miércoles, septiembre 02, 2015

EL NO VA MÁS de STANLEY ELKIN


















EL NO VA MÁS de STANLEY ELKIN
the living end 1977
Edtral. Ampúries Paidós 127 Pág.
Trdct. Roser Berdagué



Algunos dicen que Gagarin dijo que “aquí arriba no veo a ningún Dios”. Elkin no dice que haya o no haya. Los tiempos cambian y los países también -a fin de cuentas no era comunista-.y él satiriza la religión, la cristiana. todo lo que se mueve por allí: Dios, Cristo, la Virgen, José, la biblia, el infierno, el cielo... No necesita -creo que tampoco le importa- decir si hay o no hay, sólo aporrea con precisión y mofa todas las ideas creadas y aprendidas durante siglos. Les da la vuelta, las moldea para mostrar su lado oscuro, su otra posibilidad, sus acasos, lo que nadie presupone, lo que podría ser -el...¿pero qué es esto-. Es una impía versión gamberra de un evangelio apócrifo. Es un Dante sacrílego, un iluminador de teatros donde se celebran homilías, un fantaseador de pesadillas de las que no se despierta, un humorista que hace monólogos sobre creencias imposibles, un alborotador del gallinero monoteísta -el zorro que aprendió en la universidad laica-. En la edad media lo hubieran quemado, en la actualidad lo llamarían esa estupidez de políticamente incorrecto. Así que es un superviviente de la hoguera pasada, salvajemente satírico, un interprete de música heavy en una iglesia, que nunca será escritor de cabecera de Coelho.



Su novela, en un principio lineal -una simple historia de un buen hombre que ve caer asesinado a un trabajador suyo en un atraco, y posteriormente es él mismo acribillado- va cambiando a una historia en los que van saltando de un personaje a otro -el socio del asesino del hombre, un enterrador, un niño muerto por obra y gracia de Dios – y en los que el tiempo no es lineal, salta y vuelve para explicar los sucesos y las experiencias de los personajes en su paseo por la muerte, la tumba, el cielo, el infierno. En ese escenario los personajes eventuales son los humanos que disfrutan en un cielo que parece un parque de atracciones
 -¿ Será de Disney?- o los sufridores de un infierno en los que los castigos no son sólo los relacionados con los fuegos, las torturas y los pinchazos de los tridentes de los demonios, sino que es también un lugar muy similar a una ciudad moderna donde la prisa -la imposibilidad de pararse-, la falta de intimidad, el ruido, la atmósfera agobiante, la suciedad son parte de la vida diaria, mensual... eterna. Los personajes fijos son todos los relacionados con la tradición cristiana: Padre, Hijo, María, José, San Pedro, los ángeles, los demonios... pero humanizados...


¿Humanizados? Protagonistas pasados por el psicoanalista, analizados por un brusco siquiatra sin lecturas sacras. Un Jesucristo tullido que no cree en sí mismo, aburrido de su papel, y que añora su tiempo en la tierra; un José que no cree que su “hijastro” sea el Mesías; una Virgen María traumatizada por su virginidad y por su forma de ser madre que huye de cualquier contacto; un Dios
egoísta y cruel, monarca absoluto de sus dominios y sus criaturas a los que usa a su antojo rellenando el cielo o el infierno por simple hastío, sin el don de la misericordia, severo y cruel a partes iguales.


¿Donde encajan los “humanos” protagonistas de la novela en toda esta historia de dioses, santos, madres de dioses? Pues ellos son las cobayas de sus necesidades, antojos, leyes estrictas. Son los que soportan la contradicción donde el bueno va al infierno y el malo vuelve a la vida, y el que pasaba por allí va al cielo, y el niño que toca buena música va a endulzar los aburrimientos celestiales. Un desorden ordenado por un guardia de tráfico alterado y con pistola fácil.




wineruda




miércoles, agosto 26, 2015

TODO COMO ANTES de KJELL ASKILDSEN














TODO COMO ANTES de KJELL ASKILDSEN

thomas f´s siste nedtegnelser til almenheten (1983) En plutselig frigjørende tanke (1987) Et stort øde landskap (1991) Hundene i Tessaloniki (1996)
Edtrl. Debolsillo 153 Pág.
Trd. Kirsti Baggethun y Asunción Lorenzo


No quisiera criticar las decisiones de una editorial, seguro que es lo correcto, tampoco debería decir nada puesto que habrá lectores al que les guste que exista un prologo en el que se explica las influencias en el autor así como sus temas, los guiños que hace, sus ideas favoritas, una interpretación de sus textos... Pero a mí me resulta odioso, me recuerdan mucho, pero es que muchísimo, a las clases de literatura en secundaria en las que una digna profesora nos explicaba, analizaba, sajaba, se inmiscuía en cada uno de los versos de cada estrofa de, pongamos, García Lorca. Que en este verso estaba deprimido, que en éste hablaba de su viaje a Madrid, que en ésta estaba enamorado, que en aquel adjetivo quería enseñar el amanecer en Granada, que en este verso copiaba a Rubén Darío... ¡Por Dios! Me corría el sudor por las sienes en sólo pensar leer un libro de Lorca; tener que comprarme una biografía estricta, así como las de sus amigos más cercanos, un enciclopedia de los fenómenos atmosféricos en España en aquella época o de un diccionario de las metáforas del autor y, si había suerte, encontrar un ejemplar con notas explicativas al margen que había que leer cada vez que acabas una estrofa. Al final, por suerte, creces y tienes ideas propias -no muchas- y comprendes que los libros están escritos para hacerlos tuyos: admirar la construcción, los temas, los colores, las imágenes, la técnica, la prosa o los versos...todo. Pero la interpretación es mía, unicamente mía. Y, la verdad, por quién ha sido influenciado me importa muy poco, es irrelevante.



¿Cómo he interpretado este libro? Parto de que son tres libros de cuentos en un sólo libro: “Últimas notas de Thomas F. para la humanidad”, “ Un vasto y desierto paisaje” y “ Los perros de Tesalónica”. Cada uno de ellos parece tener un tema diferente, único en el caso del primer libro, un aire que asoma por cada una de ellas que parece rolar de una dirección o de otra. Pero hay una cuerpo tanto técnico como semántico común. Hay una cadencia en sus frases, una simbología y una obsesión por ciertos momentos de la vida que abastecen los textos de la mayoría de los cuentos.
Sus frases cortas y directas, que parecen martillear al lector, como golpes de una campana que anuncian que algo está pasando, que quizá al siguiente golpe del badajo se rompa la campana, o al próximo, o al próximo...La prosa de Askildsen me crea tensión, hay un desasosiego hasta en el más lúdico de su textos, hasta en el más amable, no pareces controlar lo que pasa, no sabes lo que va a suceder, como un león tumbado que puede levantarse y atacarte o echarse a dormitar. Deja los momentos, los pensamientos, las acciones en el aire, pululando entre la corriente, sostenidas como una pluma, que puede caer o no, pero que, si caen, caerán a plomo dañándote en la caída. No te cuenta ni cuándo, ni cómo, ni desde donde será la caída pero es posible que la haya, o la ha habido, o la habrá. Ha habido veces que he apartado la mirada del texto, para descansar de la atmósfera que crea, muchas veces opresiva, otras que da pena por sus personajes, otra por el simple pesimismo de sus textos. Pesimismo que se refleja en algunas de sus obsesiones; en esos temas recurrentes a lo largo de sus cuentos: la vejez tomada como final de la vida de seres siempre solitarios y casi siempre misántropos, personas ancianas ariscas no sabes si porque son así o por que la vida los ha hecho de ese modo. A los que las enfermedades y los años los acercan a la muerte, otro de sus temas recurrentes, en los que casi siempre hay olvido, incluso necesidad de ellos; en los que la familia no deja de ser un lugar sin consuelo. Ahí encontramos otro de los temas: la familia. Casi siempre lejana, olvidada, molesta, en las que no hay amor, ni siquiera cariño. Incluso aparece el odio o el deseo desnaturalizado. El sexo parece en alguno de sus textos, pero más como un elemento solitario, en el que son los deseos los que triunfan, más que los hechos, casi siempre lejanos y distantes. Incluso en el matrimonio, otro de sus temas, aparece el deseo sexual como lejano e inactivo, donde las parejas se enfrentan a un tedio y una vida en común ya casi abandonada y casi siniestra, donde nada va a ser igual. Otro tema es la obsesión todos los personajes funcionan entre movimientos dictados por la obstinación de seguir sus reglas y sus pensamientos, alejándose de tener un lugar común entre la gente, queriendo siempre alejarse, distanciarse del mundo y de las personas, sea por enfermedad, sea por propia decisión. Y la soledad... La soledad desolada, la soledad en pareja, en grupo, en la calle, en todo el mundo grande y complejo, soledad arrastrada o no perseguida de la que no se puede escapar.


Casi todos los cuentos son narrados en primera persona, eso permite a Askildsen dibujar a sus personajes desde un interior recóndito, donde se asoman sus obsesiones, sus manías, sus pensamientos, sus actos reflejos o condicionados. Nada parece casual y refleja un mundo propio casi siempre balanceándose entre la inquietud, la manía -a veces enfermiza-, y la sensación de que hay algo que nos está ocultando y que influye en cada una de la acciones que describe, en sus palabras y en sus gestos. Sólo sabemos su versión, su punto de vista y nada deja entrever el del contrario. Todo es claramente oscuro.


La verdad es que me ha impresionado el libro. Cuando un libro te afecta tanto en su lectura como para tener que dejar de leerlo para reflexionar, pero a la vez te inocula la necesidad de seguir haciéndolo, de saber el final, de conocer los pormenores de la historia, su resolución y sus paréntesis, es que es un buen libro, incluso muy bueno.



Wineruda

lunes, agosto 24, 2015

UNA MUJER, UNA CASA, UNA NOVELA de WILHELM GENAZINO


















UNA MUJER, UNA CASA, UNA NOVELA de WILHELM GENAZINO
eine frau, eine wohnung, eine roman 2003
Edtr. Galaxia Gutenberg 173 Pág
Trd. Carmen Gauger





¿Puede un libro en el que en realidad no ocurre gran cosa ser un libro bueno o al menos digno de leer? Éste es un libro que cuenta la historia en primera persona de Weigand un adolescente que encuentra trabajo como aprendiz en una almacén, a la vez que, siguiendo sus impulsos y gustos, comienza a trabajar como reportero a tiempo parcial en un periódico. Va creciendo, y su vida, su novia y sus aventuras, sus conocidos y colegas de trabajo, sus padres, lo que ocurre en el almacén y sus reportajes de poca importancia son los que van conformando la novela. Acaso podrá suponer poca cosa, pero no es diferente a muchas novelas que me vienen a la cabeza y en las que si planteas un recorrido sucinto por su argumento no provoca una seducción inmediata en el posible lector, pero son libros en los que está establecido que son obras fuera de lo común, incluso excelsas. ¿Cómo explicas a un lector acostumbrado a lecturas de argumento de aventuras sin fin, sexo descontrolado o matanzas aparatosas o... que aquellos libros son dignos de leer, incluso necesarios -para mí-? A priori nunca los convencerás, tampoco es necesario o importante, cada lector tiene sus gustos, eso de hacer proselitismo con la literatura es un acto predestinado al fracaso, incluso muy adecuado para ser acusado de pedantería muchas veces con razón, cada lector que busque su camino y lo siga con sus derrotas y victorias. Pero, vuelvo al tema, supongamos que quiero explicar a alguien la razón por la cual este libro merece la pena leer, que te va a aportar algo, hasta placer.




Si descorro la cortina de la novela, y la miro como voyeur oculto, voy descubriendo una literatura que aprecia los pequeños detalles, se fascina en los elementos corrientes que van apareciendo ante los ojos de Weigand , todos hasta los más mínimos, un tren que pasa, una barcaza donde una mujer da el pecho a su hijo, una flor, un poco de musgo en la ventana, una camarera comiendo sopa, una programa de Heinrich Böll... son deslumbrantes tanto por ellos mismos como elementos de una posible novela . Son elementos que merecerían ser descritos y admirados, ser plasmados en el papel y, por ello, en el recuerdo. Por que en este libro la literatura, las novelas, son otro elemento importante. Una sucesión de personajes con una idea para un libro, incluso ya comenzado a escribir, aparecen en el registro de los pasos del protagonista, la publicación es un fin a conseguir aunque la mayoría están destinados a ser fracasados, son individuos que salen de su vida gris solo en la mente, en la posibilidad, en la casi segura llegada del éxito, que está frustrado antes de nacer. Esa frustración que también aparece en los habitantes de su ciudad, que intentan destacar en la vida, sea como sea, hasta en concursos de talento de algún bar, al que acuden para salir de la oscuridad y monotonía de su vida, creyendo que aquello les daría futuro. Hay que elegir. Weingand, ante ello, duda en reflejar en sus reportajes la realidad de lo que supone ese esperanzas fracasadas o o contar una historia de futuros grandes triunfos. Así aparece la sensación que aparece al escribir en un periódico de que se debe elegir: contar lo que es o lo que esperan que sea. Weingand es joven, va creciendo con sus experiencias en el almacén y en el periódico, por ello y por su condición de joven -como todos inmortal, inmarchitable, invencible- siente la sensación de superioridad. La soberbia le hace suponer ser mejor que todas aquellas oscuras personas con las que se cruza. Pero lucha contra ello, necesita no ser así puesto que sólo el hecho de escribir le hace diferente a sólo unos pocos. Tan igual es que sus relaciones con su novia son las que serían en cualquier pareja en cualquier momento del mundo: normales, típicas, hasta vulgares. Sólo la aparición de una colega supondrá un cambio en su opinión al mundo de las mujeres y de la vida en general. Vida en el que para Weingand la literatura es su fascinación, los escritores -Kafka, Böll, Celan, Been, Conrad, Arno Schmidt...- son figuras a imitar, a estudiar, a elegir para conocer y copiar, son los elementos que conforman su mundo propio e intimo. Cierro la cortina.

Lo superior y lo inferior, lo vulgar y lo especial, el trabajo en los almacenes duro y exigente y el trabajo liberal del periódico, la juventud y la madurez, lo mínimo o lo máximo, la vida o la muerte...la novela es un sucesión de elecciones, de dicotomías a las que perseguir, de incógnitas que despejar.



Es una novela en las que podría alguien enclavar en esas que llaman novelas de crecimiento. Supongo que por el hecho que un joven crece, se aleja -y se enfrenta- a sus padres, conoce el amor -y el sexo- , intenta descubrir el camino a seguir -o al que desviarse- y conoce la vida – y la muerte-.
A fin de cuentas, aprende a elegir. En cualquier caso, llamándose como quiera llamarse es una novela interesante.



wineruda

sábado, agosto 22, 2015

FOE de J.M. COETZEE


















FOE de J.M. COETZEE
foe 1986
Edt.. Debolsillo 157 Pág.
Trd. Alejandro García Reyes





Según el diccionario de la R.A.E. Alegoría es “Ficción en virtud de la cual algo representa o significa otra cosa diferente.”. Este libro es evidentemente una sucesión de alegorías, pero ¿sabemos el fin último de los pensamientos del autor? Puede que haya una entrevista que confiese sus intenciones, pero ante la falta de conocimientos de ello, el lector, yo mismo, debe aplicar el sentido común para identificar, comprender y asimilar el pensamiento oculto del escritor o simplemente adaptar la lectura a la experiencia propia y hacerla suya (del lector) por lo tanto todo lo que identifique según su experiencia cultural, social e incluso política pasa a formar parte de la verdad última del significado de la obra. Así puede uno puede estar confundido o no pero menos. Andamos tarde pensando en qué querrá decir el autor, pero ganamos nuestra propia carrera en la definición del libro, nuestro libro.


La novela es una revisión de la novela “ Robinsón Crusoe” de Daniel Defoe (Foe en la novela, como su nombre real). Una mujer, Susan Barton, cuenta en primera persona como es abandonada en alta mar y las corrientes la llevan a una isla habitada por dos hombres,: un hombre maduro: Cruso (así lo nombra Coetzee en la libro) y un hombre negro al que probablemente le han cortado la lengua y no puede hablar: Viernes. Tras una larga temporada en la isla bajo duras condiciones, son rescatados por un barco y llevados a Inglaterra, en el trayecto muere Cruso. Ahí comienza otra parte diferenciada del libro, la vida de Viernes Y Susan Barton en Inglaterra. Allí a través de unas cartas contará Susan como intenta que Foe escriba la historia de la vida de los tres en la isla. Será una vida dura en la que Foe perseguido por la justicia huirá de su casa y la mujer y Viernes sobrevivirán en penosas condiciones y escasos recursos. La última parte será el encuentro con Foe y sus conversaciones con él. Hasta aquí todo normal, limpio y planchado, colgado y puesto en el armario.



Miraré por el otro lado del texto, en el palimpsesto en blanco, y pongamos que Coetzee plantea una primera parte en la que descubre el libro de Defoe con variaciones, la historia oculta en la que aparece una mujer y la isla no es paradisíaca y Viernes no es un caníbal es un naufrago superviviente de un barco negrero. La historia no era como la contaron, aparece otra versión donde se ha ocultado a la mujer y la dura vida en la vida se descubre antes que la falsa tentación paradisíaca de Defoe. Pongamos, también, que cuando son “rescatados” de la isla y llegan a Inglaterra tras la muerte de Cruso, es la historia del intento de Susan por entender a Viernes -sus soledad, su silencio, su estado de esclavo sin serlo, de pez en tierra- y sobre todo el intento de que Foe escriba la realidad de la isla, la aburrida, terca y lineal historia de aquellos años.. La literatura como acto de creación única o no. Pongamos que la última en la que se reúnen Viernes, Foe y Susan es la revelación última de cómo es la literatura y acerca de la objetividad sincera y poco “vendible” que se enfrenta a las historias paralelas que quiere Foe para adecentarla. Lo real y lo irreal, lo inventado impaciente y la verdad sosegada.

Pero no es eso, la novela no es sólo eso. Podría descubrir, hilvanar, reconocer, levantar, incluso inventar muchas ideas, revelaciones, metáforas ocultas o patentes que muestra u ocultan sus textos. Podría hablar de intertextualidad o de metaficción pero serían palabras huecas, apenas definiciones “técnicas” de una cosa más simple analizar: la literatura pura y simplemente. Así aparece desde el enfrentamiento entre realidad objetiva o subjetiva, hasta el aporte apócrifo de las historias paralelas en todos los libros, esos que acompañan a la historia principal y que se adornan con historias asomadas de todas partes, memorias o antiguas lecturas; aparecen los personajes como esclavos del autor, afectados por sus impulsos y sus necesidades; descubres las distintas sensibilidades en la creación de un texto; e incluso aparece la idea de la mujer como “musa”: Susan como fecundadora de la inventiva creativa. Pero descubro también la crítica de un tipo de sociedad y cultura. Palabras que soportan en su significado el peso del arte, la política, el racismo, el colonialismo o el machismo, la insoportable realidad de mucho mundo y muchos siglos de historia. Viernes, mudo y persona a la que se debe dirigir y enseñar, como muestra de una vida en el que el colonialismo dejó a los habitantes de sus colonias, como personas que deben ser llevadas y educadas al modo “correcto” pero en las que la voz de los oprimidos no se oye, nadie sabe si puede hablar o no, pero tampoco les importa. Podría hablar incluso del desprecio del la literatura por le imagen de la mujer, personaje muchas veces sujeto pasivo de la historia, anexo folclórico, para los grandes protectores de la vida para los autores: los hombres. Podría...


¿ Son todas esas probabilidades realidad o ideas mías sacadas de la nada? No lo sé, pero sí sé que es una novela  fecunda, tierra para labrar la mente y descubrir o inventar mensajes en botellas cerradas que vienen del mar, o para discurrir caminos ocultos por la hierba alta entre los caminos de una isla abandonada o de un país perdido.


wineruda






martes, agosto 18, 2015

BAJO EL TECHO QUE SE DESMORONA de GORAN PETROVIC














BAJO EL TECHO QUE SE DESMORONA de GORAN PETROVIC
1ª ED. 2010
Edtr. Sexto Piso 172 Pág
Trdct. Dubravska Suznjevic




El techo se desmorona sobre todo lo que fue Yugoslavia allá por la época de la muerte de Tito, el poderoso, el férreo poseedor del poder absoluto. El mariscal. El Lider. Todo se desploma sobre los hijos atónitos deseosos de libertad o huérfanos del Padre de la patria, el que dirigía sus días, horas, segundos. Y los poderes cambiaron de manos, los cines de dueños, los comunistas se hicieron de derechas, los antiguos hermanos eran enemigos, los único en común de todos aquellos pueblos era la muerte, el aguacero de muerte que empapaba todo, igual que cae una lluvia fina de escayola cuando el techo se va desmoronando y lo cubre todo sin miramientos y sin posibilidad de escape.


Goran Petrovic utiliza el microcosmos de un cine para, por un lado, contar la vida de Yugoslavia en el último siglo y, por otro lado, utilizar los caracteres y condición de los espectadores de la sala para contar como era esa sociedad, los mundos ínfimos de la vida intima de cada uno de ellos o el universo de la vida en la ciudad y, por lo tanto, en ese antiguo país. A veces utiliza la ironía, incluso el desdén o, directamente, la chanza, para descubrir a personajes aduladores con el poder, comunistas de mano fácil, borrachos de pleno acuerdo, muchachos rebeldes, profesores sabelotodos, camorristas, chicas de amor fácil, botarates de tomo y lomo, gitanos ilusos, acomodadores venidos a menos... Todo un firmamento de personajes únicos, de los que cuenta su origen, su vida y su futuro, todo, incluso este último ligado con nudo prieto al de sus país y todos sus aconteceres. En cambio utiliza el cine, el edificio del cine, para contar lo que no tiene futuro, cuenta su esplendoroso pasado, su presente derruido y su futuro sin horizonte, así como, ligado a él, la historia de sus propietarios, la decadencia tanto de todos ellos, hasta cuando fue propiedad del estado socialista. Con el cine cuenta la historia de Yugoslavia, con los personajes, lo que les esperaba a sus habitantes.


No sé si pretendido o no pero Goran Petrovic comienza el libro de una manera descriptiva, casi sucinta, hablando de personas, momentos y cosas de manera cercana a la pulcritud, al menos para mí manera de entender su forma de escribir, para luego dejar libre su pluma, y narrar después de la noticia de la muerte de Tito, de una forma libre, original, dejando que deje volar la imaginación, poética en algunos momentos, sea con instantes dulces o casi simbólicos, sea en los momentos más crueles en donde la mordacidad y la sorda tristeza supura por sus letras, o sea con los momentos de alegoría que describen el porvenir de los personajes de forma entre surrealista o hiperrealistas . Puesto que sí, al final “Bajo el techo que se desmorona” es una novela alegórica, sobre un país, una sociedad, unos habitantes, un momento de la historia en los que todo cambiaba parecía que todo se hundía, y se hundió, en los que todo parecía querer huir, saltar las puertas, los muros, las fronteras, para encontrar una forma de escapar, a veces del país a veces de la forma de vida. Donde nada, lo sabían, iba a resultar lo mismo cuando cayó el comunismo.

Goran Petrovic es, para mí, uno de los grandes genios ocultos de la literatura europea actual, su forma de escribir, de contar las cosas, es diferente a la de la mayoría de los escritores actuales, no se parece a ninguno contemporáneo que yo conozca. Sus juegos con las imágenes bellas, su coqueteo con la poesía, el atractivo de sus imágenes sean alegres o no, el contenido de sus libros, son armas suficientes para recomendar leer cualquier libro que les caiga en las manos de este señor serbio.

Wineruda




viernes, agosto 14, 2015

LAS PEQUEÑAS VIRTUDES de NATALIA GINZBURG



















LAS PEQUEÑAS VIRTUDES de NATALIA GINZBURG
le piccole virtú 1962
Edtral. Acantilado 164 Pág
Trdt. Cecilia Filipetto



No puedo dejar de pensar en mamas patas o gallinas seguidas de sus polluelos a los que intentan enseñar el camino a seguir, la cáscara a la que picar o el lugar donde refugiarse, cuando leo los ensayos de Natalia Ginzburg, que también son relatos y, también, recuerdos autobiográficos. En ellos pone toda su pasión, su experiencia, su sangre y hasta sus entrañas para mostrar lo que para ella es el camino, la cáscara o el refugio por donde entender la familia, el crecimiento, las relaciones, los amigos, la educación , la vida a fin de cuentas. Y, sí, alguien podría decir que eso no es nada, que son unas palabras más sobre esos temas, que son solamente consejos para leer, tendones sin músculo. Acaso sea cierto, pero cualquier expresión del talento que no tenga una finalidad o como diría algún cantante cubano “ que cosa fuera la maza sin cantera” herramienta sin oficio, no es digna de tener en cuenta. Así las protectoras alas de Natalia se despliegan para mostrar un camino, su camino, a un mundo lleno de simple vida de niños, de atribulados padres, de amigo desarraigados, de las comunes relaciones de pareja, de caminos a la educación, incluso sobre cómo vivir en Inglaterra y sobrevivir a ello. Y unicamente si caminas con ella hasta el final del libro podrás entender los miedos -quizá terrores- los intentos fallidos y acertados, las horas gastadas, los pasados no olvidados, las esperanzas gastadas y los destinos cumplidos, las vidas agotadas, las experiencias enriquecedoras y los amores y odios profundos que sustentan todas su páginas, las canteras donde las mazas de las palabras golpean una y otra vez.



Cada ensayo está escrito en primera persona, aparentemente retazos de su pasado que persiguen construir, o quizá mejor reconstruir un pasado, pero no por el mero hecho de contarlo sino que tienen una finalidad última, una enseñanza que descubrir. Así aparece su estancia obligada en los Abruzzos donde la apagada y triste realidad deja paso a un recuerdo de felicidad por que tenía “fe en un porvenir fácil y alegre”; o aparece la felicidad está en unos zapatos rotos; o aparecen sus recuerdos de su amigo Cesare Pavese; o emerge la desastrosa vida de una italiana viviendo en la oscura, triste y diferente Inglaterra, o se manifiesta la desperdigada vida de una esposa inquieta e insegura con un marido perfecto y arrogante, pero donde la felicidad estaba en estar juntos; O surge el recuerdo del horror de la guerra, del temor a un timbrazo en la noche, a la policía, a la inseguridad de vivir pendientes de un mundo que no controlas; o aparece un canto al oficio de escribir, a la necesidad de rellenar páginas, imaginar cosas, crear figuras o dibujar caras e inventar conversaciones para ser uno mismo, más allá de cualquier intento artístico, mucho más allá; se presenta, también un crítica a la imposición del silencio como pecado “fruto amargo de nuestra época malsana”; nos cuenta un relato sobre el crecimiento, de cómo crecemos y vivimos nuestra vida pendientes de los demás, hasta que surge una individualidad que no lo es, de cómo queremos ser diferentes a nuestros padres y no lo conseguimos; por último nos cuenta sobre cómo educar a los hijos, de cómo nos conformamos en enseñar las pequeñas virtudes donde deberíamos enseñar las grandes virtudes, esas que enseñan el camino recto, lejos de remiendos impone el buscar un fuerte hilvanado.


Aunque todos tiene su poso y sus virtudes, me quedo con tres de los ensayos que he citado: uno titulado “Mi oficio” que habla del trabajo del escritor, para ser exactos de sus sensaciones como escritora, pero las explicaciones, sus sentimientos, sus ideas son un manual para leer alguien que quiera, siquiera, asomarse a ese lado del arte. El otro se titula “Las relaciones humanas” y es una hermosísima parábola sobre el camino de la vida, desde niño a adolescente, de joven a maduro, de hijo a padre. Un análisis sobre sentimientos, esperanzas truncadas, ideas, posturas, errores y triunfos, cambios y búsquedas. Por último me quedo con “Elogio y lamento de Inglaterra” con una sutil y maliciosa descripción de su vida en ese país.

wineruda




martes, agosto 11, 2015

CAMINO DE SIRGA de JESÚS MONCADA


 



CAMINO DE SIRGA de JESÚS MONCADA
camí de sirga 1989
Edtrl. Anagrama 329 Pág
Tradct. Joaquín Jordá


Sé que es extraño, pero desde hace un tiempo me pasa que mientras avanzo en la lectura de un libro
siento que va muriendo a cada página que paso, que el territorio virgen, como cuando pisas la nieve en un campo que no ha pasado nadie, se ha acabado para siempre, que probablemente nunca volveré a leer ese libro -¡hay tantos por leer!- y, sobre todo, que jamás sentiré esa sensación de haber disfrutado de esas páginas -sus imágenes, sus palabras, sus ideas- por primera y única vez. Todo ese proceso de encontrar el libro, estudiarlo, desearlo, comprarlo y vaciarlo termina...Una sensación de perdida -un lujo vital menos que disfrutar- que sólo se sobrepone, como en el caso de ésta novela, por el inmenso e inesperado placer de leer sus hojas. Una delicatessen en un mundo de sopa... Y al igual que eso manjares finos y efímeros, sí, serán de poca duración y largo recuerdo. Así, llego a la idea consoladora que los libros que siento que se mueren, -sólo aquellos que se grabaron en el cerebro con taladradora-, son los que pervivirán tanto como lo haga yo. Y, acaso, espero que, como en aquel libro de Ray Bradbury, aunque se quemen en miles de incendios provocados o no, serán parte del imaginario mental y oral de muchas generaciones. No soy egoísta.


"El camino de sirga" es la historia de un pueblo, Mequinenza, situado en las orillas del cruce del Ebro y el Segre: de sus minas, sus laúdes -barcas-, sus bares, sus habitantes -ricos y pobres- sus luchas, sus problemas, sus envidias, sus locuras, sus muertos, sus callejones, sus casas, su polvo, sus animales, sus borracheras, sus venganzas, sus traiciones, sus engaños, sus alegrías, sus tristezas... A lo largo del siglo XX, hasta su desaparición desastrosa iniciada " aquel día de 1971". Y el viaje por el libro es una paseo por la memoria de sus habitantes, de cada uno de ellos, cronistas de épocas y situaciones en las que cada uno de ellos tuvo una intervención e interpretación diferente. Cada versión es una parte del libro, que aparece y desaparece con él, como un recuerdo atrapado de entre el viento lleno de polvo de carbón. Las historias van y vuelven del pasado a 1971, se revuelven y ensanchan, sospechan y afirman, previenen y ocultan, acercan y alejan los recuerdos, que son con los que está construido el libro, esas evocaciones tuteladas por la nostalgia, ésa que permite recordar tiempos malos como buenos, y tiempos buenos como míticos. El paso del tiempo permite, por esas razones extrañas de la mente, echar de menos sólo lo que te hizo feliz, pero llegado un tiempo, y quizá una edad, todo te hizo feliz.

La simple descripción de los acontecimientos que cuenta el libro -Trabajo en las minas y pobreza, riquezas efímeras en la primera y segunda guerra mundial, aparición de la lucha obrera, la guerra civil, la postguerra, la caída del consumo del carbón, desaparición del pueblo- son simples bastones para apoyar una lógica histórica pero que de nada sirven para, siquiera, sugerir lo que es el libro.  Incluso citar que aparecen, vida tras vida, una estirpe de ricos poderosos y mineros y barqueros pobres de solemnidad, y que aparecen sus aconteceres diarios, sus amores, la vida cotidiana de un pueblo que respira el aire de cada tiempo: de la moralidad cristiana a la libertad absoluta, desde la lucha obrera hasta la represión franquista, desde los bares desenfrenados a la moralidad feudal de los ampulosos ricos locales, desde la lucha con el Ebro hasta la lucha en las guerras... Todo, incluso eso, tampoco sirve para dibujar apenas un bosquejo de lo que es la novela. Imaginaros que os meten en las mentes de cada uno de los pobladores de la villa -los ricos del Casino, los pobres del Café del Muelle, los tripulantes de los laúdes, las cabareteras, los mineros, las mujeres, de las sirvientas, el boticario, el cura, Doña Carlota la dueña de medio pueblo, de pintores, de antiguos soldados,- e imaginad un barril enorme en las que flotan sus recuerdos - desde burlas obscenas a olvidos premeditados, desde chismes de viejas a locas con mensajes apocalípticos, de amores susurrados a gritos de alcoba, desde silencios políticos a arengas sociales, desde hipócritas a pícaros consumados-hasta que se crea un vino de gusto recio y paladar intenso. Un vino servido en copas finas de cristal sucias de carbón y brea de barco, que a veces tiene un sabor feliz y otras veces amargo.



Pero no quisiera dejar la impresión que es un libro de esos de rostro serio y profundidad social y política. No, para nada, es un libro en la que la escritura de Jesús Moncada no sólo muestra humor sino que también muestra compasión y ternura con los pobladores de la villa,, solamente a los habitantes de rostro más serio y abotargado los increpa con ironía y cierta rudeza, excepto cuando describe los años negros después de la guerra civil, con sus muertes, su moralidad, su represión... entonces aparece el cruel sarcasmo, el puñetazo literario, la pluma menos sutil y más directa. Moncada se posiciona junto a la gente humilde en un espacio que se sitúa entre el cariño y la añoranza, buenas personas que quiso y no volverán. Aquellos que eran suavemente crueles y ferozmente tiernos... A la gente poderosa la retrata en un lugar tan lejano a sus ideas como cercano a su vida, con trazos ciertamente poco generosos con ellos, nada mas lejos de aquí que lo que está más cerca. Y no es que parezcan personajes grotescos, pero sí de tragicomedia.

Un mosaico de fondo negro carbón que se hunde en las aguas verdes del Ebro.


wineruda


jueves, agosto 06, 2015

¡MOKUSEI! y EL BUDA TRAS LA EMPALIZADA de CEES NOOTEBOOM














¡MOKUSEI! y EL BUDA TRAS LA EMPALIZADA de CEES NOOTEBOOM
¡mokusei! - de boedáha achter de schutting 1982/1986
Edtar. Siruela 113 Pág
Tradct. Julio Grande








Hay muchas guías de viajes, algunas para gente sin dinero, otras para ricos, la mayoría para la gente común. Dentro de ellas las hay que derrochan fotos, otras aconsejan hospedaje y visitas turísticas, otras enseñan los rincones más desconocidos. Las hay de mil formas, precios o atractivo. Pero muy pocas enseñan el alma del país. Ese lugar profundo que identifica las caras, los olores, los sentimientos, los pasos silenciosos por las noches en las calles desnudas, las miradas perdidas entre el gentío, las máscaras colgadas en las pestañas, el sabor ácido de la monotonía cuando tú disfrutas de la variedad, el sucio hartazgo de sentirte libre del todo por una vez. ¡Mokusei! y “El buda tras la empalizada”, no son guías de viajes, no esperes buscar caminos físicos, ni adelantos emocionantes ni siquiera consejos para inexpertos. No. Estos dos cuentos van más allá. Son la impresión de una pisada en el barro, ésa que deja una huella de zapatos pesados en la tierra mojada, que el tiempo seca y los hace eternos, como esas zancadas de dinosaurio en las piedras. Son marcas profundas en la mente del los protagonistas: uno en Japón y el otro en Tailandia. Son guías de retorno -acaso imposible-, a lo que fueron, a sus patrias menores, a sus grandes paraísos cotidianos. Lo que no enseñan las guías de viajes ni las de retornos, es a olvidar. A olvidar amores y olores, lluvias y desiertos, desencantos y alegrías, imágenes y cantos, besos y lloros, situaciones y sueños.




¡Mokusei! Es la historia de un fotógrafo de guías de viajes que conoce en una sesión de fotos a una joven japonesa de la que se enamorará. Aparentemente todo muy clásico, muy obvio. Pero no... Nooteboom no es de esos. El cuento es una reflexión ambivalente: sobre el imposible olvido, sobre el amor, sobre la tristeza... Es también una reflexión sobre Japón, acerca de la inesperada semejanza del país, de la búsqueda inútil de esencias imposibles que esperabas pero no existen, acerca de que todo el mundo es igual: esa diferencia que buscas no la encuentras. Sólo son otras calles en otro país pero son los mismos edificios y el mismo cemento y las mismas miserias. Pero en la lógica de la ambivalencia del protagonista, donde el amor por Mokusei se contrapone al desamor por Japón, se descubre que ella es Japón, que todo lo que la rodea: sus costumbres, su presencia, su olor, su pasión... todo es Japón. Un país no son sus edificios, no son, siquiera, sus paisajes o monumentos, un país son sus personas. Inmutables...




“ La tristeza se iría desgastando, como todo, pero nunca escaparía
a la sensación de que era él mismo quien se desgastaba con ella.




En “ El Buda tras la empalizada” un amigo pide al viajero -así denomina al protagonista- que cierre los ojos, que deje de querer ver Tailandia con ellos y los mire con los ojos de la mente. Pide que le cuente lo que ha sentido, lo que ha perdido y ganado, lo que ha descubierto y perdido en los días que ha pasado allí. Y desde ese instante, un torrente de emociones y sensaciones discurre por el cuento, desde bailarines adolescentes y putas tristes, calles llenas de gente con rostro inmutables, Budas de todos los colores y en todas las posturas, hoteles desconocidos y bares sucios, de tuktuks velocísimos, tardes tristes, templos olvidados, ancianas que dan masajes celestiales, tropas de rostros idénticos, calles como mares, y ríos como calles, amores prohibidos y risas urticantes, aguas fecales y bebidas que enferman, pero...


“No puedes tomar nota de un océano.”


Para “el viajero” aquel mundo está tan lejos de él que dándose la vuelta, sabiendo hacerlo, apenas está a unos pasos de distancia por el otro lado. Todo es cuestión de perspectiva... y de amor por lo diferente. Lo que necesitas conocer para identificarse con un país es usar todos los sentidos, no solo la vista, y así digerirlo para que, con una masticación lenta, poder hacer una digestión suave, atenta, en la que como los bovinos, regurgites lo aprendido y lo saborees de nuevo, con todo lo malo y lo bueno, y lo aceptes y lo agregues a tu sangre, a tu saliva, incluso a tu orina.


Wineruda



miércoles, agosto 05, 2015

LOS PÁJAROS TRAEN EL SOL de ALISTAIR MACLEOD
















LOS PÁJAROS TRAEN EL SOL de ALISTAIR MACLEOD
as birds bring forth the sun and other stories 1986
RBA Edtr. 222 Pág.
Tradct. Miguel Martínez-Lage






¿Pueden hacer dos libros de relatos y un libro de memorias una carrera literaria? Una vez me dijo alguien, maledicente, que eran un sucedáneo de los 'one hit wonder' de muchos artistas musicales. A veces ninguna respuesta es definitiva, como nada en la vida y más en un tipo que sólo puede hacer suposiciones como yo. Pero me pareció una comparación tan estúpida que ni di esa respuesta. Rato después me puse a pensar en aquello y me dije que aunque si así fuera, que la inspiración llegó y se fue o que el autor regurgitó todo lo que tenía que decir o a lo mejor expulsó todos sus demonios, y, al fin,  no buscó nada más que proyectar en la hoja blanca ¿importa algo? A diferencia de los músicos que se arrastran versionando aquella canción hasta la extenuación, haciendo copia tras copia más o menos basada en su éxito pero con otro título. Los escritores desvelan la belleza, la dejan reposar por el mundo y no dicen nada más ¡debéis saber que esto paso en mi imaginación! ¡Y de ella me destierro para siempre!... A diferencia de otros escritores que aprietan su fama hasta lo infinito con libros infames pero con su firma; ellos, los otros, no quisieron hacerlo... Lo hermoso, lo auténtico, acaso sólo es el paso efímero de un cometa que atraviesa el cielo en minutos, pero que queda en las retinas de los que lo vieron para siempre. Pero esto sólo es una suposición... y ya dije no sé decir cosas definitivas.


Alistair Macleod es el que sólo escribió ese libro de memorias y los dos de relatos. Uno de ellos es el titulado : “Los pájaros traen el sol” y, puedo decir, que es uno de aquellos cometas que se estampan contra la tierra, o mejor contra otro planeta -no seamos agoreros-, y que abren un enorme cráter y una polvareda de espanto que quedara durante eones suspendida en la precaria atmósfera del lugar. Comparación, digamos que, osada... pero no la desechéis. Las palabras de las páginas del libro, las ímágenes, los temas, las pulsiones del texto, los rabiosos silencios parecen flotar en el ambiente tras una colisión. Una pugna que aparece en la mente y en el cuerpo tras una perdida. Siempre hay una perdida: de personas amadas, de lugares, de pasados, de ocasiones, de hijos, de padres...


Sobre los hielos del invierno y los fríos veranos de Nueva Escocia en Canadá, en la isla de Cabo Bretón, siempre suceden cosas... Animales, hombres, mujeres, mares, prados, montañas, muertes, brujas, visionarios, barcos, hijos... son los protagonistas de las historias que dormitan, despiertan o fluyen en aquellos lugares. Sitios entre mágicos y reales, espacios presentes pero también herencia de su pasado europeo -escocés-, emplazamientos de los que se vive para siempre o se escapa para volver, puntos donde parecen resumirse la historia de los mundos donde vivimos. Ésa en la que todos existimos con un lado de la mente eternamente perdido en el pasado -sobre todo alcanzada cierta edad. Los jóvenes siempre parecen inmunes a la muerte y la nostalgia-. Y las gentes de Cabo Bretón se aferran a su pasado -a las férreas costumbres, a la lengua gaélica, a la tierra, al mar- para seguir subsistiendo en aquel mundo inhóspito donde el trabajo no es parte de la vida es la vida unicamente. Y así aparecen leyendas tan ciertas como que el mar se hiela en invierno, y surgen brujas que no lo son, y perros del averno y ancianos con principios inquebrantables o, sin ponerse tan trascendente, un joven al que un toro fastidió un experimento escolar.




En todas esas historias aparece, siempre, un surtido de pequeñas historias que acompañan paralelas o tangenciales a la narración principal, gracias a las cuales recomponemos un paisaje que parecemos conocer como si fuera el que vemos cuando abrimos la ventana de la casa donde vivimos. Personas peculiares pero tan humanas, y por ello tan normales, como aquel anciano que pasea su caniche por el parque, o la mujer que lleva las bolsas de la compra, o el niño que patea un balón. Pero sin la aparente vulgaridad de lo cotidiano.






Wineruda










lunes, julio 27, 2015

ESPEJO ROTO de MERCÈ RODOREDA





















ESPEJO ROTO de MERCÈ RODOREDA
mirall trencat 1974
Edtr. Debate 267 Pág.
Trad. Pere Gimferrer








Si fuera creyente iría a misa todos los domingos y fiestas de guardar, tendría fe en cosas impalpables, sostenidas todas en las palabras escritas en un libro. Todos los libros necesitan esa profesión de fe, de querer admitir que son cosas ciertas, para llegarte más allá del alma, a la imaginación. A esa parte del cerebro que necesita que se le apasione para crear y por ello creer. Así necesitas de textos e imágenes que alimenten el feroz apetito de la mente. Y un credo de verdades y mentiras cobran pulso y vida, y se convierten en un maná no sé si del espíritu pero sí de ese complacido y furioso lado que necesita saborear y saciarse de historias, vidas, fantasías, ideales, ideas... en definitiva, de palabras. Por ello, pregono, soy creyente de los libros de Mercè Rodoreda, de los verbos, adjetivos y sustantivos que se ordenan en sus frases, de las verdades mentidas y las mentiras ciertas que sustentan sus textos, de las historias sórdidas o bellas que abotonan sus capítulos, de esa especie de Génesis y Apocalipsis que contienen sus novelas: creaciones y muertes, muerte y vida, esplendor y muerte. Todos los escalones de la escalera vital bajados y subidos una y mil veces.






Y el “Espejo roto” es una novela donde la palabra y las imágenes que con ellas se crean son reflejo de un mundo fragmentado. El espejo se rompió y hasta el más diminuto fragmento dibujaba imágenes de todos los habitantes que vivieron en aquel palacio, pero también de las abejas que zumbaban entre los arbustos, y de todas las sirvientas que poblaron la casa, y de los pavos reales que gritaban su angustia, y de los árboles que brotaban salvajes, y de las ratas escondidas en los rincones y, más allá, de los fantasmas que poblaron el palacio. Y cada porción de cristal cuenta su historia, su manera de ver la vida: desde Teresa, la protagonista, que asusta con su belleza y su decadencia, o sus maridos, hijos, nietos, amantes, que muestran una vida dulce y trágica, amada y odiada, apasionada y traidora, digna de envidia y lástima. Porque desde la vida humilde de Teresa como hija de pescadora, su belleza le lleva a un primer matrimonio donde el interés y el amor están confundidos, y a un segundo donde ya no lo están, pero las traiciones, los engaños, los secretos, las palabras no dichas y los silencios complacidos son parte de sus vida, y de la de su hija, y la de el yerno y la de sus nietos. Todos recomponen la imagen en el espejo donde la ascensión y decadencia de la estirpe, de los cuerpos, de la mente, de la belleza, de la propia casa, que elegante y satisfecha se erguía entre muros, rosas color carne, laureles, árboles, y botes de hojalata rotos, pero la vida va pasando y puede que ya apenas quede la solemne suciedad de la hojalata rota.




El libro avanza desde un discurrir sencillo, donde los sucesos pasan y así se reflejan, hasta llegar a un momento de belleza suprema donde las palabras y las imágenes a veces oníricas, otras de fantasía exacerbada, donde los fantasmas del pasado, los recuerdos y la muerte están tan presentes que se lamentan entre los muros, como espectros de un mundo que nunca quiso estar allí pero está, que no puede abandonar los muros de aquella casa y las mentes de sus pobladores. Pero no sería una belleza completa si las palabras no crearan una oración llena de poesía y ensueño, sustentando sólo con una pluma todo un universo narrativo planteado como creación, ascenso y decadencia de un estirpe y un modo de vivir tan cercano y lejano como lo son las de aquel libro donde los pequeños detalles son parte tan esencial como los grandes hechos.




¿Qué queda de la belleza juvenil? ¿qué quedan de los amores que iban a ser eternos? ¿qué queda de las riquezas que nos iban a salvar la vida? ¿qué queda de nada?






Wineruda




miércoles, julio 22, 2015

EL REGRESO de ALISTAIR MACLEOD




















EL REGRESO de ALISTAIR MACLEOD
the lost salt gift of blood 1976
Edtarl. RBA 182 Pág
Tradct.Miguel Martínez-Lage



¿Cuándo un cuento es bueno? Supongo que hay tantas respuestas como lectores existen, y la sensibilidad amasada entre las diferentes harinas literarias y aguas genéticas corresponde a una sola persona y a sus universos fantásticos. Pero todos hemos nacido unánimemente con Perrault o Andersen o los hermanos Grimm y luego separamos los caminos para adentrarnos algunos en caminos clásicos, otros postmodernos o quizá los olvidamos, simplemente, para siempre, o -espera- acaso nos gustan todos.

Daré mi opinión sobre cuál es el cuento bueno, al menos el que me gusta a mí:
Yo lo concibo como el concierto de una banda de Jazz; uno de esas grandes Big Band de los principios de los años cuarenta del siglo XX, donde Benny Goodman, Count Basie o Duke Ellington dirigían grupos rítmicos donde el swing o el boogie era ritmo e improvisación. Y la melodía surgía de los instrumentos de viento, los bajos y la batería imprimían ritmo, la flauta la suavidad que apenas se oye pero existe y es imprescindible y el clarinete la estridencia irrepetible de lo bello. Y... Billie Holiday daba sentido a la música, dándole palabra, sensibilidad, gesto y sentido. Así el cuento es la conjunción de todos esos factores, efectivamente, iguales que el jazz. Sobre el ritmo de las historias donde la vida en calma o salvaje, reprime o incita a sus actores, nacidos o eternos, y es improvisación y melodía a la vez; los paisajes y las historias paralelas son como el sonido de la flauta. Y el cantante, el escritor, rellena de personalidad, de dulzura o acidez, de tristeza o alegría, de pasado o de futuro, de abrazos o de golpes, las páginas de esos libros. Pues eso es “El regreso” de Alistair Macleod. Un concierto sintonizado en una radio de válvulas de aquellas que recogían en directo inolvidables sonidos. Lleno de la complicada simplicidad del que se apropian las grandes obras; donde los colores, los olores, las miradas, los sentidos, las pequeñas cosas o las grandes tragedias se empastan de tal manera que esos diferentes elementos son uno sólo. La elasticidad de las palabras abarca todos los extremos del cuento, cada pequeño elemento es parte del conjunto, y todo el conjunto es ese pequeño elemento, desde un perro que mira triste o una ladera helada, o una caricia con la mano sucia de carbón o, lo que es mas difícil, una palabra no dicha.



En el estrecho paisaje de Cabo Bretón, una isla de Nueva Escocia en Canadá, donde el carbón y la pesca es la única forma de supervivencia, y sólo eso, supervivencia, viven hombres y mujeres duros, de mirada fuerte y limpia, atada a sus costumbres y a su forma de vida, por dura que sea. El libro son las historias de alguno de sus habitantes: hombres viejos que no dan su brazo a torcer, que avanzan por que tras un paso saben que debe venir otro, orgullosos de su pasado y torcidos bajo los techos sucios de las minas de carbón o alzados en la popa de un mar bravío; mujeres fuertes que sostiene el mundo sin ningún punto de apoyo, que aman, paren, luchan y mueren defendiendo a su prole, limpias de mente y abrasadas del frio de las soledades de las viudas del mar o de la mina. Pero también son historias de jóvenes que quieren huir de la negrura del carbón y de la blancura de la espuma del mar, buscando un futuro mejor, llevándose las esperanzas y las lágrimas gastadas de sus padres, es la crónica de gente que va y no quiere irse, y de gente que vuelve y quiere irse. Y , también, son el testimonio de aquellas islas de sus paisajes y sus rocas toscas y graves, de su nieve sucia por el carbón, de niños que juegan en las playas, de barcos que no se hunden, de las níveas gaviotas chillonas, de las vacas de ojos grandes y de los coches de asmática respiración. Todos envueltos en la bruma no sólo atmosférica, de historias que van acabando, que van cambiando, donde aunque algunos se resisten, el tiempo no se para y avanza lento e intransigente.

Son las crónicas de un mundo que ya no será, pero fue, y como las grandes melodías, parece oírse aun en las ráfagas de viento que vienen de mañana cuando los coches no obstaculizan su paso con sus bocinas estridentes o su música de consumo.



wineruda

domingo, julio 19, 2015

DESVENTURAS DE UN FANÁTICO DEL DEPORTE de FREDERICK EXLEY




















DESVENTURAS DE UN FANÁTICO DEL DEPORTE de FREDERICK EXLEY
a fan`s note 1968
Edtrl: Duomo Nefelibata 408 Pág.
Trdct-Antonio Prometeo Moya








Aunque el título elegido en la edición española pudiera dar a entender que es un libro sobre deportes y para aficionados al deporte no es así. El fútbol americano es parte de la lógica del libro pero no su sustento, y a pesar de que aparecen algunos nombres y algunos “tecnicismos” de dicho deporte no hace falta, ni mucho menos, entender sobre él. Así que no se asusten y léanlo, es un libro poderoso; de esos contundentes en lo que dice y cómo lo dice. Sobre sus páginas sin apenas conversaciones discurren, algunas veces con fiereza otras con ironía o con malevolencia, ideas, opiniones, sucedidos, pasajes de una vida rellena de desconcierto. El humor negro, sardónico, los pasajes hilarantes, las imágenes sagaces, tristes, desconcertantes o desabridas, las frases punzantes, bestiales o gruesas, pueblan todo el relato. El sexo, el alcohol, la locura, la desgana, el amor, la literatura, el fútbol, la sociedad norteamericana, el matrimonio, los complejos, el culto a la fama, la pura realidad, los trabajos basura, etc... son los temas que comprenden este libro. Y aunque nunca me ha gustado comparar un libro con otro, y no lo he hecho hasta ahora, no puedo dejar de decir -incluso para que les atrape la curiosidad por la lectura de este muy buen libro- que el protagonista -el propio Frederick Exley- es una suerte de Ignatius Really, pero a lo bestia...y más amargo...






La historia está contada en primera persona y es un especie de diario, más exactamente son unas notas, del propio Frederick Exley, en una falsa biografía que va y viene en el tiempo y en el espacio: de la niñez al matrimonio, volviendo a la niñez o a las diversas ciudades y situaciones que tiene o vive en el transcurrir del tiempo. Buscando la fama de deportista de su padre, el protagonista sigue los pasos que cree necesarios para serlo él mismo. En esa búsqueda sólo alcanza a verse reflejado, casi sustituido en el disfrute de la vida, por un futbolista famoso, al que idolatra y parece haberle donado su disfrute vital. El desconcierto de no alcanzar sus metas, la no tolerancia de la realidad, acaba con Exley en el alcohol, la inacción, el manicomio, la relaciones desastradas, la vida inoperante, la lucha por nada... Y de ahí, de esas situaciones, de su mente lúcida a pesar de todo, el protagonista analiza la sociedad estadounidense -aunque bien podría ser una análisis de cualquier sociedad de país avanzado- para con una fiereza inusitada destrozar el mundo bien-pensante, la aún no creada por aquella época idea de lo políticamente correcto, así como todas las ideas culturales, patrióticas, sexuales, políticas o literarias.






Desbordante de humor entre alocado y serio, desabastecido de cualquier rémora que pudiera coartar sus opiniones sobre el mundo que le rodea, describiendo sus contradicciones conscientes y constantes; donde el sexo, la falta de existir y sobre todo el alcohol aligeran sus formas de vivir; el libro es un especie de palimpsesto moderno, en el que pareces descubrir tras las lineas publicadas otro texto, el menos consciente pero real, lleno de rabia -¿acaso odio?-por una forma de vida en el que “el sueño americano” donde la gente alcanza todas las metas propuestas, altas por supuesto, no es más que una patraña para mentes retorcidas, para ilusos que creen que todo es posible, y que perdidos en las ganas de alcanzar metas imposibles descubren que el mundo es como es, y al final no queda más remedio que adaptarte a él o ser encerrado en el manicomio u olvidarlo todo haciendo que el deporte sea lo que te salve como en aquel viejo axioma de “pan y circo” convertido en “alcohol y fútbol” . Lo cierto es que Exley intenta ser del montón, dejar de buscar lo imposible, pero el pobre no puede llegar a ser ni el que quiso ser ni el que de verdad es. Pero así son las cosas...




wineruda















lunes, julio 06, 2015

EL DIARIO DE HAMLET GARCÍA de PAULINO MASIP



















EL DIARIO DE HAMLET GARCÍA de PAULINO MASIP
1ª edición en 1944
Edtral: Círculo de lectores 324 pág.




Empezaré poniendo las cartas boca arriba, toda la baraja, y así diré que éste es el mejor libro escrito por un español en el siglo XX que he leído. Nada, nada de nada, se acerca a la construcción total que se desprende en cada una de sus páginas. Y me da rabia, rabia tremenda, que sea por su condición de escritor republicano exiliado, sea porque no aparece en los libros de texto, ni en los comentarios de sabios lectores y críticos, sea porque la última edición de esa novela sea de hace 26 años, sea por lo que sea, o por eso, su nombre y esta obra pertenezcan sólo a no sé bien cuántos lectores, pocos supongo si es correcta la pequeña encuesta que he hecho a mi alrededor y donde he visto que nadie conocía a este autor -o se observa también viendo una simple búsqueda en google-, que hayamos tenido la suerte de que cayera en nuestras manos.



Hamlet García es un filósofo, es un profesor ambulante de metafísica, sin cátedra ni carrera, dueño sólo de su mente y sus actos, los cuales están bajo el dominio absoluto de sus reglas filosóficas. Nada debe escapar a lo que él siente como la manera correcta de actuar, si ello pasa el mundo se le viene abajo -al menos por unos instantes- y hasta el cuerpo se le descompone cuando las cosas se alteran. Éste es el diario de los días anteriores y posteriores al comienzo de la Guerra Civil en Madrid, de las cuitas y los problemas que le provocó esta situación, pero también de la vida y reacciones de las gentes en aquellos días. Es el mural expresivo de unos momentos concretos de la historia de España, mirados desde la mente de un filosofo que se aparta de todo, que ve las cosas desde la distancia , sin tomar partido. La política y sus reacciones, la guerra y sus contendientes son ajenos a su lógica mental, los observa y analiza con un bisturí afilado con neuronas. Pero de esa misma forma, esas cosas que tras pasar por el filtro de su mente se convierten en actos y reacciones concretas, se le vuelve ariscas o reaccionan en su contra para dejarle a veces en ridículo -en una especie de jocosa reacción- y otras veces le enturbian el alma y el cuerpo hasta convertirse en un disfraz de si mismo, en una marioneta con cerebro, y algunas otras veces son refuerzo para superar sus trances más oblicuos. Todas esas situaciones, algunas veces políticas, otras bélicas, morales filosóficas, mentales, o del discurrir cotidiano de la vida, o de su relación con las mujeres, las escribe en su diario, las disecciona y las analiza, hasta discute consigo mismo, se avergüenza, se destruye y se reconstruye, se alivia y se sostiene, se levanta y cae, ironiza y descarta, critica y despedaza, se lava y se hunde en la basura. Todo aparece en sus textos para mostrar un río de cauce amplio donde se encuentra el humor y la política, el desasosiego y la esperanza, la pulcritud y la moral, lo querido y lo prohibido.



Pero es la guerra lo que predomina en su diario y en sus pensamientos. Esa guerra que Hamlet la ve cerca físicamente pero, mental y filosóficamente, lejos. Toda la crueldad, espanto y desconcierto que asoló aquellos días España y, en este caso, Madrid. Él lo ve de manera casi científica, se extraña de sus actos y sus resultados, pero los intenta comprender no solo desde un punto visa ético sino que también personal. Estudia, oye y comprende a las personas con las que habla, sean de un bando o de otro, acepta o rechaza actos y palabras por no ser acordes con la razón pero no por ser de una parte u otra. Por ello no cae en el fácil acto de tomar partido, solamente ve las situaciones y se horroriza o las comprende como actos contra el mundo y contra España en este caso. Pero de la misma forma esta novela no es, o no sólo es, una novela sobre la Guerra Civil en España sino que es una novela sobre todas las guerras y todas las victimas y todos los combatientes, sobre todas las familias, sobre las ciudades, sobre las políticas y las mentes que han estado y estarán en todas las batallas que han habido y habrán.



Las líneas del diario se van rellenado de personajes diversos: desde la mujer de Hamlet, hasta su criada, o sus alumnos o cierta prostituta, o su primo militar sublevado, ademas de los mas diversos personajes (porteros, bareros, soldados, profesores,...) que va encontrando en sus peregrinajes por Madrid de aquellos días ... Todo son analizados y diseccionados por su pluma, y bajo el abrigo de su escepticismo se adivina una perplejidad por el mundo y sus reacciones, pero sobre todo una comprensión ligada con su moral y su alma filosófica, que los cubre a todos, para entenderlos y por ello amarlos o criticarlos, pero desde su inabarcable sentido ético. A veces un poco despistado...



No creo haber podido plasmar todo lo que enseña el libro, no he abierto todos los cortinajes ni levantado todas las persianas, para poder mostrarles un sentido del humor un poco descabellado, una crítica a los sublevados y las reacciones de los republicanos, o su extraña manera de relacionarse con las mujeres, y muchas cosas más...Pero, sépanlo, éste es un libro soberbio .


Wineruda

domingo, junio 28, 2015

LOS PEQUEÑOS MAESTROS de LUIGI MENEGHELLO























LOS PEQUEÑOS MAESTROS de LUIGI MENEGHELLO
i piccoli maestri 1964
Edtar. Barataria 285 Pág.
Tradct. Elena de Grau



No deja de ser curioso encontrarte una narración de un episodio sangriento de la historia del mundo, como es la Segunda Guerra Mundial, narrado con el pudor que exhibe este libro para con las acciones violentas durante la guerra de guerrillas de los partisanos en la región del Véneto en Italia. Meneghello a veces obvia, a veces pasa de puntillas y solamente algunas veces narra lossucesos inevitables de manera sucinta, sin la más mínima recreación en el duro tema. De alguna forma parece por su parte, por la de su unidad, una guerra-de militares antimilitaristas, de soldados sabios o de luchadores filosofos. A fin de cuentas a esa unidad se la llamó como el libro: “los pequeños maestros”. Y por ello es un libro diferente a todos los que cuentan la guerra que haya leído, no por limitado en sus expresiones militares sino por el tono, el mensaje y la ejecución de la novela. En ella el autor utiliza la memoria para escribir los recuerdos de aquella época sin rencor, sin apenas añoranza de los perdidos -como si fueran un resultado natural del avance de la vida, no por una accion violenta- sin olvidos pero con lagunas obligadas por ese pudor que antes he citado. Pero lo que sí encuentras en el libro es la ironia, el humor -algunas veces negro- y una vision del ese mundo que nunca es paródica pero sí brutalmente natural y con un bruñido de cierta melancolía por una Italia que debe tener remedio pero que no la tiene, con ese franco hartazgo de lo irremediable que suelen tener para con su pais los naturales que lo analizan desde un punto de vista crítico.


“Los pequeños maestros” es la crónica de los recuerdos de unos años duros contada en primera persona por el propio Meneghello, desde su salida de la escuela de oficiales alpinos de Merano tras el armisticio y la toma del poder en Italia por los alemanes hasta la liberación de Padua por los partisanos y la llegada del ejercito británico. En el entreacto discurre la llegada al Altiplano de Asiago donde crearán, él y sus amigos, un grupo partisano de ideas liberales que luego conformaran fundando el Partito d'Azione y luego mas tarde sus acciones de contacto y organización en Milán o Padua.. La Narración discurrirá entre acciones guerrilleras, las batidas de los fascistas y los alemanes, las huidas, las acciones fallidas, el frió, el hambre, el cansancio, papeles falsos, la confraternización con la gente de los pueblos, las escaramuzas, las peleas internas, las reflexiones, el paso de las estaciones y del tiempo.

De entre todos esos actos y situaciones Meneghello destacará el análisis de las personas aquellas que lo rodearon durante aquellos años: desde el que odiaba la violencia hasta el más duro, desde el jovencito cobarde hasta el veterano de mil batallas, desde el filósofo hasta el inculto, desde el torpe hasta el mas avezado, desde el católico más acérrimo hasta el comunistas más convencido. Toda una galería de caracteres que completan un mundo de personas falibles pero conscientes del momento en el que vivían y lo que se jugaban -la vida-. Pero es su grupo -su unidad- la que, es evidente, más aparecerá en el l ibro, entre ellos aparecen muchos tipos de personas pero todos cortados bajo casi el mismo patrón: la  mayoria cultas, religiosas -hasta el punto del pudor para con los insultos o con la muerte del contrario- que muestran -sobre todos en sus incios una parquedad de ideas militares y una sobreabundancia de ideas políticas, sociales e incluso filosóficas. Pero todo cambia, las personas no siempre permanecen.


El libro destaca por las reflexiones del autor sobre lo que le rodea: a veces son la admiración por el paisaje inmenso que lo rodea -sus descripciones son bellísimas- otras veces por el análisis político, o incluso cultural, de la sociedad y el país en el que están y, por otro lado,  en el que esperan estar tras la guerra; otras veces se decanta por contrastar los momentos casi idílicos en los momentos de paz entre los maizales del valle y las casonas rurales y sus pobladores que sustentan a los partisanos, con los momentos duros en el que el pellejo de él y sus compañeros no valdría la chaqueta raída que sustenta. No piensen que son la narración de “las batallitas” del veterano de sus años de guerra, no, es la crónica verídica, con sus momentos malos y sus momentos no tan malos de una época y unas vidas que merecían el respeto de ser contadas.


wineruda

lunes, junio 22, 2015

EL CAMINO DE LA CAPILLITA de LOUIS PAUL BOON



















EL CAMINO DE LA CAPILLITA de LOUIS PAUL BOON
de kapellekensbaan 1953
Edtra. DESTINO 469 Pág.
tradt. Francisco Carrasquer




Quisiera empezar esta critica con lo obvio: que si este libro hubiera sido escrito en inglés estaría entre los más nombrados y admirados de la historia de la literatura del siglo XX sin ningún lugar a la duda. Los críticos y los académicos de la literatura -a los que, por cierto, Boon fustiga, o incluso alancea, sin piedad en la novela- tienden a olvidar las literaturas periféricas al mercado tradicional literario: así la literatura flamenca es un lugar a donde no se llega por ningún camino fácil, además diría que si no se tiene un corpus crítico en el que apoyarse casi ninguno de los antes citados se suele atrever a incluir una novela “extraña” entre los libros “elegidos”; esos que deben recomendarse por sabe Dios qué razones.


“El camino a la capillita” no es una novela al uso, podría alguien incluirla en lo que se ha llamado “novela experimental”, pero ese termino suele asustar a los lectores puesto que ese sobrenombre parece llamar a novelas extrañas, pesadas o ininteligibles. Nada más lejos de la realidad en este caso que se resume en decir que es un libro que no asume viejos cánones establecidos sobre la novela para componer una narración donde aparecen desde la metaficción, a neologismos, alteraciones de la escritura o un extraño narrador que se dirige a sí mismo en segunda persona, o, simplemente, la propia  historia que se divide en otras tres: una novela dentro de la novela, una fábula sobre un lobo y un zorro y los comentarios de varios personajes -entre ellos el autor- a la propia novela o a los aconteceres políticos, sociales, culturales... Todo ello hábilmente trazado, conformando tres grandes avenidas paralelas, anchas y diáfanas, donde todo va por su cauce y se enlaza de manera clara por caminos perpendiculares hábilmente dispuestos.


La novela dentro de la novela es la historia de una niña, en un pequeño pueblo allá por el siglo XIX, que irá creciendo y usando todas sus armas, leales o no, rentables o no, éticas o no, para escapar de la pobreza de ese pueblo dominado por los dueños de la fábrica que les da de comer bajo condiciones de explotación, y que está sumido en las convenciones sociales y religiosas de esa época. Pero Ondine, la protagonista, solo quiere convertirse en el dueño explotador y en mantener esas convenciones como están. Sus pensamientos y sus actos, sumados a los de su familia y vecinos, así como los actos de la clase poderosa y del clero que domina el pueblo son los que compondrán la novela, mientras va apareciendo el socialismo y con él el cambio social. Así el miedo a los cambios , el sexo, las traiciones, las venganzas... aparecerán por toda la narración en un tono a veces humorístico, a veces acre, incluso irónico, pero siempre lúcido y atrevido.


La anterior parte se ve cortada a menudo con los comentarios y reflexiones de los amigos del autor y del propio autor a la propia novela o sobre diferentes temas que surgirán a colación de los sucedidos de la trama, o simplemente por que sí. Los personajes que aparecerán serán de variado pelaje y situación: desde Johan Janssens -poeta y escritor- o Monsieur Colson -del ministerio-, o el profesor de música, o Tippetotje – la pintora-. En sus conversaciones se deja ver el pensamiento de Boon sobre el su mundo: hablarán de música, de la guerra mundial recién terminada -de los ricos colaboracionistas con los nazis-, de literatura, de la vida, de la muerte, de la propia novela, pero sobre todo, y es lo que subyace en todo el libro, serán una feroz crítica política y social donde el clero, la burguesía, y el socialismo son destruidos de manera sistemática. El reproche más fiero será al socialismo, desde posturas de descreimiento, denunciando la traición a los valores que lo crearon, hasta llegar a ser lo que quisieron destruir, al lado mismo de los enemigos. Boon desde posturas nihilistas -anarquistas- despedaza al socialismo y al comunismo, como un ideología frustrada, cuadrada en sus planteamientos y que desprecia a sus mejores seguidores para ser solamente parte del problema que ellos quieren resolver. No deja títere con cabeza.



La tercera “parte”es una serie de fábulas sobre un zorro y un lobo escritas por Johan Janssens -poeta y escritor-. Unas aventuras donde la traición, el robo, el engaño, la religión, el poder, el hambre... será lo que domine en el suceder de los escritos, Donde, de nuevo, Boon levantará acta de manera simbólica, sobre la necedaz humana dentro de la política y la sociedad.



Sólo puedo decir que esta novela es espléndida, de esas que dejan huella en la mente del lector. Donde todo lo que escribe tiene una razón, una diana a quien apuntar; y así se adivina un descreimiento total, una absoluta falta de confianza en la raza humana, una rabia que cae sobre el mundo, su mundo, y escupe sobre todo lo que ve injusto y traidor, sobre los que confió y lo engañaron, sobre los ricos y los políticos, sobre la religión y los burgueses, sobre los literatos y la universidad; sobre la estupidez que rige y ha regido el mundo.

Fantástica.



Wineruda






jueves, junio 11, 2015

LAS LUMINARIAS de ELEANOR CATTON
























LAS LUMINARIAS de ELEANOR CATTON
the luminaries 2013
Edtr. Siruela 805 pág
Trdc. Celia Montolío




Olvidaré mencionar muchas cosas al reseñar este libro. Es tan grande la exhibición de temas de los que hablar sobre él que no puedo decir que acertaré en comentarlo todos. Es de ese tipo de libros de los que disfrutas hablando, discutiendo o cambiando opiniones con cualquier lector que haya tenido la suerte de leerlo. Es el simple y delicioso placer de la lectura. Ése que se encuentra en determinados libros repletos de historias paralelas, tangentes e incluso perpendiculares que se juntan o no en algún lugar allá en el infinito. Aparecen relatos de aventuras, policíacos, de amor, de venganza, de odio, de codicia, de barcos y hoteles, de prostitutas y mineros, de cárceles y lugares paradisíacos, relatos de afrentas y suicidios, de hijos bastardos y acaudalados hombres de negocios. Sí son muchos y variados pero que están sumados en una delicada operación donde los sumandos deben ser verificados y observados en sus más mínimos detalles ya que si no es así perderías el hilo y la suma no daría el resultado que debiera.


En los principios de la segunda mitad del siglo XIX había explotado la fiebre del oro en Nueva Zelanda. A la pequeña ciudad minera de Hokitika arriba, en un extraño barco, un joven escocés en busca de fortuna. Al parecer en el bar del hotel que se aloja se encontrará dentro de una reunión de hombres de diversa procedencia y catadura, congregados por una causa que explicarán al joven: ésta será una larga historia sobre las sospechas acerca de un ermitaño muerto, un rico minero desaparecido y una prostituta que ha intentado suicidarse. De esa argamasa de la historia surgirán los temas y personajes que poblarán el libro: el oro, el opio, un duro capitán de barco, un político naviero, chinos traficantes, asesinatos, minas, mares, fraudes, apariciones, robos, y un sinfín de cosas y nombres que se multiplican y a los que, en principio, cuesta aprehender pero que luego lo haces y así los persigues por su ruta a través del libro que se expande, en el espacio y en el tiempo, desde esa primera reunión explicativa para entender todos sus pormenores. El discurrir de la historia va apareciendo bajo las miradas de diferentes personajes, de sus opiniones, experiencias, palabras y situaciones. Una especie de caleidoscopio que se recompone a cada giro de la lente y en el cual las imágenes -las piezas- no se separan sino que se van uniendo hasta conformar una figura clara y nítida del todo.


La novela, que podríamos llamar histórica, pero también policíaca e incluso novela de aventuras, está contada desde el punto de vista del narrador desde dos puntos de vista que se unen: el del férreo y decimonónico narrador de mirada rígida y pulcra, y el narrador que interpela al propio lector, que se relaciona con él, lo atrae hacía la historia, lo engatusa y le hace un guiño de aceptación en la descripción del  suceder de los acontecimientos y de los personajes, ésos que son descritos de manera exhaustiva y escrupulosa tanto desde el punto de vista físico como del moral y mental. Los pensamientos, las palabras o las reacciones de los personajes del libro tienen un porqué, una razón profunda en sus motivaciones y Eleanor Catton las describe y las sustenta bajo diferentes razones sabedora que la profusión de nombres y personajes alejaría al lector del camino correcto del libro, por ello cada situación tiene un referente y una explicación tanto en el suceder como en el resultado, pero no por ello lesiona el libro sino que aporta calidez y peso en la estructura y en el resultado. Es simple, la autora se dedica a poner por escrito el número oculto en las incógnitas de la ecuación.


Si algo me da lástima -he de decirlo- es que un ignorante como yo en temas de astrología pierde la posibilidad de enriquecer aún más la experiencia lectora de este libro, debido a que cada capitulo está precedido de una carta astral de los personajes en la que Catton añade y apunta motivaciones y posibilidades anexas a la simple lectura lineal de la obra. Debería decir que esto no empaña la lectura, no coarta ninguna expresión ni empequeñece las posibilidades de entender el libro, pero si me ha supuesto una pequeña basurilla en el ánimo saber que me he perdido algo con lo que hubiera disfrutado aún más con la novela.

wineruda