martes, junio 12, 2018

VIDA HOGAREÑA de MARILYNNE ROBINSON






















                VIDA HOGAREÑA de MARILYNNE ROBINSON
Housekeeping      1980
Galaxia Gutenberg,   217 Páginas
trad.: Vicente Campos González

Un sitio alejado en el tiempo y en el espacio, un sitio casi imposible, casi un cielo de horas muertas, o un infierno de vidas insensatamente felices;  y algunas veces lugar para siervos,; algunas veces triste, algunas veces un lugar  muerto;  algunas veces vive de los muertos que parecen salir del fondo del lago; algunas veces, sus gentes,  lloran por los vivos, algunas veces ríen, alegres, soñando,  en sus ideas de huir; otras veces nacen para morir, otras veces ya han muerto. Esta es la ciudad donde se inundan las calles y las casas flotan entre árboles y hierbas muertas, donde el tren es lo que conecta al mundo  más allá de su puente, el que cruza dos veces al día, no hay nada, como una Finisterrae que nadie observa, que todos temen, pero que todos desean ver , desean traspasar, ¡Ay! pero nadie  parece querer pasar por esa vía, solo aquellos que murieron en aquel accidente, cuando descarriló el tren entre nubes  de agua y cieno, y allí se quedaron aquellos cuerpos, aquellas almas, prendidas al lago, al fondo del lago, impresas sus caras en las olas o en el dibujo que hace la brisa en las hierbas de las orillas, o entre los muros de las casas derruidas de las islas, pronto nacerán entre cielos que nadie verá, allí murió el abuelo de Ruth y Lucille. Esta ciudad, este sitio,  es Fingerbone. Lugar donde viven ellas, Lucille y Ruth, y es su hogar ¿Su hogar?

¿Hace la ciudad, hacen las casas, las habitaciones, las camas, los recuerdos, los regalos perdidos, hacen los recuerdos un hogar? ¿La vida te hace aferrarte a lo conocido para no arriesgarte, para que nada cambie, para que nada sea diferente a la vida de tus padres, de tus abuelos? Cambiar, vivir, ¿Vivir para cambiar? ¿Cambiar para vivir?
Dos niñas, Ruth y Lucille, son dejadas en casa de su abuela, allí serán cuidadas por ella  y luego por Sylvie, su tía, en un casa alejada de la ciudad, tan alejada como su manera, -la de ellas, la de su abuela, la de Sylvie-,  de ver las cosa, tan lejos del mundo como del pueblo, tan cerca del lago, tan cerca de ser otra cosa de lo que todo el  mundo quería que fueran; están tan lejos de ese mundo, sí, que no parecían pertenecer al mismo cielo ni al mismo  infierno: pero los caminos que toman las personas no siempre coinciden con lo que esperan que fuera,-si lo piensas, tú mismo, ni siquiera tu vida es la que esperabas, nunca reconocemos los lugares que estamos pasando, ni lo haremos cuando pasemos los que nos trae el futuro-. Así la vida de Ruth, de Lucille, de toda su familia, cambia como cambian los días, y, como nunca puedes prever lo que va ocurrir, los caminos que pensaron hacer cada una no tienen por qué coincidir con lo que les pasará, con lo que buscarán o los impongan, las ideas, las familias, laos amigos, las vicisitudes, lo impuesto en la escuela, en la religión, en la impronta del ADN. ¿Somos lo que queremos ser, o lo que quieren otros que seamos, sean quienes sean esos otros? Ser diferente, ¡bendita ambición para algunos!, ¡extraña mal crianza para otros!, decido ir al abismo y me salvan los días, me salvan los dueños de mis días, pero salvarte lo has hecho tú al decidir ser siervo de esos dueños, aún no queriendo.
Ruth nos cuenta que ella y Lucille, ven  que Sylvie, y su   madre y  la abuela, incluso el abuelo muerto, todos influyen en sus vidas, por eso, nos describe,  ellas viven lejos, en otra esfera, en otro universo de pasos y pensamientos, incluso en otro ritmo de del sol y la luna; juntas, tan diferentes corporalmente, como lo serán mentalmente. Nos cuenta que el amor no puede con todo, no puede con derrotas, ni con miradas, no puede con un pueblo que suspira por vivir entre recuerdos y ganas de huir, suspira por sostener  el precario equilibrio que es vivir en la nada y de  la nada, esperando que por las esquinas de las ventanas nadie te vea ser diferente, nadie vea que quieres huir o quieres ser amante o amada, ¿Quieren ser Ruth y Lucille llevadas al rebaño? ¿Son rebaño entre llanuras o serán, preferirán ser, individuas, únicas, ser flores raras en acantilados o despeñaderos?

 Sylvie hace de palanca, o, mejor, hace de contrapeso de la vida servida y la vida libre, hace que las cosas sean oscuras a la noche y plácidas durante el día, pisa por donde no pisa nadie, y no ve que la miran, o mira que la ven, es libre en sus zapatos y en su futuro. Solo los que nadie siente son los que la ven, o piensa ella que la ven, o …

Marylinne Robinson hace, y no suelo ser muy ducho en esto de los elogios, una hermosa novela, en ella acumula la belleza de sus textos, con la cuidada mirada a los gestos de la naturaleza y al devenir de esas mujeres , una mirada que detalla lo que necesitas saber sobre la vida de ellas.  Diría yo que es una manual de mirar la vida que no puede ni debe encajar en esas rutinas de lecturas rápidas y cortantes; porque esta es una lectura de fuego lento, suave, con un paso quedo de las hojas para que no se asuste el clima creado. Un clima, una creación, casi un libro sagrado, o, ¿Por qué no? Un libro sobre lo profano y lo sagrado, sobre la muerte y las almas que migran o se quedan, pero también sobre los cuerpos, las ideas que cambia; lo profano que resucita entre diarios y fuegos que quiere ser accidente:  lo accidental en la vida, la sorpresa, el cambio, el no quedarse entre flores y buscar tréboles en las campas, para ser, como dijo Atahualpa, pájaro corsario. O, por el contrario, ser lo divino que quiere permanecer en la tierra para ser eterno, sujeto por las raíces de los zapatos y las telas, sujeto por los muertos y sus estelas de tumbas. Marylline Robinson habla de vida y de religión entre flores, y de muerte y de amor entre aguas, habla de quedarse y huir, habla de nada y de todo, habla, sí, de mí.






lunes, mayo 14, 2018

PROVOCACIÓN de STANISLAW LEM





















PROVOCACIÓN de STANISLAW LEM
Provokationen 1982
Funambulista 155 pag
Trad. Joanna Bardzinska y Kasia Dubla


Debajo de la metaliteraura, debajo de autores falsos que hablan de libros falsos que hablan de historias verdaderas, debajo de reseñas de libros inventados se encuentra un autor que maneja texto e ideas para contar una historia o sus pensamientos o su modo de describir el mundo. El subterfugio literario no puede ni quiere ocultar la palabras dichas, el texto sagrado de la propia idea, que no quiere volver a contar sobre cosas o formas que nacen -y morirán- de la nada. Hay momentos en el que la ficción es un caso perdido y la realidad se afana en descubrir las vergüenzas  que algunos no quieren contar. Me gusta la fiereza en la defensa de las ideas, cuando estas son justas, y son justas porque así lo ha establecido la Historia y el discurrir del mundo; y son justas por encima de intereses vagos de ocultar cosas o de suavizarlas o de esa estúpida manera actual de proteger al mundo de imágenes crudas y duras como, por ejemplo, de todo el Holocausto. Oí , ayer, una horripilante frase de un presentador de documentales inglés, en el que elogiaba al jefe del comando de construcción del Nido del Águila nazi, lo llamó genio por su escrupulosidad y puntillismo en la construcción. No citaba, el tipo, a los esclavos que la construyeron, no citaba el tipo a los muertos, no citaba el tipo que el jefe se suicidó antes de ser condenado en Nuremberg por sus culpas. Elogiaba la escrupulosidad de la construcción, la repetición hasta llegar a su perfección;  semejante persona relata historias en documentales que aspiran a mostrar algo de aquello, pero nos ahorran, cuanto pueden, las imágenes del horror, ¿Por qué mostrarlos?¿Por qué´enseñar lo terrible? La respuesta es tan evidente que hasta ese tipo debería saberla. Simplemente por una palabra, por respeto, y añadiría por pedagogía.
Lem, no es un tipo cualquiera, eso sí, es un escritor de esos que desdeñan los grandes críticos como escritor de ciencia ficción, no saben esos críticos que sus obras desbordan inteligencia; son socarronas y son fieras, diestras y afiladas, son graciosas y cueles, son sonoras como un despertador de campanas viejas; y critica la mentira , pero también es un creador de las más fantasiosas mentiras sobre un mundo que muere: Lem no es el tipo que elogia a un nazi por su habilidad en reconstruir un edificio hasta que esté a su gusto, no es tan fatuo ni tan banal ni tan necio, no. Lem escribe este libro sobre una reseña de un libro sobre el holocausto y Alemania, habla sobre la muerte y los nazis, sobre los judíos y la culpa europea, sobre la barbarie y el perdón, el no perdón. 

Horst Aspernicus, es un historiador alemán que cuenta sus ideas y sus reflexiones sobre lo que sucedió en su país en, durante y con el Holocausto. Su análisis no deja escapar a nadie, no deja un camino de salida ni al perdón ni a la excusa. Doblega el espíritu nazi para dejar caer de sus bolsillo, con Alemania puesta boca abajo, la podrida inmundicia que pobló el país, las ciudades y las casas. Cierras las puertas para encerrar a los culpables y los mira a la cara, y les enseña que su nación perfecta de arios era el ejercicio necio de un führer enfervorecido a los que una aristocracia aplaudió y un conjunto de arribistas y acomplejados apoyó para auparse en el poder al precio que fuera; les dice que fue un genocidio labrado a fuerza de mentiras y falsas ideas sobre los judíos, y sobre el que no pensaba como ellos; habla de voces llegadas del pasado y de la mentira como excusa para la muerte; habla de lo que fue la orgía de sangre de unos dirigentes que descubrieron a los judíos como excusa para limpiarse y buscar un chivo expiatorio, no ya religioso -los judíos que mataron a Cristo-, no ya con la culpabilidad hacia el rico que no lo era, no ya para ganar dinero...era solo crueldad, solo distancia, solo sadismo, solo fantasiosas y sangrientas ideas de poder, religión y muerte. Pueblo y organización y estado que organizó una industria de la muerte, y en el que la imposibilidad de la medida, la muerte de millones, dejó su mente en la excusa de lo incalculable de lo indecible, de lo inconmensurable de lo hecho, y con ello en la protección del deber al superior, de la culpa del superior, nadie sabia nada, nadie fue culpable, porque nadie soportaba el peso de la muerte en los hombros, solo los cadáveres y los ahorcados en Nuremberg. Y Aspernicus -Lem- acusa, no perdona a nadie, no conoce límites su mirada furiosa; así desnuda al filósofo Heidegger, al que ataca sin piedad, proclama que a pesar de que se separó de la militancia nazi,- él no le acusa de nazi-, sino que dice que si un filósofo no ha creído que debía criticar o citar o nombrar o socavar , los crímenes nazis, que si los ha tomado como algo no primordial en su pensamiento y siquiera anotación, quizá porque pudo haber pensado que un filósofo, él, no se centra en delitos comunes; si no vio que era una actuación supracriminal, si no vio que esto era execrable, entonces , dice Aspernicus - Lem- , que era o un embustero o un ciego o un estúpido ¿Y qué clase de filósofo es estúpido'? Y si calló por hipocresía es un cómplice. Y si un filósofo no ve la enfermedad en el mundo, la misma, la exacta, que él debería comprender y estudiar, ninguno de sus escritos, nada parido de esa mente, merece la pena...( Lo remarcable, digo yo, que muchos defienden que el pensamiento occidental actual se basa en sus ideas...)

Aspernicus -Lem-, cierra el círculo, o la soga o la mirada certera sobre los nazis queriendo dilucidar las razones de sus comportamientos, de su sadismo, del componente religioso y deslavazado de su pensamiento y actitud; busca la razón de la muerte de personas inocentes, de niños, mujeres ancianos, jóvenes, hombres adultos, de todos, de cada uno de ellos; mira la razón de aquellos comportamientos indecentes , extraños y soezmente rutinarios, que él descubre alucinados y alucinantes. Reconoce en ellos el componente absurdo de querer la muerte de Dios, destapa la ausencia de inteligencia , la crueldad por la crueldad, el falso pudor de los ojos cerrados. Nada escapa a su análisis, de lo repetido por inmoral y poco inteligente,. Y puede ser que haya otro examen, pudiera ser que sus ideas sobre lo que sucedió no sean acertadas y den en el objetivo, puede que el mundo sucio y cruel no pueda ser analizado nunca, o al menos comprendido, puede que la podredumbre tapara las cloacas y allí murieron las razones de las cosas; y solo quedara muerte y dolor, y los ojos descoloridos de los culpables sin cerebro. Pero la visión de Aspernicus Lem- destapa un mundo que hay que leer, que hay que mirar una y otra vez, por respeto a los asesinados, por coherencia, por, como he dicho, pedagogía.


Compara la muerte nazi, las ideas decapitadoras, los comportamientos sin excusa de los nazis con los movientes terroristas de los años 60, y calcula sus semejanzas, y las descubre a pesar de la distancia ideológica y vital. La muerte es la muerte desde arriba y desde abajo, desde la izquierda y la derecha. En los 60 no murieron judíos, pero murieron personas,. Cuando muere la vida, mueren inocentes, y mueren siempre,ahora están muriendo... Y de la misma forma que ataca a los grupos de izquierda terrorista, degrada al grado mínimo de la condición humana y de la inteligencia a los neo nazis. No hay perdón.


El libro consta de dos artículos, de dos estudios, es la reseña de dos libros; y puede que el segundo pareciera que no tiene nada que ver con el primero, pudiera parecer que los temas y los estudios son ajenos uno al otro, pareciera que la segunda reseña ficticia sobre un libro de J.Johson y S. Jonhson, “One human minute” en el que trata, por métodos estadísticos, descubrir lo que pasa en un minuto en el mundo, lo que hace la gente, las cosas que producen, excretan , esparcen;  la cantidad de personas que mueren y sus razones, las que se suicidan o son amadas, las que saltan o caen, las que descubre o se pierden o los latidos de los corazones, si, las que nacen , las que aman, cuántas personas están haciendo el amor, o comiendo y qué, las razones de los silbidos, o los coches que se compran en un minuto, el vida comprimida en un libro, tú en el libro, la explicación del mundo en un libro, la sociedad en un libro, el pensamiento en un papel, lo que somos en un libro, lo que no somos en unas palabras...Lo que dura el lamento de una torturada, lo que gasta el gobierno en elementos de tortura, lo que pensamos de los libros,...Todo ahora está calculado y medido, y perdemos la medida de las cosas y el deseo y el control y la posibilidad de rectificarlas. Lem relaciona los dos textos, los casa y los cose, porque él dice ...que Aquello, ahora, puede repetirse...Porque, ahora, nos da igual el mundo, y olvidamos, y la perspectiva no es dada por otra gente que quiere pensar por nosotros, porque damos importancia a lo que otros quieren que demos, como pasa con muchos los conocimientos y la mirada hacia la vida. Porque el análisis que debería surgir de nosotros, sí, nos lo imponen y lo aceptamos, ¿Hay diferencia con...? Imponer es imponer ahora o hace 80 años...


wineruda

viernes, mayo 11, 2018

CONCIERTO BARROCO de ALEJO CARPENTIER




























CONCIERTO BARROCO de ALEJO CARPENTIER
1974
Siglo XXI ED. 92 Pág



Como la filigrana de artista necesita el oro o la plata, las volutas de la madera buscan profundidad y vuelo, o las columnas salomónicas ascienden, retorciéndose, hacia un cielo inimaginable, o como las curvas, las espirales y las quebradas líneas rompen el orden simétrico o austero de las fachadas; también el barroco aparece, puede aparecer, en las argentinas  y quebradas y retorcidas y salomónicas palabras, en lo escrito en un papel -papel también ya envejecido por el paso del tiempo en alguna biblioteca o en algún rincón debajo de alguna lámpara que iluminaba con bombillas desnudas que ya están en desuso-. Como la mirada que observa las cosas que no buscan el camino recto, yo no espero que las lineas del libro rompan todos los canales ya creados, pero sí espero que, con el tiempo,  las aguas, que pudieran cruzar como las palabras esos canales, hagan remolinos y se recreen y alegren y salten por, por ejemplo, pequeñas represas formadas con papeles y maderitas escritas  con la punta de un cuchillo romo;  también espero que el agua -las palabras- expresen cosas que no vayan a dejar indiferente a un oído que espera – a veces- que ellas, cuando salgan de las bocas o de las manos, no sean esas rotundas que solo piden, por ejemplo, silencio, sol y agua; porque nadie quiere -creo- que el mundo -las palabras, lo dicho, lo expresado, lo que me cuentan- solo valga lo que vale un trozo de papel o de metal maleable. El valor de las cosa se mide, para mí, por lo que me hace elevar de este suelo seco y oscuro en el que solo se puede ver vacío.
Carpentier hace del lenguaje un suburbio de la música, o, diría mejor, del arte. El barroco de sus palabras pinta -describe- también la escala de notas que debió salir de las violas, violines, flautas, oboes u órganos; todos se elevan desde las páginas amarillentas, y un adjetivo es un oboe y un verbo un do sostenido o un suspiro es el abrazo del órgano. Alejo utiliza las palabras para contactar con un mundo lejano; y con la sonoridad de los tiempos y los espacios conecta con el fin de las historias y con el comienzo de nuevas épocas. Las palabras, danzarinas, puede que estén bailando un minué, un danzon,  o raspando las cuerdas de un viejo violonchelo, no lo sé, hoy, solo hoy,  creo que silban una vieja armonía de música sacra. Alejo conecta con lo antiguo, pero también con lo moderno, porque no queda lugar para que la música no traspase tiempos y lugares y nos lleve del pasado al futuro.
Hay tiempo para que, el escritor, nos escriba una hipótesis real para la mentirosa ficción; porque lo real puede ser un cuento contado a la manera de los viejos relatos que antes se recitaban en las viejas aldeas, pero puede ser que ahora ya no se cuenta solo una vida detrás de otra, ahora en esos cuentos recitados a la luz de las hogueras de titanio se cuentan vidas; futuras vidas, las vidas de todos los que lo leen y lo leerán; en ellas canta la viola de gamba tocada en un concierto de jazz junto a un millón de muertos de nuevas guerras y viejos odios. Nada cambia, solo las luces y los vestidos y los botones que ya no atan vestidos, desatascan guerras.

El Amo, el señor rico de una ciudad de México, la capital por ejemplo, decide dejar un tiempo su casa para visitar la vieja Europa, desde su nuevo mundo de aquellos años del barroco, digamos que las primera décadas del XVII, se llevará sus plata y sus riquezas con él en su viaje, Y su viaje llegará a Cuba, dónde la muerte visitará a su fámulo y, donde encontrará a su nuevo criado, Filómeno, nieto de un esclavo negro liberto, afilado en el romacero antiguo y ducho en la percusión, que lo acompañará, en voz y gesto, en su viaje por la vieja y escuálida España de aquellos años, y, huyendo de ella, buscando el lujo y la alegría, lo llevará a Venecia, al carnaval de alegría , sexo y música,. Al lugar donde nacen las músicas y lo imposible, y lo irreal y la alegría y lo respirable,. Allí entre máscaras, fieltros, luces y maravillas del texto y las notas, aparecerán Vivaldi, Haendel y Scarlatti, en una orgía de música y comida y sexo, en la que El Amo y Filomeno enseñaran las músicas y las historias del nuevo mundo, de América, a la nueva Europa, disfrazada de compositores y de abrazos beodos y musicales. De aquellas historias nacerá en las manos y ojos de Vivaldi la composición de su opera Motezuma; nacerá con sus mentiras y regalos, con sus aventuras desgraciadas y sus finales felices e irreales, con su modo de ver el mundo extraño lejano, último, del viejo al nuevo mundo, donde la verdad poco importa,. Quizá pienso, es verdad, es necesario, que al final importe la belleza de las música rellena de oro y las palabras rellenas de olvidos, de bellos olvidos,.



Alejo, escribe palabras alegres, al menos aparenta una profunda alegría o quizá sea. pienso,  ironía o  rojo buen humor,  quizá sea que lo pomposo que aparenta deja entrever la carga de pensamientos que orilla los mensajes, o sea que no hay mensajes y es un juego de ideas, palabras y sonidos, y se busca, busco, algo detrás de las palabras que no hay. El lector siempre está dispuesto a que el brillo, o la falta de él, de la luna, influya en su manera de leer algo, o que las horas del día hayan abierto o cerrado el grifo de las oportunidades perdidas y el mal humor se refleje en las hojas o en los ojos, depende las horas y de la luz, pero si leo, y me escribes para que lo lea, debes estar dispuesto a que tu mirada y la mía coincida en puntos y letras que tú no suponías y que yo quiero.
He oído música en este libro , da igual que fuera triste cuando es alegre o al revés, pero aún sale música del libro cerrado y huele a ese dulce olor del libro disponible desde que alguien lo leyó allá por el siglo XVIII por primera vez.


Wineruda

martes, abril 10, 2018

PREGÚNTALE AL POLVO de JOHN FANTE






















PREGÚNTALE AL POLVO de JOHN FANTE
ask the dust 1939
Anagrama 205 Pág
Trad. Antonio-Prometeo Moya


Las ciudades, los pueblos, son como cruces de caminos, solo que no las cruzan coches o motocicletas, ni quiera carros tirados por caballos, las cruzan seres humanos; hombres y mujeres que se miran sin verse, o que se ven sin pensarse. A menudo cuando cruzo un paso de cebra y me topo con unas figuras que me golpean con los hombros absortos en el suelo o en el teléfono que asoma bajo su abrigo abierto, muchas veces pienso en qué pensaran, en que no los volveré a ver, en que son como meteoritos que cruzan, que cruzamos, cielos particulares con un tenue resplandor que se apaga rápido, sin ni siquiera explosión. Son parte de hogares perdidos en ventanas que se cierran ocultando la luz que nos permitiría verlos, vernos; nadie se comparecerá de nosotros cuando no estemos, solo las personas que un día se pararon junto a un cruce y durante un momento miraron a nuestros ojos y vieron algo más que tierra negra o hielo fundido, solo ellas sabrán de hay algo más que pasos y olor a colonia o certezas descubiertas de reojo. Pequeñas esperanzas que se sostienen en el peligroso equilibrio de alguna victoria son las que permiten luchar cada día en el tedioso paso por esos caminos no hechos para la amistad o para el amor o para conquistar algún Everest de bolsillo. Leonard Cohen me decía ayer “buenas noches, buenas noches, estrella caída” y yo sonreía rodeado por el mundo. Fante habla de estrellas caídas, de todas las astros perdidos que cayeron en la época de “la gran depresión” en Estados Unidos, algunos quieren levantarse otros dan un gran rodeo como el remolino de agua antes de caer por el desagüe. Y habla de la gran ciudad, de Los Ángeles, que devora a sus habitantes, que van cruzándose y golpeándose como en un gran juego de bolos en los que uno golpea a otro hasta caer, aquí no querrán golpearse, pero la vida, la cruda vida, va rodando directo hacia ellos hasta chocar haciendo volar sus destinos a cada lado de la pista.

Arturo Bandini, el protagonista y voz de esta novela,  escribió un cuento, “El perrito que reía” y viene a la gran ciudad a vencer al mundo, a conquistar dinero , fama, popularidad; a conquistar el derecho  de ser reconocido, viene a ganar para no ser el italiano de pueblo, el tipo sin futuro. Arturo Bandini es el tipo que no tiene con qué vivir si no son los pocos dólares que le manda su madre o los que gana con algún texto publicado. Arturo Bandini muchas veces vive de naranjas; de acuosas, jugosas y vomitivas naranjas. Artuto Bandini está solo, y busca amistad y sexo con mujeres que odia y admira, que le repelen y atraen, que las insulta y lo insultan, que desea y espanta, Arturo Bandini es virgen en el sexo y la vida, solo conoce y respeta la literatura y al editor que le editó su cuento, Cuento que nadie quiere, que a nadie interesa. Solo en la ciudad se rodea de sus pensamientos, que reparte por  esta novela contada en primera persona; con esa tentación del escritor de amar y odiar lo que hace, de ser un dios creador y un siervo de su ego, de sus ganas de gustar, de ser una estatua y ser el escultor, de nacer para morir escribiendo, de sentir que las palabras brotan pero, en un momento, se retienen en el filo del folio. Arturo Bandini ama a una camarera hispana a quien también odia, a la que necesita, es preso de sus necesidades y de su propias mentiras para justificarse, es racista porque lo es el mundo, porque lo han sido con él, se cree superior en su nimiedad, en su pobreza de victorias, en su poder partido. Arturo Bandini, si, se reinventa como persona, personaje y escritor, cada cosa que escribe sobre su vida , sobre él, sobre lo que le rodea y  afecta, lo hace  alguien diferente de lo que es; sí, en efecto,  se miente como buen escritor, y por ello se crea y se describe nuevo. La ficción de la ficción en la novela; donde el personaje escritor que se reescribe su papel para ser otro, pero termina siendo el mismo, siempre él mismo. Y sus lunas particulares que se acercan, esos personajes derrotados y por derrotar, fáciles de tumbar, no necesitan ni el viento del mar, ni necesitan que los empujes; lunas como personas que amaron y vivieron, que son como esas que cruzan junto a tí en el paso de cebra y que te golpean con el hombro y murmuran una disculpa, y los miras y están llorando, ¿Qué fue de ellas? ¿Qué les derrotó? ¿Salió un nuevo día para ellas? Para el mundo que rodea a Bandini, para su amante marcada por las vidas, o para el camarero sin fe, o para  Camilla su amor, la camarera a la que el mundo se le ha quedado corto,; para ellos , sí, los días pasan y la ciudad sigue igual, los cielos están azules, la luz entra como cada mañana por la ventanas pero ¿ Habrá alguien mirándola?

Fante habla de optimismo y del fracaso, habla de perdidas y de victorias, pequeñas o grandes, pero victorias, Habla de querer, habla de buscar lejos o cerca, pero buscar. Fante habla de él mismo buscando su lugar entre personas y los libros, de buscar su rincón en la gran ciudad en la que sentirse protegido del pasado y del futuro; habla, Fante, de amores , a veces ganados , a veces perdidos. Habla de todos esos seres que cruzan por la puerta del bar, delante tuyo y lo ves a través de la cristalera, con la cabeza gacha o con lo ojos alegres o confundidos, pero que no volverán a pasar; habla de perdedores, sí, vencidos, pero , a veces,  no vencidos, y habla, claro,  de él, sí, pero también de mucha gente que he conocido y casi los olvido.


miércoles, marzo 14, 2018

ÁNGELES DEL UNIVERSO de EINAR MÁR GUDMUNDSSON

 












ÁNGELES DEL UNIVERSO de EINAR MÁR GUDMUNDSSON
englar albeinsins 1993
Siruela 179 Pág.
Trad. José Antonio Fernández Romero




¿De dónde aparecen las heridas?¿Desde qué apartado  lugar surgen para cruzar nuestra piel, nuestra mente, nuestros ojos y se quedan en forma de cicatrices efímeras o se quedan como llagas inmortales? ¿Cuáles son más profundas?¿Serán más profundas las de las manos o serán las de los brazos o las de los ojos, o serán las del alma o aquellas que desbrozan sentimientos y requerimientos: las heridas de la mente?¿De dónde nacen las heridas que marcan el cerebro, el comportamiento , el modo de mirar el mundo y el modo que te mira el mundo?¿Y dónde se oculta la vida que se pierde entre visiones terribles y voces que se escuchan de la nada y te hablan desde lo profundo? ¿ Dónde escondemos la vida que desaparece en hospitales y sanatorios para enfermos mentales?, ¿ Y dónde se ha perdido la vida que se va en ese miedo que se ve en los ojos de los otros o el miedo en los ojos que están detrás del espejo? ¿Qué pueden los heridos, los enfermos, los llagados, los enfermos mentales, sí los locos, esperar de la vida en ese manto de espinas y clavos y cristales rotos que cubre las calles y los suelos y las sábanas de las casas; de ese no poder descansar nunca, entre pastillas que dan y quitan vida, entre vacíos que dan locura, locura de existir, de vivir, de no poder vencer ni ser derrotado? Nada sale, nada entra en el futuro, ni el pasado, solo un presente de pastillas o de huidas o de sanatorios o de errores que no van a ningún sitio; solo parece existir un lugar circular, del que entras y sales,   en el que giras para dar la espalda y la cara a la vez, que hiere, que saja los ojos, y revienta las venas, y la memoria. Todo parece nacer y morir, día tras día, dentro de una mente desnortada que no sabe dónde ir, siempre huyendo; el futuro es huida, todo es huida.

Päll nos cuenta su vida desde un lugar y un tiempo  indefinido en el futuro,  y desde allí nos habla de cómo ha sido su existencia, de cómo comenzó, incluso antes de nacer, a ser llevado por una vida que otros querían; llevado desde los sueños de su madre embarazada, habla de su vida infantil en el campo donde vivía libre, feliz, entre amables lugares, y amigos y familia que no estaban lejos, siempre estaban cerca, cerca de él y su mente; siempre cerca: Toda su vida en aquellos momentos, controlada y amable, está suspendida sobre su hombros y está en los raíles, como de tren, por donde piensa que trascurrirá su destino, transcurrirá su modo de existencia normal, apacible, cansino o amable, aburrido y feliz, sensato y contenido. Päll piensa, desde un futuro que sobrevuela todo su mundo, en cómo su llegada a la ciudad es la llegada a un mundo duro y cruel; a un mundo donde nadie quiere a nadie, un lugar oscuro, en los sótanos donde viven, nada quiere ser feliz, nada quiere que sea feliz; las casas invaden el cielo, las calles son avisperos de cosas rotas, de amigos rotos, de nada. Päll pasa así la vida, entre nuevas escuelas, nuevas casas, diferentes amigos, nuevos hermanos, nuevas formas de ver el mundo. Päll, revive el pasado, que va y viene, en el tiempo y en el espacio: va al sanatorio y vuelve a la adolescencia, va a casa atemorizando a sus hermanos y padres y vuelve al sanatorio, o la casa donde vive alejado del mundo y vuelve a su noviazgo de juventud, al primero, donde él vio torcerse todo, o simplemente es donde vio su cara en el espejo, directamente, sin más caretas, y allí vio su primera huida; sí, siempre su huida. Ve desde el futuro el alcohol que ciega sus pasos y las ganas de ser diferente, y se ve , otra vez, volviendo de nuevo al hospital, con sus nuevos amigos que son los residente en la institución psiquiátrica; sí, son los enfermero, y los médicos, ellos son su nuevo mundo y, con ellos, sus propios compañeros de encierro, con sus cicatrices enormes que se cruzan de lado a lado, de mente a mente, de golpe a golpe; sus amigos que van y vienen como él del sanatorio, entre pastillas y aventuras lejos de sus camas de habitación protegidas, como niños que huyen del colegio; ellos avanzan entre sus identidades rotas, sus pasados que han desparecido, sus mentes eternas de locos para siempre, de eternos enfermos , de rotos muñecos para la vida.
Päll, va y vuelve de la borracheras desaparecidas, y de las perdidas de conciencia, de sus peleas y sus abrazos, de sus amenazas, de la mente que naufraga, y se pierde, no siente miedo. Tampoco siente que hizo mal, porque él se reconoce en sus movimientos, en sus actos, pero no lucha contra sí mismo, contra su modo de actuar o ver la vida; él, para sí mismo, es así, no puede ser de otra forma, no puede combatirlo, no puede vivir la vida entre pastillas y no puede vivir sin ellas, no puede existir y debe existir...

Gudmunsson, no pone filtros en la herida, no restaña nada, no sale humo de su llaga cauterizada, no quiere hacerlo; muestra un mundo ajeno a la vida que poseemos; ha quitado el paraguas y nada nos cubre y llueve sobre nosotros, llueven gotas que queman, pero que hacen abrir los ojos, para ver ese lugar alucinado y alucinante que es la mente del enajenado, o del loco, o del que sufre o del que no es él, o del que ya ha dejado de ser él, o el que ya no será o del que se pierde; pero que él, Gudmunsson, quiere mostrarnos su lado, el lado del que, realmente,  se ve cuerdo, no se ve loco: mostrarnos el lado, la visión,  del atormentado, del que busca, del que busca ser él, del que algún día quiere ser , de nuevo, él,  el que quiere encontrarse. Sí, nos muestra la visión del que nos da miedo ver, encontrarlo en la calle, en la vida, en el ascensor,  del que no sabemos nada, del  huimos o rechazamos; ese punto de vista que nos da miedo, por no querer saber o por no poder saber.

El corazón que palpita en el lado oscuro de la luna aparece en este libro, ese que ríe y llora y grita y se calla, lejos, siempre lejos.



lunes, febrero 26, 2018

RÉQUIEM ALEMÁN de JOHANNES BRAHMS y EL CAFÉ DE LA JUVENTUD PERDIDA de PATRICK MODIANO




RÉQUIEM ALEMÁN de JOHANNES BRAHMS y EL CAFÉ DE LA JUVENTUD PERDIDA de PATRICK MODIANO



Siempre que leo oigo música, siempre. Me acompaña en el ritmo, en la entonación; está cerca, alta, o lejos, casi silenciosamente, y así me lleva sin que sepa a veces que estoy escuchándola porque la lectura me absorbe, pero la necesito. Cada lectura  tiene su música, casi siempre siento cuál es, y otras veces voy probando hasta que me paro en una, y sé que es esa la que acompañará, y acunará, al libro, no diría que es su banda sonora, pero si abre el camino, o lo cierra, depende del estado. Hoy, estos días, me ha pasado lo contrario, mientras estaba oyendo el Réquiem alemán de Brahms leía “El Café de la juventud perdida”, hoy era el libro el que encajaba en la música, hoy he buscado el libro que necesitaba para este Réquiem, esta obra, esta obsesión,  que hay días que oigo más de dos o tres  veces, ese sonido del que conozco sus paradas y sus tempos, conozco sus giros y sus altos, sus voces, sus tristeza, sus penas, sus notas; conozco el sabor de esta música, hasta el tacto; conozco los detalles de sus violines, de sus escalas y su partitura; conozco sus sombras y sus lágrimas; conozco a quién le duele su sonido y cuándo  lastima la piel; sé por dónde caminan sus voces, y por dónde se pierden cuando las escucho, y dónde encontrarlas cuando alguien las necesita.

El libro encajaba con este Brahms porque es el recuerdo de un pasado del que las personas que lo cuentan sienten que lo han perdido, es la evocación de aquel Café Condé donde unos jóvenes, escritores, rebeldes, exiliados del mundo se reunían para contar y contarse historias y vidas, para beber y escuchar sabores diferentes. Allí, en aquel Café, aparece el centro de la novela, una joven misteriosa, Louki, que parece, desde la nada, desde casi el silencio, deslumbrar, o acaso sería mejor decir que parece alumbrar a algunas personas. Y ellas son, incluyendo ella, las que cuentan lo que recuerdan de aquellos años, y dan la explicación partida, el puzzle, que unido compondrá el cuadro, el espejo quizá, de lo que pasó en aquellos años; lo que eran aquellos, en apariencia, lejanos años: diferentes, más felices, y más tristes, más eternos y más muertos como pasa con todo lo que se mira con la distancia de una vida o de un felicidad perdida o un amor derruido o un acaso que pudo cumplirse. Y decía que encaja este libro con Brahms porque qué es sino recuerdo un Réquiem, ¿No está esta música hecha para abstraerte en el paso de la vida, en lo que se hizo o se truncó? ¿No es un Réquiem un estruendo de la memoria, una campanilla para despertar imágenes pasadas, para separar lo cierto de lo soñado? ¿No es un último esfuerzo para que el olvido no arrastre a todo aquello que quisimos de esa persona, o de nosotros o del mundo o de la vida, de cualquier vida? ¿No es un repentino adiós a algunas cosas?¿O es un cortar, una frontera para despedir un estado, un momento de nuestros tiempos?

Sucede que hay momentos y días, y sonidos y letras que nos llevan al adiós de las cosas, a la pena por un tiempo que pasó, fuera feliz o no,- desde la distancia parece que siempre lo es- y parece que la distancia quiere limpiar la memoria de unos tiempos. Sucede que buscamos el adiós-le definitiva despedida- de paisajes, de gentes,  de sitios por los que paseamos, o en los que amamos, o en los que fuimos felices, aunque fuese un momento, un solo momento, eso es el libro y eso es Brahms aquí.
Hay momentos que el personaje que ensalzamos, despedimos o recordamos, aparece en la mente como aquí aparece Louki, una mujer que no sabe apresar la vida, no sabe prenderse de los días y de las personas, solo en la fría soledad de lo desconocido, de la rotura, de pisar la raya de las fronteras a al nada o de los abismos donde parece querer convivir, Siempre corte, siempre separación, siempre fronteras entre dos nuevos momentos, vida y muerte, soledad y compañía, cambio e inmutabilidad.

La música tiene la facultad, el poder, de que cada vez que lo oigas sea diferente, que el recomponer de sus notas en el oído sea distinta un día u otro, puede que un día la tristeza te abroche el alma, puede que otro día sea la relajación la que te invada, puede que sea un día de furia, de rabia por lo perdido o lo no hecho, puede que otro... En el libro no solo es la mirada del que lee, la mía, la que recompone el poder de la historia, sino que son los propios narradores, cada uno de los que da su visión de aquellos años, las que van recomponiendo el paisaje, el sonido, el peso, el calor de aquella época, de aquel Café, de aquella gente, de aquellas calles, de aquellas miradas, de Louki...

Cerré el libro, la palabra fin no coincidió con el fin de la música de Brahms, pero ambas se movieron paralelas, acompañándose en mi mente, hasta fundirse en el silencio un buen rato después...

wineruda

viernes, febrero 16, 2018

UN HOMBRE QUE DUERME de GEORGES PEREC




















UN HOMBRE QUE DUERME de GEORGES PEREC

Un homme qui dort 1967


Impedimenta, 136Pág.
Tradc, Mercedes Cebrián

Si te sitúas en un oscuro bulevar a finales de noviembre, donde nada ilumina tus pasos, el agua se levanta con el paso de tus zapatos, alguien fuma a tu espalda y el olor a tabaco y un ácido olor a colonia demasiado fuerte llega a tu nariz, pero nadie parece estar tras de ti; si te ves confundido por el parpadeo de los faroles estropeados de la calle apunto de apagarse, si no sabes dónde vas, si crees que no hay nada tras la esquina, ni al otro lado del paso de peatones, nada tras la puerta de tu portal, nada tras la ventana cerrada, nada tras la próxima zancada, nada... Podrías ser tú el que quisiera querer abandonar este sucio bulevar, esta ración de espacio vacío, de frases vacías que pudieran parecerte, hasta ahora, reales, la vida real. Podrías pensar desengancharte del carro, podrías quitarte el collerón y dejar el bulevar, el camino, la casa, los amigos. Separarte de este mundo; podrías ser otro, podrías ver el mundo desde arriba o desde  detrás o desde el lado, pero no ser partícipe de sus historias, ni de su caminar, ni de sus impresiones; nada de sueños compartidos, nada de prisas, nada de relacionarte, nada de vivir para ser. Podrías, algún día, pensar que hasta aquí has llegado, y algún día, sí, correr lejos, lejos, hasta donde no necesites ser ese tú  todos los días.

Un hombre que duerme un día apaga el despertador, deja de ir a un examen, deja la universidad, deja de relacionarse, deja de convivir con nadie; y está solo consigo mismo; deja que París sea su acompañante, pero solo para ser el lugar, casi el objeto, donde pasa la vida, pero donde no se queda, pasa;  él que se ha apartado del mundo no se queda. París, y sus calles que se descubren y se olvidan, y sus habitantes que no son nadie más que caras que pasan y no se quedan en la retina vacía de memoria, y los coches que son números perdidos y colores que le rebasan, y la habitación que no es más que un cuchitril donde la vida se concentra en estar. Lugar donde ni el juego solitario de los naipes, ni las grietas del techo, ni el periódico que es una sucesión de noticias sin ningún espacio para quedarse , ni el goteo del grifo que parece dar cadencia al tiempo, ni el gruñido de los vecinos,ni sus ruidos sin cara, sin posibilidad de ser aprehendidos, nada de ese cuchitril sirve para otra cosa que no sea vivir cuando se sueña, y soñar cuando se está despierto. No queda nada por la que algo pueda importarle, o pueda entrar en su memoria y quedarse, o pueda influir en su decisiones; importarle a él, a el hombre que duerme y está insomne del mismo modo, con el mismo sentido, con la misma necesidad de no ser nada, de ser olvidado, de no pertenecer ni al mundo, ni a las calles, ni a la casas, ni a la habitación, ni a la cama; no ser parte de la memoria de nadie, ser para ellos lo que ellos son para él, seres que pasan, que no destacan. El hombre que duerme se ha apartado de todo para poder dominarlo, para no participar de sus luchas, ni de sus victorias ni de sus derrotas, así podrá ser él mismo.
¿Podrá ser él mismo? La vida derrota de muchas maneras; vivir fuera de ella, de los lugares comunes, no exime de ser derrotado;  la intención de no ser nada, de apartarte, no exime, no, de perder el camino, de que veas, que sientas, que eres tan habitante del sucio bulevar como lo es el barrendero que barre sus aceras, o del tendero que pone sus manzanas en el escaparate, o del borracho que rompe las botellas, llenas de rabia, como él, contra el suelo; todos tienen su destino marcado entre hospitales que dan vida y hospitales donde la pierdes, entre misas de entrada y de fin, de abrazos de recibimiento y de despedida.


Pero no puedes estar toda la vida viviendo a contracorriente. ¿Por qué? Porque no has sido preparado para ello, no reconoces la victoria en hacerlo, y tampoco sabes vivir, convivir contigo mismo, en un mundo monótono, tanto como del que te has ido; y no sabes hacerlo sin que añores el cambio de tus conductas; no sabes si necesitas volver al mundo o este te llama o, simplemente, no puedes ver que has sido derrotado, que el bulevar es de una sola dirección, y aunque no lo sepas has sido preparado para seguirlo, está en tus genes o en tu aprendizaje social, moral o religioso. Impuesto, o no, debes seguir la corriente aun fuera de ella, porque abandonarla del todo te enfrenta a ti mismo, a la fría realidad de tu cara extraña en el espejo, a la fría cama vacía, a la necesidad de ser un ser social; y por ello te nacen fantasmas y te nacen sueños donde vivir es una sucesión de intentos de saber cómo eres y cómo son ellos, el resto del mundo, y saber cómo está, cómo vive,  lo que te rodea. Ya no puedes abstraerte de ello ni de ellos, pero tampoco de tu cuerpo, y de tus pensamientos circulares que van y vuelven sobre ti y que te rodean, que parecen caerse sobre ti. Y ves tu cara por todas partes, y tu pelo, y tus manías y tu repeticiones y tu soledad impuesta y tu desaparición, tu ser nada, tu nada ser, los ves reflejados en cada átomo de aire que te rodea. Así que esta huida no puede funcionar, porque hasta tu espejo te devuelve la cara de un tipo que no reconoces, que vas perdiendo de la memoria de quién eres: ese alguien que te devuelve el reflejo no se parece al que crees que eres, al que sale en tu sueños, en tu memoria, en tu idea de ti mismo, no es él, no puede ser. No, ese no eres tú; los fantasmas nublan tu mente, ese fantasma, y la locura, o algo que se parece a ella, parecen surgir del espejo, y de la cama, y de las brechas del techo y del ruido de los coches en al calle.

La farola estropeada del sucio bulevar se apaga, quedas a oscuras.
Perec deja el gato suavemente en la acera, sube, por los trece escalones de la escalera de madera manchada de pintura azul, hasta la farola y pone una bombilla nueva, roja.





Hoy...

50 ESTADOS, 13 POETAS CONTEMPORÁNEOS de ESTADOS UNIDOS de EZEQUIEL ZAIDENWERG

  50 ESTADOS, 13 POETAS CONTEMPORÁNEOS de ESTADOS UNIDOS SELECCIÓN, TRADUCCIÓN Y PRÓLOGO DE EZEQUIEL ZAIDENWERG     Decían que decía...