martes, abril 19, 2022

OCHO PARADAS EN LA ARENA de ELENA ROMÁN

 


El poema perfecto podría ser el que pudiera reunir todos los sentidos en una reunión perfecta de  versos que hacen estrofas que hacen poemas que hacen que el oído , la vista, el olfato, el gusto y el tacto convergieran en un estado perfecto de belleza que explote en la mente generando un cráter que haga mella en ti, que explore todos los caminos por los que pueda discurrir la belleza, o la fealdad, o la sensación, o el mundo, solo el mundo desnudo; que explique la vida, para adelante y para atrás, con sus modos épicos y sus modos pedestres, sus modos terrenales, que haga que una gota de lluvia escrita en un papel huela, moje, manche, enfríe, que te rompa los tímpanos. Pero no existe el poema perfecto. Podemos ver la belleza, la poesía, escondida en el tacto de una seda o de una piel; podemos sentir el gusto de una cereza  que nos transporte a mil meses atrás, en aquel bosque….Podemos…todo… Pero no podemos hacerlo todo junto. Acaso solo podemos leer un poema, sentir, su ritmo, sus imágenes, podemos dibujar un mundo en el cerebro cuando leemos solo una verso, o dos estrofas o ver el universo en un poema; a esos versos, le podemos sacar las entrañas y de una imagen sacar el gusto amargo de una derrota o el sabor del tabaco en una noche de olvido. Podría ese poema tener solo dos caminos: la vista, leemos; el oído, oímos su ritmo, lo creamos y lo identificamos; hay ruido: puede ser blues, un piano, hay dramatismo, hay comedia, hay sonatas, puede ser jazz, es un baile lento, es swing, es vals, es tango, es vigor, es suavidad es… Si leo un  poema la música me da el compás, la armonía, si leo un libro, identifico su música, es un descarte mental; leo el libro, y lo identifico, de forma que la segunda vez que lo leo he identificado su orquesta acompañante, su banda sonora y lo acompaño siempre con música… su música. Así lo he hecho desde pequeño, con aquellos viejos radiocasetes, no hay otra manera, me da la cadencia, el sentido, me da el ambiente, me da el teatro donde actúa el autor, me da los caminos donde debo andar, donde creerme metido en el mundo del poema, como si allí viviera. Y siempre será así, siempre es así, no falla, no puedo leer un poema sin su música, y solo con su música, con la que encaja, no me vale otra solo una solo la que abre las puertas, los abradacabras de corcheas y metáforas, los mendicantes del aire y el papel y las notas.

FOTOGRAFíAS Y LA ADMISIÓN

Debo admitir que en el antagonismo

previsto entre el mar y la tierra,

existe un nexo-la arena-

 y que ahí estoy yo.

De las fotografías que hago,

 unas se convertirán en bocetos mediocres

y las demás en pasto de canícula.

Fotografío camellos, fotografío palmeras,

fotografío por la noche al río,

fotografío bañistas albinos inventados

por mi mente a las tres

y flotadores verdaderos



Este  libro me encajó, perfecto, con un la música swing de un grupo llamado GIRLS OF MARS, su ritmo, su compás, su tono alegre y desenfadado, pero con ese matiz de este tipo de swing, jazz, que  a mí siempre se me adivina irónico, como con cierto complicidad para con el que oye, con el que baila, estoy aquí y te canto para que me entiendas y me bailes, me leas o me escuches, para que me identifiques cuando te cuento y te canto, para que sepas que mis estrofas y mis canciones, mis versos,  son para contarte qué soy y qué pienso. Sí, este libro me  suena como si alguien diera pasos haciendo ruido, o mejor, pisando charcos, como en un baile de Gene Kelly con punzón, sacando las tripas a los almohadones, a los sofás, sacando a pasear la vida por los mundos de arena, que de eso va el libro, un paseo inocente por las arenas de nuestro mundo: la playa, el desierto, el albero, la arena de la lucha, la del reloj,  hasta la arena del gato. Elena Román esparce la arena por todos los lados, con metáforas que nos manchan los helados, imágenes, granitos de cuarzo y vida,  que  nos entran en  los ojos, nos tapan la vista, nos da regusto a la boca, los masticamos. Elena, su voz, muestra un lado que malea  la ironía, que la faculta para morder, como la de algún  personaje de Quino que haya crecido y haya puesto en papel su día a  día irónico, sagaz, sarcástico, con cierto punto de final de jornada  de verano cuando empieza a caer una tormenta. Palabras de ida y de vuelta, palabras para saltar y descubrir su mundo, palabras que hablan de su  mundo e ideas, palabras para pisar y resbalar , palabras, todo palabras…Arena, arena , arena, con olor a campo, a noche, a niñez, a vacaciones, a olvido, a pelea, desengaño a amor, a casa;  arena que es donde pisas, pero es , también donde respiras, un mundo mudo de granos de arena, microscópicos y enormes, que te acompañan, como lo hacen esas palabras que se reúnen para amamantar silos y dunas y cargas y vidas, la vida de la voz del poema acaso su la vida de Elena o solo su voz poética

 

MAR MENOR

Muevo la cabeza de una duna a otra,

con sugerente ardor en el pelo,

el color de la tierra en la piel

y en nueve de cada diez palabras.

Un banderín robado en un cumpleaños

surca las curvas como un velero

jalado por mis manos titiriteras.

Tengo taponados los oídos

por la intrusión de una tenia miope

y confundo grillos con teléfonos.

Sentada sobre la esterilla extendida

rebusco en una bolsa de mimbre

el bronceador y un poco de cordura

 

 

Los poemas me descubren una voz como la de un niño que mira por primera vez en el microscopio y, por otro lado, como la de un cirujano, acaso el mismo niño, con un bisturí en la mano, que corta, saja, enseña, muestra. La mirada de un niño que descubre cosas pero las analiza una voz a veces saltarina, a veces malhumorada, a veces…



Sin embargo...

 

Sin embargo… leía mientras oía la música de Girls of mars, lo  leía por 5 quinta, o sexta tal vez, vez el libro, y el archivo de música que usaba se acabó, y comenzó otro grupo, pura casualidad, que de repente encajó como un guante, como una vela en unos maitines, como un ciclón en un cumpleaños. Dicho grupo se llama THE NATIONAL, y el disco se titula “High violet”, cosa que no tendría mayor importancia, mayor necesidad de contarlo aquí, si no fuera porque es un grupo cuya música podría describirla como melancólica, justo lo contrario que el grupo de Swing. Me pregunté la razón por la que este libro aceptaba esa música, me aceptaba, Y, claro, la respuesta es obvia, detrás de las metáforas, juguetonas, hasta en momentos cómicas o de un humor sarcástico o valiente, con ese componente de “auto-descripción” que las voces de los poetas pueden convertirlas en bisturí para sus mentes, para describirse o describir la vida, su vida, vía, vista, visita…. Sí, creo que con THE NATIONAL vi, dejé que yo viera, descubrí, mirando el otro lado de los poemas,  que  todas esas partes que muestran los poemas de este libro como partes de un baile alegre, detrás, tienen un componente triste, melancólico, o quizá, sin siempre ser algo tan serio, es solo a veces  una regañina a la vida,  como si la mesa de mezclas rayara el disco, como sí las marchas del motor rugieran cuando vas rápido, cuando lees rápido el libro, cuando te dejas confundir por asumir algo que puede que no sea así.

 

ECO

Esto no es eso que se dice.

No lo habita un silencio con eco,

 un  mudo forcejeo del agua con ella misma

                                               en la boca del grifo.

Aquí no se ralentiza nada;

simplemente, no hay nada.

 

Mis palabras se ahogan

 en saliva abundante.

 

Golpeo el cristal con ambas manos

y se me diluyen sustituyéndolas

dos saltamontes.

 

pero empieza a moverse la arena

y me cubre entera y me siento como

                                               un bebe antíguo.

 

 

 

 

 

AL poco, pensé que era cuestión de mi humor, que esa visión era momentánea,  nadie lee un libro dos veces igual, como no te bañas en el mismo rio dos veces, no hay dos lecturas iguales; lo pensé, pero no, ahí están, las miradas melancólicas, las heridas, pequeñas o grandes, que asoman aquí y allá, que acaban el poema o lo empiezan, que entre las arenas descubres juegos y saltos, y decepciones y perdidas, y ves que en la playa se nubla, llega la tormenta, en el parque a los ancianos o a las poetas en sus sábados; y la batalla por la vida levanta arena que ciega  los ojos, que el desierto está detrás de tu ventana.

 

RISAS DESENLATADAS

Mi salida al exterior viene acompañada

de orín de payaso al que le falla un poco el pulso

y la vista del todo. Se ríen los niños, se ríen  los focos,

Se ríe el ligre, ser ríe un libro y yo también me río (¿se me oye?).

Vienen hacia mí ciento doce mil cuchillos, un chorro  de agua,.

tres cabras, una estampida de elefantes y yo, también me río.

 

 

Desnudar imágenes, levanta ventanas en los pasillos de las metáforas, salvar ritmos e ideas de entre el saco oscuro es función del lector, del que lee un libro sobre el universo, sobre el universo propio de los poetas,  que  de repente, porque sí, se convierte en tu mundo, en su/tu cárcel de pastel o de acero, que los versos son escritos en la arena que cada día se borra cuando cierras el libro, son tus poemas es tu voz, que la belleza está donde mires con tus ojos de poeta, con oídos de músico, con tacto de ciego, con olfato de serpiente, con gusto de papel.

Pisar por la arista de una montaña requiere que pongas un pie en cada vertiente manteniendo el equilibrio en el centro, pisando cada lado, salvando la vida en cada paso, mirando el abismo que en cada vertiente esconde un tipo de belleza. Sea melancólica en un lado, sea alegre, juguetona en el otro. La felicidad está en descubrirlo en pasear por dunas, hojas, playas, músicas o versos, en arena que tare el cielo  y los libros.

 

 

 

LA AMPLITUD

 

Estoy tumbada sobre una toalla

tendida sobre una arena

revuelta de virutas de goma.

 

Canto bajito mis pensamientos.

 

Estoy a los pies de un castillo sin pies.

Hasta es posible que me anime a visitar

                               y en él me pierda.

 

 

 

Las dunas se mueven, las playas van y vienen+-, los parques se pasean, los relojes de arena se acaban, todo se acaba y empieza, son los versos los que los detiene, fijos, en el tiempo y las retinas.

 

VARITA MÁGICA

 

Pero una nube de humo como anticipo

de una paloma o de unas pocas flores

tocadas por un varita cuando no eran nada,

                               eso puede hacerme olvidar

que lo nacido en el humo es humo,

que yo estoy aquí de paso,

que ningún efecto óptico

me va a drogar los ojos,

que los bebederos son los bebederos

                               y lo demás son mares.

 

lunes, marzo 07, 2022

ARMÓNICA PARA DESNUDAR UN SUEÑO de GILDARDO MONTOYA CASTRO

 


ARMÓNICA PARA DESNUDAR UN SUEÑO de GILDARDO MONTOYA CASTRO

 

 

Cada libro, cada página, cada poema, un verso, dejan un rastro en la persona que los lee, pequeñas manchas en los ojos, como heridas impresas en el iris; deja pequeñas represas repletas de caudales infinitos en la mente. El libro, el poema, el verso, pareciera, a su vez, manchado de los recuerdos, de la vida, de los inciensos y los lápices, ya sin punta, del que los lee. Hubiera dicho, cada vez que he leído un poema hermoso, una página de luz, o de sombra, que estaba escrito para mí, acaso por mí, como si todos los escritores que me gustan, fueran yo, o, solo,  fueran  amanuenses de mis pensamientos o experiencias. Supongo que eso es básicamente amar la literatura, o que ella te ame a ti, no sé bien cuál es el camino de ida y de vuelta.

De la misma forma, por ello,  identificar esos sentimientos y sensaciones en un libro es hermanarte con su autor, aceptarlo en tu casa, darle comida y cobijo, puesto que sabes de su vida, de sus pensamientos, sufrimientos, sabores, amores, caídas y alegrías, más de lo que sabes de tus amigos de carne y boca, o, a veces, como he dicho,  de ti mismo, él sueles ser tú…tantas veces... Pasearte por las páginas es un reto de voyeur, a veces hacia fuera, a veces hacia dentro, la recóndita experiencia de descubrir-te- mundos, olas, holas,  áreas, ojalás y vaivenes.

 

ESTILO

La gramática que pulso

no abandona el espanto,

avanza entre falsas paredes;

con dardos azulados,

desaparezco a diario.

 

Barca sin túnica. Imaginaria de

lo vivo; en tu mástil como apegado

polizón, la hilacha sudorosa de

la nada.

 

Volantazo, qué cansancio.

¿Cómo preñarte de aceite verdadero,

silabario? Mi pecho afónico,

inmóvil al vacío,

filosofía existencial,

aletea,

vuela…

 

 

Gildardo, pasea por sus mundos repletos de fantasmas, fantasmas de aire, de familia, de infancia, de sonidos, de ruidos, de olvidos, de amor, de vaivenes del mundo, fantasmas que generan un ulular de sonidos de gritos infantiles , de música, de besos, de enfados, de alcohol roto; fantasmas que revolotean por las páginas como en una Comala particular, más llena de heridas que de renacidos, más llena de silencios que de voces.

 

VIVIR

Mira atrás de tu voz

el columpio que llama

más allá de tu voz

 

 

Gildardo tienta a las cosas a ser del sonido del silencio, le falta el sonido ausente de la armónica de su padre, o de los gritos de la escuela, de las palabras de su familia, las voces de gente de la niñez, el sonido de los pasos de la vuelta a casa, o a otro tiempo, EL sonido del silencio de cartas sin respuesta, cartas a la vida , al tiempo, al amigo que está, al pasado que no está, a la nada buscando respuestas, el temor de ser y de no ser, no ser en el grito, no ser en las letras, no ser donde debes ser, el temor de no saber las respuestas. Son los sonidos de esa armónica las que deja al descubierto los sueños,  o los presentes o los pasados. Los sueños pueden abarcar toda la realidad por lo tanto el mundo.

 

Carta:

Un poema: polvo y luz

 

Querido Julio:

Un poema: polvo y luz. La templanza trasuda melancólica.

¿Qué cara es la nuestra, la definitiva? Ir viendo, sin

rajarse, Escribo a cuentagotas. Terrible miedo de no decir

algo: por lo menos sensato. Abrazo a mis hijos, detengo

los golpeteos neuróticos. Les escribo a mis amigos

Aleteo magnífico.

aguzaremos el oído,

se  posa en la terraza

un orgullo silencio,

viene la música,

mira el gozo

vamos cantando en la verdadera

realidad del sueño

rasga asombra el aire.

 

Las repuestas, todo se basa en buscar respuestas, subes a vidas y buscas respuestas, subes montañas, bajas a valles, y te preguntas la razón, te casas, tienes hijos, amas, y buscas las respuestas sobre cómo será su vida, y la tuya, a veces pierdes y sabes que en el alcohol habrá una respuesta falsa, pero la buscas, y en el viento, y en el correo, y en el pasado, siempre buscas respuestas, y sabes que si las hubieras no te conformarías con ella, solo quieres saber la realidad, la respuestas única . ¿La hay?

 

 

PERPLEJIDAD

Son tantas abejas, miles, rodeando la casa.

Mi hermana: “exageras; acaso un puñado”.

Clausuro, un miedo ansioso, cualquier intersticio,

insinuación al dolor. Y si las abejas hubieran

entrado, ¿sería yo ahora otro, más curtido al

incesante temor de estar aquí? Respóndanme.

 

 

Saber si las cosas van a salir bien, es tu pregunta de niño, por eso vuelves, volvemos, al pasado , a la niñez , para saber si hemos acertado o para intentar el imposible recomienzo, pasearte en el filo de la vida solo es un paso adelante, para saber que el camino es el que es, y como no lo dominas, no vas a poder dominarlo, ni domarlo, debes aprender a bailar sobre el filo, Gildardo: Sabio en heridas, sabio en palabras, mecedor de vasos, deja que el viento despeje la frente y que el cielo se vuelque sobre las palabras, solo sobre las palabras; el mundo son palabras, andamos sobre ellas… letras para vivir.

 

 

VIVIR EL SUEÑO

Cuando abro la ventana, hermana, escucho tu grito.

hieren sus cristales. Corro temeroso bajo

la lluvia, buscando al culpable; detrás de mí dejo

árboles hambrunos, bestias ebrias, sin remedio;

esquivo rapsodias rastreras de corbata; calle

adentro, tropiezo con el hilo e tu grito

y desperdigo en el lodo las preguntas;

por la granada que estalla en tui voz, hermana

vomito potro negro de clavos.

Silencio mudo e un hombre que  calla.

 

 

 

La poesía sirve para masticar el mundo, para regurgitarlo, para aclarar la vista, como un flash de cámara fotográfica que desnuda el mundo, que lo paraliza para que tú lo veas, en un instante con los ojos abiertos, relucientes, o triste. Gildardo, fotografía los momentos que muestran instantes de su vida, saberes que adquiere, olvidos que no quiso, gente que cruza por su mente, como una salida de autobús que siempre está llena y nadie sale, todas sus personas están en su libro, todas sus dudas, todos sus autobuses sin partir, con sus rabias y sus potencias, sus nostalgias.

 

 

FIEL

Dios muere todos los días

en los pasillos del Metro.

instala su templo de naipes

para que bailen apóstoles;

ciegos, enanos, Marías

y payasos desolados.

En ellos, fe, vuelo, abismal.

Dios mure todos los días

 

 

Todos los poemas son desnudos, son cuadros a la decencia o la indecencia de la vida, todos los poemas son pasiones, todos los poemas son partidas al pasado o al futuro, sin retorno.

 

EL libro desfila por todas las pasiones del hombre, amor, odio, olvido, tristeza, recogimiento, recuerdo, vida. Mesetas entre valles.

 

CONSEJO 1, Cada libro, entiendo, necesita una coreografía, que le dan sus ritmos, su palabras, la conjunción de sus decires y sus pausas, pero, también, necesita una banda sonora que la adule, que la acompañe, que le dé ritmo y ambiente, hasta olor, necesita una cúpula celestial  que  la rodee y proteja, un camino solar que muestre el mundo repleto de sonido,  letras, ambiente el sabor de las letras masticadas. Probar, yo lo hice, con el sonido de la canción THE  SILENCE de MANCHESTER ORCHESTRA, en bucle. Encaja la mezcla de música y libro.

 

 

 

 

 

 

 

lunes, diciembre 06, 2021

VIDA EN MARTE de TRACY K. SMITH.

Si amaneciera como antes, cruzando la puerta de un bar al alba, en el mismo momento en el que las estrellas van desapareciendo y alumbra el sol,  mínimamente, como con timidez, con cierta sorna con respecto a nosotros y a nuestros pasos, vacilantes. La música que dejamos atrás es , por ejemplo, mi amado disco “Live in Pompeii” de Pink Floyd, acaso fueran esas ruinas y aquella música  y ese amanecer  los mejores lugares  para encontrarse humanos y estrellas, cielo y tierra, universo y carne, lo palpable y lo infinito; de tal forma que el alba y la música, y acaso la felicidad del alcohol o acaso del olvido, son lo que nos impone para mirar el mundo de otra forma, como removiendo la marmita de las brujas y los sabios, que miran el cielo, las estrellas, los planetas y el vacío lleno de nada o de todo, depende cómo lo quieras mirar. Este libro viaja a las estrellas, a los planetas que rondan las calles, de madrugada o al alba, silenciosos para el mundo, rugiendo a tu oído.

 

¿Quién entiende el mundo y cuándo hará

Él que éste tenga sentido?¿O Ella?

 

Quizás haya un par de ellos y se sienten

a observar la crema deshaciéndose en su café.

 

Como la bomba atómica, se parece a eso, dice uno

mientras coloca un enjambre de coordenadas

 

sobre una cuadrícula gigante. Intercambian sonrisas.

Es tan sencillo que lo habrán terminado para el almuerzo.

 

Tendrán toda la tarde para nombrar

los espacios entre los espacio, esos que sus ojos

 

han sido enterrados para distinguir. Nada

se les escapa. Y cuando la nada que es

 

algo se arrastra hacia ellos, queriendo

ser sentida, la sienten. Entonces anotan

 

ecuación tras ecuación, sonriéndose mutuamente,

los labios fuertemente sellados.

Tracy K. Smith, mira el cielo para descubrirse a ella misma, no a los planetas, no a las estrellas, no al vacío de Dios o de Ángeles de metal, que miraba su padre desde su telescopio, ella, a su manera,  mira al mundo , con la herida de las perdidas, de su padre, de la fe , de la duda de vivir o de ser, de la duda de verse a ella misma en el pasado y en el futuro. Sus versos evocando el espacio, el universo, buscan saciar sus ganas de explicarse el mundo, de resolver sus dudas, maquinan un espacio donde Dios y la nada basculan entre mirarse a través de un telescopio y de encontrase mirando la nada.

Cuando mi padre trabajaba en el Telescopio Hubble, dijo

que trabajaban como cirujanos: desinfectados y empapelados

de verde, un frío aséptico y luz blanca en la sala.

 

Leía a Larry Nieven en casa, bebía whisky escocés con hielo,

sus ojos exhaustos y enrojecidos. Eran los años de Reagan,

cuando vivíamos con el dedo sobre El Botón y nos esforzábamos

 

por ver a nuestros enemigos como a niños. Mi padre pasó temporadas enteras

postrado ante el ojo del oráculo, hambriento de hallazgos.

Su rostro se iluminaba cada vez que alguien le preguntaba, y levantaba los brazos

 

como si florara, confortablemente en la interminable

noche del espacio. En el patio atábamos a los globos mensajes

de paz. El príncipe Carlos se casó con Lady Di. Murió Rock Hudson.

 

Aprendimos nuevos nombres para las cosas. Cambiamos de década.

 

Las primeras imágenes llegaron borrosas y me sentí avergonzada

de todos aquellos alegres ingenieros, mi padre y su tribu. La segunda vez

las lentes acertaron. Vimos hasta el confín de todo lo que allí había.

 

Tan brutal y tan vivo, que parecía abrazarnos.

 

La evocación al espacio siempre parece mirar el futuro, pero en Tracy K. Smith; se vuelve al pasado, solo son futuro las dudas, la nada que reinventa cada espacio, para luego revolverse y dejar un “quizá” en la boca,  en la mente, pero con una  sensación de esperanza vana, de desnudo vacío de recuerdo intenso que desboca la fe y los espacios. Tracy duda del mundo, de este mundo , de esta religión, de las creencias, quiere no estar y no está, está y  no quiere estar. ser y no ser, eterna evidencia

 

 

El museo de la obsolescencia

Cuánto lo codiciábamos entonces. Tanto

que nos habría salvado, pero vivió,

 

en cambio, su propio momento, regresando

a la inutilidad con la muda aprobación

 

de una nueva piel. Nos mira al mirarlo:

nuestros ojos cansados, nuestra temperatura, corazones

 

de relojería tras nuestras camisas. Estamos aquí

para reírnos de las baratijas, de las ingenuas herramientas,

 

de esas réplicas de réplicas apiladas como ladrillos.

Hay billetes verdes y bidones de aceite.

 

Tarros de miel robados de alguna tumba. Libros

sobre guerras, mapas de estrellas muertas.

 

En el ala sur hay una pequeña habitación

donde se exhibe a un hombre vivo. Pregunta,

 

y te describirá antiguas religiones. Si

te ríes, se echará las manos a la cabeza

 

y suspirará. Cuando muera, lo reemplazarán

por un vídeo en bucle ad infinitum.

 

Habrá exposiciones itinerantes. “Amor”

estuvo una temporada, seguida de “Enfermedad”,

 

Conceptos difíciles de entender. Lo último que ves

(Tras un espejo -¿Un chiste de alguien?-)

 

Es una imagen del viejo planeta tomada desde el espacio.

Fuera, hay quien vende camisetas de los Hawks a tres por ocho.

 

EL libro descubre versos , los acerca como un microscopio o un telescopio, mirar lejos o mirase las entrañas, da igual todo es lo mismo, todo es vida y tierra, todo son huellas de pasos en la nieve o en el cemento. Los versos desnudan la mente de la poeta, desde su intenso recuerdo de su padre, de su muerte, de su falta, de sus recuerdos, de sus olores, desde el  propio estar en el mundo al vuelo infinito por las estrellas, acaso. Pero , también habla desde su Pompeya llena de espacio vacíos en el magma de la vida, almas que parecen descubrirse cuando se despejan las calles llenas de sus Vesubios particulares, en ella , vidas, odios, muertes, siempre compasión, siempre latidos cruzados, siempre saber que alguien ha cruzado esta tierra, que la ha pisado, sean familias propias o gente que no llegó o niños que se quedaron en los primeros pasos, o amores que siguen o amores que fueron, vida, tierra, olores, espacio, tiempos vientos ,alas , sembrar para amar, sembrar para irse, siempre queda algo, algo en la tierra, como un meteorito inverso que nace en la tierra para incrustarse eternamente en el todo del universo, donde nada se destruye, solo palpita, en este caso en las páginas de un libro, libre, intenso, huellas de tierra y lignito, de hierro y poemas. La vida siempre discurre entre dudas, siempre aporrea la mente cuando sabes que cuando , quizá cruces, esa alba la puerta de un bar que entras de noche, ya estará amaneciendo y el alba trae nuevas cosas, malas o buenas, solo que tú no la diriges, solo las ves, las amas o las soportas, las sufres o las elevas. 

La tierra bajo nosotros. La tierra

alrededor y encima. La tierra

empujando hacia arriba contra nuestras casas,

cómplice de la gravedad. La tierra

sin edad, viéndonos erguirnos y acurrucarnos.

Nuestras espadas, nuestros bueyes, las líneas dentadas

que surcamos en la tierra. La tierra

sesgada y dividida en territorios

saboteada y llena de hoyos. Taponada con fuerza.

Trampeada. La tierra se marca con minas,

paciente, esperando su momento. La tierra

flotando en la oscuridad, suspendida en el giro.

La tierra a toda velocidad alrededor del sol.

La tierra a la que nos subimos con incredulidad.

La tierra que saqueamos como ladrones.

La tierra cubierta de lodo en el vientre

de un pueblo sin comida. Enterrándonos.

La tierra que se desprende de nuestros zapatos.

 

 

En mi universo de Pink Floyd, en este momento que escucho elevarse las notas como si fuera una explosión, el libro …. el libro tiene un hermoso poema dedicado , no sé si dedicado o en alabanza , a David Bowie, un hermoso poema a  Starman, al que descubre entre la vida y la muerte. Y está  tan vivo… , tan exactamente limpio…, porque existe en las mismas notas que el éter hace llegar a tu oídos por lo tanto a tu ser... a tu vida… Bowie vivo, porque así lo recuerdas, vivo porque lo que se palpa, existe, y lo que se ama se palpa aun a tientas aun a ciegas aun  sin estrechar la piel; existe porque es. Todo el libro hace que el mundo exista porque es, en ese monte es, padre, Bowie, ella niña, amigas, tierras, niños, vidas antes olvidadas, muerte, cielo, dioses acaso que son y no son, dudas, amagos ciertos eternos..

¿No te preguntas, a veces?

1.

De noche, las estrellas brillan como el hielo, y la distancia que abarcan

Esconde algo elemental. No a Dios, exactamente. Más bien a alguien

De caderas delgadas y brillante con la esencia de Bowie — un Starman

O un as cósmico planeando, balanceándose, sufriendo para que podamos ver.

¿Y qué haríamos, tú y yo, si pudiéramos saber con seguridad

´

Que alguien estaba ahí viendo de reojo a través del polvo,

Diciendo que nada está perdido, que todo vive en la espera sólo

Para ser querido de nuevo con suficiente intensidad ? ¿Irías entonces,

Incluso por unas cuantas noches, a esa otra vida donde tú

Y el primer amor que ella tuvo estuvieron ciegos al futuro, y felices?

´

¿Debería ponerme mi abrigo y regresar a la cocina donde mi

Madre y mi padre se sientan a esperar y calentar la cena en la estufa?

Bowie nunca morirá. Nada vendrá por él mientras duerme

Ni nada se cargará por sus venas. Y nunca se volverá viejo,

Al igual que la mujer que perdiste, aquella que siempre tendrá el cabello oscuro

´

Y la cara ruborizada, corriendo hacia una pantalla electrónica

Que marca los minutos, las millas que faltan por correr. Al igual que la vida

En la que siempre soy una niña que mira por la ventana el cielo nocturno

Pensando que un día tocaré el mundo con las manos desnudas

Incluso si éste quema.

´

2.

Él no deja rastro. Pasa inadvertido, veloz como un gato. Eso es Bowie

Para ti: el Papa del Pop, modesto como Cristo. Como una obra de teatro

Dentro de una obra de teatro, él es una marca registrada dos veces. Las horas

´

Caen como el agua de un aire acondicionado. Lo transpiramos,

Enseñándonos a esperar. En silencio, con pereza, el colapso ocurre.

Pero no para Bowie. Él ladea su cabeza, sonríe con esa malvada sonrisa.

´

El tiempo nunca se detiene, ¿pero termina? ¿Y cuántas vidas suceden

Antes del despegue, antes de que nos busquemos a nosotros mismos

Más allá de nosotros mismos, todo glamoroso-resplandeciente, todo brillante y dorado?

´

El futuro no es lo que solía ser. Incluso Bowie tiene sed

De algo bueno y frío. Los jets parpadean en el cielo

Como almas migratorias.

´

3.

Bowie está entre nosotros. Justo aquí

En New York City. Lleva una gorra de beisbol

Y unos jeans caros. Sumergiéndose en

Una tienda delicatessen. Exhibiendo todos esos dientes

Al portero en su camino de regreso.

O está tomando un taxi en Lafayette

Mientras el cielo se nubla en el crepúsculo.

Él no tiene ninguna prisa. No siente

De la forma que piensas que siente.

No presume ni alardea. Hace bromas.

´

He vivido aquí todos estos años

Y nunca lo he visto. Es como no distinguir

Un cometa de una estrella fugaz.

Pero apuesto que arde brillante,

Arrastrando una cola de ardiente materia blanca,

Igual que cuando uno de nosotros deja un rastro de papel higiénico

Cuando regresa del sanitario. Él obtiene

El mundo entero bajo su pie,

Y somos pequeños a su lado,

Aunque hay ocasiones

´

En las que un hombre de su tamaño puede encontrarse

Con tus ojos sólo por un instante

Y mandar un pensamiento como BRILLA

BRILLA BRILLA BRILLA BRILLA

Directo a tu mente. Bowie,

Quiero creerte. Quiero sentir

Tu voluntad como el viento antes de la lluvia.

Ese tipo de voluntad que cualquier persona simplemente obedece,

Arrasado por ese baile hipnótico

Como si algo con el poder suficiente

Hubiera mirado en su dirección y dicho:

Sigue adelante


No  existen metáforas en este libro. al menos metáforas en los versos, acaso todo es una gran metáfora para quien lo lee,  quien lo absorbe para cambiarlo, para ser libro  de versos que cuenta cosas. Podría ser como de una prosa azul cielo, o acaso sean versos verde metálico,  o negros como el cielo por la noche, sembrado de puntitos blancos que crean una sensación de belleza, como un contrapunto de vida y tierra o lápiz y añil, como el olor  de los obradores de pan en verano o de las tostadoras de café cuando llueve, el libro hace un recorrido por el mundo, el mundo de Tracy y el mío ,o supongo, el tuyo, Todos los versos nacen para ser  devorados por los lectores, asumiendo venenos y viandas que nutren para que nos alcancen. Poesía para mascar, para deslizar el dedo por sus versos mientras lo lees y te lleva, ligero, casi flotando hacía ese lugar donde la belleza y lo real, lo que importa, lo que te dice algo, no la vana sucesión de imágenes hasta el infinito rosa.

 

El bar cierra a mis espaldas, Pink Floyd hace esta música celeste que parece salida desde las estrellas, esa evocación alucinada de psicodelia, donde los silencios son parte de la música, y la música de los silencios, como los versos son parte de los silencios, de lo olvidado que recordamos, y lo que recordamos y sus silencios son parte de estos versos.

 






 

sábado, noviembre 13, 2021

LOS HERMOSOS AÑOS DEL CASTIGO de FLEUR JAEGGY

 






Nada puede hacer olvidar los años vividos lejos de la familia en el espacio cerrado, solitario y opresivo de un colegio para señoritas en un pequeño pueblo de Suiza o de otros que pasaron por el camino; nada arranca más vida de los corazones que una necesidad de cambio, cercano a veces a lo destructivo, para buscar un lugar diferente, de un cariño olvidado, de una personalidad propia; nada oculta más los sentimientos que la manifiesta intención de ser diferente, de buscar lo distinto, que no lo opuesto, porque simplemente no sabes qué es lo opuesto. Esa búsqueda de sí misma aparece en las páginas de la novela, con la desenvoltura que da la narración en primera persona, mirada desde el futuro, rasgando el pasado para mostrar las entrañas de lo que pasó, no ya de los hechos puros y demostrables, sino de la sensación misma que se asoma desde los ojos, desde las palabras, desde los pensamientos de una adolescente , apenas una niña, que recorre los días de su encierro buscando la pericia necesaria para ser adulta siendo una niña, correteando en la frontera en la que por una lado muere la niñez y por otro lado nace esa fase adulta que primero se quiere y luego lastima.

Y si de la imposición, en la distancia, de un tipo de vida por parte de una madre casi olvidada y si de la existencia plana y lúgubre de un padre anodino surge la necesidad de rebelarse, de ser distinta, de no ser como todas las compañeras de las cuales,tras el paso de los años, has olvidado su nombre -esa fue su importancia- es porque la arrogancia despreocupada de la juventud necesita aparentar que posee la independencia que luego tendrá en la edad adulta, practicar los patrones de comportamiento en una vida que no quiere que sea como es ahora, y los ensayos deben ser rigurosos y verdaderos hasta encontrar el desfiladero por donde escapar de rutinas, voces, profesores, directoras, compañeras de colegio o de reglas impuestas


La protagonista, la narradora, descubrirá un lugar diferente en los ojos, en el cuerpo, en la personalidad de una compañera, en Frédérique. Surgirá de esa relación una mezcla de admiración y sumisión que alarga su camino hasta encontrar un sentimiento de amistad que nunca puede ser sexual o erótica -como auguran algunas guías-, porque no es apenas más que una sensación de acercamiento y arrobo llegado de la necesidad de una amistad diferente, de encontrar una mente discrepante con las reglas habituales de sus compañeras de colegio, no en el comportamiento sino en la libertad mental, en la profundidad de sus actos lejanos a lo usual y a lo cotidiano en los pasillos del colegio; encontrar una mente atormentada para un lugar en las que no debutan las apariencias.

Y nada podrá encontrar más adecuado a la mente de la narradora que contar como, en un momento dado, se adecuó a los momentos que estaba viviendo, contradiciendo su propia necesidad o su mismo pensamiento, buscó en lugares que en otro momento no había decidido pisar, pero que al final lo hizo, por propia comodidad o por simple inercia. Y las consecuencias las pagó perdiendo su parte de individualidad, su pedazo de cielo entre los diferentes, aquella amistad diferente; pero de esa experiencia, de la rotura de lazos, de la caída en los oscuros brazos de la conveniencia, apareció el legado, no sé si querido o surgido de la nada, del placer de encontrar un regalo en lo negativo, en el dolor, en la desaparición de lo respetado.


“Los hermosos años del castigo” es un lectura que lleva placer a los sentidos, ocurre entre lugares que me invento oscuros, entre paredes húmedas y cielos nublados; pisando laderas verdes y colegios olvidados, serpenteando entre pasillos abarrotado de gritos y artimañas de colegialas menudas. Es una obra en las que se abren las lejanas mentes de los años olvidados, aquellos en los que de niño creabas fantasmas de las sombras y enemigos en las pizarras, Y que descubre la mente de una muchacha abandonada a su suerte entre una muchedumbre de niñas, ancianas, amigas y enemigas de las que descubre que el paso del tiempo sólo ha permitido olvidar sus caras y dejar sus voces.


lunes, noviembre 01, 2021

LA MUERTE DE VIRGILIO de Hermann Broch

 
















LA MUERTE DE VIRGILIO DE HERMANN BROCH "Der tod des Vergil" 1958 Ed Alianza literaria, 2000 , 489 pág. 

Broch inventa , imagina, los últimos momentos de la vida de Virgilio en aquel doloroso atardecer en Brindis, aquella alucinada noche, la madrugada entre ilusiones, la mañana fatídica de aquel día... Virgilio sueña, suspira, delira, imagina que toda su vida, su poesía, sus íntimos secretos, sus descaradas verdades, reviven por un momento entre las calenturas de la enfermedad y los últimos esfuerzos por vivir o dejar la vida como él hubiera querido. Y tales secretos, tales verdades, tales delirios, salen , en las páginas de Broch, como un volcán de imágenes, como un torrente poético que, casi como una declamación pública, acaso un último intimo recital, rebosa las páginas, las deslinda, para dibujar el cuadro de un ocaso grandioso. El crepúsculo de una vida destinada a sobrevivir a su propio dueño. La prosa poética de Broch describe apenas unas horas, el último suspiro del alma de Virgilio, los delirios de la enfermedad que van y vienen de entre la inconsciencia a la frágil realidad, y narra, en una mezcla de deslumbrado monologo interior y de postrero narrador omnipresente, el desvelo inquieto de la presencia de la muerte, y con ella el fin de sus sueños y el comienzo de sus preocupaciones por su obra, por su "Eneida" inacabada - imperfecta-. por Roma, por el arte, por la verdad... El momento en el que se cruza el presente doloroso y el pasado amable.

 El libro es dividido por  Broch en cuatro partes: Agua (el arribo): el último contacto de Virgilio con el pueblo, las calles de Brindis, los porteadores, los gritos de la gente, lo humano... Fuego (el descenso): la noche en el palacio del Cesar, la vigilia entre la vida y la muerte, lo humano y lo sobrehumano, lo real y lo irreal, el sueño y el delirio, el ser y el no ser. La Tierra (la espera): el último contacto con sus amigos, la postrera conversación con el Cesar Augusto, sobre Roma , sobre el arte, sobre la política, sobre su intención de destruir "la Eneida". Eter (el regreso) el fin. el ascenso al otro destino, acompañado de caras conocidas, de sitios reconocidos, por lugares sospechados, el "orto", por aguas aplacadas...

 La intención superior de la obra de Broch, la clave que sostiene el arco de su creación, es la necesidad de describir la razón por la que Virgilio quería destruir " la Eneida": Sabiendo que iba a morir sin acabar su obra exige que desaparezca, que no muestre el arte imperfecto, que no le señalen como su autor. Duda sobre su propio arte, adivinado en sus horas más sombrías como algo falso, como algo inútil, lejano a la verdad, que se sostiene por amamantarse a sí mismo , " el arte por el arte". Y a ello no se inclina, no quiere dejar esa obra como legado al futuro o a la propia Roma. Consciente de su propia eternidad aún así no quiere que por ello deban recordarlo. Sólo Augusto puede exigirle que no destruya esa obra que es la propia historia de Roma y en realidad algo que ya no le pertenece. Esa última conversación entre los dos versará sobre lo que significa la obra y por ello Roma, y por lo tanto Augusto; y con él: el pueblo, la política, el estado, y la verdad de todo ello. 

"La muerte de Virgilio" no es una obra fácil de leer. No es una novela al uso: el espacio y el tiempo solo cambian en las ensoñaciones poéticas de Virgilio, volando entre los recuerdos de infancia para volver al presente, saliendo de su vigilia para ver a viejos amigos apenas en un instante. Pero nada se mueve, nadie sale de las paredes de aquel palacio de Brindis, acaso algún fantasma del pasado, alguna alucinación corpórea. "La muerte de Virgilio" es para leerlo con pausa, abstraerte y concretar la procesión de imágenes e ideas que pueblan las páginas del libro. Donde aparecen tres realidades: lo escrito evidente -la prosa poética-, las ideas profundas del libro -lo abstracto-, la vida de Virgilio que acaba-el pasado-. Broch elabora un libro donde domina toda los aspectos históricos o ficticios de la época y del lugar, su obra -la poesía y su sentido- , los aspectos políticos, morales y sociales de aquel momento. Para entenderlo, también, hay que conocer dichos aspectos, pero no sólo, la novela como tal es una magnífica obra de arte, donde nada ha sido puesto al azar y donde aparecen momentos de excelencia de la literatura.

lunes, octubre 25, 2021

EL REGRESO de ALISTAIR MACLEOD

 


















EL REGRESO de ALISTAIR MACLEOD





¿Cuándo un cuento es bueno? Supongo que hay tantas respuestas como lectores existen, y la sensibilidad amasada entre las diferentes harinas literarias y aguas genéticas corresponde a una sola persona y a sus universos fantásticos. Pero todos hemos nacido unánimemente con Perrault o Andersen o los hermanos Grimm y luego separamos los caminos para adentrarnos algunos en caminos clásicos, otros postmodernos o quizá los olvidamos, simplemente, para siempre, o -espera- acaso nos gustan todos.

Daré mi opinión sobre cuál es el cuento bueno, al menos el que me gusta a mí:
Yo lo concibo como el concierto de una banda de Jazz; uno de esas grandes Big Band de los principios de los años cuarenta del siglo XX, donde Benny Goodman, Count Basie o Duke Ellington dirigían grupos rítmicos donde el swing o el boogie era ritmo e improvisación. Y la melodía surgía de los instrumentos de viento, los bajos y la batería imprimían ritmo, la flauta la suavidad que apenas se oye pero existe y es imprescindible y el clarinete la estridencia irrepetible de lo bello. Y... Billie Holiday daba sentido a la música, dándole palabra, sensibilidad, gesto y sentido. Así el cuento es la conjunción de todos esos factores, efectivamente, iguales que el jazz. Sobre el ritmo de las historias donde la vida en calma o salvaje, reprime o incita a sus actores, nacidos o eternos, y es improvisación y melodía a la vez; los paisajes y las historias paralelas son como el sonido de la flauta. Y el cantante, el escritor, rellena de personalidad, de dulzura o acidez, de tristeza o alegría, de pasado o de futuro, de abrazos o de golpes, las páginas de esos libros. Pues eso es “El regreso” de Alistair Macleod. Un concierto sintonizado en una radio de válvulas de aquellas que recogían en directo inolvidables sonidos. Lleno de la complicada simplicidad del que se apropian las grandes obras; donde los colores, los olores, las miradas, los sentidos, las pequeñas cosas o las grandes tragedias se empastan de tal manera que esos diferentes elementos son uno sólo. La elasticidad de las palabras abarca todos los extremos del cuento, cada pequeño elemento es parte del conjunto, y todo el conjunto es ese pequeño elemento, desde un perro que mira triste o una ladera helada, o una caricia con la mano sucia de carbón o, lo que es mas difícil, una palabra no dicha.



En el estrecho paisaje de Cabo Bretón, una isla de Nueva Escocia en Canadá, donde el carbón y la pesca es la única forma de supervivencia, y sólo eso, supervivencia, viven hombres y mujeres duros, de mirada fuerte y limpia, atada a sus costumbres y a su forma de vida, por dura que sea. El libro son las historias de alguno de sus habitantes: hombres viejos que no dan su brazo a torcer, que avanzan porque tras un paso saben que debe venir otro, orgullosos de su pasado y torcidos bajo los techos sucios de las minas de carbón o alzados en la popa de un mar bravío; mujeres fuertes que sostiene el mundo sin ningún punto de apoyo, que aman, paren, luchan y mueren defendiendo a su prole, limpias de mente y abrasadas del frío de las soledades de las viudas del mar o de la mina. Pero también son historias de jóvenes que quieren huir de la negrura del carbón y de la blancura de la espuma del mar, buscando un futuro mejor, llevándose las esperanzas y las lágrimas gastadas de sus padres, es la crónica de gente que va y no quiere irse, y de gente que vuelve y quiere irse. Y , también, son el testimonio de aquellas islas de sus paisajes y sus rocas toscas y graves, de su nieve sucia por el carbón, de niños que juegan en las playas, de barcos que no se hunden, de las níveas gaviotas chillonas, de las vacas de ojos grandes y de los coches de asmática respiración. Todos envueltos en la bruma no sólo atmosférica, la de historias que van acabando, que van cambiando, donde, aunque algunos se resisten, el tiempo no se para y avanza lento e intransigente.

Son las crónicas de un mundo que ya no será, pero fue; y como las grandes melodías parecen oírse aun en las ráfagas de viento que vienen de mañana cuando los coches no obstaculizan su paso con sus bocinas estridentes o su música de consumo rápido.

sábado, septiembre 25, 2021

LAS DIEZ MIL COSAS DE MARIA DERMOUT

 



LAS DIEZ MIL COSAS DE MARIA DERMOUT

de tienduiz end dingen 1959
ED. DESTINO 1959




Algo se me escapa de la novela de  María Dermout,-es la segunda vez que la leo y ya ves...- algo se me había escapado de entre los dedos como la arena fina de aquellas playas de las Molucas cuando la leí por  primera vez, puede que lo que me escondió su cara real fuese  algo parecido a una  espuma de cieno y agua, o el retroceder del agua, o el sorber de las rocas o simplemente la resaca que arrastra arena, piedras , animales y cuerpos, e ideas. Sí, se me escapó mucho. Así que escurro mis memorias y me queda un sabor a desconocido, un  sabor a cosas que dejas pasar, como un amor que el tiempo solo te deja reconocer su lado más pequeño, perdido entre brumas o solo menospreciado por que era otra cosa, siempre otra cosa.

Y así es... La lista de detalles, a veces ínfimos a veces aparatosos, que se habían despeñado por acantilados  o por las hojas, por los lomos, de este  viejo libro, eran muchos, casi como un mes sin cuento. Asi que...por mi falta de atención o porque con el tiempo uno aprende a leer con más sabiduría y  presteza, vas descubriendo que se perdieron demasiados para un mínimo de rigor literario. Y disfrutas de una nueva lectura.  Cada detalle era una nueva forma que aparecía en el recuerdo, de entre aquellas diez mil cosas que aparecen casi una por una despejando las  hojas del libro, todas las disfrutas. Yo voy  reconociendo unas pocas, voy, paso a paso, mezclando, empastando, todo el imaginario del libro que se desvela apabullante. Únicamente armando, en principio, de ese  saber literario que presupones alto y destacado, pero mi orgullo se hunde, mísero, en una sorpresa de esas que te exigen que calles la boca, que parece Maria Dermout decirte, calla tonto y lee; ella te rodea, te señala, te deletrea todos sus nombres para que no los vuelvas a olvidar.


Siempre me ha impresionado la capacidad de un escritor para  combinar lo bello y lo triste, lo poético con lo cruel y lo crudo. María Dermout lo lleva más allá, compagina las páginas, los lugares, los sentimientos, las situaciones más bellas, contraponiéndolas a lo más duro, a la cara menos dulce de la vida, la que quiere andar en puntillas, y quizás por ello puede construir un libro sobre la vida, sin artificios ni atajos, claro como un destello de luz en un lago oscuro. Así son las cosas. ..A fin de cuentas el transcurrir del tiempo es una sucesión de malos y buenos momentos, de imágenes bellas y trágicas, de momentos para recordar o para olvidar, de vivos y muertos, de amor y odio. Y todo eso se pasea por los reversos y anversos de sus papeles manchados de húmedades, pequeños puntos de humedad que parecen darte el mapa del mundo.


El libro te seduce, casi te fascina, por el recorrido por la vida de una sucesión de mujeres y hombres, en las que la principal protagonista es“ La Dama del Pequeño Jardín” , que educada por su abuela, maestra en las cosas mágicas, maravilla del mundo, ama de  las formas invisibles, de los elementos que confunden realidad y deseo. Ella es la dueña de un pequeña parte del mundo en una isla de las Molucas en un momento indeterminado entre el siglo XIX y XX, donde la vida se mueve lenta y ordenadamente, donde cada cosa debe ser respetada y llevada por un cauce acorde a su dignidad e importancia, donde las pequeñas cosas tienen la misma importancia que las grandes, donde los detalles mueven el mundo.

 Pero, el libro, asombrado y asombroso,  también te seduce por el recorrido por el lado oscuro de la vida: la muerte. Pero que en el libro aparece como un suceder de la vida, un paso más en ese destino, en el paseo por la carretera del tiempo, de las cosas y personas que van y vienen, y se acaban: porque hay personas que matan y las hay que mueren. Todos son, quizá, victimas al mismo tiempo, pero son las asesinadas las que vuelven a hacerse preguntas, a regañar a los vivos, a comprender su principio y su fin, a jugar en sus playas o sus selvas., a reclamar la vida que se fue, la que no dejaron que sucediera, la que se olvidó en las manos , o cuchillo o arma del que le quitó el siguiente paso. Y....Nadie sabe si son de verdad o es la mente de las personas que se apenan por ellos los que las han atraído, pero ahí están , vivos por un momento, explosiones de realidad que duran un momento o siempre. Sí....Sobreviviendo entre las palabras y la memoria de las personas que las amaron o que simplemente las recuerdan o respetan tanto su vida como su muerte.

Parece por un momento, mientras lees el libro, que de las páginas del libro emana un olor a especias y mar, que el calor inunda la habitación y los pájaros de vivos colores sobrevuelan la lámpara del techo, golpean los colores el techo y los ojos; ¿es la magia de la literatura, de la buena literatura? o acaso solo sea la simple realidad más allá de lo normal, de lo pisado y hundido, de lo crédulo, la que hace parecer ciertos los hechos que se describen, las cosas que se cuentan, nada parece distante, no hay océanos separándonos, entre tú y “la dama del pequeño jardín”. Vives, ríes, te matan, remas entre las “proas” de la bahía exterior de la isla, recoges cocos, cortas orquídeas, ves fantasmas y los delatas, recoges moluscos y caparazones, pescas pequeños peces a la luz de las antorchas, tocas campanas para despedir a los invitados, guardas cosas mágicas en los cajones, y todas aquellas miles de cosas que cuando cierres los ojos, ahora o dentro de muchos años, te harán recordar cosas importantes o bellas que has leído, visto,  hecho o soñado.



Hoy...

50 ESTADOS, 13 POETAS CONTEMPORÁNEOS de ESTADOS UNIDOS de EZEQUIEL ZAIDENWERG

  50 ESTADOS, 13 POETAS CONTEMPORÁNEOS de ESTADOS UNIDOS SELECCIÓN, TRADUCCIÓN Y PRÓLOGO DE EZEQUIEL ZAIDENWERG     Decían que decía...