yo me olvido de mí entre ello, y bailo y canto y río y lloro por los otros, embriagado. ¿Esto es vivir? ¿Hay otra cosa más que este vivir de cambio y gloria? Yo oigo siempre esa música que suena en el fondo de todo, más allá; es la que me llama desde el mar, en la calle, en el sueño. A su aguda y serena desnudez, siempre estraña y sencilla, el ruiseñor es sólo un calumniado prólogo...”

...No, ese perro que ladra al sol caído, no ladra en el Monturrio de Moguer, ni cerca de Carmona de Sevilla, ni en la calle Torrijos de Madrid; ladra en Miami, Coral Gables, La Florida, y yo lo estoy oyendo allí, allí, no aquí, no aquí, allí, allí. ¡Qué vivo ladra siempre el perro al sol que huye! Y la sombra que viene llena el punto redondo que ahora pone el sol sobre la tierra, como un agua su fuente, el contorno en penumbra alrededor; después, todos los círculos que llegan hasta el límite redondo de la esfera del mundo, y siguen, siguen. Yo te oí, perro, siempre, desde mi infancia, igual que ahora; tú no cambias en ningún sitio, eres igual a ti mismo, como yo. Noche igual, todo sería igual si lo quisiéramos, si serlo lo dejáramos. Y si dormimos. ¡Qué abandonada queda la otra realidad! Nosotros les comunicamos a las cosas nuestra inquietud de día, de noche nuestra paz...”

Pero no es solo España lo que apaece en esa primera estrofa, no; también aparecen  sus ideas, las que van y vienen, y se enfrenta al amor y la vida y...Desde el difícil descubrimiento-para mí- de sus sustantivos alegóricos, esos que guarda en su estómago, uno, yo puedo inventar mil ideas, mil significados, mil potencias, mil acuerdos, pero no sería ni las suyas ni las tuyas...Así que solo hay una salida... Hundirte en sus abismos y salir a respirar de vez en cuando sacando tesoros...Vencidos todos; lo que me queda es la potencia hipnótica del poema, esa que te deja atrapado en al telaraña de sus letras, sobornado por el céntimo del numeral de sus páginas. Ni entonces puedes  respirar, ni un poco...atrapado...



La segunda estrofa aparece escrita como un canto, como el primero, pero este es de amor y comodidad. Es un elogio a Nueva York, tendidas sus calles iguales que las de España, sentados sus puentes en iguales orillas, cercadas sus veredas por las mismas hierbas. Sujeta su mente a que las bellezas del presente siempre sean comparadas con el pasado, el pasado que , fuera triste o alegre, amoroso o odiado, fuera..; es un pasado propio, parte esencial del mundo...su mundo.



...Y para recordar por qué he vivido”, vengo a ti, río Hudson de mi mar. “Dulce como esta luz era el amor…” “Y por debajo de Washington Bridge (el puente más con más de esta New York) pasa el campo amarillo de mi infancia”. Infancia, niño vuelvo a ser y soy, perdido, tan mayor, en lo más grande. Leyenda inesperada: “dulce como la luz es el amor”, y esta New York es igual que Moguer, es igual que Sevilla y que Madrid. Puede el viento, en la esquina de Broadway, como en la Esquina de las Pulmonías de mi calle Rascón, conmigo; y tengo abierta la puerta donde vivo, con sol dentro. “Dulce como este solo era el amor.” Me encontré al instalado, le reí, y me subí al rincón provisional, otra vez, de mi soledad, y de mi silencio, tan igual en el piso 9 y sol, al cuarto bajo de mi calle y cielo. “Dulce como este sol es el amor.” Me miraron ventanas conocidas con cuadros de Murillo. En el alambre de lo azul, el gorrión universal cantaba, el gorrión y yo cantábamos, hablábamos; y lo oía la de la mujer en el viento de mundo. ¡Qué rincón ya para suceder mi fantasía! El sol quemaba el sur del rincón mío, y en el lunar menguante de la estera, crecía dulcemente mi ilusión queriendo huir de la dorada mengua. “Y por debajo de Washington Bridge, el puente más amplio de New York. Corre el campo dorado de mi infancia…” Bajé lleno a la calle, me abrió el viento la ropa, el corazón; vi caras buenas. En el jardín de St. John the Divine, los chopos verdes eran de Madrid; hablé con un perro y un gato en español...”


La tercera estrofa habla de Florida, del pueblo donde vivió allí, Coral Gable, y de sus experiencias en España, de derrotas y pocos triunfos de sus e´poca más tardía, la mñas cercana, y de amargas presencias, de sentidas pérdidas, con un cerrado pesimismo que solo lo salva, como en todo el poema, la sensación de que lo escrito y lo vivido,  lo escrito por vivido, es lo que hará que su mundo transcienda a sí mismo, que su universo se alimente de todos los ojos, y amores y besos, y ganas y vínculos de perdidas y sangres que pueblan sus textos y que leen sus textos,  para vivir para siempre...

"...Deering, sólo el Destino es inmortal, y por eso te hago a ti inmortal, por mi Destino. Sí, mi Destino es inmortal y yo, que aquí lo escribo, seré inmortal igual que mi Destino, Deering. Mi Destino soy yo y nada y nadie más que yo; por eso creo en Él y no me opongo a nada suyo, a nada mío, como yo por el Destino, repartidor de la sustancia con la esencia. En el principio fué el Destino, padre de la Acción y abuelo o bisabuelo o algo más allá del Verbo. Levo mi ancla, por lo tanto, izo mi vela para que sople Él más fácil con su viento por los mares serenos o terribles, atlánticos, mediterráneos, pacíficos o lo que sean, verdes, blancos, azules, morados, amarillos, de un color o de todos los colores. Así lo hizo, aquel enero, Shelly, y no fué el oro, el opio, el vino, la ola brava, el nombre de la niña lo que se lo llevó por el trasmundo del trasmar: Arroz de Buda; Barrabás de Cristo; yegua de San Pablo; Longino de Zenobia de Palmyra; Carlyle de Schiller (según dice el libro de la mujer suiza); Ómnibus de Curie; Charles Maurice de Gauguin; Caricatura infame (“Heraldo de Madrid”) de Federico García Lorca; Pieles del Duque de T´Serclaes y Tilly /el bonachero sevillano) que León Felipe usó después en la Embajada mejicana, bien seguro; Gobierno de Negrín, que abandonara al retenido Antonio Machado enfermo ya, con su madre octojenaria y dos duros en el bolsillo, por el helor del Pirineo, mientras él con su corte huía tras el oro guardado en la Banlieu, en Rusia, en Méjico, en la nada…Cualquier forma es la forma que el Destino, forma de muerte o vida, forma de toma y deja, toma; y es inútil huir a ni buscarla..."
 

Y esa desazón que le produce que La Florida solo sea una copia extraña y divergente de su España, le desnuda por todo el párrafo,, pero descubre tierras y personas , lugares y sonrisas que le llevan a lugares que quiso y no puede volver, y ahora están en otros cuerpos y lenguas.


“.... Allí el goce y el deleite, y la risa, y la sonrisa, y el llanto y el sonlloro son iguales por fuera que por dentro; y la negra más joven, esta Ofelia que, como la violeta silvestre oscura, es delicada en sí sin el colejio ni el concierto, sin el museo ni la iglesia, se iguala con el rayo de luz que el sol echa en su cama, y le hace iris la sonrisa que envuelve un corazón de igual color por dentro que el negro pecho satinado, corazón que es el suyo, aunque el blanco no lo crea. Allí la vida está más cerca de la muerte, la vida que es la muerte en movimiento, porque es la eternidad de lo creado, el nada más, el todo, el nada más y el todo confundidos; el todo por la escala del amor en los ojos hermosos que se anegan en sus aguas mismas, unos en otros, grises o negros como los colores del nardo y de la rosa; allí el canto del mirlo libre y la canaria presa, los colores de la lluvia en el sol, que corona la tarde, sol lloviendo. Y los más desgraciados, los más tristes vienen a consolarse de los fáciles, buscando los restos de su casa de Dios entre lo verde abierto...”

El Destino parece llevarle de puertos malos a ensenadas seguras, y nada parece oponerse a él porque está descrito, que se moverá y vivirá por lugares inmensos y sabrá dónde está su salida. Cada lugar que frecuenta, lo lleva al pasado, cada pasado que piensa le trae a un presente perdido, cada camino que toma, cada voz que oyó, cada mirada que le recuerda un lugar, o el sonido repetitivo de la mente, es para demostrarle que el mundo es circular y se cierne sobre y desde él, nada más. Pero el solo domina su mundo, dios o Dios, o el Destino o el destino gobiernan fuera de él.

...o, no era, no era aquel Destino mi Destino de muerte todavía. Pero, de pronto, ¿qué inminencia alegre, mala, indiferente, absurda? Ya pasó lo anterior y ya está, en este aquí, este esto, y ya, y ya estamos nosotros, igual que en una pesadilla náufraga o un sueño dulce, claro, embriagador, con ello. La ánjela de la guarda nada puede contra la vijilancia exacta, contra el exacto dictar y decidir, contra el exacto obrar de mi Destino. Porque el destino es natural, y artificial el ánjel, la ánjela. Esta inquietud tan fiel que reina en mí, que no es del corazón, ni del pulmón, ¿de dónde es? Ritmo vejetativo es (lo dijo Achúcarro primero y luego Marañón), mi tercer ritmo, más cercano, Goethe, Claudel, al de la poesía, que los vuestros. Los versos largos vuestros, cortos, vuestros, con el pulso de otra o con el pulmón propio. ¡Cómo pasa este ritmo, este ritmo, río mío, fuga de faisán de sangre ardiendo por mis ojos, naranjas voladoras de dos pechos en uno, y qué azules, qué verdes y qué oros diluídos en rojo, a qué compases infinitos!...”


Un pequeño azul mancha su barba blanca, y parece que la tristeza y lo amargo de la vida se descubre en la derrota de sus versos en prosa, derrota de el hombre , derrota no del poeta, sino del hombre que ve lo pequeño de sus espacio, de la estrechez de su lugar en el mundo, y la persona es tan pequeña tan vacía como el cuerpo que lo sostiene, solo el alma es poderosa, el hombre no es nada, solo vacío que no reúne nada.

.”... Un fin, un dios que se acercaba. Un cáncer, ya un cangrejo y solo, quedó en el centro gris del arenal, más erguido que todos, más abierta la tenaza sérrea de la mayor boca de su armario; los ojos, periscopios tiesos, clavando su vibrante enemistad en mí. Bajé lento hasta él, y con el lápiz de mi poesía y de mi crítica, sacado del bolsillo, le incité a que luchara. No se iba el david, no se iba el david del literato filisteo. Abocó el lápiz amarillo con su tenaza, y yo lo levanté con él cojido y lo jiré a los horizontes con impulso mayor, mayor, mayor, una órbita mayor, y él aguantaba. Su fuerza era tan poca para mí más tan poco ¡pobre héroe! ¿Fui malo? Lo aplasté con el injusto pie calzado, sólo por ver qué era. Era cáscara vana, un nombre nada más, cangrejo; y ni un adarme, ni un adarme de entraña; un hueco igual que cualquier hueco un hueco en otro hueco. Un hueco era el héroe sobre el suelo y bajo el cielo; un hueco, un hueco aplastado por mí; sólo un hueco, un vacío, un heroico secreto de un frío cáncer hueco, un cangrejo hueco, un pobre david hueco..:”


Con todo, este universo en tres estrofas, que se derrama por las hojas del libro, va descubriendo supernovas y enanas rojas en cada frase, mirarlas y descubrirlas es solo intención y gozo del que los lee. El universo que rodea el libro no está hecho de materia oscura, solo de ráfagas brillantes que cruzan por el papel. Pararlas y observarlas es el privilegio único del lector.

Cierro el librito, se acaban, casi a la vez que acabo este texto, las Variaciones Goldberg de Bach, que interpreta Glenn Gould, y como a este se le oye en la grabación tararear las melodías que va tocando, se oye su presencia casi fantasmal a través de los auriculares, también siento a Juan Ramón Jiménez detrás de los párrafos y las páginas que voy cerrando del libro, con una mirada y un sonido de voz como de tierra y verde. Probablemente me está diciendo más cosas que solo son para mí...


Wineruda