martes, abril 10, 2018

PREGÚNTALE AL POLVO de JOHN FANTE






















PREGÚNTALE AL POLVO de JOHN FANTE
ask the dust 1939
Anagrama 205 Pág
Trad. Antonio-Prometeo Moya


Las ciudades, los pueblos, son como cruces de caminos, solo que no las cruzan coches o motocicletas, ni quiera carros tirados por caballos, las cruzan seres humanos; hombres y mujeres que se miran sin verse, o que se ven sin pensarse. A menudo cuando cruzo un paso de cebra y me topo con unas figuras que me golpean con los hombros absortos en el suelo o en el teléfono que asoma bajo su abrigo abierto, muchas veces pienso en qué pensaran, en que no los volveré a ver, en que son como meteoritos que cruzan, que cruzamos, cielos particulares con un tenue resplandor que se apaga rápido, sin ni siquiera explosión. Son parte de hogares perdidos en ventanas que se cierran ocultando la luz que nos permitiría verlos, vernos; nadie se comparecerá de nosotros cuando no estemos, solo las personas que un día se pararon junto a un cruce y durante un momento miraron a nuestros ojos y vieron algo más que tierra negra o hielo fundido, solo ellas sabrán de hay algo más que pasos y olor a colonia o certezas descubiertas de reojo. Pequeñas esperanzas que se sostienen en el peligroso equilibrio de alguna victoria son las que permiten luchar cada día en el tedioso paso por esos caminos no hechos para la amistad o para el amor o para conquistar algún Everest de bolsillo. Leonard Cohen me decía ayer “buenas noches, buenas noches, estrella caída” y yo sonreía rodeado por el mundo. Fante habla de estrellas caídas, de todas las astros perdidos que cayeron en la época de “la gran depresión” en Estados Unidos, algunos quieren levantarse otros dan un gran rodeo como el remolino de agua antes de caer por el desagüe. Y habla de la gran ciudad, de Los Ángeles, que devora a sus habitantes, que van cruzándose y golpeándose como en un gran juego de bolos en los que uno golpea a otro hasta caer, aquí no querrán golpearse, pero la vida, la cruda vida, va rodando directo hacia ellos hasta chocar haciendo volar sus destinos a cada lado de la pista.

Arturo Bandini, el protagonista y voz de esta novela,  escribió un cuento, “El perrito que reía” y viene a la gran ciudad a vencer al mundo, a conquistar dinero , fama, popularidad; a conquistar el derecho  de ser reconocido, viene a ganar para no ser el italiano de pueblo, el tipo sin futuro. Arturo Bandini es el tipo que no tiene con qué vivir si no son los pocos dólares que le manda su madre o los que gana con algún texto publicado. Arturo Bandini muchas veces vive de naranjas; de acuosas, jugosas y vomitivas naranjas. Artuto Bandini está solo, y busca amistad y sexo con mujeres que odia y admira, que le repelen y atraen, que las insulta y lo insultan, que desea y espanta, Arturo Bandini es virgen en el sexo y la vida, solo conoce y respeta la literatura y al editor que le editó su cuento, Cuento que nadie quiere, que a nadie interesa. Solo en la ciudad se rodea de sus pensamientos, que reparte por  esta novela contada en primera persona; con esa tentación del escritor de amar y odiar lo que hace, de ser un dios creador y un siervo de su ego, de sus ganas de gustar, de ser una estatua y ser el escultor, de nacer para morir escribiendo, de sentir que las palabras brotan pero, en un momento, se retienen en el filo del folio. Arturo Bandini ama a una camarera hispana a quien también odia, a la que necesita, es preso de sus necesidades y de su propias mentiras para justificarse, es racista porque lo es el mundo, porque lo han sido con él, se cree superior en su nimiedad, en su pobreza de victorias, en su poder partido. Arturo Bandini, si, se reinventa como persona, personaje y escritor, cada cosa que escribe sobre su vida , sobre él, sobre lo que le rodea y  afecta, lo hace  alguien diferente de lo que es; sí, en efecto,  se miente como buen escritor, y por ello se crea y se describe nuevo. La ficción de la ficción en la novela; donde el personaje escritor que se reescribe su papel para ser otro, pero termina siendo el mismo, siempre él mismo. Y sus lunas particulares que se acercan, esos personajes derrotados y por derrotar, fáciles de tumbar, no necesitan ni el viento del mar, ni necesitan que los empujes; lunas como personas que amaron y vivieron, que son como esas que cruzan junto a tí en el paso de cebra y que te golpean con el hombro y murmuran una disculpa, y los miras y están llorando, ¿Qué fue de ellas? ¿Qué les derrotó? ¿Salió un nuevo día para ellas? Para el mundo que rodea a Bandini, para su amante marcada por las vidas, o para el camarero sin fe, o para  Camilla su amor, la camarera a la que el mundo se le ha quedado corto,; para ellos , sí, los días pasan y la ciudad sigue igual, los cielos están azules, la luz entra como cada mañana por la ventanas pero ¿ Habrá alguien mirándola?

Fante habla de optimismo y del fracaso, habla de perdidas y de victorias, pequeñas o grandes, pero victorias, Habla de querer, habla de buscar lejos o cerca, pero buscar. Fante habla de él mismo buscando su lugar entre personas y los libros, de buscar su rincón en la gran ciudad en la que sentirse protegido del pasado y del futuro; habla, Fante, de amores , a veces ganados , a veces perdidos. Habla de todos esos seres que cruzan por la puerta del bar, delante tuyo y lo ves a través de la cristalera, con la cabeza gacha o con lo ojos alegres o confundidos, pero que no volverán a pasar; habla de perdedores, sí, vencidos, pero , a veces,  no vencidos, y habla, claro,  de él, sí, pero también de mucha gente que he conocido y casi los olvido.

wineruda

19 comentarios:

  1. Veo que el deseo de Selva a surtido su oculto poder, genial ;)

    Este libro de Fante (en Anagrama) se me escapó una vez, lo tenía fichado en una librería online a un precio baratísimo, un tanto ingenuo pensé que podría demorarme un par de días en reservarlo... error fatal, ya no había ni rastro cuando pretendí conseguirlo después.

    Siempre que comentas un libro hablas de la vida, cosa que pocos hacen, y no hay forma más fiel de abordarlos, ya dije en otro momento que los libros no aclaran la vida, es la vida quien va explicando a los libros, como haces tú, Wineruda.

    Hay muchas visiones poderosas reveladas en tus líneas, no sé por qué pero me atrae esta:

    "Arturo Bandini, el protagonista y voz de esta novela, escribió un cuento, “El perrito que reía” y viene a la gran ciudad a vencer al mundo. (...)

    Cuento que nadie quiere, que a nadie interesa."

    El cuento del perrito (en realidad el propio Bandini) en esa ciudad devastada de Los Ángeles, me parece como una amapola florecida en un inmenso páramo invernal, yermo y vacío, excepto por ese puntito diminuto y rojo entre tanta soledad.

    Por cierto, hablando de librerías, hoy tenía pensado recoger en Madrid (vivo a 13 o 14 kms de ahí, en dirección a la sierra) unos libros, (estos ya no se me escapan);
    -El arca del agua. E. L. Doctorow
    -La historia de San Michele. Axel Munthe
    -El señor de la danza. Robin Lloyd-Jones

    El caso es que me asomé a la ventana, vi la lluvia torrencial y sabiendo que los madrileños somos conductores malhumorados en un día sin lluvia... ¿te imaginas con este chaparrón?
    Qué se vayan al carajo (los conductores madrileños, los libros nunca).

    Voy a ver si termino con la gran Nawal El Saadawi ("Dios muere a orillas del Nilo").

    Cuídate.

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    1. Perdón;
      "ha" surtido. No "a" surtido ;)

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    2. He leído este libro varias veces, ya había hecho una reseña hace décadas:), así que esta no me ha costado mucho, además necesitaba liberar mente aposstado como estoy detrás de libros de filosofía( Spinoza de Alain, genial...) de arte( "Mirar" y "Modos de ver" de el gran John Berger y un librito fastuosamente esclarecedor- pone en palabra lo que pienso- de la crítica de arte mexicana Avelina Lesper que titula e"El fraude del arte contemporáneo"). Así que tenía poco tiempo para la ficción y me he decantado por dos libros a los que cada vez que leo saco piel y jugo, este y "Una muerte en la familia" de Agee.
      DE los libros que lees tengo el de Doctorow, los otros los investigaré; por cierto está este libro de Fante en una librería de Madrid por 5 euros (claro que Madrid es grande e igual te queda en el culo del mundo..:)
      Este libro es un lujo de la literatura, casi parece de la generación del realismo sucio, o de la literatura realista o de la social...es decir puedes mirarlo desde todos los puntos de vista, muy bueno
      gracias
      cuídate

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  2. Asombroso, llevo varias noches leyendo
    a ratitos un viejo libro (Editorial Mateu,1967) sobre Descartes (la primera parte del libro), y Spinoza (la segunda parte). Son biografías escritas por P. Landormy y E. Chartier, respectivamente.
    Apunto a Avelina Lesper... ni idea de su existencia. Nunca me he quedado anclado en un género... mi curiosidad es indomable.
    Cuídate.

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    1. Y gracias por el aviso de Fante!! ;)

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    2. El libro de Avelina es gratuito en su web, en PDF; el libro de Alain sobre Spinoza es una pequeña maravilla de pricipios del XX, reeditado hace un tiempo. EL de FAnte está en..te lo paso por mail:)

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  3. Estimado Atlas, una vez más lo hace muy muy bien, provocando nuestra memoria, extrayendo lecturas que se habían quedado allí.
    No puedo decir que leería el libro que nos presenta porque estaría faltando a la verdad, ni por un poquito me provoca hacerlo, pero sí haberme evocado a un escritor uruguayo que leí de muy joven, llevándome a hojear de mi biblioteca algunos de sus títulos, autor que bien merecería estar en la vuestra.

    Se trata de Mario Levrero, La ciudad el primer libro que cayó en mis manos allá por los 80, toda una sorpresa, mi ultimo preferido, Dejen todo en mis manos.

    Nótese que lleva or nombre una expresión muy rioplatense conjunto formado por porteños más orientales, nosotros), algo así como anda tranquilo que yo me encargo, obviamente pasará cualquier cosa menos que salga bien.

    Levrero era un genio, un Cortázar o quizás más aun, y esa novela corta y La Ciudad exploran y apelan a iguales sentimientos que la reseña del Sr. Wineruda evoca y añora?

    De manera que gracias. Le invito a su vez a indagar sobre mi compatriota, también a evitar La novela luminosa, publicada post-morten, esas nunca suelen ser buenas, ni a Beethoven le fue bien con eso, concentrarse en las dos que le menciono, quizás agregar Paris.

    Tendrá así tres dignos ejemplares de vuestros existencialistas pero en clave de uruguayo, una suerte de porteño gris, un poquito francés allá en el fondo, producto del sistema educativo adoptado en los albores del SXX, e incluso antes, tiempos en que nuestro ilustre libertador se nutría de los pensamientos de los padres fundadores del Norte, todo por la falta de té.

    En Levrero leerá sobre sentimientos íntimos, en apariencia triviales, que constituirán el telón de fondo para una búsqueda que parece imposible y que no es común a todos.

    Las cosas por las que vivimos son como el brillo lejano de las alas de un insecto, a la luz de un sol mortecino, susurró Raymond Chandler.

    Sea feliz, por mi parte me cuidaré, Selva

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    1. Hola María Selva.
      Pues, ¡Vaya por Dios!, leí de Levrero solo “La novela luminosa”, mas no me culpe, porque seguí el consejo de un afamado, en España, crítico literario, que es, dicen, descubridor de Bolaño, pero en cualquier caso , su albacea. Este señor la defendía como una de las mejores novelas en castellano .
      Mi experiencia fue extraña, porque lo que pudiera llamar introducción era amena, más por casi un sentimiento casi "voyeur" que por originalidad. En cambio lo que propiamente dicho era esa novela luminosa, no me dijo demasiado. En cualquier caso no me promovió a comprar más novelas de dicho autor. Cosa que usted ha solucionado, y se lo agradezco .
      En dicha lista que no será, por lo que se ve y por lo tanto, de su gusto, creo que solo, además, aparecen de su patria Felisberto Hernández y, claro, Juan Carlos Onetti... La vida breve .

      Me alegro que se cuide.Insista.

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  4. Hola, Wine
    Tengo varios libros de Fante para despuntar, pero nunca me he inclinado por ninguno, no se por qué. Quizás vaya siendo hora de hacerlo.
    Leyendo tus líneas -que son un poema en sí mismo- pareciera un autor al que sería conveniente visitar en breve y no dejar pasar.
    Por cierto, coincido con Selva en la sugerencia de Levrero. Mi experiencia descartó 'El discurso vacío' y disfrutó mucho con 'Dejen todo en mis manos'.
    Un abrazo. Cuídate.

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    1. Si tienes este libro, no estaría mal empezar con este, o cualquiera del tetralogía BAndini. Es decir él mismo. Lo cierto es que Fante se redescubrió por Bukowski, cosa de agradecer, pero intuyo que en algún momento y para muchos ha superado a su redescubridor, supongo más en EEUU que en la zona hispana. además su hijo Dan Fante también publica, y mantiene el apellido en alto.:)

      Apunto tu sugerencia de Levrero, sin duda.
      Un abrazo cuídate

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  5. Buenos días Sr. Wineruda, en buena hora me alegro de haber reivindicado a lebrero.
    Ud. que anda todo el tiempo entre los libros debería saber que lo último es hacer caso de la recomendación de los críticos, menos de sus mecenas, mercenarios baratos. Tanto peor si lo que exponen a la puerta del templo dicen es la piedra filosofal de la pluma de infieles (habitantes pre-existentes de las colonias perdidas por la incapacidad manifiesta de la descendencia de Don Carlos V, el imperio donde no se ponía el sol). Licencia que me permito en mi condición de ciudadana del reino.

    Felisberto Hernández es muy bueno pero no trivial, puede desilusionar si no logramos pescar su clave. Recomiendo iniciar por Las Hortensias, una maravilla, ahí no importa la clave, ya el resto hay que estar atento y en vena. Nos abría decirle con qué música va, sí que su esposa fue una espía rusa que vivió de encubierta (casada con pobre funcionario público, Felisberto, lo habrá elegido por su apariencia insignificante a los ojos de un lego, conjunto coincidente con la mayoría de la población de cualquier sitio incluyo a Islandia.

    Onetti es otro vino, un tannat, todo un desafío, de lectura compleja, capa sobre capa, hermético y alquímico en algún sentido lo que descubrirá si está atento y conoce algo del tema. Verá signos y símbolos entre palabras comunes, adónde conducen no lo supe nunca, quizás únicamente fuere un divertimento del autor, un guiño a algún tipo de lector. La vida breve, Cuando ya no importe, El astillero y El pozo, excelentes pero un bajón, de ahí directo se me va a caminar junto al río, cara a la lluvia seguida de un buen “caliborato” para reponenrse. Onetti tomaba whisky, mucho whisky, vivió gran parte de su vida en Madrid, tirado en una cama, alcoholizado y fumando, allí terminó sus días, una persona muy compleja, muchas esposas-madres, pocos amigos.

    Ahora si de lo que se trata es de disfrutar una buena historia bien narrada, la ingeniero que le escribe que de crítico no tiene nada, le recomienda La casa de papel, Carlos María Domínguez, uruguayo, solo en usado, como es bueno dejó de editarse. Es una historia de libros y amores perdidos, un corte transversal a nuestra ciudad de Montevideo (muy parecida a Barcelona salvo que la nuestra siempre está sucia, muy pero muy sucia, antes no pero así como este año parece que el color de moda es el morado, aquí desde hace años toca la mugre). Vea que no le mando a netflix, se llam igual pero no es lo miso, el mío es papel, lo otro es eso que está de moda de igual nombre en tv y es absolutamente lamentable, mal gusto.

    Y habría más para contarle pero creo que está bien, de manera que si “me” coloca a estos en el lugar de los Galeanos, su Atlas saldrá ganando.

    Benedetti está bueno porque de últimas nunca hace mal, sus poemas son más letras de canciones que poesía, un mimo para el alma.

    Por mi parte veo de mirar las baldosas por donde camino y de guardarme de no pasar debajo de las escaleras, por la suya disfrute de su primavera, esa primavera, seguro que está buena si no es alérgico, claro, Selva

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    1. No sé si se creerá usted, pero tengo en mi lista de libros buscados, para comprar, el de Carlos María Rodríguez, le diré que lo tengo situado entre “La máquina de crear españoles” de Walter Hugo Mae y “La gente de Papel” de Salvador Plascencia (extraña cosa lo de dos libros seguidos con la palabra papel en el título), pero como el recuerdo es algo lejano no sé la razón por los que lo elegí. Me temo que fue en alguna noche de insomnio que es cuando busco libros que merezcan la pena en este vasto mundo de Internet y de los manuales de literatura poco frecuentes.
      Ya ve usted que mi vida va desde las corrientes bravías de los ríos a la tranquilidad ojerosa de las noches sin sueño. Mi cerebro es ciertamente previsible, va del ruido al silencio de manera brusca y sin punto medio.
      En cuanto a los libros que me recomienda, acepto su crítica sobre lo poco avispado que estuve en la elección de los consejos (y el consejero), una vez leída la obra no puedo rechazar radicalmente dicho comentario por su parte. Pero, dese cuenta, que entrará usted en el mismo ramo de aconsejadores y tras leer los libros que usted recomienda publicaré mi impresión sobre ellos, y claro, si usted quiere, sobre su amable sugerencia.
      En cuanto a Benedetti, no me gusta mucho su poesía, por un hecho concreto y peculiar en mis gustos: no me gusta la poesía amorosa, esa que abunda en su producción. Cosa que no evita reconocer como un buen escritor a su compatriota aún en el recuerdo.
      Me hizo gracia, sin duda, los problemas de Felisberto con su mujer espía. Pero no entiendo, o puede que no conozca, corríjame si es así, que no se haya escrito algún libro sobre el tema. Puesto que daría para una buena novela que podría entrar tanto en la temática de espías, negra, que usted lee, la de política, la de aventuras, la de biografía, y hasta meta ficción si fuera posible.

      Muy agradecido con sus recomendaciones.
      Le sugiero se cuide, también, de cruzarse con gatos negros y de romper espejos

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  6. Estimado Atlas, el asunto de la espía de Felisberto o el Felisberto de la espía, fue documentado variada y profusamente, por lo que si fuera de su interés incluirle entre sus páginas, es sencillo, Felisberto y la espía rusa en internet y “con fritas”, papas fritas, otra expresión rioplatense.

    Creo haber entendido que por estos días buena parte de su tiempo la dedica a Baruj y al concepto del arte.

    Sabrá Ud. que Einstein aun siendo de origen judío se confesaba ateo, situación coincidente aunque no temporal, con la del joven Baruch. Transcurrieron los años y Albert empezó a escribir sobre un cierto dios, ni el cristiano ni el judío, otro más cercano, quizás el que luego pasados bastantes años descubrirá el jesuita Tehilard de Jardin (Como yo creo), el Hombre Dios, el Hombre ético. Y siguieron pasando los años y Alberto ya bastante mayor adoptó para sí al Dios de Spinoza, ese del orden supremo, el orden divino no evidente, -véase el niño en la biblioteca-.

    Todo lo cual me lleva a compartir con Uds. el siguiente extracto de una conferencia de Alberto. Deseo que en alguna forma contribuya a dar luz a eso del arte que por estos días preocupa (antes de ocupar) al Sr. Wineruda, la busquen completa y la disfruten tanto como yo:

    “… Creo, con Schopenhauer que una de las razones más poderosas que impulsan al hombre hacia el arte y la ciencia es una huida de las rutina cotidiana con su torpeza dolorosa y su yermo desconsuelo, es cortar el lazo de nuestros deseos siempre cambiantes. Es el intento de afinar las cuerdas de la existencia personal saliendo al mundo de la observación y la comprensión objetivas.
    … El hombre procura formarse una imagen adecuada y fácilmente aprehensible del mundo, con el fin de sobreponerla a la experiencia de su realidad, sustituyéndola hasta cierto grado por ella. Esto es lo que hacen, cada uno a su modo. El pintor, el poeta el filósofo y el investigador. Hacia esta imagen y su elaboración desplazan lo principal de su vida sensible, buscando así la paz y la seguridad que no pueden encontrar en el círculo demasiado estrecho de su agitada experiencia personal.”

    Conferencia sobre “Los principios de la investigación”, Albert Einstein, 1927.

    Ya ve que les distraigo, me disperso fácilmente, una alumna molesta si las hay, una mosca que se posa aquí, allá y en ninguna parte, una de las razones por las que solo leo novelas policiales, son lineales, no hay nada que pensar más que en quién es el asesino.

    Aquí llueve, saludos, Selva

    PD Nótese que Einstein también gustaba de la pluma de Schopenhauer.


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    1. Apreciada Selva.

      Yo me acerqué a Baruch por simpatía, y más tarde por comprensión, soy relativamente neófito en la filosofía, pero no tanto como para no observar, a grandes rasgos, que en la filosofía occidental, los griegos buscaron una explicación del mundo, y tras ellos todo fue buscar un forma de adaptar el mundo a la filosofía, como lo hacían los filósofos cristianos, que buscaban las más desorbitadas, y desenfocadas (para mí) formas de crear y afirmar y reafirmar a Dios, o al menos que este encaje en la filosofía. Hasta que llegó Baruch, que diciendo sin decir ( o acaso adaptado por su editor) dibujando un Dios que se hizo mundo, se hizo panteísta, se hizo todo; Dios no era todo, todo era Dios para Baruch, así que por eso me gusta este filósofo que arreglaba lentes. Que por cierto ya voy necesitando.
      EN cuanto al arte, no busco una razón del arte, el arte no tiene razones, y el que se empeña en buscarlas es como el niño aquel de San Agustín que quería pasar el océano con sus manos a un pozo de arena, inútil. Yo busco una explicación por las que el arte conceptual moderno ha invadido espacios, museos y lugares de culto artístico, como la marea lleva las bolsas de basura a las playas. Nunca entenderé un arte que nacido para criticar, para rebelarse contra el arte convencional necesita de los “templos” del arte tradicional, no ya para exponerse, sino para el nimio objeto de reconocerse como arte. Pero me alargo y este tema me da para largas charlas que la aburrirían.

      Cuide de taparse con paraguas y bufandas para el invierno ese que le llega.

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  7. Estimado Sr. Wineruda, con el mayor de los respetos sugeriría que va siendo hora de una nueva exégesis de otro digno integrante de vuestro Atlas.

    Doy por descontado que una vez más no leeré el libro objeto de la misma, siempre es así. Pero esa circunstancia en modo alguno obsta a la complacencia que me otorgan sus disquisiciones.

    Días atrás leyendo las noticias recordé El proceso, Kafka, quizás pudiera hablarnos de ese, una circunstancia cada vez menos improbable de ocurrencia por estos barrios.

    Me despido sugiriéndole acompañe esa lectura con el Canon en Re mayor, Pachelbel, Selva


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    1. Apuntada está la lectura y la compañía, apacible y apetecible, de Pachelbel.
      Pero no está la vida para Kafkas, no porque no me guste, sino porque está el último de la fila de mis lecturas futuras, más que nada por que leí, en mi juventud, mucho Kafka, y como pasa con Márquez o Baroja o Danilo Kis o Flannery O' Connor o...., ya he leído casi todo o todo de ellos (bueno, de Baroja no) O quizá sea mejor decir que mi gusto exagerado por ellos me hizo saturarme de su lectura, porque leí todo lo posible lo más rápido posible - no en horas de lectura sino en conseguir los libros...y luego leerlos claro).

      Tengo varios libros que puedo reseñar, hay uno profundamente inquietante y triste , como mucho de la literatura portuguesa que leo, que es·"Te me moriste" de Peixoto, pero también un extraño libro, famoso en EEUU en su época, que es "Netherland: el club de cricket de Nueva YOrk" y uno muy , pero que muy, irritante que es "Saliendo de las estación de Atocha" de B. Lerner; que tuvo, también, su cuota de éxito allende el atlántico. pero este no lo haré , me puso furioso.

      En fin, dejé que piense que encaja en el atlas, acaso el asomo de un cabo, o el bosquejo de una costa o solo la figura lejana de una Ínsula Barataria.

      cuídese del frío

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  8. Estimado Sr. Wineruda, Ud. no piense, para pensar estamos sus lectores. Ud. escriba, es eso lo que justamente le sale tan bien, provocando nos retenga aquí.

    Confieso no tener ni idea de quienes son esos señores que menciona ni tampoco sus títulos, no obstante con absoluta certeza le voy diciendo que por ahí no va la cosa. Los portugueses son muy nostálgicos, debe dosificarlos, por cuenta gotas. Los otros descuento son snobs.

    El nobel que no fue dijo: Yo he tratado más de releer que de leer, creo que releer es más importante que leer, salvo que para releer, se necesita haber leído.

    Y vea la casualidad, Ud. leyó y leyó bien (soslayo esa animadversión al señor mencionado ut supra y que de "amor" no (ahí no sé como entra V. Woolf, ya me dirá, no es el momento)).

    Y si dicho esto aún persiste esa idea de innovar, recuerde a Heráclito: nadie puede bañarse dos veces en el mismo río.


    De manera que sin dudar vuelva al principio de esa su fila y a la piscina, salto bomba sin mirar con Kafka, insisto.

    Una vez más le digo que el resto son malas copias de los clásicos, nacieron para el olvido. Estos en cambio ejercen una fascinación perenne, se renuevan en cada lectura.

    Aquí seguimos bien felices, disfrutando de una suerte de estío prolongado vestido de otoño, despista pero es fantástico, Vivaldi se haría un lío que ni vea, Selva

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    1. Me alegro de ese estío constante que le evita cuidarse del frío, pero sería deseable que ello no se tornara en una sequía notable.

      Siendo un lector que huye de las mesas llenas de libros de los grandes almacenes o de las entradas de las grandes librerías donde se acumulan libros de gran tirada o deseos oscuros de los dueños de las editoriales, no puedo tender más que a ser un snob. Ciertas veces un snob aburrido y ciertas veces un snob ocurrente, pero, hay que decirlo, snob a fin de cuentas. Además es necesario saber, para comprender al snob, que es aburrido seguir las pautas editoriales o los deseos ocultos de los escritores de manuales académicos o de los profesores que crearon sus filias y fobias al calor de las idea ajenas; de modo que el snob es el anti académico, incluso el cencerro que toca en las bibliotecas cuando está el silencio más pleno. Hay que ser un snob en la vida literaria querida Selva, o uno queda anclado en el sopor de la literatura de consumo, o, lo que es peor, en los 6 escritores al uso que todo el mundo aclama como buenos, y así evitan leerlos. Dicho esto el snob tarda demasiado tiempo en encontrar libros que merezcan la pena, y a veces encuentra solo apariencias de novela buena y son basura de la mala, aunque sea redundante.
      Lo cierto, paro de tanto marear la perdiz, que he hecho, como me decían de pequeño, un ejercicio de pensar en mis ideas y de contrición, -ahora que lo leo no creo que era eso lo que me decían en el catecismo, pero pudiera haber sido-, decía que he pensado en libros y textos y compras y, estoy esperando, casi al hilo de lo que dice usted -y el señor que ha citado que no me gusta-, un libro el cual quiero para releerlo años después y es “Zazie en el metro” de Raymond Queneau, -de esa literatura francesa que usted domina aunque se aferre al señor que falleció en Ginebra y a la literatura de crímenes--, lo leo para saber si aún me gusta o no, ese será mi siguiente reseña. Siempre que me guste, porque sino me vuelve a gustar, haré como con Lerner, acabarlo, por ser corto, y tirarlo al sitio de libros que no deben ser recordados, o releídos según decía su antinobel.

      He leído bastante de V. Woolf, de ello solo me quedo hoy con “Al faro” los otros son buenos pero no inolvidables.

      Déjeme al menos que piense en un buen deseo para usted , y si no puede ser, dejé que le diga que se cuide de los calores en hora indebida, cuando acecha la solana.

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  9. Queneau es una buena elección. Si a ello agregamos su notoria afición por Perec (no la comparto), presiento un Atlas queriendo hacer amistad con la Pleíade, lo que para mí está muy bien.
    Me despido invitándole a escuchar a su coterráneo Andrés Segovia, A portrait, tomo 2, y deseándole la paz a la que nos anima su amigo Agustín, “la paz es la tranquilidad que da el orden”, máxima a la que adhiero 100%, “no toquen nada” es mi axioma de vida, Selva

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