viernes, marzo 04, 2016

EL CENTRO DEL AIRE de JOSÉ MARÍA MERINO

















EL CENTRO DEL AIRE de JOSÉ MARÍA MERINO

1ªed 1991
Edt. Alfaguara 350 Pág












Muchas veces escucho música mientras leo un libro, ayer mientras acababa éste de José María Merino, sonaba la sonata para piano Nº 17 de Beethoven interpretada por Sviatoslav Richter, y no es que encajara con el ritmo, ni siquiera con lo que parecía necesitar el tema de la novela, pero, durante todo el día de hoy, mientras pensaba como hacer la reseña, había algo de aquella música que me hacía volver a ella sin aparente motivo; sin embargo, ahora lo sé, la razón por la que vuelvo a ella es por el interprete: Sviatoslav Richter. Pero ¿qué tiene que ver un maestro del piano con una novela española? ¿qué tiene que ver el fraseo de un piano con la construcción de las frases de una ficción? ¿qué tiene que ver la sonoridad y la cadencia de la interpretación del pianista ruso con la prosa serena y sabia del escritor nacido en La Coruña? Para mí todo y, supongo,  para los demás nada...Pero Richter es el pianista que más admiro y disfruto, su forma de interpretar la música es diferente a la de los demás, de la misma forma me parece evidente que reconocería a J.M. Merino allí donde lo leyera -al menos en las novelas no para niños- porque su manera de desplegar y combinar sus ideas, la acción , los personajes y el contenido profundo de la narración es del todo original, como los buenos escritores que parecen esconderse tras tramas o personajes pero siempre es evidente su presencia. Como Richter interpretando las notas con un fraseo vertiginoso y con la agilidad manual y mental para crear arte del golpeo de una maza contra un metal, Merino convierte la ilustración de una soledad compartida, los golpeteos de unos pasados sin futuro, los aullidos de unos futuros lleno de pasado, y troca el sonido áspero del  camino casi cerrado por las zarzas en una hermosa novela sobre los mitos, los recuerdos, y lo que se espera y se esperó de ellos. Música y literatura parecen conformar un mundo cerrado, como una cúpula invisible como la que te envuelve tanto las notas del piano como las palabras de la novela, y rodean la mente, el cuerpo y las sensaciones hasta dominarlo todo, cada parte del espacio y, parece, del tiempo. Y acaso tienen la virtud de desentrañar las notas y los enigmas escritos por las que se mueve y se movió el mundo.



“El centro del aire” narra la visión del pasado y la vida de tres personajes -Bernardo, Julio Lesmes y Magdalena-. Sus vidas desde niños parecen ir juntas, otras veces en paralelo, otras divergen y , otras veces, chocan. Pero todo parece reinventarse cuando Julio Lesmes parece haber encontrado viva a Heidi, que había sido la fuerza centrípeta que parecía unir a todos, primero al rededor del patio donde jugaron y crecieron y luego en la juventud de ideas revolucionarias; y que había muerto -supuestamente- en un accidente de avión. Su reunión llena de rencores y, también, de amistades recobradas, será el inicio de la búsqueda de explicaciones de las cosas vividas que les enfrentaron y que les unieron, pero será además el lugar para espantar fantasmas, diablos, ángeles y silencios de años.Y aunque pareciera que no ocurre nada, todo el mundo y  todos los mundos que existieron y existirán en nuestras mentes se suceden entre sus páginas.




La aparente simplicidad de la trama y de la idea contrasta con el fascinante desarrollo y dibujo de ellas. Así se nota durante toda la novela la sensación de frio y niebla que oprime los pulmones y parece hacerte levantar hasta el imaginario cuello del pijama para cubrirte de la niebla y la escarcha mientras paseas por esa ciudad que no está situada en ningún lugar concreto de España pero parece salir de los recuerdos, imágenes y fotos en blanco y negro de las ciudades castellanas de la época de Franco. Mientras el aire congela tus ojos, el ambiente donde se sitúa la trama parece brotar de una representación antigua de la escena del cementerio de “Don Juan Tenorio” por las que brumas, fantasmas, figuras desdibujadas y casi desquiciadas o recuerdos pasados parecen desfilar por sus páginas. Contrasta el autor la casi claridad inicial -de luz y de sensaciones- de los recuerdos del patio de juegos donde disfrutaron de una vida amable y feliz, con el presente de la novela que es oscuro y triste; pero aún así tuerce de nuevo  el nudo de la cuerda y descubre que el pasado tan feliz no existió del todo y que en la blancura siempre existirán motas de polvo negro y, más aun, después de aquello apenas quedan, o no las recuerdan, espacios para la vida que echar de menos con atracción y sin osadía. El pasado parece ser el eterno sitio donde se refugia de un presente opresivo, pero los recuerdos tienden a mitificarse, a convertirse en obscenos reflejos de algo que pudo haber sido o que lo fue como casi mentira o que, visto desde ahora, nunca tuvo que haber sido. Y en los que la mirada de cada uno de los tres personajes, parecen descubrirse que el amor de uno es el odio del otro o que las miradas ya no traspasan ningún cristal o que lo que ha sido nunca será. Como un caleidoscopio para seis ojos donde surgen ideas, pensamientos, sucesos, interpretaciones, silencios, tumbas ocultas, recuerdos inconexos, rabia, odio, desinterés, todos los “acasos” que pueden existir en una relación sujetada con imperdibles, todos los “nuncas” que no debieron decirse, todas las tonterías que se hicieron, todas las promesas rotas, todas las ideas tiradas por el vertedero, todas las mentiras que no se han dicho, todas las verdades que se dirán,, todas las cosas amadas y las personsa queridas...Porque todo eso parece tener cabida en la novela ocupando ese lugar donde nos vamos a encontrar, seguro, en un algún momento de nuestra vida.

Merino utiliza todos los cauces literarios para completar una novela que debería encontrarse entre las que apartes a un lado para volver a leerla cuando quieras leer algo bueno-y releerla-. Esos procedimientos llevarán a la novela a ir completándose a cada paso que recorre: un lugar, un acontecimiento, una palabra o un recuerdo, llevan a otro y el cuadro se va rellenado con trazos minuciosos y detallistas hasta que toda la escena, todo lo sucedido, parece -y sólo parece- haberse completado; toda lana tiene su rueca pero los hilos no parecen completarse de igual modo según quien la mueva. Por ello la novela utiliza el recurso por el que Julio Lesmes escribe una novela, de modo que parece ser ser testimonio del pasado que debe no olvidarse en contraposición del futuro que debe alcanzarse. Pero el mundo tiene muchas perspectivas, la realidad es una y diversa a la vez porque no puede nadie decir que él posee la verdad o que lo que busca lo va a encontrar. Nadie vuelve a ser lo mismo después de cumplir un año tras otro tras otro. Así que leedla en cuanto podáis puesto que las perspectivas son tantas, los análisis son tan variados, las miradas tan posiblemente opuestas, que cada lector tendrá su patio propio infantil, sus recuerdos que seguro son ciertos y sus amigos que nunca te van a olvidar... pero la novela te enseñará otros caminos, esos que sólo muestran las obras de arte como es el sonido lejano de las teclas de aquella máquina de escribir o del piano



wineruda

4 comentarios:

  1. Me ha encantado esa conexión entre música y lectura. Yo también suelo leer con música de fondo, no siempre, y a veces de forma inesperada música y lectura se dan la mano.

    No he leído nada de Merino, pero leer "El centro del aire" ahora me parece ineludible. Como ineludible será hacerlo con Sviatoslav Richter.

    Esas tramas que aparentemente son sencillas pero en los que te acabas encontrando son un reclamo para mí.

    Un abrazo

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  2. Hola Ana
    Si lo lees con RIchter, es más acertado -que la que cito de Beethoven- acompañarlo
    con los preludios de Rachmaninov o sobre todo la Sonata D960 de Schubert que encajaría mejor con el ritmo pausado y casi misterioso de la novela, un poco entre brumas un poco entre paisajes difuminados,casi como un cuadro de Turner pero en Castilla... José María Merino me parece un escritor a descubrir más allá de los grandes "vendedores" de la literatura española..
    un abrazo grande

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  3. Hola Wineruda.

    Pues comparto impresiones con Ana, esa forma de verter la música en el libro, y el libro en la música tiene un innegable poder de seducción. Y también concuerdo en el valor de la simplicidad, lo que aparece diáfano o sencillo siempre esconde una enorme profundidad, y hay escritores que conjugan esa paradoja con mucha habilidad, por lo que te he leído, Merino es uno de ellos.
    Volviendo a la sencillez como catalizador de la profundidad, dices, o escribes, algo que me gusta mucho y se ajusta a lo que acabo de reiterar; "pero la novela te enseñará otros caminos"
    Yo soy un caminante incansable, los busco en la vida y, por supuesto, en los libros.
    Apunto escritor y compositor... A mi me entusiasma la "Pavana para una infanta difunta" de Maurice Ravel... La escucharía hasta el final de cualquier camino.
    Un abrazo!!

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  4. Hola Paco
    Creo firmemente en la intercomunicación de las artes; más que creer, necesito la intercomunicación de las artes: a veces es un libro y un pianista, otras un poema y un blues, otras un cuadro y un sólo de jazz. Y si eso me apasiona, incluso lo hace hace más el contacto más pequeño, más particular entre las artes, la prosa con la poesía, la música clásica con, por ejemplo, el rock progresivo o el jazz... En cuanto atrapo algo que parece encajarme a pesar de sus diferencias, lo adopto como mió para siempre. Por ejemplo la prosa poética en una novela me seduce hasta lo infinito, encontrarla de mi gusto es lo más difícil; que yo recuerde "la muerte de Virgilio" de Broch, y lo que estoy leyendo ahora, una hermosísima novela que ya contaré...
    En cuanto a este libro, que no lo he olvidado, me ha parecido tan bueno que lo he incluido en una lista que empecé hace muuuuchos años donde pongo mis libros favoritos -no los que ¡bah! está bien o los ¡mira que bien!- no, sólo pongo los que no olvidaré nunca, y , por cierto, sólo hay siete libros de autores nacidos en España.
    preciosa la "pavana para una infanta difunta”
    un abrazo paco

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